Bogotá fue sede el sábado de la décima cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), que nuclea a 33 países de la región. En la ocasión, Colombia traspasó la presidencia pro témpore a Uruguay –que la mantendrá durante los próximos 12 meses– y también tuvo lugar el primer “foro de alto nivel” entre la Celac y África.
Próxima a cumplir 15 años de su fundación, y a pesar de los espacios de diálogo que mantiene con otras regiones –como la Unión Europea (UE), China y ahora África–, la Celac enfrenta debilidades internas, potenciadas por la crisis actual del multilateralismo. En la previa de la cumbre, durante un acto de entrega del título de doctor honoris causa póstumo a José Mujica, el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, afirmó que el bloque “prácticamente está dejando de existir porque el crecimiento de la extrema derecha está ahuyentando a los países”, según consignó Efe.
Desde la asunción de la presidencia pro témpore de Colombia, en abril de 2025, otros tres países de la región viraron a la derecha: Honduras, con Nasry Asfura; Bolivia, con Rodrigo Paz; y Chile, con José Antonio Kast, que se suman a los gobiernos de Javier Milei en Argentina, Daniel Noboa en Ecuador y Nayib Bukele en El Salvador. Durante la presidencia pro témpore de Uruguay, en tanto, Colombia y Brasil tendrán elecciones presidenciales, lo que puede afectar la fluidez del trabajo del bloque.
Lula lamentó que, como sucedió en la década de 2000, cuando se conformaron la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y la Celac, los presidentes de izquierda y de derecha de la región no puedan unirse para impulsar este tipo de foros regionales. Consideró que parte del fracaso de estas instituciones es que no cuentan con “mecanismos sólidos”, tales como un banco, y enfatizó que Suramérica, si se mantiene dividida, “no tiene posibilidades” frente a las grandes potencias.
Al igual que en la cumbre de noviembre entre la UE y la Celac, el encuentro del sábado no contó con la mayoría de los jefes de Estado: solo participaron los presidentes de Colombia, Gustavo Petro; de Uruguay, Yamandú Orsi, y de Brasil, Lula. También asistió el presidente de Burundi, Évariste Ndayishimiye, quien actualmente preside la Unión Africana.
En enero el presidente brasileño había advertido que la Celac “está paralizada”: “Vamos de reunión en reunión, llenos de ideas e iniciativas que nunca salen de la mesa. Nuestras cumbres se han convertido en rituales vacíos, en los que los principales líderes regionales están ausentes”, afirmó.
Al asumir la presidencia del bloque, Orsi aseguró que Uruguay buscará “promover el diálogo” y “fortalecer la cooperación”, así como “avanzar en aquellas áreas donde el consenso debe traducirse en resultados concretos”, como la seguridad alimentaria, la transición energética, la interconexión regional, la gestión de desastres naturales, la educación superior y el desarrollo productivo y comercial. Asimismo, en el marco de la cumbre con los países africanos, ratificó el apoyo de Uruguay al “acercamiento” y al “fomento de la cooperación” con ese continente, y afirmó que “será una prioridad en el marco de la agenda” de la presidencia uruguaya.
La Celac “no logra salir de ese lugar de foro deliberativo”
En diálogo con la diaria, Micaela Gorriti, politóloga y docente en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República, señaló que, al igual que “la mayoría de los mecanismos multilaterales y de integración” a nivel mundial, “sin dudas, la Celac no está en su mejor momento”.
Hace poco menos de un año, en una carta dirigida a los presidentes de la Celac de cara a la asunción de la presidencia pro témpore de Colombia, Mujica llamó a los mandatarios a “llevar posiciones y propuestas acordadas previamente” a los foros internacionales, “para dar el mensaje de que somos una región que cuida sus intereses comunes”. También les pidió “que acepten las diferencias, pero que ellas no impidan sumar nuestras voces y crear así una mucho más potente”.
En referencia a las declaraciones de Lula, Gorriti analizó que el mandatario brasileño “le atribuye una mayor responsabilidad” a la no alineación ideológica, cuando, “en realidad, el problema es justamente buscar la afinidad ideológica con el otro para generar integración y coordinación”, un desafío más alineado a lo que planteaba Mujica.
Para la politóloga, la Celac “no logra salir de ese lugar de foro deliberativo” y “reivindica principios políticos” que parecen haberse quedado “congelados en el tiempo, en un mundo que ya no existe de alguna manera”. Con respecto de la declaración final de la cumbre, Gorriti consideró que “no jerarquiza temas” y, si bien aborda grandes problemas de la región, “es como una lista de todo sin prioridades claras”, lo cual, reconoció, “es típico de la Celac”, a la que le “faltan mecanismos concretos para implementar estas acciones”.
“En esto de buscar declaraciones vagas para no herir a nadie, o generar consensos mínimos, termina siendo lo mismo de siempre y nada concreto, al fin y al cabo”, subrayó. A nivel de integración regional, Gorriti apuntó que los países latinoamericanos tienen “cierta resistencia a pensar en ceder soberanía a instancias supranacionales” en pos de resolver problemas como los que fueron mencionados en la declaración: crimen organizado, cambio climático, migraciones, entre otros. Sin embargo, actualmente “los Estados nación, como tales, no pueden resolver, porque han adquirido características que un país aislado no puede abordar por sí solo”, señaló.
“Es una estructura muy flexible la de la Celac, y cuando vos no generás mecanismos supranacionales o procedimientos establecidos, y solamente hacés declaraciones y trazás horizontes y metas, e identificás problemas, está bueno, pero falta dar un pasito más, que es lo que no logran hacer este tipo de organismos”, agregó.
Durante la CELAC, el 21 de marzo, en Colombia.
