Deporte Atletismo

Aldana Sabatel.

Foto: Natalia Ayala

Aldana Sabatel: “Perdí un lugar que nunca tendría que haber perdido”

Fue una de las mayores promesas del atletismo uruguayo, dejó de competir durante una década y este año fue la primera uruguaya en la maratón de Montevideo. Entre lesiones, una denuncia por abusos y una reconstrucción personal, hoy busca patrocinadores para sostener su carrera deportiva.

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“Competía, llegaba, ganaba, recibía el premio y volvía a empezar”. Así resume Aldana Sabatel la forma en que vivía el atletismo durante su adolescencia. Mientras que desde afuera era presentada como la joyita y joven promesa del atletismo uruguayo, ella apenas era consciente de todo lo que pasaba a su alrededor. “No me daba cuenta de lo que se generaba. Era muy inocente. Era como un robot”, recuerda la atleta de Maldonado en conversación con la diaria.

Esa acumulación de resultados estaba ligada a su disciplina y ambición. “Además, siempre fui, y soy, muy soñadora”, agrega. La fernandina batió los récords nacionales de menores en 3.000 metros y juveniles en 5.000, representó a Uruguay en campeonatos sudamericanos y ganó una medalla de oro individual y otra de plata por equipos en el Sudamericano de cross country. Con los premios que logró en las competencias, recuerda, a los 18 años pudo comprarse su primer auto.

Es que Aldana competía, llegaba, ganaba, recibía el premio. Y volvía a empezar. Hasta que su cuerpo dejó de responder.

El sobreentrenamiento, una relación problemática con la alimentación, desequilibrios hormonales y una sucesión de lesiones pusieron un freno a una carrera que parecía destinada a seguir creciendo. “Cuando ya no podía competir empecé a preguntarme quién era, si ya no era la atleta que ganaba todo”, cuenta Sabatel. Y a partir de ese freno en su carrera competitiva, después de 2014, empezó una búsqueda personal. Probó estudiar carreras como medicina y nutrición. Ninguna de las dos la convenció. Hasta que encontró la meditación y el yoga, y se formó como profesora en esta disciplina. Después llegó su viaje a India, donde participó en varios retiros de silencio que terminaron marcando un punto de inflexión en su vida personal y deportiva.

Al salir de uno de esos retiros, en 2022, Aldana agarró el celular y empezó a escribir. Contó que, “hasta ahí, yo negaba y no me había pasado nada. Típico mecanismo de defensa de la mente que minimiza todo lo heavy que pasaste”. Fue en ese momento cuando denunció públicamente los abusos que recibió, sistemáticamente, por parte de quien fuera su entrenador durante años.

“Empecé a escribir, sin parar, y publiqué. Lo publiqué tal cual me salió, nunca corregí lo que escribí. Y salió todo lo quería decir y por mucho tiempo no pude”, cuenta Sabatel, y reflexiona: “El alto rendimiento es exigente, sí. Pero algo que no debería haberse sumado me pasó”. “¿Cuántas oportunidades pierde una deportista por hablar, y cuántas pierde un abusador por abusar?”, cuestiona Sabatel, y se pregunta: “¿Qué lugar ocupa el rendimiento cuando primero hubo que sobrevivir a situaciones que nunca debieron ocurrir?”.

Hoy, a los 30 años, aquella atleta que se definía como un robot se anima a llorar y contar lo que siente en sus redes sociales. Y no desde un lugar de victimización, sino desde una búsqueda personal por mostrarse tal cual es y romper con esa pantalla de perfección creada en torno al deporte, que solo genera más presiones entre quienes la consumen.

Encontrar el equilibrio

“A mí lo espiritual me salvó”, afirma Sabatel, quien entiende que el universo del atletismo y el yoga se complementan. Mientras uno se mide por los resultados y la exigencia, el otro te permite pensar cómo estás, qué te angustia, qué te duele y por qué. Y es a partir de esa convergencia de disciplinas que la corredora volvió a competir y se siente bien plantada como deportista, y como mujer. Ahora, antes de cada carrera, Sabatel medita.

Además de sus entrenamientos físicos, trabaja en paralelo con un psicólogo. En efecto, contó que la maratón de Montevideo –fue la primera uruguaya en llegar– la dividió mentalmente en etapas para no dejarse dominar por la ansiedad. Durante su proceso de reconexión y vuelta a las pistas, fue aprendiendo que las emociones no son un obstáculo para el rendimiento, sino una parte inevitable de él. Como dice ahora, si hace diez o 15 años “alguien me hubiera dicho que iba a correr una maratón con la tranquilidad con la que lo hice, no lo hubiera creído”.

De cierto modo, la historia de la fernandina también refleja un cambio que empezó a abrirse paso en el deporte de alto rendimiento en el último tiempo. Y tiene que ver con que, hasta hace algunos años, casi no se hablaba de salud mental, trastornos alimentarios o abusos. Mucho menos del costo emocional que muchas deportistas mujeres pagan para sostener el éxito desde su adolescencia. Hoy esos temas tienen mayor visibilidad, y Sabatel forma parte de una generación que se animó a hablar.

En busca del patrocinio

En mayo de este año, Aldana Sabatel volvió a pararse en una línea de largada con un objetivo claro: correr su primera maratón y ganarla. La preparación específica le llevó unos tres meses. Durante ese tiempo, toda su vida giró en torno a esa carrera. Renunció a un trabajo administrativo estable, invirtió sus ahorros para irse 22 días a entrenar en la altura, en Colombia, y convirtió cada detalle –la alimentación, la hidratación, los geles, el descanso y la estrategia mental– en parte del entrenamiento.

