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Leonardo Ruidíaz.

Foto: Alessandro Maradei

“No me arrepiento de nada”: el periplo de Leonardo Ruidíaz desde la “insubordinación” en el IAVA hasta el levantamiento de su sanción

12 minutos de lectura
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Durante el sumario, el docente se sintió perseguido por las autoridades y sufrió la afectación de su salud mental; Ruidíaz consideró que el proceso termina con una “victoria de los trabajadores organizados” y “de la comunidad del IAVA”.

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Hasta 2023, Leonardo Ruidíaz era uno de los tantos docentes que de forma anónima construyen día a día el sistema educativo uruguayo. Un conflicto en el liceo IAVA iniciado en el comienzo de cursos por el destino del salón estudiantil para la supuesta construcción de una rampa lo colocó en el centro de la opinión pública después de que Ruidíaz, en ese entonces director del centro educativo, se negara a “desalojar” al gremio estudiantil, como le ordenaron mandos medios de la Dirección General de Educación (DGES) del momento, comandada por Jenifer Cherro.

Ruidíaz fue sumariado y separado del cargo por “insubordinación” a partir de una normativa de la DGES que databa de la última dictadura, lo que convirtió su caso en uno de las denuncias de persecución más significativas de los actores organizados de la educación en el gobierno anterior. Después de un largo periplo, que incluyó distintas recusaciones, la afectación de su salud mental y la imposibilidad de concursar para lograr la efectividad, a fin de 2025 la Administración Nacional de Educación Pública resolvió dejar sin efecto la sanción.

Ruidíaz, quien actualmente es director del liceo 77 de Punta de Rieles pero todavía es reconocido como “el director del IAVA”, recibió la resolución con alegría, y la define como una “victoria de los trabajadores organizados” y “de la comunidad” del liceo.

¿Cómo se fueron sucediendo los hechos que terminaron en la separación de tu cargo?

En primer lugar, tendría que hablar de algunas hipótesis que una buena investigación tendría que confirmar. ¿Fue casual que los estudiantes hayan sido “desalojados”? Utilizo el término que tristemente utilizaban las autoridades en ese momento. ¿El objetivo de ellos era callar a las personas y generar miedo?

El miedo fue algo que se propagó a todo nivel educativo. Ni que hablar que ante eso hay muchas cosas que me satisfacen y son muy positivas, como resistir al miedo, a la persecución. Y la resistencia pasó por estar unidos. Lo primero que me dijeron mis compañeros es que no me preocupe por lo material, o sea, por la cuestión de los descuentos: “Nosotros lo vamos a afrontar”. Todavía no se me devolvió nada, pero de las primeras cosas que voy a hacer es retribuir al sindicato ese préstamo, esa solidaridad que tuvieron conmigo desde lo económico. Les voy a devolver íntegro el salario.

Esa es la arista económica, pero la humana fue algo impresionante, desde el sindicato y desde mis compañeros y compañeras trabajadoras. A mí me separan del cargo el 12 de abril de 2023. Después de la reunión de coordinación, viene un funcionario de Secundaria con el papel en mano diciéndome que me tengo que retirar, que me están haciendo un sumario por “insubordinación”. Ese término se utilizó a través de un acta de la dictadura, de 1980, que se usó pura y exclusivamente en dictadura, después no se utilizó más. Yo era un insubordinado.

Lo que a vos te exigían era “desalojar” a los estudiantes del salón gremial.

Sí, y el término desalojo es inaudito humanamente. Nosotros como educadores tenemos que ser de los primeros en cuidar la salud mental de las personas. No se me pasa por la cabeza hablarles a los chiquilines de desalojo cual si yo fuera propietario del medio de producción o propietario de una casa en alquiler. No, yo soy un trabajador y, obviamente, voy a dialogar.

Se me estaba diciendo que los gurises no podían estar ahí. Bueno, llevemos a cabo un proceso de enseñanza y aprendizaje. Para eso no es que viene una varita mágica, una cuestión medieval, por la que una luz me ilumina y los chiquilines aprenden. No, eso no, no es así. Lleva tiempo.

El salón gremial fue planificado arquitectónicamente y estaba en el plano para que sea destinado para los gurises, ese era el lugar. Y no era que lo tenían hace un año, yo estaba desde 2022 en el IAVA como director y ese salón lo tenían desde 2009. Con toda la simbología que implicaba: en la dictadura se llevaron a muchas personas a través de ese lugar.

Celebro que los estudiantes y la clase trabajadora se hayan agrupado y hayan salido en protesta de eso. El 13 de abril hubo paro nacional y hubo una marcha por 18 de Julio con cuadras y cuadras de gente protestando contra mi separación del cargo.

