¿Es posible que un joven investigador que trata de entender cómo coordina el movimiento al andar una araña pollito termine analizando de qué manera el rendimiento físico de los jugadores de la selección celeste influye en los resultados obtenidos en la cancha? Sí, lo es. Porque si el mundo del fútbol tiene sus sorpresas y el resultado de un partido puede ser incierto, el de la ciencia no se queda atrás.
Esta extraña relación entre un estudiante de biología atraído por la biomecánica, el andar de las arañas Grammostola mollicoma, tarántulas nativas de Uruguay, mezclado con la selección de Uruguay se materializa en la reciente publicación de un artículo científico que lleva por nombre algo así como “Carga externa colectiva y éxito competitivo en el fútbol internacional de élite: un índice sintético derivado del análisis de componentes principales (PCA) de la Copa América 2024”.
El trabajo lleva la firma de dos personas. Por un lado está Diego Estavillo, preparador físico y analista de rendimiento de la selección uruguaya en la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF). Habiéndose formado en el Instituto Superior de Educación Física (ISEF), es poco probable que haya arañas en su pasado. El otro autor del artículo es Gabriel Fábrica. Hoy investiga en la Unidad Académica de Biofísica de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República (Udelar), pero sus primeros pasos en la biomecánica los dio en la Facultad de Ciencias. Allí sí las tarántulas le dieron una mano –o más bien sus ocho patas– para concretar su tesis de maestría, que culminó en 2006 y presentó bajo el título Aspectos biomecánicos de la locomoción en Grammostola mollicoma.
Hoy, con el Mundial recién comenzado, el trabajo que publicaron es llamativo. Entre otras cosas porque propusieron una forma de unir en un único índice cinco métricas que miden distintos aspectos de las corridas de los jugadores de un equipo de fútbol, reflejando así la carga física total del equipo. Al lograr ese único índice, se puede determinar, con riguroso respaldo estadístico, si el desempeño físico de un equipo fue superior al de su rival o al de ese mismo equipo en distintos encuentros. Para eso recurrieron al análisis de esas cinco medidas a lo largo de todos los encuentros de la pasada Copa América (disputada en Estados Unidos en 2024).
Por otro lado, el índice que elaboraron de la carga física de cada selección en cada partido del torneo fue empleado luego para ver si había alguna relación entre el esfuerzo físico desplegado y los resultados obtenidos. De cierta manera, sorprende al leer el trabajo que la selección campeona, la de Argentina, estuvo entre las tres que realizaron menor carga física (junto con Perú y Jamaica). Por otro lado, la selección celeste fue la que tuvo el promedio más alto de carga física durante todo el torneo, pero terminó con la medalla de bronce. Correr más que los rivales parecería no ser condición suficiente para salir campeón en una copa de alto rendimiento. Sin embargo, para la celeste este índice parecería abrir una ventana para ver por dónde podrían obtenerse mejores resultados.
Así que con todo esto en mente salimos, más rápido que anunciante a pautar en transmisiones del Mundial, a conversar con Gabriel Fábrica.
De las ocho patas de las arañas a las 22 de la selección
Primero lo primero: ¿cómo es que Gabriel pasó de estudiar cómo caminaban las arañas a ver el esfuerzo realizado por la selección uruguaya en la Copa América? Como muchas cosas en la vida, por una serie de eventos afortunados.
“Yo estaba cursando la Licenciatura en Biología en la Facultad de Ciencias. Hice biofísica como opción, porque siempre supe que lo mío era el estudio del movimiento humano en el deporte”, sostiene Gabriel.
Elegir estudiar las arañas para su maestría tal vez haya tenido que ver con el hecho de que desde chico le gustaban mucho los insectos y artrópodos. “Los veía un poco como máquinas extrañas”, comenta.
“En su momento decidí estudiar el patrón de movimiento de la araña porque era un animal que desde el punto de vista del control motor tenía una simplicidad muy grande, pero desde el punto de vista de la capacidad de movimiento era increíble”, menciona. “Es un bicho que tiene montones de patas, que puede hacer cualquier cosa, pero controla todo con un ganglio por cada par de patas. Eso es un disparate. Entonces empecé por ahí. Y para eso tenía que hacer caminar a la araña y poder registrar el patrón”, sostiene.
Todo aquello lo llevó a hacer observaciones en el Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable (IIBCE), sitio que tiene una amplia trayectoria estudiando arácnidos. Entonces entró en acción otro de los elementos de la carambola cósmica que lo llevó hasta la selección: el biólogo y documentalista Guillermo Kloetzer. “Por raro que parezca, eso me acercó a la biomecánica deportiva”, reconoce Gabriel. Veamos cómo.
