“Tanto en el discurso público y en los medios de comunicación como en ámbitos específicos de toma de decisiones de política pública (como la salud y la educación), la preocupación por las consecuencias negativas derivadas del uso excesivo o problemático de los celulares y los videojuegos ha ganado predominancia”, comienza diciendo el documento “Usos problemáticos de dispositivos digitales en la infancia y adolescencia en América Latina. Desigualdad, bienestar y apoyo familiar”, que acaba de publicar la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), dependiente de Naciones Unidas.
“Si bien las experiencias de niñas, niños y adolescentes en el entorno digital suponen tanto el acceso a oportunidades como la exposición a riesgos”, continúa el texto del reporte, “el debate público se ha centrado sobre todo en estos últimos, asociados al uso temprano, asiduo y privado de celulares, redes sociales y videojuegos”. Interesante, sigamos leyendo.
Luego dice que en lo que refiere a América Latina, “hasta la fecha no existe un estudio sistemático y comparativo sobre la prevalencia y los factores asociados al uso problemático de dispositivos digitales”. Ese vacío es el que intenta subsanar el trabajo, y para eso toman los datos obtenidos de la encuesta Kids Online Latinoamérica, en particular recurriendo a las realizadas en Argentina en 2024, Bolivia en 2024-2025, Chile en 2022 y Costa Rica en 2023, “para analizar determinantes de comportamientos problemáticos asociados al uso de internet, celulares y videojuegos en personas de 9 a 17 años”. Dentro de ese grupo de “personas de 9 a 17 años” queda comprendida buena parte de nuestros niños, niñas y adolescentes. En Chile participaron 3.011, en Argentina 5.910, en Bolivia 1.470 y en Costa Rica 1.194.
El documento es sumamente relevante, no solo por lo pertinente y actual de la temática, en un momento en el que varios países intentan ver cómo se paran ante los desafíos que imponen las plataformas y los entornos digitales –el nuestro no es una excepción y hoy hay una consulta pública previa a la elaboración de un proyecto de regulación–, sino porque tiene por primer autor a Matías Dodel, investigador de la Universidad Católica del Uruguay y consultor de la División de Desarrollo Social de la Cepal.
“Sin pretensiones de establecer vínculos causales, se busca aportar evidencia para aquellas políticas públicas y marcos regulatorios que se proponen abordar, de manera integral y multidimensional, el bienestar de las infancias y adolescencias en América Latina”, señala el trabajo, que agrega que busca “generar insumos que puedan orientar acciones vinculadas al fortalecimiento de las capacidades de las familias en materia de crianza digital y no digital”.
“En un tema en el que las cosas están bastante polarizadas o álgidas, la idea con este trabajo fue traducir una cosa más académica, que podría haber sido un artículo para una publicación científica, a un informe de política, tratando de mostrar que hay evidencia en América Latina sobre estos temas, que es posible hacer cosas interesantes y que las opciones no son prohibir o no prohibir y dejar hacer todo”, dice Matías Dodel ni bien lo contactamos. “La idea es proponer algunas acciones que pueden llegar a reducir los potenciales impactos negativos de la tecnología que se puede llevar a cabo, que sean ejecutables por padres, por escuelas y por el gobierno”, remarca, y se gana toda nuestra atención. Así que allá vamos, a lo que reporta el trabajo y a lo que Matías reflexiona y dispara a partir de él.
¿Por qué no figuran datos de Uruguay en el reporte?
Estando Matías en el trabajo, junto con otros colegas que investigan el tema en la región, llama la atención que en el reporte solo se aborden datos de Chile, Argentina, Bolivia y Costa Rica.
“Los estudios de Kids Online en esos países son un poquito más nuevos y tienen más preguntas en común”, lo que permitía realizar el trabajo, cuenta Matías. Sin embargo, confiesa que Uruguay “estuvo en una primera versión del documento”. “El asunto es que la encuesta Kids Online realizada en Uruguay en 2022 no tenía dos preguntas que para nosotros eran muy importantes: la edad de primer uso del celular y la pregunta de cómo se sentían con la familia”, explica.
