Jugando con las letras y las palabras
Casi un género en sí mismo, los abecedarios poéticos proponen un orden con su propia lógica interna. Sucedáneos más o menos lúdicos de la representación misma de la educación formal y la alfabetización, los más disfrutables son aquellos que desarman la formalidad del abecé para proponer algún tipo de juego. Además, como el universo del alfabeto es finito, ofrecen un espacio manejable en el que es posible inventar un mundo propio.
Como subgénero de la literatura infantil y juvenil –esa que dialoga, sobre todo, con las edades en las que inaugurar cosas, la lengua escrita entre ellas, es algo de todos los días– son relativamente frecuentes; digamos que es un cuelgue más o menos compartido. Ejemplos hay muchos y, por supuesto y por suerte, variados: cada quien organiza ese mundo inventado del abecedario según sus obsesiones, intereses, inquietudes. Solo por mencionar unos pocos ejemplos publicados en estas latitudes en los últimos años –pero quien esté interesado podrá encontrar muchísimos otros ejemplos–: Abecedario: abrir, bailar, comer y otras palabras importantes, de Ruth Kaufman y Raquel Franco, ilustrado por Diego Bianki (Pequeño Editor, 2014); Abecedario a mano, de Isol (Fondo de Cultura Económica, 2015); Abecedario poético + gráfico, de Fabián Severo y Alejandro Sequeira (autoedición, 2023); Abecedario. Quiero mucho a mi animal, de Cielo Matita (Alter Ediciones, 2025).
En esa línea, Animales bien contados, de Virginia Mórtola y Angelina Montero, vuelve a reunir a estas dos autoras (Mano a mano), en un recorrido por el abecedario en el que el juego, el humor y la poesía van de la mano, tanto en los textos como en la ilustración. Lo que define la búsqueda es que a cada letra le corresponden un animal y un verso de palabras que comienzan –o contienen, en los casos más extremos– la letra en cuestión. Esa restricción supone una dificultad que desafía, en algunos casos permitiendo la búsqueda de sutilezas en los paradigmas más generosos, en otros tensionando el límite de lo posible –sí, hay un animal llamado xerus, afortunadamente–.
De la mano de los versos desopilantes de Mórtola, la ilustración propone una fauna que convive en las 26 viñetas que componen el libro, en las que se ofrecen pequeñas historias que interpretan y abren el sentido del texto. El tono del libro es gozoso y divertido, y ofrece a las lectoras y lectores un juego infinito: el de la poesía.
Historias enlazadas
Milagros para Leandro, de Carolina Silva Barbé, ganó el Premio Juan Carlos Onetti, que entrega la Intendencia de Montevideo, en 2025, y este año fue publicado por la editorial ahora radicada en Tacuarembó ¡Más Pimienta! (que arrancó en 2011 con la colección Desolvidados).
La historia se compone de dos relatos que se entrelazan y cuya imbricación se va develando a medida que se teje la trama. Cada una con una identidad gráfica que la distingue, se intercalan, capítulo a capítulo, la historia de Flor y Toño, en un pasado indeterminado en un pueblo cercano a un monte, y la de Milagros y Leandro, dos niños que se juntan cada día a leer un libro que cuenta, precisamente, la primera historia. Ambas se leen en paralelo no solo por la manera en que son presentadas, desgranándose de a fragmentos intercalados, sino porque están protagonizadas por sendas parejas de personajes y, a medida que transcurre el relato, descubrimos que son similares y cercanas las preocupaciones y los temas.
Milagros para Leandro –y el nombre del personaje femenino no es para nada inocente, sino que su significado aparece como determinante en la historia– habla de la amistad y de la importancia de creer en uno mismo. Pero quedarse en esa lectura sería tan insuficiente como insensato: por un lado, presenta una mirada atenta y amorosa a las infancias –las actuales y las pasadas–, con sus similitudes y diferencias, con los desafíos que enfrentan y sus singularidades; por otro, ofrece una postura con respecto a la literatura y al arte, que cautivan a sus personajes y les ofrecen maneras alternativas y lúcidas de ver el mundo, observar la naturaleza y comprender los conflictos.
