“Y eso que venimoʼ del culo del mundo”, rapea Ca7riel en “Impostor”, sobre una base de jazz que aliviana una confesión culposa y estresante sobre su repentino éxito, escrita tras la explosiva aparición del grupo en el ciclo Tiny Desk. La frase, que alude a su origen latinoamericano, adquiere un sentido especial cuando suena desde el escenario del festival Fuji Rock, ubicado en un armónico espacio verde de árboles gigantes y fondo montañoso, un paisaje soñado del monte Naeba, en Japón.
Apenas pasó un año de esa performance que elevó a Ca7riel y Paco Amoroso a la estatura de los preferidos del público nipón entre la megaoferta de entretenimiento pop musical que alimenta su voraz dieta de consumo cultural. Históricamente, dicho privilegio, reservado para artistas tan disímiles como los estadounidenses Kiss y el uruguayo Hugo Fattoruso, suele mutar en una devoción extrema, oriental, en la forma de un fanatismo cuyos destinatarios suelen recibir de la mejor manera.
En su debut asiático, aquella tarde soleada del otoño de 2025, los artistas, conocidos por allá con la síntesis lingüística Catopaco, vieron a la multitud seguir al pie de la letra sus arengas sobre fiestas con fernet (“Cono hielo”) y sus rimas de homenaje a los boxeadores Ringo Bonavena y Nicolino Locche (“A mí no”).
Al inicio de la función, el dúo se presentó con ropa inflada y gigante, como globos a punto de explotar, en la mejor tradición de los dibujos del creador de Totoro, Hayao Miyazaki. Entre el público, otros looks igual de extravagantes e inspirados en la propuesta estética del show del dúo en el Tiny Desk adelantaban la sintonía entre los locales y los visitantes que se iba a confirmar mucho antes del final del espectáculo. Eran tiempos de Papota y del megahit “#TETAS”.
“Lo que pasó fue increíble. La gente cantaba todos los temas. Ahora solamente queremos ir a Japón todo el tiempo que podamos y sentir ese choque cultural”, relató Paco sobre aquella actuación, en una entrevista para el podcast La pija y la quinqui. “A nuestros papás no les gustaba que miráramos dibujitos orientales”, dijo Ca7riel en el programa español, para responder sobre una posible cercanía previa con Japón, y Paco explicó: “Estaba el rumor de que los niños se tiraban por los balcones después de mirar Pokemón”.
Luego, en una entrevista para el medio tokiota J-Wave, Amoroso dijo que siempre había imaginado a Japón como un lugar tan lejano como Marte o Júpiter y que, como aficionado a los videojuegos, “era un sueño cumplido” poder caminar por sus calles.
A primera vista
Después de una desintoxicación camuflada entre episodios de ficción y realidad, Catopaco volvió a Tokio a fines de marzo de este año con colores menos chillones y para cumplir con eventos promocionales de su último disco, Free Spirits, a pocos días de su lanzamiento.
“Nos dimos cuenta de que el disco que hicimos fue pensado exclusivamente para los japoneses. Al no entender las palabras conectan mucho con las melodías”, había contado Paco en La pija y la quinqui, a propósito de su tercer álbum.
Además, el dúo, que actualmente continúa su gira mundial por Norteamérica y volverá a Japón en octubre, aprovechó su segunda estadía en la patria de Nintendo para anunciar el estreno de su participación en The First Take (La primera toma): un ciclo musical audiovisual creado en 2019 por el que han desfilado algunos de los artistas más populares del continente asiático y figuras de renombre mundial como el británico Harry Styles y la canadiense Tate McRae.
“Un micrófono y un estudio blanco. Y una regla: tienes una toma. Interpreta lo que quieras. Muéstranos todo tu talento en ese único momento”, propone el programa de producción local, cuyos videoclips se encuentran disponibles en Youtube.
Bajo la dirección del realizador Keisuke Shimizu, Ca7riel y Paco Amoroso grabaron dos canciones en formato semiacústico. En una nueva versión de “Baby Gangsta”, incluida originalmente en el álbum Baño María, el dúo comparte el rústico espacio con los músicos nipones Yu Seki (batería) y Kazuki Arai (bajo), integrantes de King Gnu, uno de los grupos más populares de la actual escena de la música pop japonesa.
“Y, amigo, ¿estás para que la hagamos?”, le dice Paco a Ca7riel al inicio de la grabación. El tema, que en el primer disco del dúo sonaba especialmente frío y electrónico, y en su set del Tiny Desk había adquirido los colores más cálidos del soul y el R&B, en esta tercera aproximación suena a una mezcla de The Police, el drum and bass de Goldie y Roni Size y el swing orgánico de los argentinos, que sobresale entre la perfección milimétrica de las notas del bajo, la batería y el teclado, a cargo del argentino Edu Giardina.
“Vamos a tocar ‘Muero’, pero no podemos morir”, advierte Paco, en un juego de palabras sobre el desafío del show y la otra canción elegida. El tema, uno de los mejores de Free Spirits, aquí suena innovador y muy distinto a la versión del disco. En este caso, “Catopaco”, con Ca7riel en guitarra eléctrica y Giardina en percusión, se defiende armado de dos filas de coristas locales y el tecladista japonés On, integrante de Maverick Mom (otra locura musical para ir a buscar).
La canción cambia las capas de samba brasileña, progressive house y techno duro por el soporte físico de los argentinos y del arreglo coral, y el resultado va en el sentido contrario de una decepción. El toque final, justo después de “con un travesti, bailando bachata / tomando tequila con una azafata”, es un homenaje a Sumo y su éxito “La rubia tarada”. El coro invitado y el dúo visitante se encuentran con astucia en la onomatopeya funk de “O-ma-ma-pa-pa-y-ma-ma-pa-pa-o-pa-pa-y-ma-maa” y recuerdan al cantante italoescocés que prefería irse al bar a tomar ginebra con gente despierta y, en otro tema, cantaba que estaba dispuesto a perseguirte: “Hasta que choque China con África”.
Kazuki Arai explicó: “Los arreglos en vivo de ellos ya son extraordinarios. Sentíamos la presión de estar a la altura”. Mientras, Yu Seki contó que estudió numerosos videos del grupo antes de la grabación porque admiraba especialmente al baterista habitual de Ca7riel & Paco Amoroso, Edu, y quería aprender de su manera de tocar.