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Ilustración: Federico Murro

Violencias

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El sábado de la semana pasada, dos adolescentes privados de libertad en un centro montevideano del Instituto Nacional de Inclusión Social Adolescente (Inisa) tomaron como rehenes a un par de funcionarias y las retuvieron, amenazando sus vidas, durante cerca de una hora. Una intervención policial le puso fin al incidente, al que es excesivo calificar de “motín” (o sea, de “movimiento desordenado de una muchedumbre, por lo común contra la autoridad constituida”, según la Real Academia Española). Luego, el presidente del organismo, Jaime Saavedra, habló unos minutos con periodistas, visiblemente indignado, y sus dichos levantaron polvareda.

Es lamentable que el Inisa solo llame la atención por hechos de violencia o por su convenio con el Ejército para que este les brinde cursos a jóvenes que el instituto tiene a su cargo. Sería mejor, sin duda, que los informativos, los programas de debate y los participantes en redes sociales se ocuparan tanto o más de otras noticias, positivas y recientes, que se pueden conocer en el sitio del organismo.

Hubo actividades deportivas y recreativas en el verano que termina, un convenio para realizar experiencias laborales firmado con la fundación del sindicato metalúrgico el 28 de enero, con la Liga Universitaria de Deportes –al día siguiente– y otro con la Federación de Cooperativas de Producción del Uruguay el 3 de febrero. El 12 de ese mes se presentó en Colonia Berro una obra teatral protagonizada por adultos privados de libertad; dos semanas después, hubo actividades formativas para funcionarios; el 12 de marzo, jóvenes del Inisa participaron en una jornada artística por el Mes de la Mujer, y el mismo día se informó sobre el avance de un plan de mejoras edilicias.

También cabe lamentar que ahora el centro de los debates públicos no sean las causas de lo que pasó el sábado ni el modo de prevenir mejor que ocurran cosas así, sino las palabras de Saavedra, pero hay que referirse a ellas.

Dichos

El presidente del Inisa manifestó que los dos adolescentes que cometieron un “acto vandálico”, “absolutamente inaceptable”, son “delincuentes de poca monta”, y comentó que no sabía “qué se creen que son” ni “en qué país piensan que viven”. También afirmó que ni él ni los demás directores del organismo “les tienen miedo” y aseguró que se tomarían “todas las decisiones” necesarias “para que se agraven las penas que tienen y que en la vida cotidiana sufran todas las consecuencias que puedan tener”.

Por otra parte, uno de los atacantes, ya mayor de 18 años, había vuelto al Inisa desde el ex Comcar (donde estaba en prisión preventiva imputado por homicidio), para cumplir el “saldo pendiente” de una pena (por otro homicidio). Saavedra subrayó que, obviamente, eso no debería suceder.

Él sabe, por sus responsabilidades anteriores, qué tipo de conductas indeseables se pueden adquirir en la convivencia de los adultos privados de libertad y es muy lógico que quiera evitar su reproducción en el Inisa. Una de las difíciles tareas asignadas a la institución que preside es, justamente, la de proporcionar a jóvenes en conflicto con la ley las que pueden ser sus últimas oportunidades de reencaminarse y no reincidir.

Quizá esto explica en buena medida la reacción de Saavedra ante lo que pasó el sábado, viéndolo como una irrupción en el Inisa de las peores prácticas carcelarias, y es posible que a eso se hayan debido sus expresiones de menosprecio a quienes quisieron comportarse como delincuentes adultos y “pesados”.

Sea como fuere, lo menos que se puede decir de su mensaje es que resulta muy problemático. Y si bien se puede pensar que el sábado habló “en caliente”, tres días después sostuvo en la emisora Del Sol que no estaba enojado en aquel momento, sino que había “elegido hablar así” para “marcar claramente el límite” y respaldar al funcionariado.

Hechos

El presidente del Inisa enfatizó que iba a hacer todo lo posible para que las condenas a los agresores se agravaran y ellos “sufrieran las consecuencias” de sus actos. Esto reproduce una dinámica de violencias e implica riesgos. Uno es que algún funcionario se sienta autorizado para maltratar a quienes violaron las reglas; otro es que se refuercen por lo menos dos ideas reaccionarias: que las personas son privadas de libertad para recibir castigo por sus delitos y que es preciso aumentar las penas “para que aprendan”.

Sabemos en qué país viven los adolescentes del Inisa: es un país que creó las condiciones de pobreza, desamparo y falta de oportunidades en las que quedaron rotos. No sabemos quiénes creen que son, pero sus vidas les han dado muy pocos recursos para construir una identidad positiva. El sábado, antes de la agresión a las funcionarias, la normalidad era que estaban en sus celdas desde las 17.00 sin actividades hasta el día siguiente.

Saavedra es consciente de todo esto, y se ha comprometido con planes para cambiarlo. Es crucial que no sabotee sus propios proyectos.

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