Ciencia Investigación científica

Toninas en Rocha.

Foto: Paula Laporta, Yaqu Pacha

Toninas en riesgo: ¿cuántas quedan en la región y cuál es su futuro ante las amenazas que enfrentan?

Trabajo de investigadores de Brasil y Uruguay revela “cifras críticamente bajas” de toninas en la región y evalúa a futuro una reducción drástica de sus poblaciones si aumentan sus tres principales amenazas.

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En 1908, el naturalista francés Fernando Lahille, radicado en Argentina, tuvo una inspiración. Enterado de que el Museo Nacional de Buenos Aires había conseguido un ejemplar macho y otro hembra de delfín nariz de botella (Tursiops truncatus), capturados en el Río de la Plata, decidió aprovechar la oportunidad para examinarlos con atención.

El buen olfato de naturalista de Lahille lo llevó a comparar estos dos especímenes con otro ejemplar de Tursiops truncatus proveniente del Atlántico norte, bajo la sospecha de que podía encontrarse con diferencias entre individuos que supuestamente pertenecían a la misma especie.

Como observó con agudeza en el artículo que publicó ese año, existían “vacíos y dificultades” en el estudio de cetáceos, algo que no era exclusivo de especies raras. Existían pocas comparaciones de ejemplares de la misma especie en regiones distintas, incluso en animales muy comunes y conocidos como el delfín nariz de botella.

Lo de “conocido” es justificado en este caso porque hablamos, quizá, del delfín más icónico del mundo. Lo era en épocas de Lahille y lo fue luego todavía más gracias en parte a su triste uso en shows de entretenimiento en acuarios y a la fama que adquirió en la serie de TV Flipper (igualmente triste detrás de cámaras). Los delfines nariz de botella son el arquetipo de los delfines simpáticos e inteligentísimos, al punto de que protagonizan películas en las que complotan para asesinar presidentes, hackean computadoras y hasta intentan hablar inglés.

En su estudio, Lahille dio con lo que sospechaba al comparar los delfines nariz de botella capturados en el Río de la Plata con el del Atlántico norte. Encontró diferencias claras en la forma de la cabeza, el cuerpo y la aleta dorsal, entre otras características, y argumentó en un artículo muy detallado que aquellos ejemplares rioplatenses correspondían a una especie aparte dentro del género Tursiops. “No sería extraño que existiera una forma especializada frente al Río de la Plata”, comentó.

Lahille dio a estos delfines el nombre científico Tursiops gephyreus, un hecho relevante y adelantado a su tiempo por lo que significaba: que esos ejemplares de delfines nariz de botella eran de una especie nueva y propia de nuestra región, y que por lo tanto debían considerarse aparte de sus primos hermanos famosos y extendidos por todo el mundo.

Sin embargo, su trabajo no fue legitimado por el resto de la comunidad científica hasta más de 100 años después, cuando un grupo de especialistas brasileños hizo una nueva y muy exhaustiva evaluación de cientos de ejemplares de esta especie de Tursiops que habita nuestras aguas. En línea con Lahille, el trabajo encontró nuevas evidencias de sus diferencias con Tursiops truncatus y propuso que se revalidara el nombre propuesto por el naturalista francés para describir esta especie para la ciencia.

Aunque fue un avance, lamentablemente no resultó suficiente. En 2018 el Comité de Taxonomía de la Sociedad de Mastozoología Marina reconoció “oficialmente” al delfín de Lahille, pero solo a nivel de subespecie (Tursiops truncatus gephyreus), pese a que los investigadores de Uruguay, Brasil y Argentina están convencidos de que hay suficientes diferencias como para que se la considere una especie aparte con todo derecho.

Discusiones taxonómicas aparte, nosotros llamamos toninas a todos estos delfines y estamos acostumbrados a verlos retozando en las olas, aunque ahora no aparezcan más en el Río de la Plata, sino sobre todo en las oceánicas aguas de Rocha. Lo más relevante en realidad es algo que Lahille desconocía en su momento: las toninas de la subespecie gephyreus –o de especie Tursiops gephyreus, según quién la mire– están en serios problemas, a tal punto de que pueden ser consideradas el cetáceo más amenazado del Atlántico sur.

