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Ciencia Investigación científica

Quinoa en Ecuador.

Foto: Wilmotsenaratne (iNaturalist)

Uruguay, Brasil y la quinoa juntos contra el envejecimiento de la piel: reportan crema que muestra un perfil hasta 16 años menor

Investigación conjunta entre Brasil y Uruguay arroja que una crema con bioésteres de quinoa, en solo 30 días, da a la piel un perfil en sus proteínas entre 11 y 16 años menor; no es solo un beneficio estético, sino también para la salud del órgano que nos protege del mundo exterior.

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Tú te mereces una piel joven. Bah, más que merecer, la necesitas. No es cuestión solo de tener menos arrugas o verse bien. La piel es la primera barrera que tenemos para defendernos del mundo que nos rodea y, a medida que envejece, va acumulando daño que no le permite ejercer esa función protectora como debería. Y en el mundo de las funciones de las células, las de la piel incluidas, las funciones y tareas son llevadas a cabo por las proteínas. ¿Qué tienen que ver células de piel joven, proteínas y tu salud? Veamos algunos ejemplos.

Respirar nos mantiene vivos. Pero, como cantaba el fallecido Indio Solari, vivir solo cuesta vida: a medida que respiramos, vamos envejeciendo. Como si fuéramos un encendedor que dura 1.000 encendidas, cada bocanada de aire que inhalamos nos acerca un pelín más a nuestro final, ya que el oxígeno nos oxida. Por tanto, necesitamos toda la ayuda que podamos de los antioxidantes que combatan a los radicales libres producto de esa oxidación. Bien, una piel en buen estado recurre a enzimas, unas proteínas particulares, como la superóxido dismutasa, la glutaredoxina-1 y la glutatión sintetasa para ese fin.

Una piel saludable y no excesivamente dañada por el envejecimiento también tendrá proteínas que la ayudarán a mantener su función de barrera y la cohesión estructural. Entre ellas, están la desmogleína-1 y la desmocolina-1, que ayudan a mantener la piel firme, elástica y fuerte. Otras proteínas ayudan a la renovación de la piel, como los inhibidores de la proteasa serpina B3 y serpina B7, que, entre otras, previenen la degradación de la matriz de colágeno y elastina, que no solo le dan a la piel un aspecto más joven y firme, sino que son fundamentales para una barrera eficiente.

A todo esto sumemos al Sol -que nos achicharra y daña la piel-, la presencia de microorganismos oportunistas y demás. La piel se va dañando lenta e inexorablemente, pero estos factores hacen que algunos de nosotros tengamos piel que envejece prematuramente o, dicho de otra forma, que la edad de nuestra piel parezca ser mucho mayor que la que nos canta la cédula. El tema entonces no es solo estético: ya no es que alguien de 40 parezca de 30 o de 50 parezca de 40, sino que lograr que alguien de 40 tenga una piel de 40 es, en muchos casos, una hazaña. Aún más, si pudiéramos lograr que la piel tenga un perfil de proteínas propio de una piel más joven que la que indica el calendario, no solo posibilitaría que la piel se viera mejor, sino que ganaríamos también en salud. Pues eso último es lo que reporta un maravilloso trabajo recientemente publicado.

Titulado La aplicación de bioésteres de quinoa modifica el proteoma de la piel humana hacia perfiles moleculares asociados con una edad más joven, el artículo lleva la firma de Amanda Camillo, Marlon Santos y Rosario Durán, los tres de la Unidad Mixta de Bioquímica y Proteómica Analíticas que llevan en conjunto el Instituto Pasteur de Montevideo y el Instituto Clemente Estable (IIBCE), ambos de Uruguay. Amanda y Marlon son, además, investigadores del Laboratorio de Proteómica Estructural y Computacional del Instituto Carlos Chagas de la red Fiocruz, de Brasil, y del que también forman parte los autores Lucas Sales, Juliana Fischer y Paulo Carvalho (orientador, junto a Rosario Durán, del doctorado de Amanda, del que se desprende esta investigación). También firman el trabajo investigadoras e investigadores brasileños de la Universidad Positivo y de la empresa O Boticario.

