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Don’t Look Back in Anger.

Don’t Look Back in Anger.

Oasis: Don’t Look Back in Anger: el resumen de una gira en la que ni sus propios responsables creían

La reunión de los Gallagher se presenta con un tono optimista y audiovisuales arrolladores.

Salvo casos excepcionales (y hay que seguirlos de cerca), la relación que forma un oyente con su artista musical favorito no tiene que ver con esa persona o ese grupo de personas, sino con el lugar que ocupó la música en un momento especial de la vida de quien la estaba escuchando: en las buenas o, como tanto repetimos los hinchas de Defensor, “en las malas mucho más”.

Colado entre los álbumes que me acompañaron a fines del siglo pasado estuvo (What’s the Story) Morning Glory?, la obra de Oasis editada originalmente en 1995. Sus canciones fueron un espaldarazo energético en momentos en que se me hacía complejo combinar el empleo con el trabajo y necesitaba escuchar algo que no me durmiera. Por eso mi tema favorito por entonces era “Rockafeller Skank”, de Fatboy Slim, que incluye una partecita capaz de dejarte sordo. Lejos estuve de empatizar (o no) con los temas que tocaban las letras de Noel Gallagher. No les di mucha pelota, quizás porque necesito escuchar muchísimas veces una canción para memorizarla, y las pilas del discman eran carísimas.

Oasis sacó más discos, conquistó al mundo, se disolvió, y pasaron 15 años hasta que los hermanos Liam y Noel volvieron a verse las caras. Por madurez, por plata o por las razones que sean, emprendieron una gira mundial que también se convirtió en documental de consumo obligatorio para los fanáticos y recomendable para quienes quieran conocer el fenómeno.

No te calentés y mirá para adelante

“Las armas se callaron. Las estrellas se alinearon. La gran espera terminó. Vengan a ver. Esto no se televisará”, anunció la banda en 2024 en el anticipo del Oasis Live ’25 Tour, que consistió en más de 40 shows en cinco continentes, con casi tres millones de asistentes en total. Antes de que sonara el primer acorde, un grupo de cineastas se puso manos a la obra para registrar el regreso.

El resultado es Oasis: Don’t Look Back in Anger, un documental que hace honor a la canción que lleva por título y, más allá de resumir el derrotero de la banda, propone un “borrón y cuenta nueva” de cara a la gira que volvió a ponerlos frente a los fans. Por supuesto que se trata de un comercial glorificado de la banda, pero se nota la intención de que sea interesante y visualmente atractivo. Lo sonoro no tengo ni que mencionarlo: sonará cada una de las canciones más icónicas.

Todo comienza con un clip show sensacionalista, similar al que proyectaba la banda antes de cada concierto (¿mencioné que fui a verlos a Chile?), y sigue con un resumen de las seis semanas de ensayos previos a la gira. A partir de ahí se intercalan las declaraciones de los hermanos, tomadas de la primera entrevista juntos desde que el cometa Halley pasó cerca de la Tierra, con fragmentos de 12 de los conciertos.

El formato es similar y por momentos se vuelve repetitivo: muchas de las presentaciones giran alrededor de fans puntuales y sus historias de vida alrededor de Oasis. Desde el perro bautizado en honor a Paul Bonehead Arthurs hasta varios testimonios de personas de edades diversas que encontraron en la música (y en otros fans) lo que necesitaban. No en vano el propio Noel señala que en los últimos 15 años el mundo se convirtió en “una puta mierda” mientras vemos a Elon Musk, Javier Milei, Donald Trump y Vladimir Putin.

Arranca con fuerza porque nos lleva hasta Cardiff para la primera fecha, con los fanáticos enardecidos y la Policía explicando que los tratarán “parecido al público de los partidos de fútbol”. Igual de emocionante será cuando jueguen de locales en Manchester. Cada presentación siguiente tendrá lo suyo y sonarán uno o dos temas para acompañar la narrativa. Justo cuando parece que se apilan los momentos sensibles llega un fan argentino que cuenta cómo adaptó “Wonderwall” para una de las canciones de la hinchada de San Lorenzo.

La misma energía de la música queda reflejada en imágenes de los conciertos que, sin llegar a ser frenéticas, avasallan al espectador. Contagian lo que se sentía en vivo y por momentos lo superan, en especial si estaban en la parte posterior del campo y la única forma de ver a los Gallagher fuera de las pantallas era dando pequeños saltitos. La edición nos lleva por los ángulos más diversos y en ocasiones intercala a los Noel y Liam del pasado para comprobar que siguen siendo esa combinación peligrosa, capaz de formar algo casi irrompible. Como los componentes del Poxipol®.

Para el cierre vuelve la energía, entre otras cosas porque (al igual que en cada concierto) quedan las tres canciones más reconocidas. Todo eso en un ámbito de optimismo, como cuando cuentan que los hijos de cada hermano no se conocían y ahora son buenos amigos, y se emborrachan durante la gira. Tranquilos, que ya están bastante grandecitos. Y si los dos hermanos, a los 53 y 59 años, fueron capaces de superar sus diferencias, hay esperanzas de que al menos alguna mesa navideña vuelva a ser tan numerosa como en los viejos tiempos.

El objetivo de los Gallagher de controlar su propia narrativa y no dejar aquella imagen de 2009 como último episodio está cumplido. La película es un fiel registro de esta nueva etapa y, en medio de la intentona de los gigantes tecnológicos por terminar con la curiosidad y otras emociones humanas genuinas, vale la pena acompañar a un montón de personas que se ponen contentas por escuchar cantar a otras.

Oasis: Don’t Look Back in Anger. 123 minutos. En cines.