El andamiaje de la ficción inserta en otra ficción funciona a la perfección e introduce la clave de tensión de la trama: los lectores vamos leyendo la historia de Flor y Toño junto con Milagros y Leandro, y atando los cabos que entrelazan una historia con otra. Personajes entrañables, un pequeño homenaje al jeringoso y una reivindicación de la capacidad de soñar y de la fantasía. Invita, además, en el colofón donde explica en qué se inspiró la autora para escribir esta historia, a conocer a dos artistas: el libertense Carlos Reyes, autor de la muestra Anto-jo-lógica, y el montevideano Pedro Abdala, autor de Animales abisales.
Una travesía poética
Hace unos meses, con la película de Christopher Nolan, el poema épico de Homero volvió a estar bajo los focos por un tiempo. Destacado por la Asociación de la Literatura Infantil y Juvenil de Argentina en 2025, el poemario ilustrado Travesía, de la chaqueña Emilia Cadoppi y la porteña Vane Zorn, publicado por el exquisito sello mendocino Pez Menta, dialoga con La Odisea, pero esa es solo una de tantas posibilidades de lectura. Desde el título alude al viaje como concepto y como estado, y las múltiples referencias que se cruzan en el texto y en el impresionante trabajo de ilustración ubican el punto de partida en la geografía de América del Sur. Quien emprende el viaje es una mujer –no hay acá una Penélope esperando en Ítaca– y eso también opera como un elemento de singularidad.
No es necesario conocer el poema épico homérico para disfrutar de este libro-álbum ni, mucho menos, para entrar en el universo poético que propone el diálogo entre palabra e imagen. Azul, verde, ocre, negro y rosado componen la paleta de colores que va variando y se actualiza en diferentes proporciones en cada página, en una expresión del ambiente y del estado de ánimo. En cada doble página dialogan poema, ilustración, ícono, para mostrar juntos cada estación del viaje. La viajera, la que emprende la aventura es una mujer situada en un medio particular que se define en sus tonalidades, en sus árboles, en su mapa.
La mitología griega y los personajes homéricos se confunden con la geografía sudamericana, con el algodón, la tipa, el lapacho, los ríos de por acá. Y la iconografía de la pintura aporta otro lenguaje que se conjuga en estas páginas. El conjunto, enigmático y potente, es generoso en referencias que invitan a otro recorrido, el literario. En la última página, un código QR invita a seguir en una deriva que incluye también música (en caso de aceptar el convite, se aconseja hacerlo después de las primeras lecturas, para que esa bitácora, las señales en la ruta, sean guía y no cierren otros posibles caminos). Ofrece, también, un glosario que funciona como mapa de referencias de aquella odisea legendaria, la de Ulises. “Sabe que el viaje no es para volver, / sino para ser hoja, roble, otoño”, afirma el último poema y se transforma en declaración de principios y definición del viaje tanto homérico como universal.
Animales bien contados, de Virginia Mórtola y Angelina Montero. 40 páginas. Planeta/Baobab, 2026. $ 690.
Milagros para Leandro, de Carolina Silva Barbé, con ilustraciones de Luz Esperanza Silva Zappia. 78 páginas. ¡Más Pimienta! Libros para saborear, 2026. $ 450.
Travesía, de Emilia Cadoppi y Vane Zorn. 32 páginas. Pez Menta ediciones, 2025. $ 750.
Radio botánica
La compañía Error Producciones estará en el Jardín Botánico los sábados 7 y 28 de noviembre, los domingos 8 y 29 de noviembre y 6 de diciembre, en doble horario a las 15.30 y 17.30, y los viernes 27 de noviembre y 4 de diciembre a las 10.30. Ese marco será el espacio donde presentarán Radio botánica, a la que definen como “una obra escénica de ciencia ficción para todas las edades”, una experiencia escénica con la que invitan a recorrer y explorar las dimensiones ocultas del entorno, con la pregunta “¿qué sucede en el mundo vegetal más allá de lo que podemos percibir?” como consigna.
Dirigida por Felix Marchand y Alexandra Galceran, con diseño sonoro de Fabrizio Rossi, dramaturgia de Ayara Hernández y el asesoramiento de Débora Techera en filosofía y de Anita Aisenberg y el equipo del Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable en ciencia, proponen una visita guiada fuera de lo común, “donde los límites entre lo real y lo imaginario se vuelven cada vez más difusos y en donde la ciencia se vuelve ficción”.
La obra es el resultado de un proyecto ganador del Fondo Concursable del MEC en 2025 y tiene un cupo máximo de 15 personas. Por otra parte, la recomiendan a partir de 6 años, ya que se trata de un recorrido a pie con auriculares. Por consultas y reservas: radiobotanica@gmail.com.