Zelmar Michelini y Eduardo Arsuaga. Foto: familia Arsuaga

Zelmar Michelini, influyente en todas las canchas

A 50 años de su asesinato a manos del terrorismo de Estado en Argentina, algunas anécdotas pintan su incidencia en la política, el periodismo y el deporte.

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Este miércoles 20 de mayo se cumplen 50 años de que Zelmar Michelini Guarch fue asesinado. También hace 102 años de su nacimiento. En esos 52 años de vida fue un político protagonista, un periodista comprometido en ambas márgenes del Río de la Plata y con salida al mundo, un referente y un militante de los derechos humanos al que no le tembló el pulso para denunciar los delitos de lesa humanidad cometidos en el marco del Plan Cóndor. Muchos testimonios enaltecen su figura pública, pero aún más son los cuentos y anécdotas que agrandan la memoria de su persona en el ámbito privado.

Corazón partido

De muy joven, Michelini supo disfrutar del verde césped en el fútbol de la Liga Universitaria. “Papá jugaba en Potosí Carrasco; de hecho, lo hacía muy bien hasta que en una revisión médica le dijeron que tenía un soplo en el corazón y que no podía jugar más. Era half derecho“, relató Luis Pedro Michelini, uno de sus diez hijos, en diálogo con la diaria, y añadió: “Jugaba muy bien al tenis también, pero el médico escuchó el soplo y le dijo que era un riesgo; eran otras épocas, tuvo que dejar muy joven”.

A pesar de que el corazón le jugó una mala pasada, su paso por el fútbol universitario le dejó el regalo de conocer a otro joven, Eduardo Arsuaga, que jugaba para el Club Familiar. Con él entabló una amistad que sería estructurante en las vidas de ambos: además de la cancha, compartían una forma de ver el mundo. “Eran muy amigos. Compartían la lista 99, y luego de la muerte de mi padre fue uno de los apoyos más grandes que tuvo la familia”, sostuvo el hijo de Zelmar.

Luis Pedro recuerda haber disfrutado las noches de Copa Libertadores de los 60, en las que se lucieron Alberto Spencer, Pedro Virgilio Rocha y Juan Joya, así como las hazañas compartidas junto a Zelmar en la tribuna y la pasión con la que seguían a su cuadro en esa época. “En mi memoria tengo el vivo recuerdo de que el viejo me hizo entrar al vestuario del estadio Centenario y ver a los monstruos de ese momento, como [Ladislao] Mazurkiewicz”, rememoró, y bromeó: “Para mí era hincha de Peñarol. Pero, como todo político, seguramente era hincha de muchos cuadros”.

“Es que en esa década sus hijos comenzaban a ser adolescentes y Peñarol iba a ser campeón de América y del mundo”, explicó el historiador y politólogo Gerardo Caetano a la diaria. Sin embargo, retrucó transparentando la puja que hoy lo sitúa entre el mirasol y el violeta: “Son hinchismos. Creo que es muy posible que haya pasado por etapas, de lo que no hay dudas es de que era muy futbolero”.

“Recuerdo que papá nos pasaba a buscar por casa a los varones que andábamos en la vuelta; Rafa [su hermano] y yo íbamos siempre, más algún amigo. Había que llegar con el partido empezado e irse antes de que terminara, porque si no, la gente lo rodeaba”, contó Luis Pedro, y añadió: “En aquel tiempo con mucha menos televisión, ver a un político conocido y saludarlo era todo un acontecimiento. Nos pasaba en las carreras de caballos también: las mesas donde nos sentábamos se transformaban en un despacho donde la gente le traía sus problemas”. Al respecto, Caetano acotó que Zelmar era “un senador que además era un pregón del pueblo, denunciando toda la represión del gobierno de [Jorge] Pacheco Areco”.

“La construcción de la lista 99 fue realmente una revolución electoral, un episodio político muy importante, en un contexto en el que ya se venía dibujando una situación de crisis”, sostiene el historiador. Caetano considera que Zelmar “lideró ese impulso, a pesar de ser muy cercano a Luis Batlle Berres, porque consideraba que el batllismo ‘quedaba en penumbras en la lista 15’”.

Foto: Fundación Zelmar Michelini

Otro club familiar

La Fundación Zelmar Michelini atesora varios documentos, entre ellos, un carnet de socio de Zelmar Michelini que data de 1945, firmado por Luis Franzini. Aunque no hay testimonios que aseguren la presencia de Michelini en partidos de Defensor, su familia narra más de una historia.

“No recuerdo nunca haber ido a ver a Defensor con mi viejo, pero nuestra familia materna, los Guarch, siempre fue hincha a muerte: uno fue presidente del básquetbol y otro fue directivo. De ahí puede venir un compromiso de lealtad del viejo por esa rama familiar y por su amigo, de decir ‘vamo arriba Defensor’”, narró Luis Pedro, y remató: “Le simpatizaba seguro. Además, las familias en aquel tiempo eran mucho más unidas, todos los primos estaban a la orden”.