Nuestra, solamente nuestra

Gracias a los estudios desarrollados por investigadores e investigadoras de Brasil y Uruguay desde la década de 1970 en el sur de Brasil, y desde 2002 a través del Proyecto Toninas Uruguay, hoy conocemos mucho más sobre las toninas que hace 50 e incluso 25 años. Este conocimiento se ha fortalecido especialmente desde 2018 con el Proyecto Gephyreus, una iniciativa de cooperación científica que integra a equipos de Brasil y Uruguay y Argentina.

Las toninas de Lahille –de aquí en más, toninas a secas– están divididas en dos subpoblaciones diferenciadas: una bastante reducida en el norte argentino, de la que se sabe relativamente poco, y otra que habita en aguas uruguayas y del sur de Brasil. Las toninas de esta subpoblación, sin embargo, también están diferenciadas en cinco unidades de manejo con base en diferencias ecológicas y genéticas: Florianópolis, Laguna, norte de la laguna de los Patos, estuario de la laguna de los Patos y Uruguay-sur de la laguna de los Patos (algunos de los ejemplares que vemos aquí en Uruguay se conectan con los del sur de laguna de los Patos).

La información que tenemos de estos cinco grupos de toninas no es pareja. En zonas estuarinas como Laguna y la laguna de los Patos, donde las toninas están contenidas por las características físicas del lugar, su seguimiento ha sido más sencillo y sostenido en el tiempo. Las otras unidades han dependido más del esfuerzo de científicas y científicos locales que de recursos invertidos sistemáticamente. Esto es un problema, porque necesitamos toda la información posible para entender qué está ocurriendo con este animal y qué situación enfrentará en las próximas décadas.

A lo largo de su distribución las toninas sufren múltiples amenazas antrópicas, como la captura incidental, la contaminación, la degradación del hábitat y la disminución de sus presas. Por eso es necesaria una colaboración regional que ayude a completar los baches de información y permita tomar medidas que cambien el presente y futuro de esta especie emblemática.

Eso es exactamente lo que hace un trabajo reciente liderado por integrantes de la Universidad Federal de Santa Catarina y la Universidad Federal de Río Grande (Brasil), en el que participan también las investigadoras uruguayas Paula Laporta, Carolina Menchaca y Cecilia Laporta, de la asociación civil Yaqu Pacha Uruguay (Paula también integra el Centro Universitario de la Región Este y el Instituto de Ciencias Oceánicas de la Universidad de la República).

En él usaron los datos de una campaña coordinada de fotoidentificación en las cinco unidades de manejo de toninas en aguas uruguayas y brasileñas para calcular su abundancia, supervivencia y su viabilidad en los próximos años bajo las actuales condiciones.

Paula Laporta.

Foto: Cecilia Laporta

Más difícil que encuestar toninas

Estimar la abundancia de una población de toninas es un asunto complicado. No se puede ir tocando puertas para preguntar cómo está integrado el núcleo familiar, sino que hay que salir muchos días en bote intentando distinguir marcas que ayuden a identificar a los animales.

“Hay una metodología que implica tomar fotografías de ambos lados de los animales y seguir el grupo hasta que tengas certeza de que tomaste las fotos de prácticamente todos los individuos”, explica Paula Laporta, que viene haciendo esto desde hace más de 25 años. Aunque hoy en día la tecnología nos brinda filmaciones espectaculares y muy útiles a través de drones, que permiten incluso reconocer algunos ejemplares, no cuentan con el ángulo y la cercanía como para sustituir esta metodología a la hora de estimar la abundancia. Navegar es necesario.

Pero además de eso, el buen investigador de toninas (o de cualquier otro animal que solo pueda ser identificado visualmente) debe pedir una mano a las herramientas de software. Contar con esas imágenes es relevante porque, “para estudiar las poblaciones, tenés que tener una proporción conocida de animales con marca y sin marca, que es lo que vas a usar después para estimar la abundancia total”, agrega Paula. Con “marca” se refiere a que tengan alguna muesca, corte o cicatriz que sea permanente (o al menos permanezca varios años) y permita hacer un seguimiento de esos animales.

