La dupla Ricardo Darín-Diego Peretti representa una de las cumbres interpretativas del cine y el teatro rioplatense contemporáneo, gracias a una química actoral muy particular: la ironía y la intensidad dramática del primero contrasta con el lado neurótico y entrañable del segundo. Mientras Darín les da peso y seriedad a las historias con su sola presencia, Peretti aporta dinamismo, moviéndose cómodamente entre la comedia y el drama.
Su colaboración conjunta más célebre y recordada es el film La señal (2007), thriller policial dirigido por el propio Darín y ambientado en los últimos días de vida de Eva Perón; ahora se vuelven a reunir para dar vida a Lo dejamos acá, una comedia negra y drama psicológico dirigido por Hernán Goldfrid (Música en espera, Tesis sobre un homicidio) bajo la producción ejecutiva de los Darín, padre e hijo.
Estrenada en setiembre en el Festival de San Sebastián, la película sigue a Ulises Verón (Darín), un terapeuta de métodos tan heterodoxos como calculados. Convencido de que la psicología clásica no basta para responder a las necesidades de sus pacientes, Verón desafía la ética profesional con técnicas sin aval científico que, contra todo pronóstico, empiezan a dar resultados. Sin embargo, su universo se desestabiliza con la irrupción de su nuevo paciente. Martín Bouchard (Peretti) es un reconocido escritor bloqueado creativamente y sumergido en el alcohol, y lo que empieza como una consulta habitual muta rápidamente hacia una pulseada de egos, en la que los roles de analista y paciente se desdibujan en un tenso juego de espejos.
Los protagonistas parecen antagónicos, pero son similares en sus deseos (ambos desean resolver) y en la forma en que se paran frente a la vida: desenvueltos, seguros y con un ego importante. El personaje diseñado por Peretti (brillantemente ejecutado) es el de un escritor que alardea con pedantería de su éxito profesional y amatorio pero que está bloqueado artísticamente, un varón sin mucho autoanálisis que necesita imperiosamente resolver todo rápido. Verón, convencido de la eficacia de sus métodos alternativos, quiebra todo tipo de normas éticas y de distancia con su paciente y se entrevera en un juego peligroso al intervenir clandestinamente en la vida y obra de Martín, seguro de que la manipulación puede ser más eficaz que los métodos convencionales.
Con reminiscencias a los icónicos Los simuladores, Goldfrid plantea una historia magnética que atrapa gracias a sus preguntas incómodas: ¿es válido manipular si el resultado es bueno?, ¿dónde se cruza la línea entre ayudar y atropellar? ¿Es la terapia la solución a todos los males? El director ya había navegado por la obsesión y las zonas oscuras en Tesis sobre un homicidio (2013), pero aquí reformula el dilema a través del recurso, siempre inteligente, de la comedia negra, para hablar de salud mental y de ética profesional.
La película fluye gracias a un guion afilado y a un enorme Darín, quien maneja con soltura el humor, la ironía y una profunda comprensión de las fallas y contradicciones de su personaje. Ágil, la historia se vuelve inquietante: lo que en un principio parecía una transgresión avalada por sus buenos resultados empieza a mostrar las grietas de un protagonista que, en el fondo, está tan perdido y necesitado de ayuda como los pacientes a los que intenta rescatar.
Lejos de ser una simple comedia de enredos, Lo dejamos acá se arriesga a transitar, con inteligencia y tensión, los terrenos grises de la salud mental, la ética, la inmediatez de querer todo resuelto ya y el ego desmedido. La gran banda sonora incluye temones como “Le Freak”, de Chic, “Careless Whisper”, de George Michael y “Fanky”, de Charly García, y sirve de fondo a un gran duelo psicológico paciente-terapeuta. Sin pretender la perfección, la historia nos deja una certeza: el verdadero diagnóstico que importa no es el del paciente, sino el de una sociedad dispuesta a aceptar cualquier manipulación con tal de obtener resultados.
Lo dejamos acá. 98 minutos. En Netflix.