Luis Pedro cuenta que luego de esos años dorados internacionales se alejó del fútbol. Más adelante, la planificación de la construcción de una piscina para la sede de 21 de Setiembre del ya Defensor Sporting fusionado hizo que el mismo Arsuaga lo contactara para consultarle por el interés en una inversión en el club que lo haría cambiar de vereda: “Con ese aporte me convertí en socio por 25 años y me hice hincha. Ahora soy vitalicio y he ido al Franzini con mis tres hijos, dos de ellos son socios vitalicios y tengo un nieto que ya es socio de Defensor Sporting”, afirmó.

Los demás hijos de Zelmar no siguieron este camino. “En el 50 o el 60 no era changa ser hincha o socio de otro cuadro porque no ganaban nunca. El primero que rompió con eso fue Defensor en el 76, era realmente muy difícil”, valoró. En ese sentido, Caetano, que integró ese plantel que cambió la historia del fútbol uruguayo, aunque jugaba en la cuarta, destacó: “Defensor sale campeón en el momento en que la dictadura vive el auge de su proyecto fundacional y del terrorismo de Estado. En la autobiografía del educador Víctor Cayota, desde la cárcel, narra cómo muchos presos, aunque no eran de Defensor, vivieron ese triunfo como una especie de revolución”.

Cuando Luis Pedro se refirió a Arsuaga y la amistad con su padre, se deshizo en elogios y valoró la relevancia de sus 14 años en la presidencia del club. “Defensor es un antes y un después de Arsuaga, sin desmerecer a las otras figuras; tuvo que ver con la fusión con Sporting, con el rol social del club, el complejo Pichincha y más“, apuntó Luis Pedro, y fundamentó: “Luego de jubilarse de la actividad privada, le quedó un cerebro dedicado a Defensor, le puso otra cabeza a la gestión. Además, tenía condiciones: preparación, inteligencia, fanatismo por el club, y no tenía problemas económicos”.

Una amistad para la historia

Diego Arsuaga, hijo de Eduardo, contó a la diaria que no había dimensionado la importancia del fallecimiento del mejor amigo de su padre hasta que un día, releyendo el libro de Santiago Díaz, Una vuelta a la historia. Defensor del 76: memorias de una hazaña en dictadura, se encontró con una declaración de su padre que lo dejó reflexionando.

“Arsuaga [...] descubrió en Zelmar a un hermano más. [...] Cuando Defensor fue campeón en 1976, Eduardo no pudo disfrutar como había soñado durante toda su vida, porque apenas dos meses antes, Zelmar Michelini había sido asesinado en Argentina”, escribe Díaz en su libro.

“Leer que el campeonato de 1976 había sido muy duro para mi padre porque le habían matado al amigo me pegó, porque mi padre nunca se mostró vulnerable ante nosotros, aunque estaba notoriamente afectado. Íbamos todos los años en setiembre a Argentina y pasábamos por Buenos Aires a visitar a Zelmar”, contó Diego. “Eduardo se escapaba a visitar a Zelmar por el día incluso en los momentos en los que estaba más fea la situación”, recordó Mary Marshall, viuda de Eduardo, y añadió: “Visitábamos mucho a Elisa, su esposa, y a los hijos cuando estaban acá. Cuando trajeron su cuerpo, fuimos al entierro, recuerdo que había un montón de gente impresionante”, describió Marshall.

Dice Caetano que durante el entierro “Arsuaga estuvo ahí, al firme, al lado de la esposa de Zelmar, Elisa [Delle Piane]”, y hay registros fotográficos que lo confirman. El historiador repudió enérgicamente los asesinatos: “Es una brutalidad lo que ocurre, porque en el marco de la Operación Cóndor van a matar a Zelmar, que era la figura clave, y al Toba [Héctor] Gutiérrez Ruiz, que había sido presidente de la Cámara de Representantes; ambos hablaban con Wilson [Ferreira Aldunate], que estaba en las afueras de Buenos Aires y se salvó por un pelo”.

En ese contexto, los militares no querían que hubiera manifestaciones en el cementerio. “Tanto Gutiérrez Ruiz como Michelini fueron enterrados en el Cementerio del Buceo. Obligaron a que fuera en horarios distintos para que no se juntara tanta gente. Inevitablemente, la gente se congregó, y reprimieron con caballería entre las tumbas, arremetieron incluso contra sus hijos”, contó Caetano, y sentenció: “Los entierros fueron dramáticos”.

“Dicen que fue Zelmar el que le dijo a papá que se metiera a la vida política de Defensor, y yo creo que es verdad, porque hacía todo lo que él le dijera”, valoró Diego Arsuaga, y reflexionó: “Fue diputado suplente por la 99 y, con la dictadura, Zelmar le debe de haber dicho, ¿por qué no te metés en la política de Defensor?”.

