Hace semanas que el Sindicato Médico del Uruguay (SMU) renovó sus autoridades y su nueva presidenta para los próximos tres años es la médica de familia Clara Niz, la tercera mujer que ocupa el cargo en los 106 años que tiene el gremio.
Tras asumir, Niz recibió a la diaria para conversar sobre distintos temas que hacen al SMU, al trabajo médico y también al Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS).
En principio, al repasar su paso por el sindicato que la trajo hasta su presidencia, recordó sus primeros acercamientos al sindicato, pero también a Fosalba, la lista que integra.
En los últimos años de la carrera de Medicina empezó a tomar contacto con el sindicato. No se afilió, aunque sí militaba en la Asociación de Estudiantes de Medicina. Tras terminar la carrera, ya en su residencia, compartió una práctica en Migues con Juan Carlos Macedo, presidente del SMU entre 1997 y 2001, a quien Niz recuerda como un “militante activo”. Él la vinculó al sindicato y también a Fosalba. El primer acercamiento fue al integrar la entonces llamada “comisión del médico joven”.
¿Qué balance hacés de las últimas elecciones del SMU?
El voto online que se implementó por primera vez hizo que lográramos más participación de médicas y médicos del interior. Fue sumamente ágil, no hubo dificultades; es algo que vino para quedarse. Creo que para las próximas elecciones va a votar más gente por este método, porque lo van a conocer más.
A pesar de la buena participación electoral, hago un llamado a todas las médicas y médicos a que planteen al sindicato, en el día a día, las propuestas o inquietudes que tengan desde los territorios en los que trabajan. Queremos acercarnos.
Por otro lado, que yo sea la tercera mujer electa para ocupar el cargo es algo a observar porque el 65% de quienes integramos el gremio somos mujeres. Pasaron casi 70 años para que la primera llegara a la presidencia; luego pasaron más de 30 años para que llegara la segunda y ahora sí pasó menos tiempo para que llegara yo. La paridad enriquece, la visión de la mayoría tiene que estar presente.
¿Cuáles son los problemas del sector en los que te gustaría enfocar tu presidencia?
Las condiciones del trabajo médico. Somos una institución que vela por eso y por la salud de la población, son cosas interdependientes. Las condiciones laborales son algo a considerar; al respecto, hay diferencias entre Montevideo y el interior, queremos acercarnos al interior, donde hay colegas que se desarrollan ahí y queremos cercanía. Yo sé que es una inquietud del sindicato, trabajaremos para integrarnos más. Otra cosa que nos preocupa son las condiciones de contratación atípica [la facturación], que precariza el trabajo porque no hay derechos, no da seguridad laboral; no es mejor porque es alta la cantidad de personas que trabajan bajo esta modalidad, casi la tercera parte de los menores de 40 años están en ese régimen.
La brecha de género la vemos todo el tiempo; lo primero es reconocerlo. Lo decimos, pero sigue invisibilizado; creemos que lo entendemos, pero en los hechos no se ve. Hay que hacer un trabajo de sensibilización importante. Por último, los problemas de salud del colectivo. Son prevalentes en toda la sociedad y en particular en esta profesión, en la que trabajamos con el dolor, eso es claro.
En 2023 una encuesta relevó que casi la mitad se ve agobiada por su trabajo; esto no configura un problema de salud mental, pero desde el ejercicio diario repercute en la salud de los profesionales y también en la de los pacientes. Otra encuesta de la Unidad Académica de Salud Ocupacional [de la Universidad de la República] mostró que tres de cada diez médicos están “quemados”. No podemos no verlo; es multicausal y hay que trabajar en las condiciones laborales: el poco tiempo que tenemos para atender los problemas de salud de la población nos agobia, influye en los usuarios que manifiestan disconformidad, en nosotros que sentimos frustración en los resultados. Hay que analizarlo. No es solo más tiempo, es más tiempo, más formación, preparación, gestión que tienen que tener los prestadores.
¿Cuánta participación tienen en algunas decisiones que toma el Poder Ejecutivo y que repercuten directamente en el trabajo médico, por ejemplo, el decreto que modificó los tiempos de espera aprobado en marzo?
El sindicato es una institución que siempre ha sido tenida en cuenta por el sistema. Se debe a la fuerza, el compromiso que solo reivindica las condiciones de trabajo, también está comprometida con las condiciones de salud. Podemos participar, dar opiniones, denunciar situaciones, lo hacemos; participamos en todos los gobiernos.