Entonces la ausencia de Uruguay se debe a una cuestión metodológica: las preguntas de la encuesta que no se hicieron aquí no permitían aplicar el mismo modelo de análisis que en los otros países. De hecho, en el análisis del trabajo se separan Argentina y Bolivia, por un lado, y Chile y Costa Rica, por otro, porque, por ejemplo, Argentina y Bolivia no preguntaron por separado sobre el uso de celular y el uso de videojuegos.
“En la primera versión del documento, que tiene en este momento el máximo de páginas que la Cepal admite para estas publicaciones, había una sección adicional que integraba a Uruguay y comparaba esos datos con Argentina y Bolivia, que son los países que pueden compararse. Lo importante es que, dado que todo lo demás era parecido, es probable que lo observado en el informe también sea parecido aquí. No está Uruguay, pero las conclusiones son totalmente extrapolables a Uruguay”, sostiene Matías.
“Dado que el artículo terminó centrándose en la edad de uso de celular, la salud mental y el apoyo a la familia, los datos de Uruguay entraban un poco de manera forzada. Así que me dijeron que no había mucho espacio y que lo más sensato era sacar a Uruguay. Ahí tuve que ceder. Pero cuando vaya a hablar sobre este estudio, dado que en todo lo otro Uruguay se comporta igual que los otros países, es altamente esperable que se comporte muy igual en la incidencia de la edad de uso, la salud mental y el apoyo familiar”, remarca.
Porque las conclusiones a las que llegan no indican que en los cuatro países pasaron cosas distintas, sino que hay un modelo que marca el peso de esas tres dimensiones en la probabilidad de experimentar o prevenir un uso problemático de celulares y videojuegos. Por ejemplo, la incidencia de la edad temprana de uso de celular en problemas de uso a futuro se dio en los cuatro países. Había pequeñas variaciones en el porcentaje en que eso se daba en cada país, pero en todos se mostró lo mismo.
“Exacto. Desde el punto de vista de la metodología, los hallazgos del documento son muy robustos. Se dan en cuatro países distintos, incluso en Bolivia, que es bastante distinto del resto de los países en términos de desarrollo humano o de penetración de internet. Lo que tenemos es que, con cuestionarios distintos, en años distintos, en regiones distintas, emergen patrones que hacen pensar que una parte del fenómeno es más propia de las niñeces y adolescencias en el entorno digital que del contexto local”, agrega Matías.
Usos problemáticos
En el trabajo buscaron ahondar en qué factores incidían más en el “uso problemático” de estos dispositivos digitales, tanto celulares como videojuegos, algo sobre lo que no hay una mirada única. “La revisión de la literatura muestra que no existe actualmente un modo unívoco de clasificar y abordar el fenómeno de los usos problemáticos de tecnologías digitales”, dicen en el trabajo. Señalan, no obstante, que “parece haber cierto acuerdo respecto de las consecuencias que tienen para las personas que lo experimentan”, entre las que se detallan “dificultades en el funcionamiento cotidiano, trastornos en la alimentación y el sueño, tendencia al aislamiento y al debilitamiento de las relaciones sociales, y escasa capacidad de autorregulación sobre el tiempo que destinan a estas actividades y los espacios o contextos en los que las realizan”.
La idea de “usos problemáticos” está bastante alejada de conceptos como el de “adicción digital” u otros epítetos sensacionalistas. Y en estas encuestas quienes denuncian ese uso problemático son los propios jóvenes, ya que todo se basa en autorreportes.
Así las cosas, el principal uso problemático constatado refiere a que en América Latina “niñas, niños y adolescentes señalan que han intentado reducir el tiempo que pasan utilizando celulares, juegos en línea e internet, pero que no lo han conseguido”, algo que implica “dificultades de autorregulación”. Eso también se relaciona con “el reconocimiento por parte de niñas, niños y adolescentes de utilizar el celular en lugares o situaciones donde no deberían y que se encuentran haciendo cosas con el celular que no siempre les interesan”. Sobre todo esto, el trabajo dice que “la posibilidad efectiva de ejercer esa regulación no puede darse por sentada, sino que requiere intervenciones, orientación y apoyo”.