Escuchando a las anteriores autoridades, parecía que no consideraban a los estudiantes agremiados como estudiantes del sistema educativo. ¿Tenés esa misma impresión?

Sí, entiendo perfectamente tu perspectiva. Yo hablaba con los estudiantes en todo momento. No puedo darte otra mirada que la del diálogo directo con ellos. Escucharlos, que ellos se sintieran respetados, valorados. Los llevaba a mi oficina de dirección y nos sentábamos a hablar como estoy hablando ahora contigo. En la verdadera educación, cuando el aprendizaje es significativo, uno tiene que creer en el otro.

No se me pasa por la cabeza no abordar la situación como lo hice en su momento o como lo sigo haciendo: siendo empático con los estudiantes, poniéndome en su lugar y viendo cuáles son las reivindicaciones.

Estamos hablando de estudiantes de bachillerato y no cualquiera: estudiantes de bachillerato del IAVA, con toda la simbología que tiene la institución para la historia de nuestro país. Nadie se acuerda muy bien de qué número de liceo es, es el IAVA, hay un sentido de pertenencia.

En la línea de la hipótesis que planteabas, otros actores como la Federación Nacional de Profesores de Educación Secundaria han manifestado que hubo una búsqueda de las anteriores autoridades de instalar un conflicto en el IAVA y que hubo un ensañamiento con el liceo. ¿Considerás que eso tiene que ver con esa simbología de lo que representa el IAVA?

Sí, por supuesto. Hubo un ensañamiento y simbólicamente se apuntó a desarticular, deshacer al IAVA. Al IAVA le sacan los cuartos años para 2024 y la orientación humanística. Es como si a Uruguay le sacaran el termo y el mate. Es la identidad. En el IAVA se formaron presidentes de la República y le sacan la orientación humanística. Es muchísimo.

En su momento las autoridades argumentaron que ese salón era necesario para construir una rampa que dé accesibilidad al liceo.

¿Dónde está ahora la rampa? No existe. Las autoridades de Secundaria de ese momento desatendieron la perspectiva de la arquitecta que planteó que hacer una rampa ahí era inviable. Fue costosísima toda la movida arquitectónica que se hizo para desmantelar el salón gremial y, a su vez, era inviable. Lo único que iba a hacer era gastar miles de dólares, correr a los gurises e importar un problema a la comunidad educativa del IAVA. Y fue lo que lograron.

Fue un claro ejemplo de que las cosas en Uruguay no funcionan con autoritarismo, porque somos un país democrático y eso lo vio toda la población. Una de las cuestiones que celebro sucedió el año pasado por medio de una resolución de Secundaria que nos permite a los directores poder hablar con la prensa, cosa que no sucedía antes. Por eso yo no pude hacerlo. Obviamente, mis abogados me aconsejaron no dar ningún tipo de entrevista porque estaba en una etapa sumarial y por normativa no podía.

También por eso traté de evitar la lectura y escuchar o ver mucha prensa. No obstante, algo escuché, algo vi y algo leí. Sin conocimiento alguno de educación, sin conocimiento alguno de lo que es ser gestor o de lo que es el IAVA, cualquiera hablaba y opinaba sobre lo que yo había hecho. Lo único que trataba de hacer en todo momento -y lo mantengo ahora- es no agredir a nadie, al contrario, llegar a soluciones consensuadas y que los gurises se sientan escuchados. Y que la salud mental de las personas esté muy cuidada. Esa es una gran fragilidad que tenemos en Uruguay y estoy convencidísimo de que la educación es un puntal clave para revertirla. Hay gurises que en 2022 me contaban que no tenían para pagar el alquiler e iban a ser desalojados. No se me pasaba por la cabeza decirles a los gurises: “Ustedes tienen que retirarse, van a ser desalojados en este momento”. Eso es violencia pura. No quiero la vida de esa forma.

Yo entiendo que hay normas que hay que cumplir y está muy bien. Pero los procesos de enseñanza y aprendizaje, como decía anteriormente, llevan tiempo. Y hay que escuchar y dialogar mucho. En ese camino de diálogo se pueden lograr muchísimas cosas. No concibo la educación como una triste cuestión mercantil. La educación tiene que ser algo humanizante, que ayude a cada una de las personas a mejorar y a ver. No hay que menospreciar el pensamiento de los otros. Si un estudiante da una perspectiva que es la correcta, que está muy bien, ¿por qué no podemos contabilizarla? Claro, hay mucho falso estatus social que se quiere adjudicar a determinados roles que está muy mal. No lo comparto.

