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Laguna de Rocha (archivo, diciembre de 2020).

Foto: Ernesto Ryan

El junco por la culata: apertura de la barra de la laguna de Rocha favoreció a enemigo en común de productores y aves amenazadas

Investigación realizada en la laguna de Rocha busca formas naturales de hacer frente al Juncus acutus, un junco favorecido por la apertura artificial de la barra de la laguna que se ha convertido en un “ladrón” de pastizales costeros, hábitat del amenazado playerito canela.

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El escritor Oscar Wilde decía que en la vida hay dos tragedias: una es no obtener lo que se quiere, y la otra, la peor de las dos, es obtenerlo. Ese aforismo irónico está derivado en realidad del fabulista Esopo, gran fuente de moralejas en esta sección.

En su fábula Las ranas que deseaban un rey, Esopo imagina a un grupo de ranas que implora a Zeus que les envíe un rey para mejorar la condición de su charco, solo para sufrir la desgracia de obtener por monarca una serpiente de agua que las devora una a una. Cuando le reclaman, la respuesta que da el dios griego, en línea con Wilde, es que hay que tener cuidado con lo que uno desea porque podría volverse realidad.

Desde hace varias décadas, muchos de los productores de las zonas adyacentes a la laguna de Rocha han expresado su deseo de abrir artificialmente la barra que divide a este cuerpo de agua del océano Atlántico, algo que ha sido concedido en muchas ocasiones.

Esta barra arenosa se abre de forma natural por la interacción de varios factores, como el clima, los vientos y las descargas fluviales, pero la apertura artificial se ha vuelto una costumbre para afrontar algunos problemas, ahora regulada por un protocolo.

En el caso de los productores, lo que buscan con la apertura es bajar el nivel de agua de la laguna para reducir las inundaciones y liberar de ese modo zonas de pastoreo para el ganado. Los pescadores, a su vez, reclaman la apertura en algunos momentos para que especies de valor comercial ingresen desde el mar, mientras que los propios vecinos lo hacen cuando el nivel del agua amenaza sus viviendas.

En los últimos tiempos, sin embargo, los productores se han enfrentado a un problema adicional que también amenaza el espacio de pastoreo disponible para el ganado: la expansión del junco Juncus acutus, una especie nativa que puede adquirir características de invasora cuando, gracias a alteraciones humanas como cambios de uso del suelo o alteraciones del ciclo hidrológico, llega a lugares que naturalmente no alcanzaría.

Se trata de un junco que forma matas densas y homogéneas que pueden superar los dos metros de altura, que desplaza a comunidades de especies nativas de pastos y termina convirtiéndose en un “ladrón” de pastizales costeros.

Lo paradójico del asunto es que la expansión de este junco parece haber venido de la mano de una mayor frecuencia de aperturas artificiales de la barra, entre otros factores, según mostró un trabajo de 2020 liderado por Federico López, del Centro Universitario Regional del Este (CURE) de la Universidad de la República. La reducción de las áreas normalmente inundadas, tanto en su duración como en su extensión geográfica, habría permitido al junco avanzar a terrenos que usualmente no ocupaba y aumentar su densidad. Para 2019, ocupaba casi 10% de la superficie continental del Paisaje Protegido Laguna de Rocha. Juncus acutus, por decirlo claramente, parece ser la serpiente que se come a las ranas en la fábula.

En la investigación de 2020, López y sus colegas sugerían que una de las formas de controlar la expansión de este junco podría ser evitar algunas de las aperturas artificiales de la barra y permitir inundaciones más prolongadas y extensas. La propuesta era una buena noticia para otros habitantes del área: la expansión de este junco también reduce el hábitat de algunas especies, más notablemente el del playerito canela (Calidris subrufficolis), un ave amenazada que depende en parte de la buena salud de los ambientes de nuestras lagunas costeras. De hecho, tiene allí uno de los sitios de concentración no reproductiva más importantes del mundo.