Luego, el documento señala que, “con una prevalencia menor”, niñas, niños y adolescentes identificaron que “el uso de estas tecnologías puede interferir en su desempeño escolar, ya sea por reconocer dificultades de concentración o bien porque el tiempo que le dedican tiene consecuencias negativas sobre las calificaciones obtenidas”.
Resultados contundentes: la edad de inicio
El trabajo busca ver qué factores podrían estar asociados a estos usos problemáticos. Preguntaron por varios, como el sexo, el nivel socioeconómico, la edad en la que tuvieron el primer celular, la frecuencia del uso del celular o videojuegos, la satisfacción con la vida, que en cierta medida mide el malestar o bienestar de los gurises, y qué tanto sentían o no apoyo familiar.
“La edad de acceso al primer celular con internet se presenta como uno de los factores más consistentemente asociados al uso problemático”, reporta el trabajo. ¿Qué tanto? Pongamos los datos de un país como ejemplo: “En Argentina, cada año adicional en la edad del acceso al primer celular con conectividad se asocia con una reducción de aproximadamente 3,3% en la frecuencia esperada de uso problemático”. En otras palabras, cada año que se retrasa el acceso al celular de un niño o niña aumenta la probabilidad de reducir usos problemáticos a futuro. Recordemos que aquí participaron a partir de los 9 años, es decir que darles antes un celular sería aún menos acertado.
“Ese resultado se da en el caso de uso de internet en el celular y no tanto de videojuegos. Son dos cosas distintas”, aclara Matías. “Este patrón, además de ser robusto, resulta particularmente relevante desde el punto de vista de políticas públicas, ya que sugiere que el momento de incorporación a la vida digital constituye un punto crítico en la trayectoria de uso”, remarca el trabajo.
“Estoy en contra de la prohibición del celular y de la prohibición de redes sociales para menores, pero eso no quiere decir que piense que hay que darle el celular a los chicos cuando tengan 6 o 9 años. Con mi hija tenemos un acuerdo de que a los 12 va a tener el primer celular, pero eso no quiere decir que antes no tenga una tablet donde le enseño, juego y la acompaño”, comenta Matías, en su esfuerzo por separar la paja del trigo, los peligros de ciertas cosas digitales de los beneficios y usos útiles de la tecnología y de los entornos digitales.
“Cuando hablamos de estos temas de internet, nos terminamos olvidando de que el bienestar del niño pasa por algo que va mucho más allá de lo digital, lo que no quiere decir que lo digital no pueda intensificar, moderar o afectar algunas cosas. Si un chico no tiene celular hasta los 12 años, pero siente que en la casa no puede hablar, que no se lo escucha o que no se lo quiere, se está en un ambiente propicio para que puedan presentarse conductas problemáticas, sean de uso de internet o fuera de eso”, remarca. Y ya veremos la importancia de esos factores que menciona.
La frecuencia de uso también se asoció con mayor probabilidad de usos problemáticos, “especialmente en sus niveles más intensos”, reseña el informe. “En la mayoría de los modelos, el uso diario o intensivo del celular se asocia con incrementos sustanciales en la frecuencia de comportamientos problemáticos, tanto para el propio celular como, en algunos casos, para los juegos en línea”, agregan.
Resultados contundentes: el bienestar como protector
Otro hallazgo del trabajo es que hay dos factores que resultan protectores del uso problemático de estas tecnologías. Y uno es el bienestar subjetivo, que en la encuesta se midió mediante preguntas sobre “la satisfacción con la vida”.
“La satisfacción con la vida actual –medida a través de la escalera de Cantril– parece ser el predictor más robusto y consistente en todos los países y dispositivos. De manera sistemática, mayores niveles de bienestar subjetivo se asocian con menor frecuencia a comportamientos problemáticos”, reporta el trabajo.
Matías Dodel.
