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La izquierda y el conflicto que evita

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¿El Frente Amplio es hoy en día la única opción de izquierda que tenemos en Uruguay? ¿Qué tan de izquierda es realmente? La pregunta no es solo si es la única opción, sino si sigue representando el espíritu transformador que históricamente lo definió.

Gobernar implica equilibrios, es cierto. Pero cuando el equilibrio se vuelve costumbre y el conflicto desaparece del horizonte, la identidad política empieza a diluirse. Los votantes de Orsi no pretendían que su accionar emocionara a Daniel Viglietti. En un país con tanta participación social, política y sindical, evitar el conflicto como forma de gobierno y la falta de impronta en determinados hechos sociales, que reflejan la imagen del actual presidente de izquierda, no solo dejan a Uruguay sin una representación política firme, sino que también erosionan a la propia izquierda uruguaya.

La primera victoria del Frente Amplio llegó tras tiempos oscuros y significó la llegada de la izquierda al poder. Desde entonces, el país avanzó mucho en materia social. Pero hoy tenemos en el gobierno una izquierda marcada por la ausencia de definiciones contundentes, lo que representa un retroceso en su capacidad histórica de transformar el Estado y construir un país más justo para los trabajadores.

Los dirigentes transformadores tienen una voz y una impronta que encarnan sus ideales. Una de las características principales de la izquierda es generar cambios disruptivos en derechos humanos y mejoras sociales. ¿Es momento de trabajar seriamente en la reducción de la jornada laboral? ¿Por qué no estamos siendo parte activa de la agenda internacional en este tipo de discusiones? Si perdemos esta capacidad de impulsar cambios, perdemos la esencia del progreso.

Es difícil gobernar a la sombra de figuras del talante de José Mujica y Tabaré Vázquez, que marcaron con claridad una impronta política en su tiempo. Pero su legado debería ser, más que una limitante, una motivación.

Hoy tenemos en el gobierno una izquierda marcada por la ausencia de definiciones contundentes, lo que representa un retroceso en su capacidad histórica de transformar el Estado y construir un país más justo para los trabajadores.

Un ejemplo reciente son las negociaciones de los Consejos de Salarios. Si bien, con los lineamientos del Poder Ejecutivo, el gobierno buscó beneficiar al sector más relegado de los trabajadores, también limitó el crecimiento de algunos sectores que podían estar en mejores condiciones, afectando además la capacidad de negociación organizada. En muchos casos, los sindicatos quedaron sin margen de maniobra frente a un empresariado apegado a los lineamientos oficiales y en desventaja para intentar mejorarlos. Esa moderación terminó funcionando como techo antes que como piso.

Los trabajadores no somos indiferentes a las características y estructuras de la economía y la sociedad uruguaya. Entendemos que existen variables nacionales e internacionales que el Estado debe considerar al gobernar. Somos un país pequeño, vulnerable en términos económicos, en un escenario global donde los conflictos son cada vez más frecuentes y complejos. La moderación y la inteligencia pueden ser virtudes. Lo que parece faltar, sin embargo, es claridad en ciertos temas sociales que requieren una mirada firme.

Históricamente, la izquierda es la ideología política que mejor nos representa. Esto no significa que los trabajadores no debamos seguir haciendo lo nuestro: luchar por nuestros derechos. Pero se espera que, en gobiernos de izquierda, la distancia entre los objetivos de nuestra clase y los del gobierno sea menor, por compartir muchos de ellos. La identidad de la izquierda uruguaya se está diluyendo de manera peligrosa si pretende seguir siendo una opción real de representación de la clase trabajadora.

Si la izquierda renuncia a incomodar, otros ocuparán el lugar del conflicto. Y cuando eso ocurre, los trabajadores dejan de sentirse representados.

Martín Bayardi es trabajador y delegado sindical del Molino Cañuelas Uruguay (Foemya, PIT-CNT).

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