Con los datos de múltiples salidas de fotoidentificación, los científicos aplican modelos estadísticos que calculan la proporción de animales marcados (con respecto al total fotografiado en cada muestreo) para estimar cuántos delfines hay en total en la población. Además, comparando qué individuos vuelven a verse obtienen la supervivencia aparente, es decir, la probabilidad de que un animal marcado sobreviva y permanezca en el área de estudio de un período de muestreo al siguiente.

Esa fue la metodología usada por los científicos de Brasil y Uruguay para estimar qué cantidad de toninas hay en todo el rango de distribución de los dos países. La subpoblación argentina, que completaría la globalidad de la especie, no fue tomada en cuenta en este trabajo, pero se calcula que es menor al centenar de ejemplares.

Desde 2018 a 2023 (con interrupción a comienzos de 2020 por la pandemia de covid-19) realizaron campañas sincronizadas de muestreo en diez localidades de las cinco unidades de manejo. En el caso de Uruguay, se centraron en La Coronilla y Santa Teresa y en el tramo desde Oceanía del Polonio hasta Punta Palmar. Semejante esfuerzo regional dejó un total de 21.417 fotos. Luego de tamaña campaña, ¿qué sabemos de la cantidad de toninas en aguas uruguayas y brasileñas?

Acá nos conocemos todos

Las estimaciones regionales y locales revelaron “cifras críticamente bajas” de toninas, lo que pone de manifiesto “su vulnerabilidad a eventos estocásticos (impredecibles, como desastres naturales o enfermedades) y a las presiones humanas”. La subpoblación de Uruguay y Brasil se estimó entre 252 y 341 individuos, que como mucho representan unas 215 toninas en edad reproductiva, es decir, las que hoy inciden en el futuro de la especie (si las inmaduras no llegan a la edad reproductiva, estaremos ante un gran problema).

Para peor, los monitoreos muestran que no hay prácticamente flujo de individuos entre las distintas unidades de manejo, lo que vuelve aún más vulnerable a cada grupo. Es decir, las toninas de Florianópolis no se mezclan con las de Laguna, ni las de Uruguay-sur de laguna de los Patos con las que están dentro de laguna de los Patos, por ejemplo.

“A nivel de conservación, si no existe ese flujo es una preocupación mayor porque quiere decir que estos grupos se están concentrando en determinados ambientes de los que dependen tremendamente, y que cualquier cambio brusco en ellos puede generar una afectación importante a la población. Si ese flujo existiera, algunos individuos podrían tomar la decisión de irse a otro lado si las condiciones no son favorables, que es lo que probablemente pasó en el Río de la Plata. Las toninas se veían con frecuencia en la Costa de Oro, pero eso ya no ocurre desde hace 30 o 40 años, se desplazaron a la costa oceánica”, cuenta Paula.

Cerca de un tercio de toda esta subpoblación de toninas reside dentro de la laguna de los Patos, un sitio donde encuentran alimento abundante pero en el que están expuestas a la contaminación y los ruidos. Y en el otro extremo, en cuanto a cantidades de individuos, están Florianópolis y Laguna, donde las estimaciones no superan los 55 individuos en cada una.

La cifra estimada de toninas para la unidad de manejo de Uruguay-sur de laguna de los Patos dio como máximo 88 ejemplares. “En 2008 habíamos hecho una estimación de una población de unos 70 ejemplares para Uruguay, que va en línea con estos resultados”, explica Paula.

A esa estimación total de unos 341 ejemplares en Uruguay y Brasil, en el mejor de los casos, hay que sumar los de la subpoblación argentina para tener el total de toninas que hay en el mundo. “La cifra de Argentina se está analizando ahora mediante un monitoreo, pero agregándola, el total no dará más de unas 400 y poco. Es un número muy bajo, un verdadero problemón. Estamos hablando de muy pocos animales para sostener la especie”, agrega Paula.