Joaquín Aldabe y Federico Pírez.

Foto: Rodrigo Viera Amaral

Y es en esta intersección de intereses donde entra una reciente investigación realizada por Federico Pírez, Santiago Medina y Agustina Medina, de la fundación Lagunas Costeras, y Joaquín Aldabe, también de la misma fundación y del Departamento de Sistemas Agrarios y Paisajes Culturales del CURE. En ella estudian qué factores topográficos están favoreciendo la expansión de este junco en la laguna de Rocha, brindan nueva evidencia sobre los efectos ambientales de la apertura artificial de la barra, y abren la puerta a formas de control natural que podrían ayudar tanto al pastoreo como al playerito canela. Seguramente las ranas que pedían un rey no tuvieron la suerte de contar con un enfoque de este tipo.

Un playerito pide pista

Buscar coincidencia de intereses entre ganadería y aves migratorias es algo a lo que los autores de esta investigación están acostumbrados. Dentro de la fundación Lagunas Costeras, pero con participación de otras instituciones y organizaciones, como el CURE, Manomet y la Alianza del Pastizal, llevan adelante el programa Aves Migratorias y Ganadería, en el que colaboran con productores ganaderos para conservar el hábitat de varias aves migratorias.

“Allá por 2018 tuvimos un taller en el que algunos productores nos contaron este problema que tenían con el junco y también su deseo de poder dar valor económico a las aves que habitan sus campos. Y a partir de ahí hicimos un proyecto buscando avanzar en esas dos líneas”, cuentan Joaquín Aldabe y Federico Pírez, dos de los autores del trabajo.

El junco era de interés especial para ellos. “Está en esa transición entre la zona bien inundable y el humedal de plantas emergentes, y la zona más seca, justamente nuestra área de trabajo porque es el hábitat de algunas aves migratorias”, explica Federico.

Para el playerito canela, el junco es un problema similar al que tendríamos nosotros si hiciéramos un larguísimo viaje en avión y al llegar a destino, cuando la aeronave se está quedando sin combustible, descubriéramos que la pista en la que pensábamos aterrizar está ocupada. La comparación no se queda corta porque el playerito canela realiza uno de los viajes más excepcionales que se registran entre las especies migratorias, pese a su tamaño y peso modestos. Nace a mediados de agosto en el Círculo Polar Ártico y todos los años cruza el planeta en busca de zonas más cálidas y alimento en abundancia. Ahí es donde Uruguay entra en juego.

Su viaje está lleno de peligros y su población ha ido en declive en el último siglo, pero cuenta con el clima estable de los pastizales costeros de Brasil, Argentina y Uruguay para alimentarse y recuperarse durante varios meses antes de emprender el viaje de regreso. Por eso, Joaquín, Federico y sus colegas buscan la manera de minimizar las amenazas que los complican en todo el paisaje de lagunas costeras de Uruguay. En parte de la laguna de Rocha ya vimos que este junco se está convirtiendo en un problema, pero los desafíos en las demás son otros.

“En la laguna Merín, por ejemplo, tenemos el uso de su hábitat para el arroz y la rotación de las pasturas, sumado a todo lo que implica ese sistema productivo tan intensivo, como los contaminantes. Y en otros lados incide también el manejo ganadero que hacen los productores del pastizal costero, que es fundamental para conservar las condiciones óptimas para las aves migratorias”, cuenta Federico.

Juncus acutus rodeando zonas anegadas en la laguna de Rocha.

Foto: Federico Pírez

En la laguna de Rocha, el junco es desafiante porque es difícil de combatir. Durante su proyecto, los investigadores hicieron varias pruebas para erradicarlo, como control mecánico (arrancarlo) o control con fuego, entre otras variantes, pero descubrieron que ninguna lograba ser efectiva sin producir daños al propio ambiente. Fue entonces cuando Joaquín, tras explorar unos pastizales salobres en un lugar bastante alejado de Rocha, observó algo.

