Danna Liberman.

Foto: Martin Hernández Müller

“Este año es de cosas que nunca me imaginé”: Danna Liberman copa la cartelera uruguaya de teatro y cine

La actriz uruguaya habla de su versión de Las cosas maravillosas, la experiencia con el documental Mamá está acá y su dupla con Leo Pacella en Entre ella y yo

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La etiqueta de un pequeño frasco sobre la mesa de su camarín promete “31 hierbas en aceite esencial”. “Al menos una tiene que funcionar”, bromea Danna Liberman mientras convida con sus gotas medicinales y acerca a su nariz una dosis macerada entre sus muñecas. “Yo las uso pila para levantar. Olés un poquito y te abre el cerebro. Es bárbaro”, recomienda.

Son las seis de la tarde de un jueves. Cuando sean las nueve de la noche, la actriz y docente uruguaya comenzará otra función de Las cosas maravillosas, en una nueva versión de la exitosa obra de Duncan Macmillan y Jonny Donahoe dirigida por Jimena Márquez. Las noches de su fin de semana las repartirá entre Montevideo y Cerro Largo con la comedia Entre ella y yo, del argentino Pablo Mir. La cartelera cinematográfica ofrece, además, otra posibilidad de verla en escena como una de protagonistas del documental Mamá está acá, de Adriana Loeff y Claudia Abend.

“Antes de empezar el monólogo tengo que hacer muchas cosas”, argumenta. “Primero me baño –no acá, en casa– con mucha sal gruesa. No puedo subirme al escenario sin esa preparación, es parte del ritual cotidiano”, apunta. “Cuando llego, me preparo mi mate con yerba de naranja, repaso toda la letra de punta a punta y chequeo con un asistente que estén todos los objetos que tengo que usar en la obra”, dice mientras ordena unos cartones de color naranja numerados: “La sensación de calma cuando te das cuenta de que, aunque estás pasando por algo horrible, no podés hacer nada”, reza la tarjeta 253263.

A su fórmula infaltable le agrega estiramientos y ejercicios de respiración: “No podés llegar de la calle directo al escenario. Tenés que estar disponible para atravesar las emociones que te pide el texto o para prestarle tu cuerpo a otra persona”.

Estás haciendo una obra de mucho prestigio y de la que se dice que es particularmente desafiante tanto para los actores como para el público. ¿Cómo te llegó la propuesta?

Estaba en el auto, me llamó Sol Ortiz, que es la productora local de la obra y con la que tenemos un vínculo de hace mil años. Me dice: “Tengo algo para proponerte, Las cosas maravillosas”, y yo no lo podía creer. Este año es de cosas que nunca me imaginé.

¿Qué sabías de la obra?

No la había visto. La conocía de todos los comentarios sobre su prestigio y sobre quienes ya la habían hecho. Sabía que era hermosa y que era difícil y que había muchos números.

¿Dijiste que sí enseguida?

Sí, yo funciono a impulsos. Si mi corazón dice que sí, listo. En este caso sentí que era un sí gigante.

¿Cómo te fue en tu primera función?

Divino. Los nervios que pasé... no te puedo explicar. Era como que tenía un cuchillo clavado en el pecho. No me acuerdo de haber pasado tantos nervios con una obra.

¿El texto está adaptado por Jimena y por vos?

El texto original está tan bien escrito que no querés cambiar las palabras. Yo siempre invento mucho en las obras. Mis compañeros y compañeras ya saben que voy a inventar; me divierte eso, buscar pequeños momentos nuevos. Pero acá todo lo que escribió Macmillan está perfecto y yo me quedo ahí. Lo que hizo Jimena fue cierta adaptación del texto original, traducido al español. A medida que lo íbamos leyendo lo uruguayizamos en algunas cosas, como en la lista de cosas maravillosas, y también lo dannificamos.

¿Podés adelantar algo de tu lista de cosas maravillosas?

Sí, me pasó que después de ensayar mucho empecé a detenerme en mayor medida en esas posibles cosas de mi lista y me convertí en una cazadora de cosas maravillosas. Eso me parece maravilloso, porque te hace conectar todo el tiempo con cositas de maravilla que capaz que son cotidianas y de pronto se te pasan por alto.

El desayuno, ese momento, cuando tengo tiempo. Llevo a los niños a la escuela y hay un ratito que me guardo para mí. Yo me despierto muy temprano: ver el amanecer es otra cosa maravillosa. Lo hago bastante. Las papas fritas, el mar, dormir, bañarme con mucho tiempo. ¿Ya dije “dormir”? Tengo una hija de 2 años que me despierta 15 veces de noche para decirme cosas como “agua” o “mamá, quiero verte la cara”. Dormir está en mi lista, seguro. Otra: estar con personas que quiero.

Ahora está muy de moda la expresión tiempo de calidad.

Claro. Es como cuando estás haciendo algo, pero habitando ese algo. Ese es mi objetivo en todo. O sea, ahora venía para acá en Uber. Y entonces quiero disfrutar estar en el Uber.

Tremenda publicidad.

Suena raro, pero es como que “estoy acá, miro por la ventana y puedo ver lo que pasa en ese instante en la rambla”. Si no, es como que hacés muchas cosas pero nunca estás en ningún lado.

Uno debería suponer que todo tu conocimiento como actriz, maestra de la improvisación, clown y licenciada en Psicopedagogía te debe de haber jugado muy a favor a la hora de hacer esta obra. ¿Cómo es en la práctica?