En todo momento, con mucha humildad y hablando perfecto, los gurises transmitían sus ideas y estaban muy bien. La arista de arreglar el ascensor a través de una puerta que no está por el lugar donde estaba el salón gremial era el camino para resolver esa problemática [de accesibilidad]. No se nos escuchó. No se me escuchó. Y ese fue el gran problema desencadenante de todo lo vivido en el IAVA.

Hay un aspecto, por ejemplo, que yo pongo en un acta, en donde a mí se me acusa de desobediente. En 2022 se me ordena verbalmente que saque la cartelería gremial. No lo cumplí. Es inconstitucional, es un disparate. Es como si le dijera a alguien que cruce con el semáforo en rojo. La cartelera gremial tiene que estar visible para todos los trabajadores y más en un liceo como el IAVA, que es monumental. Si se le dedica un espacio de dos por dos a la cartelería gremial, los trabajadores no se van a enterar de absolutamente nada. Eso no lo voy a aceptar como trabajador.

Lo otro que tampoco voy a aceptar es cuando en 2022 estaban las movilizaciones estudiantiles y las ocupaciones y se me ordena no abrir el liceo. Yo les digo que de ninguna manera, yo iba a abrir el liceo. Si después los gurises democráticamente hacen una manifestación gremial, ese es otro tema.

La interlocución siempre era con la inspección, ¿no?

La inspección del momento, sí. Mandé mail para hablar con la directora general y nunca me respondió. Entonces, en todo momento fueron miniatentados contra el IAVA. Claro, yo tengo una perspectiva pedagógica que no compartía con las autoridades del momento, pero siempre respetando la normativa. Lo que se me ordenaba, justamente, no tenía nada que ver con respetar la normativa, la ley y la comunidad en sí misma. Las formas son claves para poder dialogar. Cómo uno se posiciona, cómo uno transmite determinadas cosas es clave para generar un mejor vínculo. Y siempre, obviamente, con transparencia, con la verdad.

Hoy puedo decir que esta resolución, que todavía no llegó a Secundaria, es una resolución del Codicen [Consejo Directivo Central] que les llegó a mis abogados, me pone muy feliz en lo personal y también como trabajador. Esta es una victoria de los trabajadores organizados. Es una victoria de la comunidad educativa del IAVA, porque hasta hoy en día me cruzo con padres o se comunican conmigo y siempre me mandan saludos, y estaban locos de la vida con esta resolución.

En el medio del sumario, cuando se terminó tu separación del cargo, te mandaron a una oficina administrativa. ¿Cómo viviste ese proceso?

Los seis meses [de separación del cargo] culminaban el 12 de octubre. Obviamente, yo quería volver al IAVA. Pues no. En su momento, el encargado del sumario era Óscar Yañez, el subdirector de Secundaria, porque a Cherro la habían apartado por prejuzgamiento -ellos mismos la apartaron, así que imaginate-. Yañez termina renunciando días después de la resolución de que el sumario tiene que extenderse por más tiempo y me mandan a [la oficina de] documentación estudiantil, que queda en la calle Blanes.

Soporté un día. Era un lugar sin ventanas, haciendo una tarea que no tenía nada que ver con la pedagogía, era algo administrativo. Me dieron una tarea que se hacía en media hora para todo el día. Se me caían las lágrimas. Llegué a mi casa llorando, al otro día vuelvo y me pongo a llorar en ese lugar. Pido primero atención médica, me derivan al equipo de psiquiatría y me dieron licencia por salud, porque era inviable. Después también fui a salud ocupacional de la Médica Uruguaya y me dijeron que era imposible, y salud ocupacional del Hospital de Clínicas hizo un informe que está relacionado obviamente con que mi situación era de esa forma por la separación del cargo y la asunción en tareas que no tienen nada que ver.

No tengo nada en contra ni de administración ni de cualquier otro rol, pero yo no estudié para eso. Soy profesor egresado del IPA y magíster en Educación, haciendo la especialidad en Organización y Gestión de Centros Educativos. ¿Qué tengo que hacer yo sentado en un escritorio haciendo tareas administrativas?

¿Cómo fue el momento de volver a un centro educativo después de todo eso?

Obviamente, todavía sigo en terapia, porque el equipo de psiquiatría me derivó a terapia y fue un proceso de meses en el que básicamente estuve haciendo la previa para ese reintegro, que fue el 14 de junio de 2024, en el liceo 57, que está en General Flores y Gronardo. Cuando retomo, lo hago con mucha alegría, contento de que volví a mi rol.