Descubrimiento de Solís

“Lo que nos preguntábamos era cómo hacer para generar evidencia que muestre el vínculo entre este junco y las inundaciones, que ya mencionaba el trabajo de 2020. Habíamos visto, por ejemplo, que donde estaba la espartina, que es una planta acuática de aguas salobres, el junco ni aparecía”, cuenta Joaquín.

Fue en una exploración que hizo en el arroyo Solís Grande donde dio con la clave. Metiéndose por unos pajonales llegó a una zona en la que el junco y la espartina compartían espacio, pero no de cualquier forma. Había pequeñas diferencias de relieve y de elevación en los lugares donde estaban uno y otro. “Se nos ocurrió ver si las diferencias de topografía, que son indicadores de la permanencia de agua, estaban incidiendo”, agrega. Con ese objetivo, diseñaron un experimento en la laguna de Rocha.

Para evaluar la influencia de la pendiente y la elevación sobre la mortalidad de ese junco, establecieron 200 transectos dentro de dos áreas de la laguna de Rocha en las que Juncus acutus forma densos y extensos rodales que dominan la matriz de pastizal. En cada uno midieron las características topográficas del terreno y analizaron la presencia del junco.

Tras un evento de inundación prolongado, que comenzó en agosto de 2022 y retrocedió en febrero de 2023, muestrearon nuevamente los transectos para evaluar la mortalidad de la planta, o en todo caso su falta de vitalidad, ya que en algunos casos resultó imposible determinar si la planta tenía capacidad de rebrote o no.

Luego, usaron herramientas estadísticas para determinar la influencia de la pendiente y elevación sobre la mortalidad de los juncos, y agregaron otra variable: los albardones del lugar, que son una suerte de barreras naturales presentes en algunos puntos, impiden que el agua llegue a algunas zonas y, por lo tanto, podían ser muy informativos sobre el rol del agua en la supervivencia del junco. “Los resultados de los modelos mostraron una afectación clarísima”, anticipa Federico.

Una de junco y otra de arena

La probabilidad de mortalidad de este junco disminuyó significativamente con el aumento de la elevación y la pendiente, mientras que llegó a 92% en las zonas donde la elevación y la pendiente estaban en cero.

“Nuestros resultados indican que este junco en áreas más empinadas o más elevadas, que drenan más rápidamente o permanecen sin sumergir, se ven menos afectados por la inundación. En contraste, las áreas planas y bajas donde el agua persiste durante períodos prolongados presentaron tasas de mortalidad sustancialmente más altas”, señala el trabajo.

Costa de la laguna de Rocha. a) Período con la laguna baja; b) Período de inundación. Fuente: Federico Pírez y otros (2026).

Los resultados pueden parecer lógicos, pero no son menores. “Proporcionan evidencia sólida de que la inundación prolongada puede servir como una herramienta de manejo natural y no invasiva para suprimir la expansión de Juncus acutus”, añaden los investigadores.

Los albardones sustentaron esta teoría. Las zonas donde estaban estos montículos de arena y pasto presentaron consistentemente una mortalidad marginal del junco, incluso en áreas planas y bajas, lo que refuerza la noción de que esta se encuentra “fuertemente mediada por la dinámica de las inundaciones”.

El trabajo muestra entonces que moderar la apertura artificial de la barra de la laguna puede ser una herramienta útil para controlar el avance de este junco, que es perjudicial para el pastoreo y para aves emblemáticas como el playerito canela, pero obliga a poner en la balanza los pros y los contras de esta medida. Como dicen los autores, presenta una “disyuntiva socioecológica”.

Una apertura de la barra demasiado frecuente acorta la duración de la inundación de los pastizales costeros y, por lo tanto, reduce su efectividad como mecanismo natural de supresión de este junco. El problema es que la otra opción, mantener la laguna cerrada durante períodos prolongados, reduce temporalmente el área de pastoreo disponible para los productores locales y también puede afectar las necesidades de las comunidades locales.

