El 13 de junio de 2025 fue un día triste. En la red X, el investigador Gonzalo Moratorio, de la Universidad de la República y del Institut Pasteur de Montevideo, anunciaba que había sido diagnosticado con un “tipo de tumor cerebral muy agresivo” y que había perdido “parte de la capacidad motora y sensitiva del lado derecho” de su cuerpo.
Lejos de bajar los brazos, luchó con todas sus fuerzas sin perder su sonrisa distintiva, ya fuera recurriendo a tratamientos en el extranjero –a los que accedió gracias al apoyo solidario de la gente, que entre otras campañas se unió en una que tuvo como consigna “A Gonzalo le debemos una”– como luchando en la Justicia por el acceso a un fármaco de alto costo que el Fondo Nacional de Recursos le había negado.
El tumor cerebral lo tomó en un momento particular de su vida. Estaba esperando la llegada de su primera hija, al tiempo que junto con Pilar Moreno, con quien formó la dupla científica que durante la pandemia lideró todo el proceso de generar un kit de diagnóstico local y de ponerlo en funcionamiento a nivel país, venían dando pasos agigantados con la startup Guska, que se proponía “desarrollar nuevas alternativas terapéuticas” para combatir el cáncer en base al potencial para matar células que tienen los virus.
De hecho, la primera nota que le realizamos a Gonzalo Moratorio, cuando aún estaba radicado en Francia y soñaba con volver a nuestro país, la habíamos titulado “El hombre que hacía aikido con los virus”, ya que le fascinaba la idea de utilizar algunas de las propias herramientas nocivas de los virus en nuestro beneficio.
Este 5 de noviembre se confirmó el fallecimiento de Gonzalo Moratorio. La ciencia celeste pierde a un gran investigador. El país pierde a alguien que dio todo por los demás y por sí mismo hasta el último día. Quienes lo conocieron pierden a un tipo intensamente entrañable. Pero las palabras no alcanzan. La tristeza es grande, tanto como el vacío que Gonzalo nos deja.