Fiorella(*) se sentó en la cama de su hijo y encendió la cámara. “Él es Renzo”, dice mientras sostiene el portarretrato de un niño que sonríe detrás de una vela encendida. Mueve la cámara y recorre su cuarto: los trofeos de fútbol, la almohada de Capitán América, los championes negros en una esquina y, sobre la mesa de luz, una urna: “Acá está mi hijo de 10 años”. Desde que falleció por púrpura fulminante, el viernes 26 de junio de este año, no quiso mover sus cosas. “Renzo no tenía nada”: era un niño sano, tenía sus controles de salud al día y jugaba al fútbol en el club de su barrio. “Es mentira eso que ven, que los niños viven hacinados”, apunta y comenta que hizo el video, que publicó en sus redes sociales, para que lo que le pasó a Renzo no le pase a otro niño o niña. “No sé si mi hijo se hubiera salvado con la vacuna”, aclara, pero “si me lo hubieran dicho, lo hubiera vacunado”. “Si tienen la posibilidad –y ojalá todos la tengan–, vacunen a sus hijos y no le tengan miedo a la vacuna”, agrega.
El meningococo ocupó un lugar central en la agenda de salud pública de este año. La cantidad de casos, y especialmente las muertes, generaron preocupación entre familias y comunidades escolares, que reclamaron respuestas y una mayor cobertura de la vacunación al Ministerio de Salud Pública (MSP). En lo que va de 2026, se registraron 39 casos de enfermedad meningocócica y ocho fallecimientos; cinco eran niños, niñas y adolescentes menores de 15 años. En julio, ante el “aumento inusual” de los casos, la cartera anunció una campaña de vacunación contra el meningococo en etapas. Antes de esa decisión y durante la implementación, detrás de los casos que se informaban en los medios había historias como la de Renzo: vidas interrumpidas demasiado pronto y familias atravesadas por un duelo difícil de describir.
Había pasado apenas un mes desde la muerte de Renzo cuando Fiorella publicó el video en TikTok, el 24 de julio. En pocos días alcanzó miles de visualizaciones y casi 3.000 comentarios: mensajes de apoyo y agradecimiento, relatos de otras pérdidas y muchas dudas sobre el meningococo, la vacuna y reclamos sobre el costo. También recibió muchísimos mensajes privados. Entre ellos, uno le llamó la atención: “Fio, perdí a mi hija de 11 años”. Era Laura, mamá de Candelaria, que había fallecido el 14 de julio por enfermedad meningocócica. Ella tampoco sabía que podía pagar para vacunar a su hija.
Hablaron de Renzo y de Candelaria, comprendieron el dolor de la otra mejor que nadie y rápidamente coincidieron en contar sus historias para alentar a madres y padres a despejar sus dudas y no perder la oportunidad de vacunar a sus hijos e hijas ahora que la vacuna es gratuita. “Pienso qué hubiera podido haber hecho diferente y no hay nada que hubiera podido cambiar. ¿Qué puedo hacer de acá para adelante? Decirles que busquen, averigüen, pidan”, sostuvo Fiorella, en diálogo con la diaria. “Que no vuelva a pasar esto a otro niño por falta de información”, agregó Laura.
Las vidas detrás de las cifras
“Renzo era un niño al que todo el mundo conocía por ser un buen compañero”, contó Fiorella. Siempre llevaba un poco más de merienda para compartir con un niño que no tenía. Le gustaba pintar, pero su gran pasión era el fútbol. “Renzo no tenía juguetes, solo tenía pelotas de fútbol”, recordó su mamá. Casi no miraba otra cosa en la televisión. Por eso, ese viernes era un día especial para él: Uruguay jugaba contra España por el Mundial 2026 y en la escuela tenía que presentar un trabajo sobre Egipto, la selección que le había tocado en una actividad. Estaba entusiasmado. La noche anterior, con Fiorella cocinaron falafel y dejaron todo pronto. A la mañana siguiente fue a la escuela como cualquier otro día.