Allí reportan que un bioactivo, elaborado por O Boticário a partir de aceites extraídos de la semilla de quinoa, fue aplicado durante 30 días a 61 mujeres de entre 20 y 80 años en uno de sus antebrazos, mientras que en el otro se aplicó una crema sin compuestos bioactivos. Pasado ese mes de aplicación, se analizaron las proteínas de células de la piel de uno y otro brazo y lo que encontraron fue formidable: para las mujeres de menos de 50 años, la piel del brazo al que se aplicó la crema de quinoa tenía un perfil de proteínas propio de personas 11 años más jóvenes; para las de más de 50 años, eso aumentó a una piel que, a nivel de proteínas, tenía un perfil 16 años menor. Por eso afirman allí que sus resultados “sugieren que el bioéster de quinoa es un bioactivo cosmecéutico antienvejecimiento prometedor”. Ah, dato interesantísimo: el equipo de investigación elaboró para este trabajo la primera regla para determinar la edad del perfil de proteínas de la piel de las personas, un aporte relevante tanto para la industria cosmética como para la promoción de la salud cutánea.

Así que más rápido de lo que cualquiera entiende que una piel más joven nos protege más que una envejecida, salimos nuevamente al encuentro de Amanda Camillo, primera autora de este trabajo que surge de su doctorado y que sigue la línea de la salud de la piel que ya nos fascinó con su investigación acerca del brazo de los camioneros.

¿Por qué ir tras la quinoa como crema de la eterna juventud?

El trabajo reporta los resultados de la aplicación durante 30 días de una crema con un compuesto bioactivo obtenido a partir de semillas de quinoa, planta cuyo nombre científico es Chenopodium quinoa. El asunto de la quinoa no es nuevo: ya habían publicado un artículo en 2020 reportando que estos mismos bioésteres de quinoa, aplicados a cultivos celulares, aumentaban la presencia de proteínas “relacionadas con la prevención del envejecimiento prematuro, la homeostasis, la regeneración tisular y el daño oxidativo”. “El bioéster de quinoa que empleamos en ambos trabajos es un bioactivo protegido por una patente de composición cosmética de Grupo Boticário, empresa brasileña de Paraná, el mismo estado donde se encuentra nuestra unidad de la Fiocruz. Esa empresa es socia de este proyecto”, señala Amanda.

En efecto, la “composición cosmética comprendiendo bioéster de quinoa” fue depositada en el Instituto Nacional de Propiedad Industrial de Brasil en setiembre de 2017. La extracción y purificación del éster es un proceso industrial exclusivo de la empresa. Allí señalaba O Boticário que el producto estaba dotado de “alto poder antioxidante, además de actuar en la prevención de estrías, la hidratación, el aumento de colágeno y la nutrición de la piel”. “O Boticário se encargó de las cremas, tanto de la que tiene el bioactivo a partir de quinoa como de la que se usó solo como placebo”, agrega Amanda, que ya había trabajado con ese bioactivo para su maestría en 2020 haciendo pruebas en piel artificial de laboratorio.

“La piel 3D permite realizar estudios muy controlados, en un ambiente de laboratorio, pero esa piel no está bajo los desafíos de la contaminación ni está expuesta a todo lo que las personas nos exponemos en nuestra vida cotidiana”, señala Amanda como preámbulo del trabajo que hicieron luego. “Tras esos buenos resultados en piel de laboratorio, nos propusimos mirar los efectos en la piel de personas reales, viendo el exposoma, para ver si esos buenos resultados se daban también. ¿Sería que el bioactivo continuaría produciendo estos efectos deseados? Lo que vimos es que sí, y eso es lo que reportamos en este artículo”, enfatiza.

