Saltar a contenido
Opinión Posturas

El deporte como herramienta de inclusión y prevención en salud física y mental en gobiernos departamentales

Nuestro periodismo depende de vos

Si ya tenés una cuenta Ingresá

La Comisión de Turismo, Deportes y Juventud de la Junta Departamental de Cerro Largo organizó el Primer Congreso Nacional de Políticas Deportivas en la ciudad de Melo, evento que contó con la participación de representantes de las juntas departamentales y delegaciones deportivas de todo el país, además de técnicos, dirigentes y actores vinculados al deporte. Si bien las líneas temáticas se centraron en el fútbol como disciplina eje del congreso, funcionó como punto de partida para el análisis de la actividad física y el deporte en general.

Participaron autoridades de la Secretaría Nacional de Deporte, Asociación Uruguaya de Fútbol, Organización de Fútbol del Interior y el Ministerio de Salud Pública. Las líneas de trabajo desarrolladas incluyeron la promoción de políticas deportivas como herramienta de desarrollo e inclusión social. Mediante comisiones de trabajo se consensuaron y elaboraron recomendaciones acerca de gestión y marketing deportivo, formación en alto rendimiento, deporte e inclusión social, ciencias aplicadas al deporte e infraestructura deportiva, además de ética, arbitraje y_ fair play_, en un espacio de coordinación multidisciplinaria entre autoridades nacionales, gobiernos departamentales y referentes locales.

Beneficios de la actividad física

La Organización Mundial de la Salud insta a los países a desarrollar como política de Estado proyectos y programas para incentivar en la población estilos de vida saludable, siendo los principales la actividad física y la recreación, la alimentación sana, el descanso adecuado, la disminución de hábitos tóxicos y la reducción del estrés. La consigna personas más activas para un mundo más sano establece acciones que apuntan a crear sociedades saludables mediante el desarrollo de entornos que permitan que las personas sean activas, dado que la actividad física regular es muy beneficiosa para la salud física y mental1. En niños y adolescentes estimula el crecimiento a través del desarrollo de músculos y huesos, además de mejorar el desarrollo cognitivo, mientras que en los adultos ayuda a prevenir y controlar enfermedades cardiovasculares, cáncer y diabetes; además, a nivel general, favorece la salud cerebral.

Sin embargo, a nivel mundial, el 31% de los adultos y el 80% de los adolescentes no alcanzan los niveles mínimos recomendados de actividad física; esto no solo representa una pérdida actual y a futuro en la calidad de vida individual, familiar y social, sino también importantes presiones financieras a los sistemas de salud, que deben afrontar mayores gastos de personas que enferman (se estima en unos 27 mil millones de dólares anuales a nivel mundial). A nivel nacional, los últimos datos de las encuestas de factores de riesgo de enfermedades no transmisibles han mostrado que la mayoría de la población de nuestro país es poco activa y muy sedentaria, principalmente los jóvenes y las mujeres2.

¿Soy una persona activa, inactiva, sedentaria?

La actividad física genera un estrés al aumentar el nivel metabólico de los sistemas cardiovascular y del movimiento (óseo, muscular y nervioso), ya que requiere más oxígeno y glucosa como fuentes de energía. Al repetirla de forma regular, el cuerpo busca adaptarse para poder responder y este proceso, en sesiones repetidas, logra sistemas más fuertes y adaptados a través de un incremento metabólico.

Ahora bien, ¿qué significa “ser activo”? La Guía de actividad física para la población uruguaya define la actividad física como todo movimiento corporal producido por los músculos esqueléticos que requiera consumir energía. Y considera una persona activa a quien logra alcanzar cierta cantidad de minutos semanales de actividad física: al menos 30 minutos por día para lactantes menores de un año, 180 minutos diarios entre 1 y 18 años y de 150 a 300 minutos a la semana para los mayores de 18 años (incluyendo a adultos mayores), además de 150 minutos por semana en las embarazadas.