A las 10.30 llamó la directora de la escuela: a Renzo le dolía un hombro, tanto que lloraba. Su padre fue a buscarlo y, como a principios de junio había pasado varios días con fiebre y le habían indicado cinco días de reposo, lo llevó a la emergencia. Le dieron medicación para el dolor muscular. Después se quedó en la casa de su abuela y se acostó. Le seguía doliendo el hombro y también tenía sueño. Más tarde, empezó a vomitar y levantó un poco de fiebre. Llamaron a la emergencia. La pediatra sugirió trasladarlo porque sospechaba de una neumonía. Una hora y media después, Fiorella encontró una manchita en la piel de Renzo. Se lo comentó a la doctora que los recibió. “Desde ese momento hasta que mi hijo entró a CTI, pasó un minuto”, contó. Falleció esa misma noche poco después.
La semana siguiente, el 2 de julio, el MSP anunció la primera ampliación de la vacunación contra el meningococo a niños y niñas de 11 y 12 años. La última actualización del calendario de vacunas por esta bacteria había sido en 2025. En ese momento, el MSP incorporó al esquema gratuito la vacuna Bexsero, contra el serogrupo B, para bebés de 2, 4 y 15 meses, y MenFive, contra los serogrupos A, C, W, X e Y, para niños y niñas de 1 y 11 años. Laura Llambí, directora general de Salud, explicó a la diaria que se priorizó a los adolescentes porque “son los que técnicamente más dispersan esta infección” y a los bebés porque tienen mayor riesgo de enfermarse. Sin embargo, se mantuvo una brecha importante: entre los 2 y los 10 años, las familias debían pagar para acceder a esas vacunas.
“Mágica”. Esa fue la primera palabra que se le ocurrió a Laura para describir a Cande, como le decía con cariño. Le encantaba bailar y cantar. También era muy querida en su escuela y buscaba integrar a niñas y niños más tímidos: “Ella se encargaba de unir a la gente”, contó su mamá. “No era una niña muy coqueta, no le gustaban las caravanas”, agregó. Solo usaba un collar de perlitas que simbolizaba el vínculo entre las dos.
En la madrugada del domingo 12 de julio a Candelaria le empezó a doler el estómago y, cuando se levantó, también le dolía la cabeza. Un poco más tarde vomitó y su mamá llamó a la emergencia. La pediatra decidió trasladarla. En el hospital le dieron dipirona porque había levantado un poco de fiebre y la dejaron descansar en una camilla. Le regaló el collar de perlitas a su mamá y se acomodó para dormir. Al rato empezó a convulsionar y la trasladaron a CTI, donde falleció dos días después.
El 22 de julio el MSP anunció que extendería la vacunación gratuita contra el meningococo a niñas, niños y adolescentes de entre 2 y 18 años de forma progresiva. Laura Llambí, directora general de Salud del MSP, explicó a la diaria que, cuando se anunció la primera ampliación, las dosis disponibles solo permitían cubrir a los adolescentes de 11 y 12 años: “Era la única [definición] posible”, aseguró. Para incorporar a otras edades fue necesario adquirir más vacunas y asegurar el stock. “Siempre fuimos muy cautos de no plantear una estrategia que después no se pudiera responder”, señaló. La primera etapa comenzó el 27 de julio con adolescentes de 13 a 15 años; el 3 de agosto se sumaron niños y niñas de 9 y 10 años; el 1º de setiembre, los de 6 a 8 años; y el 6 de octubre, los de 2 a 5 años. Así, la cobertura gratuita se extendió desde los 2 hasta los 15 años.
El domingo 30 de agosto murió otra niña por enfermedad meningocócica. Fue el último fallecimiento registrado por esta causa en lo que va del año. Tenía tres años y era de Soriano. No sabemos su nombre, pero los relatos de Fiorella y Laura quizás nos permitan sentir más cerca la historia de esa otra familia.
Vacunas: acceso, costos y campaña
Las vacunas contra el meningococo estaban disponibles en Uruguay desde hacía más de una década, pero acceder a ellas tenía un costo de entre 3.000 y 6.000 pesos por dosis, según la vacuna y la institución. En los vacunatorios se comercializaban –y se comercializan– Menactra (A, C, W e Y) y Bexsero. Para completar la vacunación contra ambos grupos, las familias debían comprar varias dosis: tres para niñas y niños mayores de dos años y cuatro para los bebés. “Cada dosis vale 100 dólares”, señaló a la diaria Soledad Iglesias, pediatra e integrante del Observatorio del Sistema de Salud del Uruguay del Centro de Investigaciones Económicas. En total, el costo podía alcanzar los 300 o 400 dólares por niño, según la edad y “hay personas que no sé si llegan a tener 100 dólares en una semana para comer”, agregó.
