Hace algunas semanas, la diaria informaba sobre una iniciativa importante para la planificación pública en Uruguay: la Infraestructura de Información Geoespacial para el Ordenamiento Territorial (IIGOT) sumó a Montevideo al conjunto de otros 11 gobiernos departamentales que ya habían adherido a la propuesta. Ojalá a la brevedad sean las 19 intendencias las que se integren al sistema.
¿Qué es, en criollo, la IIGOT y por qué representa una oportunidad? Se trata, básicamente, de un mapa único y compartido. Hoy cada organismo público (sea ministerio, intendencia o una empresa pública) suele producir y guardar su propia información sobre el territorio en el que interviene. Ejemplos posibles abundan: por dónde pasan las cañerías, qué calles se inundan, dónde hay riesgo de erosión, donde se desplegará fibra óptica, cómo está zonificado el uso del suelo, por dónde circula el transporte público, entre otros.
El problema no es que falte información, sino que en la enorme mayoría de los casos cada organismo la tiene en su propio cajón, con su propio formato, y muchas veces sin saber que el organismo de al lado ya la tiene o tal vez la necesita para planificar. La IIGOT propone que esa información se comparta en un mismo lenguaje y sea pues a disposición para proyectar y tomar decisiones de distinto alcance. Es, en cierto modo, como si el Estado se pusiera de acuerdo en usar un solo Google Maps en lugar de que cada oficina dibuje su propio mapa a mano.
Pensemos en un ejemplo simple: un corredor de movilidad para el área metropolitana en los términos actuales podría hacer que Montevideo, Canelones y San José posean información diferente en soportes distintos o desactualizados, aun sobre un mismo tramo o parcela del territorio metropolitano. Si las tres intendencias trabajan sobre la misma base de datos, cualquier obra o prestación tendrá mejores chances de planificarse, dinamizando respuestas y evitando superposiciones. Lo mismo vale para la proyección de una red de saneamiento, un plan de evacuación ante inundaciones o la ubicación de un centro de salud. A mayor información interinstitucional compartida, mejores chances de soluciones integrales y, por ende, mejores impactos territoriales.
Más allá de la herramienta, esto puede y debe constituir un aporte para saldar una deuda histórica: romper compartimentos estancos (verticales), agilizar la circulación de información y generar instrumentos concretos (horizontales) para una verdadera gobernanza multinivel. Algo fácil de anunciar y, como sabe cualquiera que haya trabajado en la gestión pública, mucho más difícil de producir y sostener en el tiempo.
La IIGOT no hará magia, pero puede potenciar la coordinación entre actores y políticas que no siempre articulan sus agendas. Y ahí surge una pregunta vital al momento de aceitar estas herramientas y mecanismos: ¿dónde quedan los municipios? En toda la presentación de la iniciativa el acento estuvo puesto en la relación entre organismos nacionales e intendencias. Es comprensible en una primera etapa, que necesariamente empieza por ordenar ese vínculo. Pero el territorio no lo define un límite administrativo (algo que se dijo en el propio lanzamiento de la IIGOT). Por eso la lógica proyectada debería alcanzar e involucrar también los intersticios entre intendencias y municipios. Territorializar una política no es lo mismo que construir una política territorial. Mientras que la primera puede definirse desde una centralidad y aplicarse sobre un mapa; la segunda se construye con quienes gobiernan ese territorio de cerca y sus comunidades de referencia.
La expansión de la Infraestructura de Información Geoespacial para el Ordenamiento Territorial hacia las 19 intendencias es deseable y posible. Sería primordial que contemplara progresiva y explícitamente la escala municipal para potenciarla.
Si los municipios se incorporan tarde a esta infraestructura de datos, se abre una nueva asimetría: la de un tercer nivel de gobierno que pide cancha (y que además es, en los hechos, el que mejor puede conocer el territorio), pero que muchas veces carece de las herramientas y capacidades técnicas para producir y usar esa información en tiempo y forma. Por tanto, vale prender las luces amarillas ya que no es un escenario hipotético; son múltiples los casos, algunos bastante conocidos, de decisiones tomadas a nivel nacional o departamental que impactan negativamente sobre la escala local por no haber incorporado a tiempo esa mirada de proximidad. El riesgo es reproducir en el terreno digital la misma secuencia incompleta que muchas veces se expresa en el terreno de las competencias y los recursos.
La expansión de la IIGOT hacia las 19 intendencias es deseable y posible, y no parece requerir un rediseño demasiado complejo. Sería primordial, eso sí, que contemplara progresiva y explícitamente la escala municipal para potenciarla. La política basada en evidencia no puede ser apenas un eslogan; tiene que sostenerse en esfuerzos como el anunciado, con formación y capacidades que acompañen en todos los niveles y escalas posibles. Las herramientas colaborativas son bienvenidas en ese sentido. Una gobernanza multinivel efectiva debe sustentarse en información accesible y a tiempo. En definitiva, con los tres niveles de gobierno sentados en la misma mesa de datos.
Martín Pardo es politólogo, magíster en desarrollo local y regional, doctorando en estudios territoriales.