Archivo, 2025.

Foto: Alessandro Maradei

Liverpool y Cerro Largo cerraron la primera mitad de la temporada con un 0-0

Fue el último partido de la cuarta fecha del Intermedio, que volverá en julio.

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Liverpool y Cerro Largo empataron 0-0 en el cierre de la cuarta etapa del Intermedio. Para los arachanes no haber ganado significó no haber estacionado a mitad del Intermedio como puntero junto con Peñarol, mientras que Liverpool quedó lejos.

En pluridad ambos están lejos de las expectativas que podrían tener para esta temporada en la que ya jugaron 19 partidos de los 37 que tendrán al finalizar el campeonato. Liverpool, lejos de pelear los torneos o de afirmarse en las copas internacionales; Cerro Largo, queriendo desprenderse y sacudirse la tabla del descenso. Pero no, no pasó en el Viera, y ahora deberán esperar hasta la segunda quincena de julio para volver a empezar.

Medio vacío

¡Qué noche llena de hastío y de frío!

El viento trae un extraño lamento.

¡Parece un pozo de sombras la noche y yo en la sombra camino muy lento! “Garúa”, el tango de Aníbal Troilo y Enrique Cadicamo, se escribió en 1943 y no en 2026, pero, a excepción de la garúa en el Prado, los versos del partido traían esos lamentos.

El otoño que aprieta a frío gélido en las noches no puede ser el determinante para que los partidos no se armen lindos, intensos o con goles. El cierre de una etapa que, sin que esté expreso, va cerrando la puerta a la primera mitad de la temporada y despide a algunos jugadores de sus clubes tampoco puede ser la hipótesis de por qué, en el primer tiempo –hasta los gritos de los técnicos en los vestuarios del entretiempo, con fonemas agudos y graves de decenas de decibelios que operaban como coscorrones correctivos de los jugadores–, no pasó nada. Tampoco es justa ni acertada la idea de que a todos se los está comiendo el Mundial que se avecina, y entonces no hay ambiente de partido, ni en la cancha ni en las tribunas del Parque Viera.

De los apuntes helados de la primera parte quedan las intenciones frustradas del Liverpool de Emiliano Alfaro –que heredó el fierro caliente tras la salida de Fossati y no termina de despegar, esta vez con un carril en obras por la ausencia por lesión de Kevin Amaro en la derecha–, los fuegos de artificio del argentino Ramiro Degregorio jugando centralizado y lejos de las bandas, y poca cosa más. En Cerro Largo, la enorme potencialidad y capacidad del Petete chico, Tiziano Correa, que hizo la más linda del primer tiempo –un casi gol que cargó con el linaje familiar y perduró en las retinas de los hinchas arachanes–, y la vivacidad de Maximiliano Añasco por las bandas, más la imperecedera mezcla de esfuerzo, lucha y aciertos del capitán, el tacuaremboense Sebastián Assis.

Volvieron de los vestuarios más conectados con el partido. Sobre todo Liverpool, que con la clave de tener y manejar la pelota empezó a imponer un juego que miraba de frente a las redes custodiadas por el paraguayo Pedro González. Por un buen rato –que parecieron ser los 20 minutos de ómnibus, que ya debe pasar, en la parada bajo la helada, pero que al final no pasa–, los negriazules se adueñaron del partido y de los ataques, aunque no del gol, que venía con un evidente retraso (spoiler alert: ese bondi nunca pasó).

Tuvieron el dominio, alguna reacción chiquita y bastante escondida de Cerro Largo, y el final con una sensación de frustración que terminó con un frío empate 0-0. Un resultado que corona una mitad de temporada de pobres exposiciones y resultados por parte de los contendientes, pero fundamentalmente de un Liverpool que armó un equipo para tratar de avanzar en las competencias internacionales, cosa que no pudo tras quedar tempranamente eliminado en la fase de grupos de la Libertadores, ni tampoco en el plano local. Algo similar, en cuanto a la chatura de sus prestaciones, tuvo Cerro Largo en la noche helada de Montevideo.

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