Los aprendizajes de estudiantes uruguayos en lectoescritura representan un desafío importante para el sistema educativo uruguayo. Los resultados de las pruebas Pisa 2025 marcaron una caída en el puntaje del país respecto de la edición anterior, que marca que 41% de los adolescentes de 15 años que asisten a un centro educativo no logra competencias básicas en lectura. Si se observa la tendencia histórica, más allá de altibajos en las distintas mediciones, el panorama muestra un estancamiento bastante marcado.
Mariana Villalba es maestra y psicopedagoga con una experiencia de más de 25 años en clínica y trabajando con docentes. En particular, se ha especializado en la enseñanza de la lectoescritura y en los últimos años decidió utilizar su cuenta en la red social Instagram para compartir su conocimiento. También se ha dedicado a la formación docente y entre sus más de 300.000 seguidores hay muchos docentes, en particular maestros, que la consultan sobre cómo enseñar a leer y escribir. En entrevista con la diaria, Villalba planteó la necesidad de que Uruguay se ponga de acuerdo en cómo enseñar y deje atrás una falsa dicotomía entre poner a disposición de los niños el código del lenguaje –es decir, las letras– y su comprensión.
¿Cómo interpretar los datos que registró Pisa 2025 en materia de lectura?
Creo que tenemos que tener una mirada esperanzadora. Vengo diciendo que lo que nos puede salvar de esta situación son los docentes que tenemos en Uruguay, que son gente muy comprometida, lo veo en la cantidad de mensajes que me llegan a través de las redes. Están buscando otras alternativas al momento de alfabetizar.
Nuestro país tiene una gran tradición en las corrientes más constructivistas. Eso está pasando en toda América Latina y ha generado una fuerte influencia por la que se habla de leer mucho a los chiquilines, que me parece algo super importante, pero se están perdiendo de una pata sumamente importante para alfabetizar: que los niños conozcan el sistema y el código de escritura. Poder intuir cómo funciona ese sistema es muy complejo y para eso estamos los docentes.
Los docentes tenemos que enseñar a leer y escribir; ahora tiene un gran auge la palabra acompañar: el niño va construyendo su aprendizaje y los docentes van acompañando. Se ha perdido el gran objetivo de la escuela, que es enseñar a leer y escribir, por supuesto, junto con conceptos básicos de matemáticas. Estamos formando ciudadanos, sí, pero esas son herramientas para la vida que tienen que estar.
A partir de Pisa, lo que más me quedó resonando es que tenemos a cuatro adolescentes de 15 años de cada diez que no están comprendiendo textos muy básicos. Son chiquilines que ya están próximos al egreso de un ciclo medio de enseñanza. En Pisa 2022 y en Aristas [prueba del Instituto Nacional de Evaluación Educativa] se ve ese desfasaje en contextos más vulnerables, esos números son peores en los quintiles más bajos.
Me cuesta no mirar qué pasó en los 15 años anteriores de esos adolescentes. Desde la psicopedagogía sabemos que la alfabetización empieza mucho antes de esa edad. Hay dos grandes cuerpos de conocimiento que tenemos que acercar a los niños: el sistema de escritura y la comprensión de los textos, que se empiezan a trabajar desde el vamos. El sistema de escritura se apoya en el lenguaje oral. Entonces, si los niños empiezan a trabajar mucho sobre vocabulario, sobre conversaciones en el contexto de escuela y en el contexto familiar, el pronóstico mejora mucho.
El foco no hay que ponerlo solo en la escuela, sino también en lo que aportan las familias que puedan trabajar sobre psicoeducación. Hablamos de incentivar las conversaciones en casa, disminuir las pantallas, trabajar el contacto visual.
Tenemos que pensar en todo el ciclo y toda la trayectoria escolar. El nivel inicial es fundamental, en primaria hay que hacer foco, sobre todo en primer y segundo año, en este sistema de escritura, de enseñar los sonidos de las letras. Esto en nuestro país todavía es una discusión, a nivel internacional no hay discusión al respecto. En cómo se aprende a leer y escribir, la ciencia de la lectura; las ciencias cognitivas tienen claridad de cómo se aprende. Tenemos que ponernos de acuerdo.
¿Te referís a la tensión que en Uruguay se plantea entre enseñar el código y enseñar la comprensión?
Sí, y ahora se está armando de nuevo el programa de primaria y no quieren poner que hay que trabajar explícitamente los sonidos, lo que llamamos “conciencia fonológica”. Hay consenso total de que es un aspecto importante a trabajar, eso se trabaja a nivel inicial. Es llevar la atención del niño a que tome conciencia de los sonidos que tienen las palabras. ¿No es importante trabajar sobre los significados, que el niño comprenda de qué hablamos? Sí, es sumamente importante, pero para aprender el código de escritura también tenemos que centrar la atención del niño en que juegue con rimas, con sonido inicial, con sonido final.