Es importante diferenciar los conceptos de inactividad y sedentarismo: las personas inactivas son las que no alcanzan las recomendaciones de actividad física mencionadas, mientras que las sedentarias son aquellas que la mayor parte del día llevan adelante actividades que exigen poco o ningún movimiento (como por ejemplo estar sentado o acostado, ver televisión, trabajar frente a la computadora, entre otras). El sedentarismo puede estar presente tanto en personas activas como poco activas y constituye también un factor de riesgo independiente que potencia los efectos dañinos de la inactividad. Una persona puede ser activa (por ejemplo hace ejercicio, corre o anda en bicicleta una hora todos los días) y, sin embargo, si a la vez está mucho tiempo sedentaria (por ejemplo trabajando en una oficina frente a una computadora ocho horas), también constituye un riesgo. En conclusión, para tener una vida saludable hay que ser activo y también menos sedentario.

Practicar algún tipo de actividad física presenta casi insignificantes efectos negativos, siempre que se realice bajo el control por parte de técnicos y profesionales certificados para que la adapte a las características individuales. Estos beneficios se potencian cuando van acompañados de un estilo de vida que incluya una alimentación saludable, descanso adecuado y control en el consumo de tabaco, alcohol y drogas.

No solo salud física

Numerosa evidencia académica respalda los beneficios de la actividad física también a nivel emocional, algo de gran importancia en una población como la uruguaya, en la que existe una alta prevalencia de problemas de salud mental. Un estilo de vida activo actúa como un gran termostato en la regulación emocional, dado que su práctica se asocia con menos síntomas depresivos; además, disminuye los estados de ansiedad al regular el sistema nervioso simpático, estimulando la liberación de ciertas catecolaminas, sustancias que reducen el estrés y mejoran el estado de ánimo en general.

Al practicarlo de forma sostenida, puede prevenir la aparición de trastornos emocionales, actuando como un escudo protector para la salud mental a futuro. Las recomendaciones establecen que el efecto “ansiolítico” se logra a partir de una actividad rítmica y continua, en actividades como caminar de forma activa, trotar o andar en bicicleta, con una duración de 5 a 30 minutos por sesión y con una intensidad moderada-alta (por ejemplo, a un ritmo que permita mantener una conversación con alguien mientras se realiza y que produzca, a la vez, algo de sudoración).

La actividad física también fortalece la autoestima y el autoconcepto, ya que mejora el estado de ánimo y generando sensaciones de bienestar y vitalidad y actúa sobre la resiliencia emocional, dado que la disciplina y el logro de pequeñas metas fortalecen la capacidad de recuperarse frente a la adversidad de la vida cotidiana y el estrés que la causa. Asimismo, favorece las funciones cognitivas como la memoria, la atención y la velocidad de reacción, principalmente en adultos mayores.También es un gran factor de integración que fomenta la conexión y la cohesión social dado que, al realizarse en grupos, clases o equipos, combate la soledad, facilita el apoyo entre pares y crea redes de contención emocional3.

Las políticas públicas que busquen abordar el deporte y la salud mental deben considerar acciones conjuntas que estén dirigidas a la comunidad y también al alto rendimiento.

Si no es posible alcanzar los minutos semanales de las recomendaciones —por el clima o falta de tiempo—, existen alternativas en el día a día: usar la escalera en lugar del ascensor, bajarse del ómnibus algunas paradas antes, hacer las compras caminando, estacionar el auto más lejos del destino, levantarnos cada una hora si trabajamos sentados, realizar tareas domésticas (barrer, sacudir el polvo, lavar los pisos, el auto o la bicicleta, pasar la aspiradora, limpiar las ventanas, mover muebles para higienizar, tareas de jardinería o cuidado de plantas, sacar a pasear nuestra mascota). Son actividades muy beneficiosas y que son mejores que nada.

También en el alto rendimiento

La competencia de alto rendimiento también puede producir problemas de salud mental, principalmente ansiedad y depresión. Numerosa evidencia destaca cómo influye la presión a la que se someten los deportistas (entorno competitivo, sobreentrenamiento, rendimiento, lesiones, acoso, abuso), asociado al estigma construido en sus entornos: deben ser fuertes y es signo de debilidad pedir ayuda.