En octubre de 2024, la Comisión Nacional Asesora de Vacunaciones recomendó por unanimidad incorporar las vacunas contra el meningococo al esquema gratuito, con prioridad para menores de dos años y adolescentes de 11 años. Según consta en el acta, “la recomendación se justificaba por la alta mortalidad observada, especialmente en la población joven, y la importancia de garantizar equidad en el acceso a las vacunas”. Ese año se registraron 48 casos de enfermedad meningocócica y 11 fallecimientos. Sin embargo, la medida no se concretó hasta 2025. Llambí señaló a la diaria que la incorporación de las vacunas fue una de las primeras prioridades de la actual administración, pero explicó que se siguieron las recomendaciones de la comisión y que, por ese motivo, no se extendió la vacunación a todas las infancias. “El esquema de vacunaciones que se aplicó es el que la mayoría de los países han incorporado”, destacó la jerarca y lo consideró “bastante amplio y ambicioso”.
El nuevo esquema significó un avance, pero mantuvo dos problemas importantes: una franja de niñas y niños sin cobertura gratuita y un “problema ético” para las y los pediatras a la hora de recomendar las vacunas en sectores de la población más vulnerables, sostuvo Iglesias. La especialista explicó que, a veces, recomendar la vacuna implicaba pedir un esfuerzo económico para las familias, “aunque son pocos los casos que hay en Uruguay, el problema es la tasa de mortalidad”. “Creo que una de las barreras que tuvimos fue esa: no recomendarlas en determinados lugares. A quienes tienen otro acceso económico y otras posibilidades se las recomendamos, las indicamos más frecuentemente”, reflexionó, aunque aclaró que no podía hablar por todos los pediatras.
Durante el primer semestre de 2026, la incidencia de la enfermedad meningocócica fue “francamente mayor” que en el mismo período de 2025. También llamó la atención el predominio del serogrupo C –cerca del 80% de los casos–, que venía aumentando en los últimos años y que tiene un carácter más epidémico, aunque no más virulento, explicó Iglesias. Por su parte, Llambí indicó que no era la primera vez que se registra un aumento de casos de estas características; el anterior había ocurrido en 2024. De todas formas, remarcó que “nunca estuvimos en situación de brote”, incluso siguiendo parámetros internacionales. Sin embargo, la situación sí requirió atención y determinó la puesta en marcha de la campaña. La vacuna que se administra es MenFive, que incluye el serogrupo C.
A diferencia de las vacunas incorporadas al esquema nacional en 2025, la campaña actual tiene carácter temporal. Llambí sostuvo que “todavía no hay una fecha de finalización, pero sí una definición de que esto no se va a mantener siempre así”. La duración se evalúa en función del ritmo de vacunación y la cantidad de dosis administradas cada semana. De todas formas, la jerarca adelantó que el cierre “va a ser en meses”. “No hay país en el mundo que sostenga vacunar a todo el mundo contra este microbio, sino que se vacuna en campaña cuando hay aumento de casos y después se mantiene el calendario para algunas edades concretas”, explicó.
Según informó el MSP el 5 de octubre, más de 185.000 niñas, niños y adolescentes habían recibido la vacuna desde el inicio de la campaña. Llambí destacó que la cobertura entre los adolescentes de 11 años, que comenzaron a vacunarse en julio de 2025, superó el 95%. “Pero si miramos el total de las generaciones que tenemos cubiertas en este momento estamos en el entorno del 45% y 48%”, apuntó.
La campaña combina la vacunación en vacunatorios con agenda y sin agenda, jornadas especiales en distintos puntos del país y la administración de dosis en centros educativos. Esta última modalidad comenzó a implementarse en escuelas durante agosto y se extendió a liceos, UTU y Centros Educativos de Capacitación, Arte y Producción el 16 de setiembre, en coordinación con la Administración Nacional de Educación Pública. En el marco de una jornada de vacunación que hubo el viernes, la ministra de Salud Pública, Cristina Lustemberg, convocó a todas las familias a vacunar a sus hijos y adelantó que se está considerando extender la vacunación a adolescentes de entre 15 y 18 años en diciembre. “Esto es una campaña que se hizo ante un aumento inusual de casos en un tiempo determinado”, mencionó.