“A los productores les cuesta aceptar la posibilidad de que la barra se abra menos, porque la inundación los complica mucho. Es tal el impacto que prefieren bancar el junco”, señalan Joaquín y Federico. Lo que se les presenta a ellos es un problema a corto plazo y otro a largo plazo. “La inundación los afecta a corto plazo y los pone en dificultades, porque sus índices productivos se desploman, pero el problema es que, si la evitan, a la larga, en 20 o 30 años, pierden campo en forma permanente por este junco”, agrega Joaquín.

Así queda planteada la cuestión si se la ve únicamente desde la perspectiva productiva, pero sus intereses en este asunto no son los únicos. Hay que considerar también la contribución a la pérdida de pastizales naturales, el ecosistema más amenazado del país, y los efectos que esta disminución puede provocar en las especies que habitan en ellos, como el playerito canela.

“Aquí entran en discusión los planes de manejo y los objetos de conservación, tanto a nivel local como global. El junco y otros pastos afectados por las inundaciones también tienen una comunidad de fauna asociada, pero quizá estas especies tienen mayor disponibilidad de ambientes en otros sitios, mientras que el playerito canela cuenta con una distribución tan acotada en unos pocos sitios que no nos podemos dar el lujo de perder uno de ellos por el avance del junco”, opina Joaquín. Su trabajo abre la puerta a implementar formas de controlarlo, pero es solo un inicio. El tema ahora es el cómo.

La encaramos en barra

“Lo que decimos aquí es que si permanece la inundación unos cuantos meses le das un buen susto al junco, y también mostramos qué características topográficas lo favorecen. Pero no decimos cómo ni cuánto tiempo hay que permitir la inundación sin abrir la barra. Ahora viene la parte de estudiar cómo implementarlo y se abren nuevas preguntas”, dice Joaquín.

¿Habrá que implementar un plan de manejo de la apertura de la barra para detener el avance del junco todos los años o bastará una vez cada tanto? ¿Será útil un calendario de apertura adaptativo que contemple todos los intereses de la mejor forma posible? ¿Habrá que aplicar medidas compensatorias para los productores con el fin de lograrlo? Todo eso forma parte de la discusión de futuros trabajos.

“Muchas veces los manejos tienen que ser integrados: no es solamente una metodología con la que controlás la expansión de una especie que está siendo perjudicial. Entonces, hay que aprovechar las oportunidades de estas inundaciones cíclicas y ver cómo las podemos maximizar, dentro de las posibilidades que tenemos en un área protegida”, acota Federico.

Playerito canela.

Foto: Agustina Medina (NaturalistaUY)

Llega el momento de hacer justamente lo que no le gusta al junco: tirarse al agua y probar cosas. La ventaja, acota Joaquín, es que el trabajo abre una ventana para aplicar soluciones basadas en la naturaleza, en vez de recurrir al control químico u otras modalidades perjudiciales para el ambiente.

Sobre el final del artículo, los investigadores dejan su propia moraleja. “Nuestro estudio ilustra cómo el manejo orientado a la producción a corto plazo –como la apertura artificial frecuente de la barra de arena– puede desencadenar desequilibrios ecológicos y socioeconómicos no intencionados. Nuestros hallazgos sugieren que las intervenciones a gran escala en lagunas costeras requieren una comprensión más profunda de las retroalimentaciones socioecológicas; de lo contrario, las acciones destinadas a apoyar los medios de vida locales pueden terminar socavando los propios servicios ecosistémicos de los que dependen”, concluyen. Palabras más, palabras menos, aquello de Oscar Wilde, Esopo y las ranas, solo que en otro ambiente acuático.

Artículo: Prolonged inundation as a nature-based solution for migratory shorebird habitat conservation in a Ramsar coastal wetland
Publicación: Journal for Nature Conservation (mayo de 2026)
Autores: Federico Pírez, Santiago Medina, Agustina Medina y Joaquín Aldabe.

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