Lo que pasa es que la obra tiene mucha participación del público. Y el público, cuando se enciende, tiene vida propia. Hay una expresión que a mí me encanta de [Daniele] Finzi Pasca: “El público es un dragón de mil ojos”. Y hacen lo que quieren, dicen lo que quieren. Te llevan la obra para donde quieren. Hay que estar ahí como en un baile, en una danza que está divina, y traer a la emoción que está proponiendo el texto. Entonces, a veces el público se va un poco junto a esa emoción y hay que dejar que se vaya, pero a la vez tenés que traerlo de vuelta al texto. En la función pasada pasó de todo, hicieron cualquier cosa, pero salió genial. La obra es una experiencia.

Foto: Martin Hernández Müller

Normalmente vos vas al teatro, te sentás en la butaca, te apagan la luz, se prende el escenario, está la cuarta pared bien establecida, que divide la ficción de la realidad. Termina y vos aplaudís. Acá hay una luz sobre el público en varios momentos. O sea, la gente está en la obra, es la obra. No está esa división. Yo camino por el espacio y están todas las sillas alrededor, muy cerca y, sin adelantar mucho, la gente recibe una participación.

Los fines de semana estás haciendo Entre ella y yo con Leonardo Pacella. ¿Qué tal esa experiencia, que ya va por su segunda temporada?

Es muy divertida. Y Pacella, con el que somos pareja en la obra, es lo máximo del mundo. Nos llevamos muy bien, es una muy buena persona con la que da gusto trabajar. La historia es la de una pareja a punto de ver cómo salió un test de embarazo, con todo lo que les pasa por la cabeza. Los miedos, qué puede pasar, si tenés un hijo o una hija, querer tenerlo o no querer tenerlo. En algún punto, todas las personas que vienen se identifican, porque alguna de esas preguntas alguna vez te las hiciste. Porque sos padre o sos hijo.

El sábado estamos en el teatro del Anglo y el domingo estamos en Melo.

Además estás en cartel con la película Mamá está acá. ¿Cómo te llegó esa propuesta?

Primero recomiendo que corran al cine a ver la película, porque con las producciones uruguayas nunca se sabe cuánto tiempo van a estar en cartel.

Adriana Loeff y Claudia Abend venían de hacer la película y la serie La flor de la vida, que están bárbaras, y allá por 2020 se empezaron a juntar para pensar su próximo documental y siempre terminaban hablando de sus hijos y de la maternidad. Entonces dijeron: “Hay algo que nos está atravesando ahora, que es la maternidad: hagamos un documental de maternidad”. Así arrancaron a hacer una serie de entrevistas a todo tipo de mujeres.

No sé quién les habló de mí. Era plena pandemia cuando hicimos una entrevista por Zoom y les conté de Hanami, una obra que yo escribí para homenajear a mi hijo Uriel, que trascendió ya hace seis años. Y vinieron a un ensayo. Cuando llegaron les abrió la puerta María Luz Viera, codirectora de Hanami junto con Jimena Márquez mientras transitaban la espera de su hija Primavera”. Y dijeron: “Acá hay otra historia de maternidad”.

Y todas conectadas de alguna forma.

Exacto. Porque ellas empezaron a ver que lo que querían era conectar las historias. Ellas siempre hablan del dios del documental. Como que investigan, tiran hipótesis y en un momento hay algo que sucede y que resuelve el asunto. En este caso también encontraron a Paula Villalba, vestuarista de Hanami, que tiene su historia de adopción de Lucas. La película termina siendo sobre cuatro mujeres artistas que se juntan para hacer una obra con sus historias de maternidad. Es muy impactante.

Tenés la historia de Primavera, su nacimiento; la historia de Lucas, que es un niño maravilloso que tiene neurodivergencia y pone ese tema sobre la mesa; mi historia de maternidad con mis tres hijos, más que nada Uriel, que falleció. Y todo el montaje de Hanami y su estreno. La película es otra de esas cosas maravillosas que no imaginé.

Me consta que con Hanami te fue muy bien y recibiste muchos reconocimientos. ¿Qué te está pasando con la película?

Es muy movilizador lo que pasa. Recibo muchos mensajes muy hermosos. Una cosa que me dijeron con Hanami y que me impactó mucho fue: “Gracias por tomar la voz y hablar por todas las personas que atravesamos situaciones así y no tenemos los medios expresivos para decirlo”. Eso lo escuché muchas veces, como si fuese la portavoz de muchas historias, como que a través de mi historia muchas otras encontraron una forma de expresarse. Eso me pareció muy hermoso, y con la película me está pasando lo mismo, mucho. Me agradecen porque después se abren conversaciones. La gente va a ver la película, se encuentra en un bar y se da cuenta de que otras mujeres atraviesan situaciones similares, y eso deriva en que alguien pueda decir: “No estoy tan sola en esta tierra”.

¿Qué onda vos con tu madre?

Toda la onda. Mi madre es una bendición absoluta. Es una crack. Bueno, ella es todo un personaje en la película. O sea, no hay personajes, somos nosotras, pero tiene un gran momento en el documental.

A mi padre también lo quiero mucho, pero con mi madre tengo un vínculo especial. Es una persona que siempre me vio como lo que yo soy. Alguien que no está pretendiendo que vos seas ninguna otra cosa me parece lo más valioso del mundo. Si bien tuve un abuelo pintor, no había otros artistas en la familia y lo mío significó una ruptura. Mi madre siempre me acompañó y creyó en mí, y eso es maravilloso.

Las cosas maravillosas. Jueves 28 de mayo y jueves 4 y 11 de junio en Undermovie. Entradas a $ 760 en movie.com.uy.

Entre ella y yo. Sábado a las 21.00 en el teatro de Anglo (San José 1426). Entradas a $ 780 en Redtickets. Domingo 24 de mayo a las 19.00 en el teatro España (Gral. Justino Muniz, Melo, Cerro Largo). Entradas a $ 500 (tertulia) y $ 600 (platea) en Redtickets.

Mamá está acá. 84 minutos. En Cinemateca y Life Cultural Alfabeta.

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