Por su parte, Iglesias valoró el objetivo de vacunar a niñas, niños y adolescentes de entre 1 y 18 años, una medida que, sostuvo, contribuirá a reducir la incidencia de la enfermedad. Sin embargo, advirtió que todavía queda pendiente ampliar la vacunación gratuita contra el serogrupo B, que no está cubierto por MenFive. “El planteo real”, señaló, es que mientras que la vacuna contra otros serogrupos pueden adquirirse a través del Fondo Rotatorio de la Organización Panamericana de la Salud, Bexsero requiere una negociación directa con los laboratorios. “Ahí la negociación es más compleja. La vacuna es más cara, pero no tanto como a nivel comercial”, señaló.
El reclamo de las familias
Después de las muertes de Renzo y Candelaria, la preocupación por el meningococo se extendió entre sus familiares, amistades y comunidades escolares. “Enseguida que pasó todo esto, yo les pedí por favor a mis amigas y al entorno que vacunaran a sus hijos. Que si no podían, yo los iba a ayudar como pudiera”, recordó Fiorella. Algunas familias cercanas lo pudieron hacer, pero tuvieron que pagar “como 15.000 pesos”. Laura relató que algunas compañeras de trabajo pidieron préstamos para pagarlas en sus mutualistas.
El aumento de casos también despertó la preocupación de otros grupos de madres y padres. Se formó el colectivo Vacunas Gratis Ya Uruguay en reclamo del acceso gratuito y universal de niños, niñas y adolescentes a la vacuna contra el meningococo. El grupo se movilizó frente a la Torre Ejecutiva y entregó una carta al presidente Yamandú Orsi con su reclamo. A la fecha, el colectivo reunió 4.820 firmas en change.org por las vacunas. En el caso de la Escuela 102, a la que asistía Candelaria y que había registrado otro caso de meningitis tres meses antes –esa niña se recuperó–, las familias se movilizaron para que vacunaran a todas las niñas y niños del centro educativo y mantuvieron reuniones con autoridades sanitarias. En respuesta, el MSP realizó una “vacunación de bloqueo” que alcanzó a los estudiantes de esa escuela y la 195, que funcionan en distintos turnos en el mismo edificio, y del Jardín 374, que está en un predio lindero.
“La demanda que hubo por parte de la población fue muy intensa. Nosotros eso también lo sentimos y empatizamos. Estuve reunida con mamás que reclamaban las vacunas y las escuchamos”, expresó Llambí. La directora consideró acertada la decisión de impulsar la campaña: “Esto era algo en lo que debíamos invertir y salir a tocar puertas para que llegaran las vacunas en tiempo y forma”. También mencionó las limitaciones para ampliar la cobertura: “Muchas veces también se cuestiona: ‘Bueno, pero ¿por qué no se abre [la vacuna] para todo el mundo?’. Siempre hay que manejarse dentro de lo factible y de lo posible, porque también en los vacunatorios hay que sostener todo el calendario de vacunación”.
Durante casi dos horas de entrevista, sentadas frente a frente, Fiorella y Laura compartieron recuerdos de Renzo y Candelaria, las preguntas que todavía se hacen sobre lo que pasó y el dolor de sus ausencias. Mientras una contaba su historia, la otra asentía con la cabeza, reconociéndose en sus palabras. “Es con la única persona con la cual le puedo decir ‘me está pasando esto’ y sé que me va a entender”, señaló Laura sobre Fiorella. Incluso en los momentos más dolorosos de la conversación, las dos volvieron una y otra vez a la razón por la que decidieron contar sus historias: que otras familias tengan la información y la oportunidad de vacunar a sus hijos e hijas. “Que no haya otro Renzo ni otra Candelaria”, pidieron.
(*): Los nombres de Fiorella, Laura, Renzo y Candelaria no están acompañados de sus apellidos por pedido de las entrevistadas.