Foto: Rodrigo Viera Amaral
Volvamos a un ejemplo: en el caso de Argentina, “cada punto adicional” en esa puntuación de satisfacción con la vida o bienestar subjetivo se asoció “con una reducción de aproximadamente 8,5% en la frecuencia esperada de uso problemático” de estos aparatos.
¿Quien tiene malestar se refugia en el celular o dispositivos digitales, o es el estar en ellos lo que genera el malestar? El trabajo lo dice, no puede establecer causalidades. “No hay evidencia contundente de qué viene primero. Probablemente haya una retroalimentación. Algunos estudios muy buenos dicen que los chicos que están más deprimidos entran más a esto, y hay estudios que dicen lo contrario; no hay es un acuerdo en la comunidad científica sobre esto. Entonces, cada vez que alguien dice que la evidencia sobre los efectos de lo digital en la salud mental es clarísima, me parece sospechoso”, comenta Matías.
“Lo que sí es posible afirmar con certeza es que, controlando todos los demás factores, la satisfacción con la vida actual en la niñez y la adolescencia se correlaciona con frecuencias más bajas de comportamientos problemáticos asociados al uso de tecnología digital, cualquiera sea su tipo y cualquiera sea el país de la región”, señala el trabajo. Que luego dice una frase para no olvidar: “Este no es un dato menor para el diseño de política pública: es probable que el uso problemático se vincule a aspectos más globales del bienestar subjetivo de niñas, niños y adolescentes, pudiendo ser tanto un factor influyente como un síntoma de que algo, más allá de lo tecnológico, está afectando su bienestar, siendo el uso problemático un reflejo de ello”.
El trabajo parece sugerir entonces que, en el fondo, el tema es la crianza. El celular y los entornos digitales, como la tecnología, han ganado terreno en varios ámbitos de la vida, son una parte de algo más. “Sí, la tecnología es parte, pero no es todo”, dice Matías. Y eso nos lleva al otro factor protector que muestra el trabajo.
Resultados contundentes: el apoyo familiar protege en redes
“El apoyo familiar se posiciona como otro factor protector relevante, aunque con mayor variabilidad en su significación estadística entre países” que el bienestar subjetivo, reporta la publicación. ¿Qué tanto?
En Chile, por ejemplo, que los menores perciban que tienen apoyo familiar “se asocia con una reducción de 11,2% en el uso problemático del celular y de 29,8% en videojuegos”. En Costa Rica reportan “la misma tendencia”, pero con un efecto menos significativo. En Argentina implica “una reducción de aproximadamente 15,7% en la frecuencia esperada de uso problemático”, y en Bolivia, una reducción de 5,8%. Así las cosas, resumen que “el signo del efecto es consistente y su magnitud es sustantiva: el apoyo familiar tiende a reducir la prevalencia de usos problemáticos” de estos dispositivos digitales por parte de niñas, niños y adolescentes.
Una vez más, el hallazgo nos habla de algo más que del uso de la tecnología en sí: “Al igual que en lo observado respecto de la satisfacción con la propia vida, el contexto global de la vida de niñas, niños y adolescentes parece ser altamente relevante en la determinación de los usos problemáticos”.
Un gurí o una gurisa que sienta que tiene apoyo de su familia podrá superar mejor problemas de matemática, lengua o de uso de tecnología que quien sienta que no tiene contención en su casa ni con quién referenciar su problema. “Más allá de que la teoría te predice que pase eso, que en los modelos se vea tan claramente me sorprende. La familia por sí sola, controlando por el uso de celular, por el sexo, por lo que usan internet, más allá de todo lo digital; la familia es importante”, dice, complacido con los resultados.
“Así como no hay evidencia contundente en otro montón de cosas relacionadas con los entornos digitales, acá, en los cuatro países, esto pasó en todos. Eso hace más robusto el hallazgo. Sentir que tu familia te quiere y que te escucha, que puedas hablar, es una cosa que reduce el uso problemático del celular. Para mí es fuerte y da un mensaje importante”, enfatiza Matías.
Sin embargo, no es para tirar cañitas voladoras. “Por otro lado, nadie elige dónde nace. Entonces, hay muchos gurises que van a estar en un contexto en el que no tienen esto”, remarca Matías. Y para ellos, dice, también hay que pensar estrategias que impliquen menos usos problemáticos. Eso nos lleva a la otra gran parte del trabajo: sus recomendaciones de política.