Si bien “dos días antes [de la maratón] me enteré de que traían a una atleta keniata con una marca de 2 horas 40, y entendí que era prácticamente imposible competir por el primer puesto”, el resultado fue el esperado. Y fue la primera uruguaya en cruzar la meta de la maratón de Montevideo. Pero, más allá de que volvió a ser una de las mejores fondistas del país, en estos casi diez años sin competir profesionalmente, algunas reglas del juego cambiaron. En términos de apoyo y espónsores, ya no alcanza con correr rápido. Las marcas no buscan únicamente atletas, apuntan a creadores de contenido, influencers y métricas.

Cuando era adolescente, Sabatel firmó contrato con Nike, que apostó por ella por sus resultados deportivos. “Me daban la indumentaria y también dinero, según las competencias establecidas en el contrato”, recordó. Por ese entonces, las marcas deportivas apostaban a la representatividad de sus atletas en un podio.

Hoy, el escenario es otro. “No pretendo que me apoyen solamente por mis resultados deportivos. Entiendo perfectamente que ahora también hay que comunicar. Lo que me gustaría es que las marcas les dieran la oportunidad a los deportistas. Porque también podemos comunicar, vender y representar una marca. Y muchas veces ni siquiera te dan la posibilidad de empezar. Ni siquiera con un canje”.

En los últimos meses, la atleta golpeó las puertas de distintas empresas. Algunas le respondieron que no había presupuesto; otras, que el período de contrataciones ya había cerrado. También hubo quienes le dijeron que estaban apostando por “jóvenes talentos”. “Básicamente, me hicieron sentir que ya era vieja”, bromeó.

En este contexto, contó Sabatel, “a veces entro en el dilema de decir ‘¿me tengo que volver una creadora de contenido?’. Y la verdad es que no lo soy. Soy atleta”. Sin embargo, tampoco plantea una oposición entre ambas cosas. Al contrario, entiende que hoy un deportista también tiene que comunicar. Ella misma construyó una comunidad de más de 11.000 seguidores en Instagram, donde comparte contenido vinculado a sus entrenamientos, lesiones, competencias, estilo de vida, y también habla de los momentos más difíciles del proceso.

La falta de apoyo tiene consecuencias concretas para Sabatel, como para cualquier deportista. Preparar una maratón implica afrontar gastos permanentes en calzado, suplementos, geles, alimentación, viajes y profesionales que acompañan el entrenamiento. Ahora, que está entrenando para la Maratón Internacional de Punta del Este, contó: “Estoy haciendo malabares para poder comprar los geles que necesito para los fondos. El calzado todavía no lo tengo. Tengo que ver si vendo dos pares que no usé para comprarme otro, porque, si no, lo tengo que pagar en cuotas”.

Y el recambio constante de championes tiene que ver con que corre más de 300 kilómetros por mes, además de que el tipo de calzado varía según los tipos de entrenamiento. Sabatel contó que el premio por terminar segunda en el podio de la maratón de Montevideo fue de unos 48.000 pesos, dinero con el que recuperó lo que invirtió para irse a entrenar a Colombia en las alturas. “Hace tres años que vengo poniendo de mi bolsillo y del de mi familia para volver a correr”, resumió.

En Uruguay, donde la comunidad del running no deja de crecer y cada vez más personas participan en carreras de calle y siguen el atletismo de cerca, Sabatel cree que también hay lugar para repensar qué perfiles eligen las marcas para representar ese universo. “No estoy en contra de los creadores de contenido. Lo que me gustaría es que las marcas entendieran que también existen atletas que comunican. Hay gente que me sigue. Me ve todos los días, ve cómo voy llevando el proceso. Es gente que confía en mí. Todo lo que recomiendo siempre va a estar alineado con lo que soy”, afirmó.

Mientras a Sabatel algunas marcas le responden que buscan apostar por “jóvenes talentos”, queda abierta otra pregunta: ¿quiénes representan hoy, para esas mismas marcas, a las personas que desde hace años forman parte de la comunidad de corredores? Personas que entrenan, compiten y, al mismo tiempo, son consumidoras habituales del equipamiento, la alimentación y los servicios que rodean al running. Porque esa gente, generalmente, tiene como referentes a los deportistas, no al influencer de turno.

La exposición tiene un costo

Cuando Sabatel publicó un video en Instagram contando que estaba buscando espónsores y en el que explicó que era una de las mejores maratonistas del país, no tardaron en aparecer cuestionamientos. Algunos usuarios la compararon con atletas uruguayas de otras generaciones o con corredoras que hoy entrenan y compiten en el exterior.

“Yo fui muy clara. La gente muchas veces lee lo que quiere leer”, sostuvo la atleta, y aclaró: “Lo que dije fue que, dentro de Uruguay y sin apoyos económicos, había logrado un resultado muy importante. Después aparecen comentarios diciendo: ‘Pero Julia (Paternain) es mejor’, o te comparan con rankings históricos. Siempre aparece alguien diciendo que hay otra persona mejor”.

Para Sabatel, la discusión termina desviando el foco. “No es el tiempo en sí. Lo que intento mostrar es que estoy entre las mejores del país y, aun así, tengo que hacer malabares para poder correr”, y agrega: “Cualquier jugador de un cuadro amateur de fútbol cobra un sueldo y, en cambio, una atleta que está entre las mejores del país tiene que pagar de su bolsillo para competir”.

La fernandina aclaró varias veces que no busca “dar lástima” ni que las marcas la apoyen por la historia que atravesó. Tampoco plantea una competencia con los creadores de contenido. Su planteo apunta a otra cosa, y es que el rendimiento deportivo vuelva a ser parte de la conversación cuando una empresa decide a quién representar.