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Opinión Posturas

Diálogo social y juventudes: tokenización versus tokenismo

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Entre 2021 y 2024, se llevaron adelante consultas sobre seguridad social con personas jóvenes en un ciclo llamado “Volver al futuro cercano” (Berger, 2024)[1^]. Se desarrollaron en espacios cotidianos con una metodología que apuntó al intercambio espontáneo entre pares; fueron diseñadas como espacios informativos, formativos y de colaboración en los que se pusieron a discusión algunas de las paradojas y oportunidades que el proceso de reforma de seguridad social dejaba patente. El ciclo terminó por reunir a una centena de personas jóvenes entre los 14 y 30 años de diversas pertenencias y trayectorias.

Este artículo se basa en un estudio que, desde una perspectiva de juventudes, indaga cómo en la reforma de la seguridad social se disputan sentidos en diversos territorios comunicacionales, en los que distintos grupos y actores acceden de manera disímil/desigual a la información y a los espacios de toma de decisión. A través del análisis de tres corpus complementarios (colección de materiales comunicativos que sirven para el análisis), se demuestra que las “coordenadas de interpretación” de algunas categorías que están en vertiginosos cambios —como empleo, formación/aprendizaje, cuidados— y algunas de debate más “perenne” —como tiempo libre, muerte, jubilación, entre otras—, requieren las miradas de cohortes etarias heterogéneas, ya que no hay una visión idéntica de estos temas, y esos matices modelan desde otras perspectivas el concepto de “seguridad social”. Aporte realizado en: Acuerdo intergeneracional. Plataforma de Participación Ciudadana Digital.

No token nada

En Procesamiento de Lenguaje Natural (NLP, según su sigla en inglés) y luego Minería de Texto (subcampo dentro del machine learning -ML-), “token” (del inglés: símbolo, emblema, tipificación) es la mínima unidad utilizable en los sistemas de análisis. Esta puede ser un carácter, una palabra, signo, número, expresión o un conjunto de textos, entre otros. En un texto, sea cual sea su formato digital, es un procedimiento de simplificación necesario para luego identificar patrones, establecer relaciones, construir significado y, en última instancia, conocimiento.

Según algunas de las líneas propuestas y herramientas utilizadas en la investigación anterior (Berger, 2024), se plantea un incipiente análisis para el actual proceso de Diálogo Social, que cumplimentó una de sus etapas decisivas: la presentación de “Orientaciones para transformar la protección social”. Este documento sintetiza las principales orientaciones y acuerdos en pos de “avanzar hacia la consolidación de una matriz de protección social más integrada, equitativa, suficiente y sostenible, que sea capaz de responder a las carencias vigentes, los cambios en curso y anticipar los desafíos futuros”. El Diálogo Social planteó una estrategia de participación multiplataformas (canales) y según diversos niveles de aportación: conversatorios en territorio, seminarios, audiencias y una plataforma de participación ciudadana digital. Una característica a remarcar es la disponibilidad pública y abierta de muchos de los insumos generados.

Las reflexiones que siguen no pretenden ser concluyentes, sino que permiten la identificación de algunos focos de atención desde una perspectiva de juventudes que resultan al menos llamativos, y ameritan ser profundizados en otras instancias. Para este ejercicio se analizaron los siguientes documentos del Diálogo Social: audiencias (65 resúmenes); plataforma de participación ciudadana digital (55 participaciones online); conversatorios en el territorio (30 relatorías por departamento y temáticas, 31 síntesis por departamento, temáticas y Universidad de la República); y también el Informe final.

En la otra investigación se propuso una escala de “grado de compromiso” de un corpus con la perspectiva de juventudes según un procedimiento detallado: la selección de algunos términos, el conteo de sus ocurrencias, el análisis semántico en el contexto en que aparecían, el contraste con otras herramientas de visualización, el análisis cualitativo y discursivo; y, finalmente, la construcción de una interpretación en relación a ese compromiso.

Para estos términos solicitados se pueden identificar tres “familias semánticas”: (joven, juvenil), que cumplen una función predominantemente adjetiva, (jóvenes), como sujetos/grupos sociales concretos; y (juventud, juventudes), como categorías conceptuales/abstractas construidas socialmente, de carácter relacional e intrínsecamente políticas.

Una interpretación elemental de las frecuencias registradas constata un claro desbalance en términos absolutos de las ocurrencias. En las relatorías se constata que “jóvenes” es el más frecuente, seguido por “juventudes” y “adolescencia”. Luego se verifica aproximadamente la mitad de ocurrencias para los mismos términos en los documentos de síntesis. En el Informe final no hay ocurrencias para “jóvenes”; hay una para “juventudes” y dos para “adolescencia”.

En el análisis comparado de los conjuntos de textos, se constata una evolución descendente de las ocurrencias. De manera directa, podemos verificar que, en términos absolutos, “jóvenes” es el más frecuente para conjuntos intermedios: relatorías (106) y síntesis (48). En audiencias presenta menos ocurrencias (10) y en el informe final no hay ninguna. Según la cantidad total de tokens, vemos en las síntesis una mayor frecuencia relativa del término “jóvenes” con respecto a las relatorías, posiblemente en un proceso de condensación temática progresiva, característico de ese tipo de documentos. A su vez, en las relatorías se observa una mayor diversidad léxica, que luego en los documentos de síntesis se reduce y, finalmente, en el informe final se advierte una notable ausencia.

