Peñarol volvió a ganar y puso 2-0 las finales de la Liga Uruguaya de Básquetbol jugando ante su gente en el Palacio. El carbonero fue más colectivo, defendió notable y nunca bajó la intensidad, aspectos que lo llevaron a dominar el partido, pese a los momentos individuales de jugadores de Aguada que mantuvieron a su equipo con el trámite equiparado.
La serie, que es al mejor de siete, seguirá el viernes en el gimnasio de la avenida San Martín, donde el rojiverde será local buscando descontar. Si gana el aurinegro quedará match point.
Un rato para cada uno
El partido anotó con una tónica muy similar al segundo tiempo de la primera final en el Antel Arena, cuando Peñarol puso la serie 1-0. El carbonero fue intenso, lo que marcó el ritmo en ambos costados de la cancha: defensivamente le cortó los caminos al rival y pudo anotar de contraataque; ofensivamente rompió fácil la primera línea y terminó cerca del aro. El aurinegro estuvo liderado por Norris Cole, que encestó los primeros cinco tiros que lanzó comenzando el juego con 12 puntos, además generó ventajas para sus compañeros.
El locatario llegó a tener ocho puntos de diferencia, pero Jordan Williams y Santiago Vidal sacaron de los pelos a Aguada, que volvió a mostrar una pobre versión colectiva y sufrió el buen control sobre Donald Sims. La tendencia fue mutando en el segundo cuarto, porque Juan Santiso se sumó al goleo, se abrieron espacios y Sims empezó a dañar.
Peñarol perdió consistencia atrás fallando en las rotaciones defensivas al lado contrario. Hubo muchas faltas que pusieron a ambos equipos rápidamente en colectivas, los primeros cinco minutos del segundo chico fueron lo más flojo de la serie hasta el momento. En ese trámite, el rojiverde llegó a pasar. Sims se desató definitivamente, el carbonero bajó los porcentajes, pero se sostuvo tomando casi la mitad de los rebotes que hubo en el aro rival, un número muy bueno que le permitió tiros de segunda oportunidad. Con cierre parejo, el visitante se fue 49-48 arriba al descanso largo.
El equipo sobre las individualidades
En el tercero se vio la mejor versión de Peñarol, que leyó bien el juego, sabiendo que no estaba en una noche certera desde la línea de 6,75 metros, construyó ventajas desde las cortinas directas, algo que Aguada volvió a defender muy mal, como en el primer partido. A Cole le pasaron por atrás de los bloqueos y castigó con cuatro tiros similares desde el codo que abrieron la primera renta, que minutos más tarde llegó a ser de diez por el dominio constante del rebote ofensivo. Hubo un lapso de ataques consecutivos donde el aurinegro tiró tres veces cada vez que fue al otro lado. Además, una vez generado el desequilibrio, hubo cortes por línea de fondo para conversiones fáciles.
En Aguada fue todo mucho más forzado, hubo algunas conversiones de Williams atacando el aro y Santiso puso dos triples entre el final del tercer cuarto y el inicio del último para mantener a su equipo en juego. Desde lo conceptual había diferencias grandes: Peñarol jugó colectivamente, con conceptos claros y reparto del goleo; el rojiverde apeló únicamente a sus individualidades.
El básquetbol es un deporte lógico y, a la larga, gana el que juega mejor. Peñarol mantuvo la intensidad y leyó notablemente los cambios defensivos para generar desde el pick and roll. El rojiverde llegó muerto físicamente y sintió la falta de un tres grande que pudiera cambiar en las cortinas con efectividad.