¿Qué hacer? Recomendaciones
El informe de la Cepal sostiene que “los hallazgos presentados permiten sugerir un conjunto de recomendaciones orientadas a fortalecer el abordaje de los usos problemáticos de tecnologías digitales en niñas, niños y adolescentes”, reconociendo que sus recomendaciones “parten de una premisa central: los comportamientos asociados a usos problemáticos no pueden ser comprendidos ni abordados únicamente como un problema de ‘tiempo de pantalla’, sino como fenómenos que expresan la interacción entre trayectorias de acceso, intensidad de uso, bienestar subjetivo, dinámicas familiares y contextos de socialización”.
Entonces, entre las recomendaciones está la de “prevenir tempranamente”, ya que “la asociación consistente entre una edad más precoz en el acceso al primer celular o a internet y mayores niveles de comportamientos problemáticos sugiere que el momento de incorporación a estas tecnologías constituye una etapa especialmente relevante”. Punto y seguido agregan que “esto no implica promover prohibiciones generales ni descontextualizadas, sino fortalecer orientaciones públicas, escolares y comunitarias que ayuden a las familias a tomar decisiones informadas sobre el acceso inicial a dispositivos conectados, acompañadas de pautas de uso progresivo, supervisión adecuada a la edad y construcción progresiva de autonomía digital en línea con el respeto de todos los derechos de niñas, niños y adolescentes”.
“Hay evidencia de que el retraso del celular funciona hasta cierta edad. Si dejás al menor sin celular después de los 13 o 14 años, capaz que lo perjudicás más de lo que lo podés beneficiar. También hay que entender eso”, comenta Matías.
“Para mí, el sentido más común de todos, que se borra con esto de internet, celulares y redes, es que uno de los principales factores protectores, no solo para el uso problemático de internet, sino para un montón de otras cosas, es que el niño se sienta querido en la familia, que se sienta escuchado, que sienta que puede estar ahí. Pero al abordar este tema tendemos a olvidarnos de eso”, señala.
“Tanto decir que los gurises se vuelven adictos como decir que no pasa nada ante la exposición a pantallas, celulares e internet a cualquier edad, son mensajes problemáticos. Hay una falsa oposición y una simplificación de lo que decimos, que lleva esto a términos de prohibir o no prohibir”, comenta. “Prohibir su uso también tiene efectos negativos. Hablando desde una perspectiva de derechos, los chicos tienen más derechos que el de ser protegidos: tienen derecho a la información, al entretenimiento, a juntarse con amigos. Guste o no, esas cosas hoy en día están atravesadas por la tecnología. ¿Cómo hacemos para limitar los efectos negativos sin limitar las cosas positivas que tienen?”, pregunta Matías.
En el trabajo se detallan otras recomendaciones, que se listan bajo títulos como “promover competencias de autorregulación”, “regular y monitorear el diseño de dispositivos y plataformas”, “abordar el uso de tecnologías junto con el bienestar integral”, “fortalecer el rol y las capacidades de las familias”, “alinear esfuerzos con el sistema educativo” y “sostener y ampliar la generación de evidencia comparada”.
“Para mí, la mejor política para reducir el uso de pantallas quizás sea universalizar las escuelas de doble horario”, aludiendo a que debemos pensar el bienestar de niños, niñas y adolescentes en forma integral, lanza Matías. “Si prohibimos estas tecnologías en las casas y en las escuelas, ¿quién le enseña al niño a usarlas? Si a los 18 años tirás al mundo a una persona que nunca usó tecnología o nunca le enseñaste a usarla, le vas a causar un poco de daño. Cualquier príncipe nigeriano que le ofrezca alguna estafa lo va a hacer caer. Y ni hablar de cómo comportarse en un medio distinto”, remarca.