¿El SNIS necesita una reforma más allá de algunos cambios, por ejemplo, por medio de decretos?
El sistema es una conquista, la universalidad es algo a lo que no podemos volver, es una ganancia en derechos, enacceso. Uno se va acostumbrando, pero todos recordamos cómo era la situación antes de que se creara el sistema. Estamos muy orgullosos, tiene muchas fortalezas, pero faltan cosas. Por ley, está basado en la estrategia de atención primaria, pero falta que este nivel se desarrolle, que dé respuestas oportunas, a tiempo, con los profesionales de todas las disciplinas formados con la especificidad que requiere el primer nivel.
¿El primer nivel se fue debilitando o nunca se terminó de fortalecer?
Hubo momentos en los que se debilitó, pero sería un cambio radical lo necesario, porque nosotros tenemos una formación muy hospitalocéntrica que, a la hora de tomar decisiones, hace que falte entender lo que es el primer nivel, porque durante la formación íbamos un día cada tanto al territorio, eso no es estar y conocer, formarse ahí. El plan de estudios cambió, pero no es inmediato. Hubo avances muy anémicos, algunos refuerzos, pero algunos. En esto también se ve la diferencia entre Montevideo, el interior, las mutualistas, los centros de salud públicos. Algunos privados lograron desarrollar el primer nivel de atención y lo valoran como positivo, pero no ha habido desde la rectoría una exigencia para que se desarrolle este nivel. Como puerta de entrada y para dar las respuestas necesarias, necesita ser fuerte y sólido, y eso no ocurre en la mayoría de los servicios del país.
A su vez, fuerte implica que cada equipo de salud tenga una población referenciada y velar por su salud, así se puede gestionar que se hagan los controles pertinentes, instancias de prevención, educación, que tengan prioridad para acceder a la consulta de su médico de referencia. Esto permite diagnósticos precoces, intervenciones oportunas, mejoras varias en la salud de la población.
Lo que actualmente pasa es que a la gente le cuesta tener un médico de referencia, por los tiempos del sistema y demás.
Sí, pero también lo valoran cada vez más cuando lo tienen. Lo reclaman. Muchas veces hay una hipervaloración de la especialidad. Son todas necesarias y tenemos que trabajar en red, pero la gran mayoría de las personas no necesitan un especialista.
En cuanto a servicios de salud, hay algunos, como el hospital Vilardebó, que siempre están en la agenda: es complicado cubrir las guardias, hay problemas varios que se vinculan a la atención, nunca se termina de solucionar lo que allí sucede. ¿Por qué pasa esto?
Hay situaciones que son un déficit. Es algo que se va a corregir con la implementación definitiva de la Ley de Salud Mental. En el Vilardebó, en concreto, hay muchas personas internadas que ya no deberían estar ahí, pero no es tan sencillo implementar la ley. Es un lugar que no es atractivo para trabajar porque muchas veces no se logra cubrir todos los cargos y no están dadas las condiciones. Es difícil resolver la situación entre los derechos de las personas y de los profesionales, es difícil dar todas las respuestas.
Por último, en cuanto a los temas sobre los que el sindicato se expresa o no, ¿cuáles son? En la discusión sobre la eutanasia se reclamó; en el caso de Soledad Barrera, parte del Parlamento entendió que debían pronunciarse y ustedes consideraron que no, ¿en qué tipo de casos el SMU sí se pronuncia?
Nuestro país tiene un Colegio Médico que es relativamente reciente. Previo a su existencia, muchas situaciones que tenían que ver con casos puntuales o individuales se trataban en el SMU. Luego se estableció de qué se encarga cada uno. Al sindicato lo convoca todo lo que tiene que ver con el trabajo médico y la salud de la población, opinamos de cosas generales; en la pandemia hicimos aportes, pero no nos competen los casos particulares.
En el caso de Soledad Barrera estaba la parte de la Justicia que ya se laudó y, por otro lado, la ética médica se dirime en el tribunal de ética médica del Colegio Médico. A nosotros no nos compete, pero además entendemos que lo que digamos no suma y puede entreverar las cosas. El tribunal del colegio tiene que trabajar de forma independiente y coincido en que así sea, pero no nos parece responsable hablar por hablar.