Nina Suárez Foto: @ninasuarezb

Nina Suárez y la nobleza indie

La roquera argentina llega este sábado a Montevideo.

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Nina Suárez es una de las artistas emergentes más relevantes de Argentina. Tras un auspicioso debut discográfico (Algo para decirte, 2023), editó El lado oscuro (2025) y dejó atrás las letras escritas en su adolescencia, mientras que la música se tornó más estridente. Ambos discos serán parte del set del próximo sábado en Bluzz, donde estará con su banda, integrada por el baterista Manolo Lamothe y el bajista Manuel Sandoval.

Será su segundo concierto montevideano; el primero sucedió hace un par de años en el festival Nuevo Día, cuando quedó sorprendida con el show de los locales Neamwave. “Los pibes estaban re locos, tenían la energía zarpada de compartir entre amigos la pasión por una electricidad, por un género”, recuerda Suárez, quien esta vez compartirá escenario con la también incendiaria Flor Sakeo.

Suárez escribe desde niña, en diarios íntimos. Luego, fueron canciones, durante los talleres de Rosario Bléfari, su mamá. “Era chica, entonces cuando me tenía que cuidar terminaba sumándome a sus clases y hacía ejercicios. Ahí empezó a gustarme el juego de hacer canciones”, evoca Nina. Una característica de sus letras, que comparte con su madre, es el despliegue de imágenes que despiertan sensaciones: “Lo que imagino es visualmente fuerte, o las cosas que son visualmente fuertes me marcan”.

Otro rasgo de su lírica es la intertextualidad. En su tema “Los buenos días” aparecen los primeros versos del clásico de Vox Dei “Presente (el momento en que estás)”. La frase “el punto en la nariz” que menciona en “Corrida al arco” remite a Fragmentos de un discurso amoroso, el ensayo-ficción de Roland Barthes. Sus letras irradian una notable gracia y madurez cuando transmite el desamor que habita; lejos de escribir catarsis lineales en carne viva, le encuentra una vuelta al momento helado de hiel que procede al “tenemos que hablar” en una relación de pareja, parafraseado en el nombre de su primer álbum.

Siempre es lo mismo, Nina

Son días movidos para Suárez, que conjuga esta gira que la trae a Montevideo con actividades vinculadas a la edición vinílica de su último disco y la grabación de un EP en su casa. “Es la primera vez que hago algo así, un disco en guitarra y voz, nada más. Quisiera sacar algo este año, al menos un corte. Y después tengo ganas de hacer varios EP: uno en casa, otro con la banda, o de otra cosa. Compartir música así, ya que me saqué las ganas de hacer el LP”, comenta.

El sonido de su último álbum brinda mayor lugar a la distorsión, y durante sus actuaciones amplifica una veta noise que conduce al trance. Suárez siente fascinación por el sonido de guitarras, con referencias que van de Sonic Youth a Riff. De los neoyorquinos resalta su impronta ruidosa: “Ese gen que no tenía tan explorado; es muy divertido que haya momentos de colgarla”. De las bandas comandadas por Norberto Aníbal Napolitano versionó “Que sea rock”, y destaca los cuatro volúmenes de Pappo's Blues.

Además, Nina se identifica espiritualmente con Pappo: “Más allá de los estilos, me siento más cerca de eso que de otra cosa. Me encanta tocar la guitarra y es una demencia lo que toca, es su método de expresión. Las letras son re lindas también; me gusta cómo habla sobre estar desencajado de la sociedad. Que no te respeten como a una persona normal, que te traten como un vago, alguien que toca la guitarrita, no sé qué. Sería como el personaje Johnny B Goode, y eso me encanta porque se las hace caber a todos. Onda, ‘siempre es lo mismo, nena’, un temazo mal. No tengo nada, solo música. Me hace llorar, es emocionante, posta. Tengo un lugar acá en el armario para vos y música, música, música. Me encanta ese orgullo de ser músico y cómo lo expresa con la guitarra que vuela, es una locura. Qué increíble cómo conviven tantos perfiles en Pappo”, dice.

Dinastía

Con 25 mayos encima, Nina Vera Suárez debe su segundo nombre a la abuela, que lo sugirió “por el aloe vera”. “‘Nina’ es porque mi viejo me quería poner Xena, como la princesa guerrera, pero le dijeron: ‘No, pará, es un montón’. Es como que le pongas ‘Buffy’ por la cazavampiros. Entonces derivó en ‘Nina’ y quedó”.

Descendiente de la nobleza indie argentina –es hija de Bléfari y el bajista Fabio Suárez–, heredó mucho más que el brío experimental, la fisonomía de su madre y el apellido de su padre, que nombra a una de las bandas argentinas más memorables de los años 1990. También se desempeña como actriz y compartió plató con su madre en Planta permanente, de 2019. Bléfari moriría al año siguiente. Ahora quiere protagonizar una película de terror, género del que es fan, porque “la tragedia es la protagonista. Es en lo que evitamos pensar, en la muerte. Y el cine de terror lo hace todo en base a la desgracia”.

Mientras tanto, canaliza el histrionismo en sus conciertos: “El sentimiento hay que invocarlo; antes se hablaba del intérprete. Volver al sentimiento original que inspiró esa canción. El escenario te lleva a una performance, soltarte, moverte, no tener miedo. En un momento me agarró la locura del vestuario, usaba campera de cuero y el pelo engominado, no iba así por la vida, pero para tocar usaba ese look de roquero viejo. Me divertía ese ritual de ponerme gel, hasta que me cansó cuando arrancó el invierno y empecé a cagarme de frío”.

Recién durante la pandemia prestó mayor atención a la música de Suárez, la banda de sus padres: “En la joven adultez me llegó más. En una época hacíamos temas de ellos, ‘Explosión Madonna’ y ‘Camión regador’. No lo siento como que son mis padres, es música. Sería una pena no poder escucharlo por estar pensando que son mis padres. Cuando alguien toca es el momento en que la persona es más la persona que es, pero a la vez ya no es solamente la persona, es otra cosa. Alguien puede caerte mal, pero si te gusta su música, vas a ser feliz mientras la toca”.

Nina Suárez y Flor Sakeo. Sábado 13 a las 21.00. En Bluzz Bar (Canelones 760 y Ciudadela). Entradas $ 500 en MiEntrada.

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