Asteropsis megapotamica, planta presente en nuestros cerros chatos.

Foto: Mauricio Bonifacino

El sábado se celebra el Día internacional de la fascinación por las plantas: aquí cinco razones para admirarlas

En la previa de la celebración del 13 de junio, en el Jardín Botánico, del Día Internacional de la Fascinación por las Plantas, la investigadora y coautora del fabuloso libro Una breve historia de la larga vida de las plantas, Ángeles Beri, nos da cinco razones para sumarnos a la ola de fascinación.

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El sábado 13 de junio, en el Jardín Botánico de la Intendencia de Montevideo, tendrá lugar el festejo local de la octava edición del Día Internacional de la Fascinación por las Plantas, declarado por la Organización Europea de Ciencias Vegetales y que se celebra cada dos años.

“El objetivo de esta actividad es lograr que la mayor cantidad de personas posible alrededor del mundo se sientan fascinadas por las plantas y se entusiasmen con la importancia de la ciencia vegetal para la agricultura y la producción sostenible de alimentos nutritivos, así como para la horticultura, la silvicultura y la producción de productos no alimentarios de base vegetal, como papel, madera, químicos, energía y productos farmacéuticos”, señala el sitio de la organización, y agrega que “el papel de las plantas en la conservación ambiental también es un mensaje clave”.

En Uruguay el coordinador de este día es Marcel Bentancor, del Laboratorio de Biología Molecular Vegetal de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República, y en la organización del evento participan otras dos colegas: Ximena Martínez y la palinóloga –investigadora de polen, tanto antiguo como actual– Ángeles Beri, del Instituto de Ciencias Geológicas de la misma facultad. Involucrada en la paleopalinología, a Ángeles le atrae también la historia evolutiva de las plantas, pasión que dejó por escrito en el sumamente disfrutable libro Una breve historia de la larga vida de las plantas, que escribió junto con Alejandro Sequeira y que en 2023 ganó el premio Bartolomé Hidalgo en la categoría Divulgación. Dejemos entonces que Ángeles sea nuestra guía para fascinarnos con las plantas.

Una fecha del norte

Ángeles cuenta que Marcel Bentancor organiza la celebración en Uruguay del Día Internacional de la Fascinación por las Plantas desde 2015 y que ella se subió al barco de los festejos en la edición pasada, en 2024. “Es una iniciativa que surge en el exterior y su fecha es el 18 de mayo”, cuenta. Claro que aquí ese día es feriado –conmemoramos la Batalla de Las Piedras–, lo que implica una complicación para organizar cosas. Por suerte, el día internacional tiene un rango amplio en el que los países pueden sumarse a la celebración, pero ese margen no permite sortear otro gran problema de fechas para los países del sur del planeta.

“Si bien lo podemos celebrar tardíamente, en junio, las fechas son un poco más complicadas en el hemisferio sur porque no estamos en primavera, como es el caso en el hemisferio norte”, dice Ángeles, aunque señala que, “de todas formas, siempre alguna planta está floreciendo”. Los pensamientos de la maceta del frente de mi hogar le dan la razón. “Aunque hay muchas plantas que en esta época no están en su mejor momento, hay una diversidad interesante y el sentimiento de fascinación lo tenemos igual en invierno, por más que algunos árboles no tengan hojas”, dice.

Qué se va a encontrar la gente el 13 en el Botánico

“El sábado la celebración se llama Conexiones que florecen, un poco pensando, como proponía la idea de Gaia, que en este planeta estamos todos conectados, y un poco también pensando en que las plantas son la base de esa vida en el planeta: sacás a las plantas de la ecuación y la vida en la Tierra desaparece”, sostiene Ángeles.

También adelanta que entre todas esas conexiones que florecen harán énfasis en una en particular: “La conexión entre varias de las plantas con flor y los animales, la conexión de dos reinos”. Agrega que eso les permite “pasar un mensaje interesante a los seres humanos” en estos tiempos difíciles en los que vivimos: “Esta cooperación entre dos reinos nos muestra que se sacan mejores resultados con la cooperación que con la competencia”.

En concreto, esas conexiones serán abordadas en varias charlas breves. “Va a haber una charla del botánico Mauricio Bonifacino, va a hablar el bioquímico Esteban Casaretto, la investigadora y apicultora Estela Santos va a hablar de plantas y mieles, van a hablar la agrónoma Vivián Severino, Marcel Bentancor, y voy a estar yo hablando un poco de la historia de las plantas”, detalla Ángeles. “Además, va a haber canciones relacionadas con las flores, con dos coros dirigidos por Rossana Taddei, para marcar la presencia de las plantas en la cultura”, agrega. También habrá una degustación de mieles (“que es producto de esa conexión entre plantas y animales”) y una muestra de fotos.

