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Rendición de Cuentas: un festejo del pueblo

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La aprobación de la Rendición de Cuentas en el Senado es motivo de festejo para el pueblo. Demuestra la fuerza de nuestra lucha y la claridad de nuestros principios: priorizar a los más humildes. Es un paso firme hacia un país más justo y solidario.

Primero fue en la Cámara de Diputados, con una votación del proyecto en general que tuvo 48 votos del Frente Amplio (FA) y dos de Cabildo Abierto –en total, 50 en 99 votos–, por acuerdo en base a propuestas. Pero la mayoría de la derecha tradicional contestó con un “no” al pueblo.

Dos modelos

Como decía Danilo Astori, no existe un resultado fiscal neutro: según de dónde se saca y hacia dónde va la plata, hay resultados de derecha y de izquierda. Hoy gana la macroeconomía con corazón de izquierda.

La discusión mostró los dos modelos, como decía Zelmar Michelini: el nuestro, que defiende a los trabajadores, y el de ellos, a los burgueses. Esta rendición pone la plata donde corresponde, en los más necesitados, como decía José Mujica: ponerle límite al egoísmo y cultivar la solidaridad.

La plata donde tiene que estar

En el Senado la votación fue histórica: con los 17 votos, el FA aprobó más plata para el pueblo; del otro lado, los 14 de la Coalición Republicana votaron en contra. No fue un voto en contra del gobierno, sino en contra de la gente.

La Rendición de Cuentas del gobierno del FA destina 1.257 millones de pesos para las infancias y adolescencias, por ejemplo, con el nuevo sistema de Asignación Única, que implica apoyos de hasta 10.000 pesos para niños de 0 a 3 años, más 50 millones de pesos para el Instituto del Niño y el Adolescente del Uruguay. Además, se votaron 407 millones de pesos para educación, que incluyen 100 millones de pesos para becas de la Universidad de la República. En materia de vivienda, se aprobó el IVA cero para cooperativas y 193 millones de pesos para atender a las personas en situación de calle. También se incluyeron $ 1.180 millones para seguridad y para salud pública, con el objetivo de que los remedios lleguen a los usuarios.

El legado

Mariano Arana bien decía: ser de izquierda primero es cultivar la esperanza, luego representar el sueño colectivo y después es cumplir con el compromiso de concretar un Uruguay que no deja a nadie atrás.

Mientras la derecha votaba en contra, en silencio y escondidos en sus bancas, el FA mostró con sus manos en alto que los ideales de justicia social y solidaridad nos marcan el rumbo y que nos guía el legado de José Gervasio Artigas, como lo aclamaba el general Seregni en aquel primer acto frenteamplista, el 26 de marzo de 1971.

La diferencia entre ellos y nosotros no está solo en las palabras; está en la actitud, en el corazón y en la voluntad de transformar la realidad. Los que soñamos con un Uruguay de derechos garantizados cumplimos con nuestro compromiso. La historia la escriben los pueblos que no se rinden, que luchan y que, en momentos como este, muestran que otra forma de hacer política es posible: la política de la esperanza, de la solidaridad y de la acción concreta.

Fingen demencia

Otra vez la mayoría de la oposición de la derecha tradicional votó en contra de los vecinos. Pero luego, como dicen los gurises, “fingen demencia” para volver a las tribunas a convencer de que son los salvadores. Pero la gente ya sabe cómo son y no va a dejar que se repita la fábula en la que la hormiga votaba por el oso hormiguero.

Al mismo padre que hoy no le votaron la asignación para su bebé, mañana le darán la mano y le prometerán que van a llevar el Ministerio de Desarrollo Social al barrio más pobre y que van a subirle la asignación.

El palo en la rueda

Durante la discusión enfrentamos la resistencia de quienes prefieren los intereses de unos pocos. La derecha, con actitud mezquina, demuestra que su objetivo es mantener el statu quo de privilegios para los ricos.

Cuando a ellos les tocó gobernar, la plata aparecía pero con otras prioridades. Por ejemplo, en la pandemia financiaban a las empresas de transporte y no a los pasajeros. Somos distintos.

En el gobierno pasado aparecían pasaportes falsos en la Torre Ejecutiva, plata para perseguir sindicalistas, estudiantes y hasta posibles infidelidades. Sin olvidar los millones de pesos que gastaban para que el presidente viviera en la residencia de Suárez y Reyes.

Hoy la derecha se junta otra vez. Unidos por sus intereses, votan en contra e intentan poner un palo en la rueda al gobierno, pero se lo ponen a los uruguayos más humildes.

De dónde vengo

Soy hijo de una maestra y un carpintero, niño de jardín, escuela y liceo públicos, me recibí en la UTU. Desde los 5 años, a la hora de la siesta, revisaba los cajones de mi abuelo leyendo sus artículos políticos. A los 7 encontré la noticia: en 1984 era candidato suplente a la Intendencia de Paysandú por el FA y en un acto donde hablaba para unas 70 personas lo corrieron a baldazos de agua y a pedradas. Ya estábamos en democracia y aún buscaban silenciar la voz del Frente, es decir, las voces del pueblo.

Me crie en un comité de base, en el barrio, y en algún acto cantando “el pueblo, unido, jamás será vencido”. Me pinto la cara en carnaval desde que tengo uso de razón para cantar lo que pienso y lo que siento, y para tratar de cambiar la realidad también desde el tablado del que crecí colgado. A los 16 ya militaba en la juventud del FA y a los 21 asumí como el edil más joven del país en Paysandú. Soy sindicalista, uno de los fundadores del sindicato de carnaval, cooperativista y trabajo desde un aula para formar estudiantes, técnicos, pero sobre todo seres humanos de pensamiento libre. Soy usuario de la salud pública. Sé lo que cuesta pelear por derechos, levantar tu casa entre varios y tomar dos ómnibus para ir a trabajar.

Es por eso que somos distintos, porque nos duele lo que le pasa al otro. La diferencia entre ellos y nosotros, más que política, es humana, como decía Tabaré Vázquez.

Sabremos cumplir

Aquel gurí que a los 7 años leía con rabia que a su abuelo lo habían corrido a pedradas por ser frenteamplista hoy ve cómo esos mismos ideales se hacen ley en el Senado.

Pasó que los que nos tiraron agua para callarnos hoy tienen que ver cómo el pueblo organizado, igual que ayer, en el FA, les gana la votación, aguantando las pedradas y los baldes de agua, y pone la plata donde siempre debió estar: en la gente.

No nos callaron en dictadura, ni en democracia con baldazos y mentiras, ni mucho menos ahora votando en contra del pueblo, porque nuestra prioridad es cumplir con la gente y así lo hicimos. Por eso, hoy podemos decir, con Artigas, con Seregni, con Tabaré y con frenteamplistas como mi abuelo: sabremos cumplir para que los más infelices sean los más privilegiados.

Pablo Miranda Ponce es técnico en Redes y Telecomunicaciones y docente de UTU. Fue edil del Frente Amplio.

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