Ovacionado

De esa rama familiar materna traen el recuerdo compartido tanto Gabriel Guarch, que actualmente es secretario en la Comisión de Atletismo de Defensor Sporting, como Fernando Guarch, primo de Gabriel e hijo de Agustín Buby Guarch, que era el encargado del archivo del diario fundado por Zelmar, Hechos, a quien Luis Pedro se refirió determinantemente como “un bocho”.

“Buby, mi tío, era muy de seguirlo a los actos políticos”, contó Gabriel, y confesó que tiene un discurso grabado de Zelmar en Florida. Ambos Guarch narran la anécdota como si allí estuvieran: “Zelmar da un tremendo discurso, es ovacionado por todo el público y apenas termina, se baja del estrado y se acerca a preguntarle a Bubi: ¿cómo le fue a Defensor?”.

Fernando le da un toque distinto al mismo cuento y lo remata con un “¿cómo salió la viola?”, pero además reflexiona: “Estaba siendo ovacionado y en ese momento pregunta por el club, en un año en el que estábamos complicados por el descenso; hay mucho más sentimiento del que se quiere admitir”. “Yo sé el cariño que Zelmar le tenía a Defensor por los cuentos de mi viejo, que muchas veces me dijo que a Zelmar le tiraba mucho más Defensor que lo que la gente pensaba, porque siempre se dijo que era manya”, relativizó.

Gabriel dice que a los otros Michelini que continuaron este linaje violeta los debe de haber contagiado su padre: “Trabajó mucho con Pocho, como le decían a Pedro Michelini, hermano de Zelmar, que era despachante de aduana. Y ahí también trabajaba Luis Pedro, entonces, el viejo era muy hincha y te llevaba hasta que seas vos también”. “Esto viene de generaciones. Mi abuelo Elbio Guarch fue dirigente de Defensor durante mucho tiempo. Mi familia nació a dos cuadras de la sede y fueron toda la vida hinchas de Defensor y trabajaron por el club”, cuenta orgulloso Gabriel, que además tiene tres hijos hinchas de Defensor.

La pluma y el general

El libro de Salvador Neves Tiempo de redacciones. Zelmar Michelini, periodista (1939-1976), próximo a publicarse gracias al apoyo de la Fundación Zelmar Michelini, recoge de manera exhaustiva las participaciones de Zelmar como periodista, sus columnas, algunos discursos parlamentarios y cartas personales. El trabajo de archivo es admirable, tan así que recoge las crónicas que escribió en la cobertura del Mundial de México 1970 para El Diario.

“Zelmar fue como periodista deportivo al Mundial de 1970, aun siendo senador fue a cubrir el Mundial. Y eso implicaba que ya tenía otras vueltas. Era un tipo al que le encantaba el fútbol”, destacó Caetano.

“Escribió sistemáticamente comentarios sobre política internacional para El Diario. Publicó prácticamente dos columnas por semana. Fueron más de 300, sin contar las que produjo como corresponsal del vespertino en el Mundial de México 70. Las escribía mientras enfrentaba tiempos especialmente exigentes como senador y dirigente político”, consigna la obra de Neves. A modo de ejemplo, tras la derrota frente a Suecia en el Mundial, Zelmar escribió: “Si la desolación tiene bandera, esa es la uruguaya”, reflejando que la selección le importaba muchísimo.

“Otro día están Zelmar y mi viejo, el Buby, y este le dice: ‘Me hablaron muy bien de un milico (quizá le dijo ‘militar’), y va a ir a hablar a un club en Camino Maldonado, ¿no me acompañás?’. Fueron juntos y el orador era Liber Seregni; esa fue la primera vez que Zelmar lo escuchó. Después del discurso se quedaron hablando y la historia siguió como todos la conocemos”, narró Fernando Guarch.

“El vínculo entre Zelmar y Seregni es un vínculo de una cercanía enorme. Michelini es quien lo impulsa a que se dedique a la vida política”, argumentó Caetano, al igual que haría con Arsuaga a la interna de Defensor, pero esta vez a mayor escala.

“El primer proyecto que tiene con Seregni es vincularlo con la red de batllistas que quedaban en el Partido Colorado. Ambos eran cercanos a Luis Batlle Berres”, contó Caetano, y abundó: “Zelmar lleva a Seregni para que confluya en la construcción del Frente Amplio y que sea su candidato a la presidencia. Sin Zelmar, Seregni no hubiera dado ese paso y los demás partidos de la coalición no hubieran aceptado a Seregni. Sin Zelmar, es muy difícil pensar en una construcción del Frente Amplio que incorporara a los demás partidos. Fue realmente fundamental: lo impulsó y le dio la legitimidad político-partidaria en la izquierda que Seregni no tenía; a pesar de su gran prestigio y del diálogo con líderes de izquierda, no dejaba de ser un general”.

De un entramado de historias mínimas y familiares se compone un Michelini deportista, periodista, hincha, amigo, padre y figura que supo moverse en muchas tribunas en momentos e instituciones clave de la historia del fútbol, la política y el país. Su legado permanece en su familia, amigos y compañeros, presente.

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