La actividad tendrá lugar en la casona del Jardín Botánico e irá de 14.00 a 17.00. Vale la pena acercarse con tiempo, porque si bien la entrada es libre, los lugares son limitados.

El origen de una vocación

Le pregunto a Ángeles cuándo surgió su pasión por las plantas. “Mi relación con las plantas está un poco explicada por mi vida, como casi siempre ocurre. Los biólogos, por lo general, en nuestra carrera tenemos mucha pasión, porque en este campo si no tenés pasión, fuiste”, señala.

Ángeles cuenta que, al bucear para encontrar pistas sobre el origen de esa pasión, se dio cuenta de que siempre estuvo rodeada de plantas. “Me crie en la zona norte de Montevideo, cerca de Manga. Mi abuelo era italiano y tenía una quinta donde plantaba. Yo era chica y andaba mucho atrás de mi abuelo, siempre entre plantas. A su vez, la familia de mi madre era súper plantera. Mi abuelo era encargado de los invernáculos de la florería Tarino, por ejemplo, y cada vez que nos reuníamos nos mostrábamos las plantas que teníamos, las intercambiábamos o nos regalábamos gajos, semillas o lo que fuera”, recuerda. De pronto, saca un recuerdo maravilloso.

“¿Sabés a qué jugaba cuando era niña? Jugaba a ser maestra y daba clase”, dice. En eso su juego se parece al de muchas personas. Sin embargo, era bastante especial en lo que refiere a esta nota. “Las plantas eran mis alumnas. Las sentaba todas en línea y estaba la planta que se portaba mal, la que prestaba atención, y así. Hace poco me di cuenta de eso. ¡Guau! Qué fuerte cómo marca la infancia”, dice sobre el paralelismo de su juego y su rol actual de docente rodeada de plantas (aclaremos que no se refiere a alumnos pasivos, sino que las plantas son el tema sobre el que da las clases).

“Así que mi gusto por las plantas estuvo desde siempre y quedó medio dormido hasta que en determinado momento, al entrar a la facultad, empecé a limpiar huesos de fósiles y me dije que eso no era para mí. Entonces empecé a involucrarme con la botánica y junté las dos cosas”, enfatiza (recordemos que Ángeles se dedica a la palinología, la rama de la ciencia que estudia el polen, tanto actual como antiguo).

Cinco razones para fascinarse con las plantas

Le pregunto a Ángeles qué cinco razones mencionaría para fascinarse con las plantas.

“La primera es que son la base de la vida. Sin su transformación de la energía solar en energía química, adiós, se acabó la vida como la conocemos hoy en la Tierra. No es poca razón para fascinarse”, señala.

Claro que sí. A las plantas se las denomina “productores primarios”: mediante la fotosíntesis, agua y unos pocos minerales, toman energía solar y construyen carbohidratos, las moléculas a partir de las que los seres vivos luego obtenemos energía. Mientras que las plantas generan sus propios carbohidratos, los animales debemos consumir plantas –u otros animales que hayan consumido plantas– para ponernos en marcha.

Le digo que una de mis razones para fascinarme con ellas es que ese truco de la fotosíntesis se lo robaron a otros organismos, los cloroplastos, los pigmentos que la hacen posible. “Sí, la endosimbiosis con los cloroplastos fue una maravilla. Hay gente que ve la vida como competencia, pero en realidad la base de la vida es la cooperación. Por eso también el sábado hablaremos de conexiones que florecen”.

La segunda razón que esgrime Ángeles para fascinarnos con las plantas es muy práctica. “Son la base de la economía de muchas sociedades. Las plantas son la forma de mantenerse y de sustentarse de gran parte de la humanidad”, apunta.

Ni qué decirlo en Uruguay, un país marcadamente agroexportador. “Si no querés verlo por el lado de la agricultura, miralo por el lado del ganado. El ganado come pasto, así que estamos en lo mismo”, sostiene.

“La tercera razón para fascinarse con las plantas es que muchas son muy ricas. Forman parte de nuestra alimentación y en muchos casos nos dan mucho placer, así que eso no tiene que explicarse mucho, a no ser que uno sea un hipercarnívoro”, afirma Ángeles.