“Es cierto: es más difícil enseñar que prohibir. Pero cuando uno prohíbe, no es que no pasa nada. En Australia, con su prohibición de redes sociales, se ha estimado que entre 60% y 80% de los adolescentes igual usan las redes sociales. Algunos usan Youtube pero sin cuenta, porque está prohibido. Pero usar Youtube sin cuenta es más peligroso que usar Youtube con cuenta”, dice a modo de ejemplo.
¿Una solución a la uruguaya?
“Lo bueno es que hay una postura que es uruguaya, de todos los partidos, con múltiples partes involucradas –sociedad civil, academia, Estado–, de tratar de hacer algo. Más allá de las diferencias, hay un acuerdo en que el camino no es tratar de prohibir todo”, expresa Matías. “Por suerte, en Uruguay, gracias a ese acuerdo multipartidario, se está haciendo un proceso de consulta pública para buscar evidencia y usar estudios como Kids Online y otros para informar sobre cómo regular”, dice. Al respecto, reconoce que “no está participando mucha gente en la consulta pública que se está haciendo. Habría que invitar a los lectores a participar”. La consulta abrió en junio y, tras una extensión del plazo, permanecerá abierta hasta el 30 de octubre.
“Brasil, que es un país grande, no decidió prohibir todo. Por una cuestión de mercado, Brasil se les puede parar a las plataformas, pero no pasa lo mismo con nosotros. Ya tuvimos como antecedente lo que pasó con Spotify. Nos paramos y tuvimos que ir para atrás. La Unión Europea lo puede hacer, porque se juntan entre ellos. El Mercosur no funciona en ese sentido. Sería un lindo ámbito, juntarse con Brasil y con Argentina, que en este momento no parece que quiera avanzar en una regulación, pero sí tal vez en otro momento, para sumarse y regular con un poco más de poder de coacción”, reflexiona.
“Creo que hay un cierto apuro, hay como un momento de regular. Nos hemos tomado muchísimo más tiempo en regular cosas mucho más básicas. Pero, por lo menos, entre los actores que están ahora, hay una conciencia de que no hay que prohibir todo, entre otras cosas, porque en Uruguay está Ceibal”, dice Matías.
“Está claro que las plataformas tienen algunos aspectos de diseño que no son buenos y que habría que limitar o sacar, como el escroleo infinito, porque están malintencionadamente diseñados”, dice, despejando dudas de que piense que todas las cosas están bien como están. “Si el diseño está hecho con mala intención, hay que sacarlo de la plataforma. Y hay que dar más evidencia a los padres de que hay plataformas que tienen más cuidado para sus hijos que otras”, remarca.
“Si la opción que se da es vivir en un mundo sin tecnología, capaz que hay gente que quiera hacerlo, pero hoy en día no se puede. Y capaz que muchos padres no quieren vivir en un mundo sin tecnología. Y para ellos tenemos que brindar herramientas o algunos consejos de qué y cómo hacer para que sus hijos estén mejor. Creo que es lo que todos los padres queremos”, dice como padre.
“Estaría buenísimo que este documento, que es para América Latina, se tome en Uruguay asumiendo, como digo, que aquí pasa lo mismo que ahí se reporta. Ojalá sirva para pensar algunos de los problemas que tenemos, de política de cómo hacer para que los padres y docentes estén informados y sin miedo”, redondea.
El trabajo parece decirnos unas cuantas cosas. La solución a este tema no va a venir solo de una ley. Tampoco va a venir solo de lo que decidan hacer en las escuelas. La solución no va a venir si esperamos que las plataformas se autorregulen. La tecnología, así como los beneficios y los daños que ocasiona en menores (y también en mayores, pero eso es tema para otra nota), nos hablan de un tema más general: cómo estamos criando a la botijada, qué es lo que hace la diferencia para que tengan vidas más plenas y cómo queremos que sea el mundo que las rodea.
Documento: Usos problemáticos de dispositivos digitales en la infancia y adolescencia en América Latina. Desigualdad, bienestar y apoyo familiar
Publicación: Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), Naciones Unidas (setiembre de 2026)
Autores: Matías Dodel, Ariel Tófalo, Rolando Pérez, David Torres y Jazmín Mazó.