En esas épocas dudaba de todo. No dudaba de mi quehacer profesional, sino de las autoridades, porque no sabía con qué me podían llegar a saltar. Ni que hablar de que eso generó ciertos recaudos, a causa del miedo transmitido e impuesto por las autoridades. Me sentí también muy apoyado por la comunidad del 57, es un precioso liceo. Obviamente, hay problemáticas socioeconómicas similares a las que afronto ahora en Punta de Rieles, que sin lugar a dudas inciden en el desarrollo académico y el proceso de aprendizaje de los gurises, pero también me sentí muy a gusto y querido por la comunidad.

Aparte, en muchos lugares todavía me reconocen como el director del IAVA. Y bueno, en cierta forma, sí.

¿Te planteás volver al IAVA en un futuro?

Sí, me encantaría. Me encantaría tener la posibilidad, con las garantías correspondientes, de poder concursar y efectivizarme. Lamentablemente, el sumario hizo que, por ejemplo, en formación docente se me sacaran puntos y no pude elegir [horas], porque todavía está vigente. Me hubiera gustado elegir algún grupo de historia de la Educación y no pude.

También a causa de eso, en 2024 yo iba a concursar por la efectividad para directores. Estaba con licencia médica, hice el teórico y me fue bien. Me dejaron para lo último, fui el último en concursar el práctico y tres días antes me llega una resolución de la DGES diciéndome que yo quedaba inhabilitado. Hablo con el abogado de Secundaria que me dijo que tenía diez días para recusar y que hiciera igual el práctico. En esas condiciones de hostilidad tuve que hacer el práctico, no fue con las garantías ni de la forma que yo quería, con una primera resolución de que estaba inhabilitado. Lo hice, supuestamente no me fue bien, hice una recusación, pero, al fin y al cabo, aunque me hubiese ido excelente, me inhabilitaron a concursar.

O sea que la resolución inicial de la inhabilitación quedó vigente...

Sí. El argumento fue que no podía por estar con licencia médica. Después, el año pasado hubo una resolución por la que yo quedo habilitado para concursar, pero al momento sigo siendo interino. Me encantaría poder llevar a cabo un concurso con las garantías y en condiciones que sean transparentes. Desde mi perspectiva hicieron todo lo posible para que no pudiera efectivizarme.

¿Puede decirse que todo lo vivido sirvió para ratificar tu concepción sobre la docencia y la gestión de los centros educativos? ¿Qué elementos positivos te quedaron?

En todo este proceso hay muchas aristas positivas. Esto ha sido ejemplo para el resto de la sociedad uruguaya de que los trabajadores unidos podemos lograr muchísimas cosas y no nos van a pasar por arriba. En lo personal, en todo el proceso que duró el sumario y hasta hace unos días, cuando pude leer esta resolución, he estado muy tranquilo, muy en paz, de que hice todo bien. No me arrepiento de nada. Al contrario, me hubiese arrepentido o no podría dormir si hubiese accionado como un soldado que obedece órdenes en el ejército o en la dictadura.

Resistir implica tener un determinado temple y saber posicionarse en un determinado lugar. Y eso, sin lugar a dudas, lo marcan los hechos, no la teoría. No me arrepiento de absolutamente nada. Yo estoy dentro de la clase trabajadora y dentro de la clase trabajadora de la educación.

Me encanta que los gurises tengan la posibilidad de pensar, de actuar, de criticar, con respeto, obviamente. Pero que lo puedan hacer libremente, que puedan no estar en nada de acuerdo con lo que digo, pero que tengan el derecho total a decirlo. Lamentablemente eso no sucedió en la administración anterior, que tenía una perspectiva empresarial y creía que el director tenía que ser el gerente de la empresa. No, yo no soy el gerente de la empresa. No soy un empresario. Simplemente soy un educador que quiere una sociedad mejor, más igualitaria. Una sociedad donde todos podamos ser escuchados, podamos hablar libremente y tengamos una perspectiva bien diversa.

Se me acusó de insubordinado y lo transmito con algo de sonrisa. Ante el autoritarismo, sí, soy insubordinado. Ante la perspectiva fascista de la vida, sí, soy insubordinado. Y lo voy a ser siempre, porque voy a luchar siempre por la democracia, para que todos dentro de la ley y de la normativa podamos vivir en paz, con mucha solidaridad, mucho compañerismo, mucha tolerancia. Todo eso implica un proceso de enseñanza y aprendizaje que no se lleva a cabo en un minutito; no es una orden, agachar la cabeza y estar cual soldado en un pelotón. No, está muy bien cuestionar, es muy lindo tener una arista diferente. Para mí esa es la esencia de la educación y del verdadero aprendizaje.

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