Foto: Presidencia Colombia, AFP
Declaración final sin consenso sobre Cuba
En la declaración final de la décima cumbre, los países expresaron su “compromiso con la integración regional, con el fortalecimiento de la Celac como espacio de diálogo, consulta y concertación política y la cooperación entre todos los países de la región”. Destacaron la “plena vigencia de la proclama de América Latina y el Caribe como zona de paz”, y reafirmaron su “compromiso con la resolución pacífica de las controversias, la no injerencia en los asuntos internos de los Estados y la estabilidad de la región”.
El documento también incluyó pronunciamientos sobre las circunstancias de Haití y Cuba. En el párrafo sobre Cuba se reiteró “la necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto, así como la oposición a las leyes y regulaciones con efectos extraterritoriales”. Además, se señaló que la designación de Cuba como un Estado patrocinador del terrorismo “ha introducido obstáculos a las transacciones financieras internacionales con la isla”.
De este punto de la declaración se “desasociaron” Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú y Trinidad y Tobago. Guyana lo hizo en relación a la frase “así como su oposición a las leyes y regulaciones con efectos extraterritoriales”. A excepción de Perú, todos los países que se desmarcaron de la postura sobre Cuba acompañaron a Estados Unidos en su reciente iniciativa denominada Escudo de las Américas.
En cuanto a Haití, se expresó el “firme apoyo y solidaridad” con el gobierno y el pueblo de esa nación caribeña “en sus esfuerzos por alcanzar la estabilidad política, económica y social, reconociendo su importancia para el bienestar del pueblo haitiano y su desarrollo sostenible”.
En esta oportunidad la declaración no incluyó menciones a Venezuela, ni a la operación militar encabezada por Estados Unidos, en la que se bombardeó la capital de ese país y se capturó al entonces presidente Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores. El 4 de enero, un día después del ataque, en una reunión urgente convocada para abordar la situación, la Celac había fracasado en alcanzar una posición común.
La situación de Venezuela, sin embargo, sí estuvo presente en los discursos de algunos mandatarios; por ejemplo, en el de Lula, quien apuntó contra las acciones de Estados Unidos. “No podemos admitir que los demás piensen que son dueños de nosotros. Miren lo que hacen con Cuba en este momento, miren lo que hicieron con Venezuela. Eso no es democrático”, afirmó; y añadió: “No somos más países colonizados, conquistamos nuestra soberanía con independencia, no podemos permitir que alguien pueda entrar en los asuntos y en la integridad territorial de nuestros países”.
El presidente colombiano, por su parte, arremetió contra el secretario de Estado del gobierno de Donald Trump, Marco Rubio. “Desde aquí le digo a Rubio que está equivocado. Eres latino, y como latino nos puedes entender. No hay que ocultar esa raíz, porque yo me siento orgulloso de ser latino. Pero ser latinos no consiste en avasallarnos los unos a los otros”, sostuvo.
Petro también se refirió a la “crisis de las Naciones Unidas” y su “incapacidad para resolver problemas comunes de la humanidad; el mayor de todos, la guerra”. La ONU, sostuvo, “es una impotencia actuando, y para eso no se construyó. Se construyó después de la Segunda Guerra Mundial, fundamentalmente para que no hubiera más guerras. Y hoy lo que tenemos es guerras”, afirmó.
“Estamos perdiendo el derecho a indignarnos”, dijo Lula, luego de afirmar que, “como ser humano, como demócrata y como presidente de Brasil”, está “indignado con la pasividad de los miembros del Consejo de Seguridad [de la ONU], que no han sido capaces de solucionar el problema de Gaza, de Irak, de Libia; no fueron capaces de resolver el problema de Ucrania, ni el de Irán”. “Todo se soluciona con guerra hoy día: los que tienen más armas, más navíos, más aviones, más dinero, se piensan que son los dueños del mundo. ¿Cuándo vamos a decirles que eso no es normal?, ¿cuándo vamos a decirles que lo que queremos es volver a una relación civilizada entre las naciones y que no podemos permitir el fin del multilateralismo?”, preguntó.
Candidatura latinoamericana a la ONU y problemas comunes
Por otro lado, en la declaración los países señalaron que “ha llegado el momento de que una persona nacional de América Latina y el Caribe asuma la responsabilidad de ocupar el cargo de secretario general de la ONU, en coherencia con el principio de balance geográfico equitativo y el fortalecimiento de la diversidad en la conducción de la organización”.
En su intervención, Orsi llamó a no “descuidar” el proceso de elección, que, por ahora, cuenta con las postulaciones de la expresidenta de Chile Michelle Bachelet, que tiene el apoyo de su país, Brasil y México; de la exvicepresidenta de Costa Rica Rebeca Grynspan, y del diplomático argentino Rafael Grossi. “Debemos conversar, buscar los necesarios entendimientos para que ese nombre tenga un respaldo integral de todos nuestros países. No dejemos pasar esta oportunidad si queremos ser relevantes en el mundo”, expresó Orsi.
Los países también reafirmaron la necesidad de redoblar “esfuerzos para la creación y articulación de acciones dirigidas a enfrentar la delincuencia organizada transnacional”, la cual “constituye una seria amenaza para la seguridad ciudadana, la salud pública, la estabilidad democrática, la paz regional y el desarrollo socioeconómico”. En ese sentido, apuntaron a “intensificar los esfuerzos dirigidos a la prevención, la investigación y el enjuiciamiento, especialmente el fortalecimiento en materia de cooperación policial, judicial y penitenciaria”.
En materia de cambio climático, subrayaron “la necesidad de una acción regional coordinada, basada en la equidad, las responsabilidades comunes pero diferenciadas y las respectivas capacidades, para proteger a nuestras poblaciones, en particular a las comunidades más expuestas, así como para reforzar los esfuerzos que contribuirán a limitar el aumento de la temperatura a 1,5 °C”.