Poniendo foco en las relatorías, el término aparece asociado a los núcleos temáticos de: educación y cultura, empleo, participación, salud, cuidados, general/metadato y pobreza; en un segundo grupo aparecen: falta de programas sociales, migración, vivienda, demografía, retiro/aportes, discapacidad, tránsito, inequidad de género, ruralidad. Se observa cierta amplitud temática en la que se incluye el término.

Por otra parte, si bien a partir de los documentos no se accede a información detallada sobre participantes (cantidades totales, desagregación por edades), sí podemos inferir que los aportes en los que se incluye el término son a partir de perfiles de participación heterogéneos e instancias intergeneracionales (conversatorios). Teniendo en cuenta el conjunto de todos los corpus, la ocurrencia del término “juventudes”, tiene una fuerte representación en el conversatorio de juventudes propiamente dicho (más del 60%). Cabe aclarar que, en estos casos, puede aparecer no estrictamente como categoría, sino como metadato, por ejemplo, en un título, pie de página o en la mención de anexos.

Tokenismo de juventudes

En los productos directamente relacionados con los conversatorios se encuentra diversidad léxica y un volumen de ocurrencias más frecuente (relatorías); luego, en los textos intermedios se da un proceso de síntesis y condensación (síntesis); y, finalmente, en la etapa final (informe), se da una pérdida prácticamente total de esa riqueza de lenguaje sobre juventudes y, en última instancia, de la presencia del sujeto joven.

En esta línea de análisis, el Informe final encierra una paradoja que se hace patente en el siguiente párrafo: “Resulta clave adoptar una perspectiva de curso de vida que, considerando las desigualdades estructurales, permita cubrir los riesgos y las necesidades de protección a lo largo de las trayectorias vitales, y diseñar respuestas que articulen de manera coherente y con enfoque interseccional las distintas etapas: infancia, adolescencia, vida activa y vejez”. Se propone una segmentación de curso de vida que omite/diluye la categoría juventud dentro de “vida activa”; primero, simplifica el enfoque a lo estrictamente económico y previsional (capacidad de trabajo), y segundo, ocluye una diferenciación de los problemas estructurales que afectan a las personas jóvenes (18 a 29 años).

La participación con su correlato performativo no es sólo una necesidad constitutiva del proceso de diálogo social; también es garantía de su legitimidad y sostenibilidad. En ese esfuerzo político, público y colectivo, las trazas discursivas pueden ser token —incluso robustecer la síntesis—, las personas jóvenes, no deberían serlo.

En varios trayectos del documento, esta “perspectiva de ciclo de vida, género y generaciones” aparece en relación a otros conceptos como “pacto social”, “transformaciones sociodemográficas”, “desigualdades de la capacidad contributiva”, “desventajas acumuladas a lo largo de la vida” y “equidad y solidaridad intergeneracional”.

En este punto se abren algunas interrogantes sobre el desvanecimiento de la riqueza léxica, temática y participaciones asociadas a juventudes en la etapa final del Diálogo Social: ¿En el proceso progresivo de condensación/síntesis fue demandada una lógica de racionalización, donde se optó por no incluir a los y las jóvenes como clase de edad? ¿Se entiende que están incluidos dentro de otras categorías expresadas en el Informe Final? ¿Sus particularidades son suficientes, pero no cuentan con un colectivo identificable y consolidado que dé un respaldo político en las mesas de negociación?

Cabe aclarar que estas reflexiones no apuntan a las dimensiones técnicas sobre seguridad social —claramente las orientaciones propuestas afectan de manera directa a los y las jóvenes—, sino que pretenden abonar la discusión a partir de cómo se integran al Diálogo Social las aportaciones sobre y desde una perspectiva de juventudes y su pervivencia en las etapas subsiguientes. No reconocerlas desde un lugar activo, nominal, integrador y transformador atenta contra la identificación de las desigualdades estructurales que les afectan diferencialmente (barreras de acceso al mercado laboral, incidencia de la pobreza, informalidad laboral, entre otros) y empobrece la formulación de un nuevo pacto social con solidaridad y equidad intergeneracional.

En un contexto demográfico donde el peso relativo de las personas jóvenes disminuye de manera sostenida —Uruguay envejece a un ritmo más acelerado de lo previsto[2^]—, el desafío estructural reside en iniciar transformaciones profundas e inéditas, superando un enfoque sustentado en “cuántos son” y “qué aportan” económicamente o haciendo concesiones esporádicas; debemos considerar el rol estratégico, político y social que los y las jóvenes juegan en la viabilidad y sostenibilidad de la seguridad social. Comprometerse con esta perspectiva demanda accionar canales efectivos de divulgación, formación y participación genuina (no únicamente circunstanciales), que habiliten la integración de realidades, contextos y temáticas emergentes heterogéneas (diversidad sexual, migración, ruralidad, etcétera).

La participación con su correlato performativo no es solo una necesidad constitutiva del proceso de diálogo social; también es garantía de su legitimidad y sostenibilidad. En ese esfuerzo político, público y colectivo, las trazas discursivas pueden ser token —incluso robustecer la síntesis—, las personas jóvenes, no deberían serlo.

Marcos Berger es licenciado en Ciencias de la Comunicación y Magíster en Información y Comunicación, y se ha especializado en temas de juventud.

Referencias bibliográficas

Berger Berretta, M. (2024). De paradojas y oportunidades: un abordaje comunicacional de la reforma del sistema de seguridad social uruguayo desde una perspectiva de juventudes. Tesis de maestría. Universidad de la República (Uruguay). Facultad de Información y Comunicación.