Muchos maestros lo hacen, pero muchos me escriben contando que viene la inspectora y les dice, por ejemplo, que no les muestren los abecedarios a los niños. No puedo creerlo. No hay una congruencia entre lo que sabemos que funciona y lo que está sucediendo en primaria y demás. Estamos por caer al precipicio y vamos a dar el siguiente paso, porque en el programa no está.
Los maestros sienten que no saben para dónde agarrar, porque si quienes están dirigiendo la educación plantean que esto no se debe hacer –o sea, no ponen que no lo hagan, pero casi–, es difícil para un maestro tener autonomía y poder de decisión. Es super importante que podamos lograr esos acuerdos, no sé cómo, creo que es más desde las bases, que los maestros puedan realmente ser escuchados y pensar en conjunto cuáles son las mejores prácticas. Muchos te dicen que prueban de una manera y ven que da resultado, ven otra evolución en los chiquilines. Y más en contextos desfavorecidos o en niños con dificultades específicas; en esos casos, para el aprendizaje de la lectoescritura se necesita este tipo de enseñanza basada en la evidencia: la enseñanza explícita de la lectura y la escritura para poder avanzar. Son los que quedan más rezagados.
Los niños que son de contextos más ricos, que tienen más vocabulario, más conversaciones en las casas, aprenden prácticamente solos. Hay un contexto cultural muy rico, de repente le van enseñando en la casa tres o cuatro letras y el niño rápidamente puede enganchar la lectura, porque tiene mucho vocabulario. Se les leen un montón de libros. En los contextos más desfavorecidos todo eso no está. Entonces, el lugar de la escuela es generar ese contexto alfabetizador sobre el que el constructivismo hace mucho hincapié. Es sumamente necesario, pero también es muy necesario trabajar sobre las habilidades fonológicas, que conozcan las letras y que puedan relacionar esos sonidos con las letras y que se trabaje lo que llamamos “decodificación”, que es poder ensamblar fonológicamente un sonido con otro para poder leer. Son cosas que hay que enseñarlas.
Hay niños a los que les resulta muy fácil y lo aprenden muy rápidamente, pero no es lo más habitual. Obviamente que un niño también necesita una buena alimentación, un contexto tranquilo, poder dormir, necesita ir a la escuela –tenemos un grave problema de ausentismo escolar–.
¿Cómo explicar que lleguen niños a secundaria sin aprendizajes básicos en lectura y escritura? Durante mucho tiempo se dijo que los niños no podían salir de primero de escuela sin saber leer y escribir, lo que abre un debate sobre la utilidad de la repetición.
No siempre estoy de acuerdo con la repetición, hay que ver situación a situación. Tenemos gurises en la clínica con una dificultad más global, con un descenso muy significativo en todas las áreas, que están muy lejos de los contenidos curriculares que tienen que adquirir y a veces se decide el pasaje de curso porque –dicen las maestras– desde arriba no se deja que repitan. A veces hay todo un equipo atrás, un fonoaudiólogo, un psicopedagogo, un psicomotricista, el maestro de clase, pensando que de repente sería bueno que el niño afiance más los contenidos para después recién pasar a un segundo año ya con una lectura básica de palabras, con unas nociones básicas de numeración. Eso pila de veces no se logra y los niños transitan muy distantes de los aprendizajes que se están dando en el grado.
Hablamos de inclusión de estos gurises y lo que hacen en realidad es transitar por el espacio, sociabilizar. Para integrar a un niño necesitamos recursos. No funciona que un docente tenga 30 niños y entre ellos un niño con autismo, otro con dificultades de atención, etcétera. Eso no es incluir a nadie, así no estamos enseñando a nadie, el rol de la escuela se desdibuja totalmente. Y es una carga tremenda para ese docente, además de un sufrimiento para todos los niños. En los espacios de trabajo como el mío la gran mayoría trabajamos para el Banco de Previsión Social [BPS] en todo el país, pero deberíamos funcionar adentro de las escuelas. Primaria debería tener esos espacios para trabajar sobre las adecuaciones curriculares con el docente. Hay muchos gurises que se quedan por fuera de este sistema, porque quienes tienen esa cobertura son padres que aportan al BPS.
Siento que se está trabajando de forma medio intuitiva: hay que pasar a todos y muchas veces sería beneficioso para algunos niños que sigan en el mismo curso. Otras veces no, de repente un chiquilín con un buen nivel intelectual, con muchas habilidades desde lo social que no está pudiendo aprender a leer y escribir porque le falta más énfasis en aprender el sistema de escritura puede seguir con su mismo grupo escolar porque se va a poner a tiro en un momento. Entonces, sería bueno que sí pase de grado y darle más tiempo, con algún acompañamiento.