Eso nos lleva justamente a la segunda parte del trabajo, que trata sobre los futuros posibles que esperan a las toninas en un mundo en el que hacen frente a las redes de pesca, la disminución de alimento y la contaminación.

No future

Para entender cómo estos tres factores pueden afectar una población tan reducida en el futuro, los investigadores usaron herramientas estadísticas para realizar un análisis de viabilidad poblacional. Esta herramienta integra los datos disponibles de la especie (como supervivencia, tasa de reproducción, etcétera) y la información existente sobre las amenazas que enfrenta (como la tasa de captura incidental) para predecir su riesgo de extinción.

En este caso, simularon trayectorias para cada unidad de manejo y para la subpoblación total de toninas bajo seis escenarios que reflejan los desafíos mencionados para la especie. Por ejemplo, uno en el que se mantienen las condiciones actuales, con la mortalidad natural que se registra hoy y la captura incidental observada; otro en el que se produce un aumento de la captura incidental y otro en el que hay una reducción; uno en el que disminuye la disponibilidad de presas; otro en el que la degradación del hábitat afecta la supervivencia de las crías; y, finalmente, uno de “triple amenaza”, que combina un aumento de los tres desafíos mencionados para las toninas.

Los resultados son preocupantes. Si todo continúa como hasta ahora, las proyecciones indican un declive poblacional constante para todas las unidades de manejo.

En concreto, para la población que vive en nuestro país, seguir todo como está implicará una disminución de 28% en 100 años. Es decir que si hoy hay entre Uruguay y el sur de la laguna de los Patos 88 toninas, en un siglo habrá apenas 72. Las de Laguna son las más afectadas en este escenario: su población se reduciría 71%.

De reducirse la captura incidental, las cosas serían en 100 años más auspiciosas para nuestras toninas: la población experimentaría un crecimiento de 19%, algo bastante menor a lo que experimentarían las unidades de manejo del norte de la laguna de los Patos (aumento de 69%), pero mejor que lo que pasa en Laguna, donde la reducción de la captura no evitaría que la población se redujera igual 39% en 100 años.

En el caso contrario, de aumento de la captura incidental, en 100 años se dejarán de ver toninas en nuestras costas: la caída de la población se estimó en 94%, por lo que de las 88 toninas que compartimos con el sur de Brasil sobrevivirían apenas dos. Se trata de una de las mayores caídas estimada por esta causa, solo superada por la de 98% de la población de Laguna.

Paula Laporta (der) durante un muestreo.

Foto: Yaqu Pacha Uruguay

La disminución de las presas disponibles tendría un alto impacto para nuestras toninas compartidas con el extremo sur de Brasil: en 100 años la población sufriría una merma de 38% (de 88 de hoy quedarían entonces unas 55). La degradación de hábitat tendría un impacto aún mayor: nuestra población se reduciría 58% en 100 años, por lo que apenas habría 37 toninas en toda la unidad de manejo que compartimos con el sur de Brasil.

Finalmente, el triple impacto (aumento de captura, merma de presas y degradación del ambiente) llevaría a la práctica extinción de las toninas de Lahille en todo su rango de distribución. Las de la población que compartimos con el sur de Brasil, por ejemplo, experimentaría una merma de 96%.

Dado que los autores advierten que “es probable que estas presiones se intensifiquen y ocurran de manera simultánea”, por lo que “el escenario de ‘triple amenazaʼ ofrece una proyección plausible de los riesgos futuros”, se justificaría que la tonina se convirtiera en un símbolo de la conservación internacional a la altura del oso panda –presente en pins, camisetas y merchandising en general–.

“Los hallazgos destacan la vulnerabilidad de la tonina y la necesidad urgente de proteger el hábitat y mitigar la captura incidental”, advierten los autores. Las toninas, por lo tanto, precisan que algo cambie para no seguir la misma suerte que otros delfines muy amenazados, como el baiji (Lipotes vexillifer, ya extinto), la vaquita marina (Phocoena sinus) y el delfín de Maui (Cephalorhynchus hectori), ambos al borde de la desaparición.