Un desafío metodológico relevante fue la duración del tratamiento. “Como se extendía por 30 días, durante ese período la piel de las participantes envejecería de forma natural casi un mes, lo que podía enmascarar los efectos del compuesto bioactivo”, explica Amanda. En el análisis del perfil de proteínas, ese envejecimiento fisiológico podía contraponerse al efecto del bioactivo. “Verificamos que, incluso transcurridos los 30 días, el bioactivo mostró a nivel molecular un efecto beneficioso”, señala Amanda.

El interés por profundizar en la quinoa surgió del propio trabajo científico. “O Boticário ya conocía varios efectos de este bioactivo; para la ciencia, contar con más estudios y mayor base experimental siempre es valioso, porque permite comprender mejor cómo actúa el bioactivo”, comenta. “Ellos cuentan con muchos tipos de pruebas y ensayos, y nosotros aportamos una metodología proteómica basada en espectrometría de masa. Por esa razón la colaboración permitió combinar la experiencia en proteómica y espectrometría de masa del grupo académico con las formulaciones desarrolladas por la empresa”, agrega.

61 mujeres poniéndole el brazo a la ciencia

“A diferencia del trabajo del brazo del camionero, aquí trabajamos con una cohorte diferente de personas, que eran todas mujeres”, cuenta Amanda. ¿Por qué trabajar solo con mujeres? Por un lado, al realizar investigación con mujeres de entre 20 y 80 años, no podemos pasar por alto el fenómeno de la menopausia y los cambios a nivel hormonal que esta trae aparejados. Durante mucho tiempo las biociencias trabajaron con modelos de animales machos, un sesgo que hoy se está intentando corregir, ya que es mucha la información relevante que se pierde por no contemplar los ciclos hormonales y otras diferencias relevantes entre unas y otros.

Por otro lado, cuando hablábamos sobre la investigación del brazo de los camioneros, Amanda contaba que a los hombres, al principio, les cuesta más adoptar el uso de cremas hidratantes o reparadoras del daño de la piel. Y eso también tuvo que ver en la selección de estas 61 mujeres de entre 20 y 80 años, una de cada año. “Como necesitábamos que muchas personas se pasaran el producto todos los días, de forma rutinaria, era más difícil lograr que hombres hicieran eso a que lo hicieran mujeres”, reconoce la investigadora. “Por otro lado, está el hecho, sí, de que las mujeres también tienen esta parte hormonal, que es muy relevante al observar cambios en las proteínas”, señala.

Amanda Camillo (archivo, abril de 2025).

Foto: Alessandro Maradei

Ciencia pionera: primera regla de proteínas para estimar la edad de la piel

¿Cómo hacer para identificar, observando las proteínas que había en las células cutáneas de los antebrazos de las mujeres en los que se aplicó el producto, si la piel tenía la misma edad o estaba rejuvenecida o envejecida respecto del brazo de la misma mujer que no recibió el compuesto activo con base en quinoa? El equipo tomó dos decisiones relevantes. La primera de ellas no fue pararse en hombros de gigantes, sino en los propios. En efecto, para este trabajo emplearon el software libre Proteomic Pairwise Comparer, que, como queda explícito en su nombre en inglés, permite realizar análisis pareados de muestras de proteínas. ¿Quiénes crearon ese software? Ellos mismos, en especial Lucas Sales, Paulo Carvalho y Marlon Dias, y ya lo habían aplicado al estudiar los brazos de los camioneros expuestos al sol en comparación con los brazos que quedaban a la sombra.