El camino que recorren muchos de ellos —desde edades cada vez más tempranas—, está marcado por estas presiones y, suponiendo que puedan sortearlas, tampoco garantiza llegar a la cima porque son muy pocos los que alcanzan el éxito: en nuestro país más de 80,000 niños y niñas participan en el baby-fútbol y, sin embargo y según cifras oficiales, solo el 1% logra llegar a jugar en primera división profesional y apenas el 0,014% logra consolidarse y “salvarse” económicamente. Todo transcurre de una forma muy nociva para los procesos de crianza, dado que para poder acceder a un equipo profesional son captados y deben trasladarse desde distintos rincones del país e instalarse en la capital desde edades muy tempanas, con una mochila muy pesada de sueños y de probar sus primeras armas en séptima o sexta división. Deben luchar contra el desarraigo, las presiones autoimpuestas y de entrenadores, las ilusiones propias, de representantes y de los padres… un sinfín de factores que inciden en esta exigente carrera y en la que la mayoría queda por el camino, volviendo a sus localidades con altos niveles de frustración, con pena gloria y sin gloria.

En el atletismo de medio fondo y fondo, por ejemplo, las presiones que sufre la elite son también de diversa índole: mejorar continuamente las marcas personales o perder el apoyo económico de un patrocinador son algunas de ellas. También se pueden generar problemas de salud mental por paradas forzadas por sobreexigencia, la obsesión con el control del peso, la comparación entre rivales y también el abandono repentino de la carrera deportiva (un retiro forzado debido a una lesión grave, un fracaso clasificatorio o el fin de la vida competitiva sin plan de transición). Todo ello puede desencadenar pérdida de identidad, vacío existencial, depresión y desorientación vital.

Políticas públicas deportivas para la comunidad y el alto rendimiento

Las políticas públicas que busquen abordar el deporte y la salud mental deben considerar acciones conjuntas que estén dirigidas a la comunidad y también al alto rendimiento. El objetivo central debe orientarse, en el primer caso, a la prevención y mejora de calidad de vida, utilizando el deporte como herramienta para promover el bienestar comunitario, con enfoque inclusivo y universal, dirigido a personas en situación de discapacidad, niños, adolescentes, adultos mayores y quienes sufren trastornos de salud mental o adicciones. Esto se logra mediante la implementación de programas gratuitos e inclusivos, que busquen reducir las barreras de acceso e infraestructura. Debe centrarse en los aspectos individuales, pero a su vez crear redes de apoyo social, dado que fortalece la convivencia y el sentido de pertenencia a la comunidad.

Para el segundo caso, las políticas deben estar dirigidas no solo a los deportistas de alto nivel sino también a los futuros talentos, niños y jóvenes en proceso de desarrollo; deben centrarse en la prevención y desestigmatización, capacitando a profes, entrenadores y equipos de apoyo (los que están con ellos en el día a día). También deben apuntar a identificar las señales de alerta —con énfasis especial en la perspectiva de género debido a la mayor vulnerabilidad de las deportistas mujeres—, instaurando una cultura donde pedir ayuda no sea visto como un signo de debilidad para poder lograr una pronta derivación a los profesionales. Además, estos procesos se fortalecen con atención multidisciplinaria in situ, con equipos de salud mental que manejen los factores de riesgo específicos de los deportistas en los propios centros deportivos.

Si bien Uruguay se encuentra abordando el tema de la salud mental en la población, aún hay mucho camino por recorrer y la actividad física y deportiva es una buena ventana de oportunidad; es por ello que celebramos este puntapié inicial sobre espacios de coordinación multidisciplinaria e intersectorial que generó la Junta Departamental de Cerro Largo, que son necesarios para fortalecer el desarrollo deportivo a nivel nacional, por los beneficios que la actividad física y el deporte generan en a nivel físico, mental y social en todas las edades.

José Luis Priore es licenciado en Enfermería y entrenador de atletismo de medio fondo y fondo por la Confederación Atlética del Uruguay.


  1. Personas más activas para un mundo más sano. Plan de acción mundial sobre actividad física 2018-2030. OMS. 

  2. Guía de actividad física para la población uruguaya. msp-snd. 2023. 

  3. Prescripción de actividad física para personas con ansiedad y depresión. msp. 2024.