Le digo que otra de mis razones para fascinarme con las plantas es que son campeonas de la seducción. Su don trasciende especies y reinos: son capaces de despertar atracción en insectos, arácnidos, aves, mamíferos y, entre estos últimos, en nosotros, los humanos. En esa seducción las plantas despliegan un gran abanico de sabores, como decía Ángeles, pero también de olores, colores, texturas, formas y más. Las flores despliegan atracción para ayudar a su fecundación, los frutos seducen para dispersar las semillas... las plantas tienen un ejército de otros organismos trabajando para ellas.

Foto: Alessandro Maradei

Muy relacionada con ese despliegue de seducción vegetal, está otra de mis razones para fascinarse con las plantas: promueven el sexo grupal y muestran un abanico de posibilidades sexuales fantástico. Buena parte de las plantas con flor –algunas tienen la capacidad de autofecundarse, mientras que otras se reproducen prescindiendo del sexo– propician orgías con varios participantes. Multitudes de abejas, abejorros, avispas, picaflores y demás participarán en el acto sexual de una sola planta en un solo día. La escena se repetirá todos los días en varios cientos de millones de flores a lo largo y ancho del planeta.

“Sí, no sólo se autofecundan mucho, sino que igual se las arreglan con otros para poder reproducirse”, coincide Ángeles.

“Las plantas son absolutamente locas para nosotros, porque su camino se separó del de los animales hace mucho tiempo, y entonces son lejanas a nosotros. Como dice el investigador y divulgador Stefano Mancuso, las plantas son como marcianos que han convivido con nosotros”, agrega. “Marcianos en el sentido de que recién ahora estamos entendiendo algunas de las cosas que hacen o cómo las hacen, porque son cosas totalmente diferentes a las que hacemos los animales. Tienen estrategias que están lejanas a las nuestras y que nos descolocan”, remarca.

“En un documental de David Attenborough, La vida secreta de las plantas, hay una escena que uso en las clases como ejemplo de qué tan locas pueden llegar a ser. Hay una flor que imita a la hembra de un artrópodo, de un insecto. Imita su forma, los pelitos de su abdomen, pero además imita sus feromonas. Lanza estas señales químicas a la atmósfera y el macho de ese insecto piensa que la flor es una hembra de su especie, se posa en ella e intenta copular. Es una imitación espectacular en todos los sentidos. Los machos acuden de a varios, forcejean entre ellos, otros intentan copular, y en ese ajetreo se cargan del polen de la flor que luego llevan hacia otra flor que logró engañarlos, y entonces se produce la fecundación”, relata con fascinación. “Las plantas hacen lo que quieren con esos polinizadores, los engañan absolutamente. Justamente la charla que dará Marcel Bentancor en el Botánico será sobre el engaño al que recurren muchas plantas”, detalla.

La cuarta razón que menciona Ángeles para fascinarnos con las plantas no por evidente es menos relevante. “Simplemente, son hermosas. Y eso tiene que ver con lo que decías de la seducción: también nos seducen a nosotros. Más aún, muchas veces las usamos para comunicarnos. Por ejemplo, cuando queremos hacer algo lindo, o darle un mensaje a otra persona, le llevamos una planta o le llevamos flores”, remarca.

“Algunos autores plantean si somos nosotros quienes usamos a las plantas o las plantas las que nos usan a nosotros. Y tiene sentido. Si el trigo no tuviese la relación que tiene con el ser humano, no tendría la distribución mundial que tiene. ¿El hombre usa el trigo o el trigo usa al hombre para su dispersión? Es una buena cuestión”, lanza Ángeles. “Creo que las plantas nos han conquistado, por lo menos a algunos de nosotros, porque sé que hay gente que es totalmente insensible a las plantas. Para otros, como yo, son motivo de fascinación”, afirma.

Uno puede permanecer indiferente a la seducción del reino vegetal. Pero ser insensible no debería empujarnos a ser ignorantes: como bien exponía Ángeles en el primer punto para fascinarnos por ellas, nuestra vida depende de las plantas. Así que, si no es por sensibilidad, al menos deberíamos acercarnos a ellas por interés. No hay una vida para nosotros –ni para una gran cantidad de organismos terrícolas– sin plantas. No nos hemos independizado de ellas, por ahora, y nada indica que podamos hacerlo en el futuro.