Hasta luego y gracias por el pescado

“El principal desafío para Uruguay es entender por qué están apareciendo en los últimos años toninas muertas con marcas de red o interacción con la pesca y qué hacer para mejorar eso”, explica Paula Laporta.

“De todas las amenazas que enfrentan las toninas en nuestras aguas, esa parece ser la más importante. El problema es que eso está ocurriendo, pero no entendemos cómo ni por qué. No es claro qué arte de pesca es el que las está afectando, y si está pasando acá en Uruguay o en otro lado. Es ahí donde hay que trabajar, en comprender esa situación para modificarla”, agrega.

Ese es un trabajo que deberán encarar en conjunto la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos, el Ministerio de Ambiente, los investigadores y los pescadores, si hay intenciones serias de evitar los futuros posibles que plantea esta investigación.

Para desenredar este problema y mantener los monitoreos de toninas en nuestras aguas, lógicamente, se precisa tanto voluntad política como recursos. El panorama es poco auspicioso, dada la inversión escasa en conservación de fauna en Uruguay, pero seguir como hasta ahora no parece una opción si se quiere mantener a largo plazo a estos animales emblemáticos de nuestras aguas. Hace poco más de 100 años ni siquiera se sospechaba que eran ejemplares de una especie nueva, y en menos de 100 años más podrían estar cerca de la extinción. El lapso entre su descripción para la ciencia y su posible final es un pestañeo incluso a escala humana.

La investigación advierte con claridad que el declive de las toninas está impulsado por las actividades humanas. “La pérdida de incluso unas pocas hembras reproductivas aumenta significativamente la probabilidad de extinción. Aunque históricamente frecuentes en el sur de Brasil, al menos cinco eventos de captura incidental han ocurrido en Uruguay desde 2019, lo que subraya la urgencia de una mitigación binacional. Las lecciones de otros cetáceos pequeños confirman que la persistencia depende de la supervivencia y el éxito reproductivo de las hembras adultas, así como de la supervivencia de los juveniles”, agrega.

Si bien los autores aclaran que las toninas no llegaron aún al punto de inflexión que llevó a la extinción del baiji, aseguran que la historia de este delfín que vivía en el río Yangtzé muestra “cómo las presiones antropogénicas pueden provocar un colapso a pesar de la persistencia evolutiva”.

“El escaso número de toninas, su fragmentación y su exposición crónica a múltiples amenazas exigen acciones de conservación inmediatas, coordinadas y sostenidas en toda su área de distribución”, concluyen.

Las toninas no pueden hacer como los delfines de la Guía del viajero intergaláctico, del escritor Douglas Adams, que abandonan el planeta antes de su destrucción, luego de advertir repetida e inútilmente a la humanidad del riesgo inminente. Su suerte está atada a la nuestra, porque habitan una franja costera que ocupamos y usamos intensamente. Tampoco pueden hablar, como imaginaron algunas películas. Quizá su mensaje de advertencia lo dieron cuando comenzaron a desaparecer del Río de la Plata, hace unos 40 años. Ya es hora de empezar a escucharlo.

Artículo: “Range-wide monitoring reveals demographic vulnerability in Lahille's bottlenose dolphins”
Publicación: Biological Conservation (mayo de 2026)
Autores: Fabio Daura, Paula Laporta, Ignacio Moreno, Paulo Ott, Paulo Flores, Pedro Volkmer de Castilho, Andrés Barreto, Rodrigo Cezar, Carolina Bezamat, Alexandre Machado, Eduardo Secchi, Silvina Botta, Dan Jacobs, Rodrigo Machado, Juliana Di Tullio, Luciano Dalla Rosa, Paulo Simôes, Martin Sucunza, Elisa Ilha, Yuri Camargo, Carolina Menchaca, Cecilia Laporta, Mariana Carrion, Liane Dias, Fernanda Peverari, Federico Sucunza, Daniel Danilewicz, Lorenzo von Fersen y Pedro Fruet.

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