“Las investigaciones pareadas nos traen muchos resultados importantes porque nos permiten hacer comparaciones de lo que pasa en un mismo individuo, en este caso, en sus dos antebrazos. Cuando comparamos un individuo con otro, hay muchas diferencias de una persona a otra, un background genético diferente, que hace que las comparaciones no sean tan sencillas. Lo importante de estos trabajos pareados es que permiten superar la variabilidad entre las personas y abren una ventana para observar variaciones intraindividuales”, comenta Amanda. Así como la vez pasada le legaron al resto de la comunidad científica este software de análisis pareado, aquí vuelven a hacer una contribución relevante que excede al trabajo. “Presentamos la primera regla molecular proteómica de la piel. No existía nada así en la literatura científica. No se había reportado antes un perfil de proteínas que se relacionara con la edad de la piel a lo largo de estos tramos etarios”, dice, feliz, Amanda.

En el trabajo bautizaron a su modelo, entrenado mediante aprendizaje automatizado, Support Vector Regression, algo así como modelo de Regresión de Vectores de Soporte. Lo que hace es “predecir la edad de la piel basándose en su perfil proteómico” o, en otras palabras, al analizar las proteínas presentes en una determinada muestra, establecer a qué edad calendario correspondería ese perfil de proteínas. Ahora, cualquier otra persona a la que le interese el envejecimiento de la piel podrá analizar ese tejido y saber si la edad proteómica se corresponde con la edad biológica de la persona o si, por el contrario, esa piel está, a nivel de las proteínas, comportándose como si fuera más vieja o más joven que la edad que realmente tiene.

“Recurrimos al machine learning y la inteligencia artificial procurando evitar sesgos de lo que nosotros pretenderíamos encontrar en una piel envejecida o rejuvenecida. No partimos de un punto que consideramos que era el ideal o de edad concordante con la biológica ni definimos que la presencia o ausencia de determinada proteína marca ese envejecimiento o rejuvenecimiento. Tratar de eliminar esos sesgos de lo que se pretende encontrar y quedarnos con lo que realmente es diferente entre una muestra y otra nos permite llegar a un resultado más robusto”, puntualiza con satisfacción Amanda.

Ungidos por la computadora

Claro que haber creado ellos mismos esta especie de árbitro imparcial, este modelo de Regresión de Vectores de Soporte, les metía una presión mayor: tras realizar los 30 días de aplicación de compuesto y placebo, analizar las muestras pareadas, quien sentenciaba si el compuesto bioactivo tenía un efecto en las proteínas de la piel que permitiera hablar de un rejuvenecimiento, era esta inteligencia artificial. Uno imagina que esperar esa respuesta fue un momento tan intenso como aguardar por el VAR para que diga si un gol es válido o no. “Era un punto de incertidumbre, sobre todo porque a lo largo de esos 30 días la piel de cada persona puede cambiar de manera considerable debido al propio envejecimiento”, explica Amanda. “La edad proteómica, al aplicar el bioactivo, se redujo en los dos grupos analizados, tanto en el de 20 a 50 años como en el de 51 a 80”, detalla.

“Nuestro modelo, entrenado con los proteomas previos al tratamiento, predijo edades proteómicas más bajas para la piel tratada con bioéster de quinoa en comparación con la tratada con placebo, con diferencias medianas observadas de 11 y 16 años para las participantes menores y mayores de 50 años, respectivamente”, dice el artículo. ¡Gooool brasileño-oriental! Con una salvedad importante: esa diferencia alcanzó significación estadística en el grupo de mayores de 50 años, mientras que en las menores de 50 los 11 años de diferencia representan una tendencia que no llegó a ser estadísticamente significativa.

“Es importante aclarar que cuando hablamos de reducción de la edad de la piel, hablamos de reducción de la edad proteómica, que es algo molecular, dentro de los propios individuos. Para asegurar clínicamente que la piel se rejuveneció, tendría que ser un ensayo más largo, algo que habría que determinar en un estudio a futuro”, ataja Amanda.