“No, no podemos independizarnos de ellas. Y el sentido de actividades como la del sábado es tratar de concientizar a las personas de la importancia de estos marcianitos que son tan lejanos pero tan necesarios, y que además tienen tantas cosas para enseñarnos”, confiesa. Eso lleva a la última razón de las cinco que le pedimos a Ángeles.

“La quinta razón que elegí es que son misteriosas. Recién estamos empezando a entenderlas, en gran parte gracias a avances tecnológicos, como por ejemplo interfaces que permiten hacer música a partir de los impulsos eléctricos de las plantas. ¿Las plantas haciendo música? ¿Qué es eso?”, lanza.

“Te cuento otra. Hay una planta en Chile que es una enredadera que se mimetiza y sus hojas se ponen iguales que las de la planta a la que se trepa. Los investigadores pensaron que eso podía deberse a la acción de feromonas, pero por varios años no entendían cómo hacía la enredadera para imitar a la planta en la que se posaba”, cuenta.

La planta a la que se refiere lleva por nombre científico Boquila trifoliolata y es nativa de los bosques templados lluviosos de Chile y Argentina. Sus capacidades miméticas fueron reportadas a la ciencia en 2014 por Ernesto Gianoli y Fernando Carrasco en un artículo titulado “El mimetismo foliar en una planta trepadora la protege contra la herbivoría”, ya que allí hipotetizaban que con esta imitación la planta evitaría ser devorada por animales.

“Unos investigadores hace pocos años decidieron poner a esa enredadera junto a una planta de plástico, de manera de eliminar esa posible comunicación química por las feromonas. ¡Y la tipa imitó la forma de la planta de plástico. What? ¿Qué es esto?”, exclama Ángeles, sorprendida. Su fascinación es tal que seguro nadie repare en que usó el término tipa para referirse a una planta. Y lo bien que hace: son seres vivos que, a nuestros ojos, se hacen cada vez más complejos.

Este capacidad de imitar también hojas de una planta de plástico fue reportada por los investigadores Jacob White y Felipe Yamashita en 2021 en la revista Plant Signaling & Behavior.

“Hay autores que dicen que el cerebro de las plantas está en las raíces, porque hay una conexión entre ellas a través de las raíces. Y en esa comunicación participan también los hongos. Eso te vuelve a la cabeza”, agrega sobre los varios misterios que las plantas nos proponen.

Investigadores han acuñado el término wood wide web (un juego de palabras que remite a la world wide web, la triple w de la internet que, al ser traducido al español, pierde su gracia, ya que sería algo así como amplia red leñosa) para hacer referencia a estas conexiones entre plantas y hongos en los bosques y otros ecosistemas. Como a todo gringo los árboles le parecen más atractivos que los pastizales, en Uruguay, de estudiar estas comunicaciones, seguro podríamos hablar de una grass wide web o amplia red pastizalera.

“¿Cómo es que el cerebro está bajo tierra? ¿Qué es esto? Y además, ¿cómo es eso de que a la gran mayoría las cortás en cualquier lugar, y las tipas, ¡ping!, rebrotan? ¡A ver si vos te cortás un brazo si te rebrota!”, lanza Ángeles.

“Las plantas están muy lejos de lo que nosotros somos y por eso también cuesta entenderlas, pero también ese misterio es profundamente atractivo. Intentar desvelar esos misterios es un desafío estimulante. No son cosas obvias, tenés que buscar, tenés que profundizar, tenés que pensar con otra cabeza, con una cabeza-planta, para tratar de entender”, sostiene.

Ángeles pone otro ejemplo del loco mundo de las plantas: la planta de tabaco, cuando está siendo devorada por un insecto, lanza feromonas que atraen a los insectos depredadores del que la está atacando. “Se abran misterios que recién ahora, con la tecnología apropiada, estamos comenzando a abordar. Esos misterios a mí me cautivan mucho”, redondea.

Así que resumamos: son esenciales para la vida en la Tierra; son sustento económico de buena parte de la humanidad; son ricas; son hermosas; son misteriosas. Para quienes nunca hayan dedicado un instante a fascinarse con las plantas, allí tienen una breve lista de las razones de por qué empezar a hacerlo. Y, claro está, a medida que nos metemos en su mundo, cada cual irá agregando tantos otros motivos para esa fascinación.

Evento: Día Internacional de la Fascinación por las Plantas: Conexiones que florecen Día: Sábado 13 de junio
Lugar: Jardín Botánico de Montevideo
Hora: de 14.00 a 17.00.

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