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Emanuel Machín.

Foto: Difusión

Con el biólogo Emanuel Machín, autor de tres guías de flores: “Tenemos que empezar a observar a nuestro alrededor”

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Con la publicación de tres guías de bolsillo sobre flores de Uruguay, invita a mirar con nuevos ojos a nuestro alrededor para apreciar la belleza y la resiliencia de las especies que le dieron color a nuestro mundo.

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El biólogo Emanuel Machín ha dedicado buena parte de su carrera a la divulgación, en especial a través de su proyecto Enseñanza de la Ecología en el Patio de la Escuela.

Fuiste desde chico una persona exploradora de la naturaleza; ¿estaba ya en ese momento el amor por las flores?

Ya estaba ahí. Las flores te acompañan en el camino. Lo que sí me pasaba era que no sabía sus nombres, como me ocurría con las aves. Era loco por las aves, pero cuando éramos chicos solo conocíamos los nombres que nos decía algún vecino.

¿Y esa relación con las flores cambió cuando pudiste aprender sus nombres?

Bueno, eso lo dice un filósofo como Krishnamurti. Ponerle nombre a algo cambia tu forma de relacionarte con eso. Pero no había guías de nada, por entonces, y mucho menos de flores. Descubrí que existía algo como las guías gracias a Luca Prodan [cantante de la banda argentina Sumo]. Lo escuché decir en una entrevista que se había traído una guía de aves de Europa junto con unos binoculares de bronce. Y pensé: ¿guía de aves? ¿Qué es eso? Y a partir de eso empecé a preguntar, hasta que mi madre pudo conseguirme un libro de aves del mundo, que por supuesto no tenía ninguna de acá.

¿Y qué es lo que te llamaba la atención de las flores en esas primeras recorridas?

Los colores, que es algo que marco en las guías. Los humanos reconocemos muchas cosas por los colores y tenemos nuestros colores preferidos, por ejemplo. Pero a mí me pasó que cuando estuve viviendo en la Patagonia me llamaron muchísimo más la atención las formas de las flores, o, por ejemplo, descubrir cuál era el macho y cuál la hembra en algunas especies que no conocía. Ver esas flores, detenerme a apreciarlas, me partió la cabeza. Creo que cuando volví a Uruguay empecé a ver a todas las especies de forma diferente.

¿Cuál es el valor que tiene una guía de este tipo para vos?

Todas las guías son diferentes, pero se basan en el trabajo de muchas personas. Esta guía no la hice yo, sino el grupo de botánicos que investiga desde hace mucho tiempo en Uruguay. Creo que este tipo de guías portátiles, publicadas en forma masiva, son inéditas acá. En ese sentido, hicimos algo simple pero revolucionario: poner la biodiversidad uruguaya en el bolsillo de la gente.

El año pasado, algunos docentes empezaron a usar las guías y me contaron que las consideraban una ventana que se abría a un mundo de cosas. Son guías portátiles, desplegables, fáciles de trasladar, y que además ordenan las flores por colores, para facilitar la búsqueda cuando ves una en la naturaleza. Es casi una obra cromática del país. Si juntáramos todas las páginas abiertas, tendríamos un arcoíris botánico.

El mundo de las flores es muy amplio. ¿Cómo decidiste qué información priorizar?

En el caso de la guía de flores del sur, están las especies más estudiadas, las típicas de cuneta. Allí había mucha bibliografía disponible sobre los usos medicinales que tienen, que terminó siendo lo que señalamos en cada especie. En cambio, en la guía de las flores de las sierras de Uruguay y en la del paisaje costero hay muchas especies poco estudiadas.

Intentamos, además, combinar el saber popular con el científico, con los datos más actuales posibles, pero siempre aclarando en aquellos casos en los que falta el respaldo de investigaciones científicas. Pero no hay un trabajo estadístico por detrás. Las guías no pretenden abarcar todas las especies de flores que se puede encontrar en estas regiones.

¿Y qué es lo que creés que queda en la gente que las usa?

El denominador común, que además es lo que buscamos muchas personas que tratamos de difundir estos temas, es que las personas que las usan te dicen que ahora no dejan de mirar el suelo. “¿Qué me hiciste?”, preguntan. Y también queda en la gente esto de poder reconocer las flores por colores.

En estas guías cada flor figura con su nombre científico, pero también tienen un nombre común. ¿Hay una reivindicación de los nombres comunes?

Es que me ha pasado que algunas personas me digan que tal flor no se llama como figura en la guía, sino con otro nombre. Y a mí me parece bueno que sea así, que la gente se apropie de un nombre común. Muchas veces lo que pasa es que el técnico viene con el nombre científico y el común se deja de lado, y de ese modo se pierde lo que aporta el nombre común, que suele estar relacionado con algo del lugar, un dialecto, o con cosas que las personas conocen desde que nacen o que aprenden de vecinos o familiares. Y está bien señalar el nombre científico, pero otra cosa es que vos quieras ponérselo por arriba del nombre común a una persona que no tiene absolutamente nada que ver con el mundo científico, que, por ejemplo, no es un estudiante que tiene que pasar una prueba.

¿Creés que esta guía hace un aporte para la conservación de las flores en Uruguay?

Siento que hoy en día es muy difícil enfrentar el sistema en el que estamos con un proyecto de conservación, y que ese proyecto logre sus objetivos. La presión del sistema es tan grande que se te viene abajo. Y en Uruguay aún más. Entonces para mí estas guías son un pequeño granito de arena para que la gente comience a observar lo que la rodea. Capaz que ahora algunas personas ven que esa flor que apreciaban en el costado de la ruta un tractor la pasó por arriba, y que es el único lugar que tenía, porque de un lado están los cultivos y del otro la ruta por la que pasan los autos. Y es posible que uno solo no haga fuerza, pero capaz que diez personas sí.

Mi punto de vista es contagiar que la gente empiece a observar. Tenemos que empezar a observar porque algo está ocurriendo. Y capaz que eso a la larga sí sirve.

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