El cachalote (Physeter macrocephalus), la especie que inspiró la célebre Moby Dick de Herman Melville, es uno de los cetáceos más emblemáticos del planeta y, a la vez, uno de los más impactados históricamente por la explotación humana. A nivel global, continúa clasificado como “vulnerable” por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) debido a la drástica reducción poblacional causada por la caza comercial durante el siglo XX y a la lentitud de su recuperación. Aunque estudios recientes sugieren una recuperación parcial a escala mundial, la información sobre tendencias regionales –incluido el Atlántico sur– sigue siendo incompleta e incierta, lo que mantiene su estado de conservación como una preocupación internacional.
El cachalote es, además, una especie extremadamente dependiente del sonido. En el océano, donde la luz es limitada y la visibilidad desaparece a pocos cientos de metros, el sonido es el principal canal de información. La ecología, el comportamiento y la supervivencia de esta especie se sostienen en la comunicación acústica y la ecolocalización, que utiliza para orientarse, encontrar presas a grandes profundidades y mantener la cohesión social.
Cachalote.
Foto: valentijnvanb (iNaturalist)
Se trata de uno de los mamíferos marinos más acústicamente activos del planeta. Emite clics de forma casi continua, a veces durante horas, y realiza inmersiones de alimentación que pueden superar los 1.000 a 2.000 metros de profundidad, alcanzando zonas del océano donde ningún otro cetáceo depredador llega con regularidad. Sus emisiones acústicas son esenciales para su vida cotidiana.
Tan crucial es el órgano productor de sonido del cachalote, que investigadores han logrado determinar el sexo, el tamaño corporal, e incluso estimar la edad relativa de los individuos, únicamente a partir del análisis de sus pulsos de ecolocalización. Las características acústicas de los clics están directamente relacionadas con la anatomía del complejo sistema de producción sonora –compuesto por sacos aéreos y el órgano del espermaceti– cuyas dimensiones y configuración varían entre machos, hembras y distintas etapas de desarrollo. Es decir, el sonido no solo es su herramienta para cazar y comunicarse: es también una huella biológica que revela quién es cada individuo.
Además, los cachalotes producen algunos de los sonidos biológicos más intensos del planeta. Sus clics pueden superar los 180 decibeles bajo el agua a un metro de distancia, niveles que se consideran entre los más potentes generados por un animal (en el aire equivaldrían a unos 120 decibeles, medida que para nosotros ya entra dentro del umbral del dolor auditivo, como escuchar la sirena de una ambulancia muy de cerca). Diversos estudios han planteado que estas emisiones extremadamente intensas podrían contribuir no solo a la detección, sino también al aturdimiento de presas en aguas profundas, reforzando la idea de que el sonido es el eje central de su estrategia de supervivencia.
Cachalote.
Foto: Simon Pierce (iNaturalist)
Cachalotes en peligro
Precisamente por esta dependencia sensorial acústica tan marcada, el cachalote es particularmente vulnerable al ruido antropogénico. Entre las fuentes de mayor preocupación se encuentra la sísmica de prospección hidrocarburífera. Los cañones de aire comprimido utilizados en estas actividades generan impulsos acústicos de alta intensidad que se propagan a grandes distancias en el océano. Numerosos estudios internacionales han documentado que este tipo de ruido puede provocar enmascaramiento acústico severo, desplazamiento de individuos, alteraciones en el comportamiento de buceo, cambios en los patrones de alimentación y, potencialmente, lesiones auditivas.
En el Atlántico sur existen reportes consistentes de presencia de cachalotes en aguas oceánicas y en la plataforma exterior, incluyendo registros en el mar territorial uruguayo. En aguas de Uruguay, la especie es considerada relativamente común, con avistamientos documentados durante campañas oceanográficas y eventos de varamiento registrados en las últimas décadas. Uno de los casos más recordados ocurrió en enero de 2014, cuando un gran cachalote macho de aproximadamente 16,6 metros de longitud y unas 25 toneladas apareció muerto en la playa Carrasco. El animal no presentaba heridas externas aparentes, y su varamiento coincidió temporalmente con un período de fuertes vientos y mar agitado, así como con la realización de actividades sísmicas de prospección hidrocarburífera en áreas cercanas de la plataforma. Lamentablemente no se realizaron estudios que permitan establecer o descartar una relación causal entre ambos eventos.
Cachalote.
Foto: Pete McGee (iNaturalist)
Más allá de ese episodio puntual, lo cierto es que no existen estudios específicos y sistemáticos sobre la ecología, abundancia, movimientos ni uso del hábitat del cachalote en aguas uruguayas. Este vacío de información resulta especialmente preocupante si se considera que las áreas donde se proyectan actividades sísmicas coinciden con hábitats utilizados por la especie.
Uruguay carece actualmente de una línea base acústica marina y de programas de monitoreo continuos de cetáceos oceánicos, lo que dificulta evaluar impactos reales y diseñar medidas de mitigación eficaces antes del inicio de operaciones industriales. En un océano donde el sonido es vida, introducir ruido sin conocer sus efectos implica intervenir sobre el principal sentido de una de las especies más especializadas del planeta.
La combinación de una especie globalmente vulnerable, altamente dependiente del sonido y escasamente estudiada a nivel local, que además habita directamente las zonas de interés de búsqueda de hidrocarburos mediante prospección sísmica, convierte al cachalote en un blanco especialmente sensible en la plataforma uruguaya.
Pulsos de ecolocalización de cachalotes grabados en mar uruguayo.
Foto: Gentileza: Javier Sánchez Tellechea
Advertir sobre estos riesgos no implica negar el desarrollo de actividades económicas, sino señalar la necesidad de avanzar con información científica local, monitoreo acústico adecuado y estrategias de mitigación robustas, acordes a los estándares internacionales de conservación.
El cachalote logró sobrevivir a la caza industrial del siglo XX. Que su recuperación no se vea comprometida en el siglo XXI por el ruido que no supimos medir, comprender ni escuchar es una responsabilidad colectiva que Uruguay aún está a tiempo de asumir.
Javier Sánchez Tellechea es biólogo especializado en bioacústica e investigador del Instituto de Ciencias Oceánicas de la Universidad de la República.
Referencias
Artículo: Sound transmission in the nose of the sperm whale, Physeter catodon: A post mortem study
Publicación: Journal of Comparative Physiology A (2001)
Autores: Bertel Møhl.
Artículo: Male sperm whale (Physeter macrocephalus) acoustics in a high-latitude habitat: Implications for echolocation and communication
Publicación: Behavioral Ecology and Sociobiology (2002)
Autores: Peter Madsen, Magnus Wahlberg y Bertel Møhl.
Artículo: Ecolocalización de cachalotes (Physeter macrocephalus) en el mar uruguayo
Publicación: sin publicar
Autores: Javier Sánchez Tellechea.
Artículo: Deep-diving foraging behaviour of sperm whales (Physeter macrocephalus)
Publicación: Journal of Animal Ecology (2006)
Autores: Stephanie Watwood, Patrick Miller, Mark Johnson, Peter Madsen y Peter Tyack.