Para establecer un reloj proteómico absoluto, es decir, uno que midiendo las proteínas de una persona nos diga a qué edad correspondería su perfil, no en comparación consigo misma, sino como quien analiza la edad de una persona mirando el esmalte de sus dientes, el camino será mucho más largo. “Sí, hay personas de 60 años que tienen una piel muy joven, como si fuera de una persona de 45. Tendríamos que poder determinar cuáles son las proteínas más abundantes en ese tipo de personas y cuáles las proteínas más abundantes en personas que tienen la piel más envejecida, y así comenzar a hacer mapeos de proteínas y de esas diferencias de grupos de proteínas que están en estas personas”, señala Amanda.

Más que estética

Hace tiempo que el aspecto de la piel dejó de ser una cuestión de interés meramente estético. La edad es uno de los factores que afectan la función protectora de la piel. Por tanto, buscar una piel rejuvenecida no es solo una cuestión de verse bien, sino de estar bien. “La piel es el órgano que hace de primera barrera de defensa. Si nosotros no tenemos esa barrera íntegra y funcionando de la mejor manera, se allana el camino para la presencia de invasores, para patologías y disfunciones dermatológicas”, señala Amanda. Y entonces remarca un dato interesante. “La diferencia de 16 años se dio en el grupo de mujeres mayores de 50 años, mientras que la diferencia de 11 años se dio en el grupo de menores de 50”, dice. “Esto muestra que cuanto más la piel lo necesita, más resultados se obtienen. Cuando la piel está bien, el cosmecéutico ayuda a mantenerla así, pero cuando la piel necesita de ayuda, porque está degradada o envejecida, va a usar el compuesto para mantener y recuperar aquello que se perdió”, redondea.

“Antes el cuidado de la piel era algo totalmente estético, algo que no era verdaderamente importante. Sin embargo, hoy sabemos que sí lo es, lo vemos clínicamente en múltiples manifestaciones, desde los melanomas hasta aspectos psicológicos provocados por una insatisfacción por lo que las personas ven en el espejo. Cuando comenzamos a mirar todos estos impactos, sociales, psicológicos y en la salud, tomamos real dimensión de la importancia del cuidado de la piel”, señala Amanda.

Por otro lado, como señalan en el trabajo, estamos ante un aumento de la expectativa de vida. Envejecer vamos a envejecer. Pero si a esa prolongación de la vida le sumamos un envejecimiento prematuro de la piel por exponerla a daños, las cosas se complican. “La expectativa de vida está aumentando y nuestra piel tiene que acompañar ese aumento. Si queremos envejecer de forma saludable, cuidar la piel es importante: una piel íntegra nos protege frente a agresiones físicas, químicas y biológicas, la radiación y el roce, las sustancias irritantes y los microorganismos que pueden causar infecciones. Cuando esa barrera se compromete, quedamos más expuestos. Cuanto más la hayamos cuidado y protegido, más posibilidades tenemos de llegar a la vejez con una mejor salud”, concluye Amanda.

La quinoa y el trabajo de investigadoras e investigadores de Brasil y Uruguay nos permiten mirar el tema con cierto optimismo. Y si bien dicen que sonreír agrega arrugas al rostro, las que vengan con esta sonrisa de satisfacción por nuestra ciencia son bienvenidas.

Artículo: Quinoa bioester application shifts human skin proteome toward molecular profiles associated with younger age
Publicación: Communications Biology (junio de 2026)
Autores: Amanda Camillo, Lucas Sales, Carolina Catarino, Bruna Bosquetti, Camila Oliveira, Patricia Szuchman, Andrezza Canavez, Ana Raquel Firmino, Rodrigo Romanhole, Gustavo Dieamant, Desiree Shuck, Rosario Durán, Juliana Fischer, Marlon Santos y Paulo Carvalho.

Artículo: Proteomics reveals that quinoa bioester promotes replenishing effects in epidermal tissue
Publicación: Nature Scientific Reports (2020)
Autores: Amanda Camillo, Marlon Santos, Juliana Fischer, Bruna Swinka, Bruna Bosquetti, Desirée Schuck, Marcia Pincerati, Marcio Lorencini y Paulo Carvalho.

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