Tenemos que discutir cuáles son los dispositivos con los que las escuelas cuentan, hay algunos apoyos, pero faltan muchos más. Y están un poco descentralizados para la complejidad que tiene incluir chiquilines, además de que se están sacando las escuelas especiales. Hay maestros de educación común tomando casos muy complejos, niños con dificultades muy significativas y maestros que muchas veces no tienen las herramientas para abordar esa situación. Y se generan grandes tensiones, a veces hay padres que quieren encontrar un espacio de atención para sus hijos y el maestro les dice que vaya menos rato. Todos sufren, incluido el maestro.
¿Qué importancia tiene la formación permanente?
Es difícil, por cómo se está dando el formato actual, que a los maestros no les llegue en algún momento un niño con distintas condiciones. Entonces, la formación tiene que ser permanente. No hay forma. Además de la formación permanente, es importante que en las escuelas haya un director más estable, da una continuidad, también que los maestros puedan permanecer, que se puedan conocer entre ellos. Hay muchas cosas que tenemos que seguir pensando.
¿Qué pasa con la enseñanza de la escritura? Por ejemplo, a veces se discute si enseñar en cursiva o no, hay modas que van cambiando.
Me parece bien importante enseñar la cursiva, pero enseñarla bien. Tiene toda una forma de trazado que muchas veces no se enseña. A lo que más nos ayuda la cursiva es a darle fluidez a la escritura, a escribir más rápidamente, entonces, hay que enseñar a trazarla de buena manera.
No es que hay que enseñar una u otra letra, los chiquilines tienen que tener conocimiento de que hay distintas formas de representar la misma letra. En nivel inicial muchas veces empiezan a enseñar [a escribir] con la mayúscula. Lamentablemente, por lo que veo en la clínica, llegan gurises de cuarto o quinto de escuela a los que, según transmiten, nunca se les ha enseñado la cursiva. Hay algunos estudios también que hablan de que la cursiva ayuda a organizar el pensamiento de otra manera.
Cuando recién están aprendiendo, con la mayúscula podés aislar mejor. Con los niños que tienen desafíos en la coordinación visomotora, la mayúscula tiene un trazado con líneas rectas que facilita cuando hay una dificultad más significativa en la parte motriz. Es un poco más inclusiva, sobre todo al principio. Después habrá que ver cada caso en particular, si les exigimos a todos el uso de la cursiva, puede haber niños que tengan mayores desafíos, pero me parece que el uso de la cursiva es algo que hay que retomar; se ha dejado bastante de lado.
Algo que generalmente no se enseña explícitamente en las escuelas es lo que llamamos “letra script”, la letra de la lectura. Los chiquilines la aprenden porque la mayoría de los textos están escritos de esa forma y ya en cuarto o quinto empiezan a querer usarla. Me parece bueno que los gurises se vinculen con todas las tipografías para poder entenderlas lo más pronto posible, incluso que puedan verlas desde nivel inicial.
¿Qué podés decir acerca de la incidencia de las pantallas en el desarrollo y los aprendizajes de lectoescritura de los niños y niñas?
No soy experta en pantallas, pero sí hemos notado un gran aumento de consultas por dificultades en el lenguaje que se vienen atribuyendo a efectos de las pantallas. Cada vez se les habla menos a los niños, hay menos conversaciones en las casas, no solo con los niños de inicial, está pasando a nivel más general. Cualquiera que tiene una familia, un domingo están todos sentados en la mesa y cuando queremos acordar están todos con los celulares. Con los niños pequeños también está pasando que los papás están menos atentos a mirarlos, al intercambio de miradas, de conversación, a preguntarles cosas, que ellos nos cuenten, ayudarlos a estructurar esas historias que cuentan, de repente de algo que pasó en el jardín. Eso va estructurando el lenguaje para después llevarlo a la escritura, y va estructurando el pensamiento.
Tenemos un aumento tremendo de consultas a nivel inicial porque hay chiquilines que están muchas horas [frente a los dispositivos] y no solo por el lenguaje, también por la mirada. Muchos chiquilines consultan por sospechas de trastorno del espectro autista y cuando uno empieza a indagar qué es lo que está pasando se encuentra con que está ocho horas [diarias] frente a la pantalla. Se empiezan a hacer cambios, a trabajar más sobre pautas de crianza, a ver cómo podemos ir retirando eso, qué otras propuestas se le pueden dar a ese niño para hacer, para jugar, y se revierte la situación. Es complejo lo que estamos viviendo respecto de las pantallas. No está siendo fácil ser padres en este contexto.
La lectura y la escritura siguen siendo un hito importante en la formación de cualquier persona. Sin duda que hay un cambio, porque ver en pantalla todo más rápido, los textos son realmente más breves, es más complejo ahora. Tenemos la atención más lábil, hay otra forma de vincularnos, otros recursos visuales que no son solo las palabras, hay mucha imagen que tiene que ver con el lenguaje y con la comunicación que empiezan a jugar de una forma diferente. Con la inteligencia artificial lo importante es que los chiquilines empiecen a ver más críticamente lo que leen, es el momento en el que más énfasis tenemos que hacer en problematizar cómo me llegó esta información, cuál es la fuente.