Educación Educación media

Pablo Caggiani (c) junto a estudiantes del Liceo 29, el 20 de agosto, en la ANEP, en Montevideo.

Foto: Inés Guimaraens

Plazas equipadas, un espacio para “ir y estar” y talleres: liceales expusieron propuestas para mejorar convivencia en sus entornos

Adolescentes de cinco liceos y un Cecap presentaron lo trabajado en el marco del proyecto “Participación comunitaria: derechos en acción”.

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Este jueves el edificio central de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) se llenó de adolescentes. La invitación corrió por parte de la Dirección de Derechos Humanos del organismo, que les propuso exponer sobre distintos proyectos que están llevando adelante, orientados a la convivencia y la participación.

Los cinco centros educativos que participaron son parte del proyecto piloto “Participación comunitaria: derechos en acción”, impulsado por la Dirección de Derechos Humanos de la ANEP en liceos y Centros Educativos de Capacitación, Arte y Producción (Cecap) de Montevideo y Canelones. La instancia sirvió para que los adolescentes mostraran lo hecho en cada caso y, al mismo tiempo, estuvieran en contacto con quienes están trabajando en proyectos que tienen objetivos similares.

Por ejemplo, estudiantes de noveno grado y primero de educación media superior del Liceo 1 de Casarino, en Canelones, desarrollaron un trabajo que, en sus palabras, apunta a “lograr una convivencia cálida y respetuosa” para que, cuando están en el liceo, los estudiantes del centro educativo se sientan “como en casa”.

A partir de talleres con estudiantes de Comunicación de la Universidad de la República (Udelar), los adolescentes comenzaron a trabajar con ese objetivo y, para relevar las necesidades del estudiantado, primero colocaron un buzón para recibir propuestas e inquietudes. También desarrollaron talleres y comenzaron a trabajar en un proyecto de radio con el comunicador Mateo Magnone, proceso por el que llegaron a la conclusión de una serie de puntos que son necesarios para mejorar la convivencia.

Foto: Inés Guimaraens

Comunicación, empatía, psicoemocionalidad e inclusión son las claves que los liceales identificaron, y para lograrlas entienden que son necesarios talleres, apoyo emocional y más propuestas de actividades en la comunidad.

En el marco del proyecto de radio, los liceales de Casarino prepararon una entrevista al presidente de la ANEP, Pablo Caggiani, que realizaron en vivo en el evento de este jueves. Entre otras cosas, le preguntaron qué se siente ser el presidente del organismo, qué lo llevó a aceptar el cargo y cómo incide el desempeño de esa responsabilidad en su vida personal. También lo interrogaron sobre las políticas del gobierno hacia los adolescentes y, en particular, las del ámbito educativo. La dinámica de entrevista se repitió minutos después, cuando estudiantes del Cecap de Andaluz dialogaron con Nilia Viscardi, directora de Derechos Humanos de laANEP.

A su turno, estudiantes del liceo de Atlántida contaron que, por un lado, están trabajando en el rescate de la memoria sobre lo ocurrido en la última dictadura en Uruguay. Para ello, entre otras acciones, desarrollaron una obra de teatro inmersiva y trabajan en conjunto con la Comisión de Memoria de Atlántida. Además, participan en proyectos de voluntariado y están trabajando en la propuesta de un espacio para la comunidad en un espacio público próximo al liceo.

Nilia Viscardi y Pablo Caggiani.

Foto: Inés Guimaraens

Según contaron, detectaron la falta de un lugar techado donde “los jóvenes puedan simplemente ir y estar”, sin necesidad de consumir o participar en alguna propuesta. Este planteo surge de un sondeo realizado entre sus compañeros, ya que 90% detectó la falta de un espacio con esas características que esté resguardado del frío o de la lluvia.

A partir de entonces, comenzaron a trabajar en la propuesta, que ya proyectaron y maquetaron, lo que incluyó también una evaluación de costos. Justamente, para que sea económica, los adolescentes proponen que a partir de un contenedor prefabricado se pueda generar un espacio cerrado, con amplias ventanas para que ingrese luz natural. Si bien la iniciativa surge como una demanda de los adolescentes, ellos proponen que el espacio pueda ser utilizado por el público en general, de forma que se convierta en un lugar “intergeneracional”.

En el Liceo 69 de Casavalle, por su parte, también se realizaron talleres con estudiantes de Comunicación de la Udelar, que tuvieron el objetivo de identificar cosas a cambiar en la vida cotidiana de la zona que permitieran mejorar la convivencia. En particular, el proceso estuvo enfocado en la mejora de una plaza cercana al centro educativo, para lo que los adolescentes pensaron en la posible instalación de árboles que den sombra, juegos, cercar el predio y poner una pista de skate.

Estudiantes del Iava.

Foto: Inés Guimaraens

Con el objetivo de concretarlo, iniciaron un proceso de junta de firmas con estudiantes y profesores del liceo y mantuvieron una reunión con referentes del Centro Comunal Zonal 11, que comprende a esa zona. Según detallaron los estudiantes que presentaron la iniciativa, el trabajo realizado les permitió “entender que participar es un derecho” y que “transformar el entorno” también depende de ellos.

Los estudiantes del Liceo 29, del barrio Goes, contaron sobre su proyecto llamado “Dejando huellas”, que también partió de la realización de talleres con estudiantes de la Facultad de Información y Comunicación de la Udelar. Los estudiantes de los octavos grados diseñaron un “violentómetro”, que apunta a una dinámica por la que, a partir de la descripción de distintas situaciones, estas se deben clasificar con los colores del semáforo con base en qué grado de violencia implican, lo que da pie para reflexionar. Además, contaron que los grupos de noveno grado tienen proyectado asistir a escuelas de la zona para trabajar sobre convivencia y derechos con los niños y niñas.

Finalmente, estudiantes del Liceo 33, de la Cruz de Carrasco, trabajaron para diseñar una plaza que sea “para todos” y se convierta en un “espacio seguro e inclusivo”. Para ello, proponen cercar la cancha de fútbol que ya existe, instalar mesas y sillas y que se construya un salón multiuso. Además, plantean que haya un cuidaparque que se encargue de gestionar un sistema de préstamos de pelotas de fútbol para que cualquiera pueda usar la cancha y afirman que es importante que se realice una gestión vecinal del espacio.

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