“Con Guillermo habíamos sido compañeros de facultad. Él intentó ayudarme a filmar la caminata de las arañas para poder sacar algo limpio, pero no lo logramos”, recuerda Gabriel. Pero no se rindieron. “Guillermo me estimuló a realizar gestiones para hacer las medidas en el laboratorio de biomecánica de la Universidad Federal de Río Grande del Sur, en Porto Alegre, que tenía las cámaras que yo precisaba; tenía que buscar la forma de llevar los bichos para allá”, dice Gabriel. Le hizo caso y logró estudiar lo que pretendía (los resultados fueron publicados en 2011 en un artículo dedicado a la biomecánica de la locomoción de arañas Grammostola mollicoma colectadas en Lavalleja). Pero no solo Gabriel logró lo que necesitaba para su maestría: también hizo contactos.
“En la Universidad Federal de Río Grande del Sur conocí a uno de los colaboradores más cercanos que tengo ahora, que está en Italia. Él venía de la educación física y yo le presenté un libro de McNeill Alexander, y quedó como loco”, recuerda Gabriel. Sus caminos se empezaron a cruzar: “Él terminó siendo estudiante de Alberto Minetti y Giovanni Cavagna, dos figuras de la biomecánica y la fisiología comparada, y yo me fui yendo hacia la biomecánica del deporte. Así fue que llegué de las arañas al deporte”, remata.
Antes de ir al trabajo, hagamos el último tramo de este recorrido que lleva a un estudiante de Ciencias a trabajar con uno de los responsables de los aspectos físicos de la selección.
“Eso fue gracias al director de Selecciones Nacionales de la AUF, Jorge Giordano, que en este aspecto realmente está haciendo una apertura del complejo y de la selección a cosas que antes no existían”, reconoce.
“Giordano ya me conocía, porque él trabaja en el ISEF, institución a la que estuve muy vinculado”, señala. Y todo se precipitó un poco por azar. “Coincidimos en un evento en el que presentamos un trabajo de clasificación de modelos de juego, trabajo al que me estimuló Vladimir Torres, que es director técnico de fútbol. Giordano escuchó eso y nos invitó a cenar junto con otro grupo de gente que participó en esa instancia”, dice Gabriel.
El evento al que se refiere fueron las Jornadas Científico-Técnicas de Fútbol que se llevaron a cabo en el ISEF de Paysandú en setiembre de 2024. Giordano estaba interesado en avanzar en sistemas de medición, pero Gabriel le dijo que eso no era lo suyo. De todas formas, le presentó a un grupo de gente con el que podía seguir el tema. “Me pidió que lo acompañara a esa reunión, y al salir me dijo que las puertas del Complejo estaban abiertas para la investigación”, señala Gabriel. “Así fue que empezamos. A fines de 2024 tuvimos una primera reunión con los dos profes que son los preparadores físicos de la selección, Diego Estavillo y Santiago Ferro”, apunta.
Tras hacer una puesta a punto de términos y forma de medir algunas cosas, Gabriel recuerda que les preguntó cuáles eran los problemas que tenían. “Quería ver si alguno de esos problemas me entusiasmaba y nos encaminábamos para poder resolver algo”, comenta. “Uno de esos problemas justamente tenía que ver con la carga física, con cómo medirla y cómo evaluarla”, dice. De ahí en más fueron aprendiendo e investigando juntos hasta concretar este trabajo que acaban de publicar (y otras líneas en las que aún siguen trabajando).
Veamos entonces el problema de cómo medir e interpretar la carga física de un equipo de fútbol. En este caso, de las selecciones.
Buscando entender y dar sentido a los datos
Como señalan en el trabajo, “si bien el éxito en el fútbol es multifacético, las exigencias físicas durante un partido influyen tanto en el rendimiento individual como en el colectivo”. Agregan que “desde la perspectiva del rendimiento del equipo, la agregación de las métricas individuales de carga externa proporciona una representación del rendimiento físico colectivo necesario para mantener los comportamientos tácticos y la dinámica del partido, ofreciendo así un marco significativo para examinar el rendimiento a nivel de equipo”. ¿A qué se refiere con eso de “métricas individuales”?
Entre esas métricas hay cinco que están “entre las más utilizadas para caracterizar el rendimiento físico en el fútbol” y que “se reportan sistemáticamente en los documentos técnicos oficiales de la FIFA y en los informes de partidos de la Conmebol”, explica el trabajo. Estas son (y fueron las analizadas en la investigación que publicaron) la distancia total recorrida de cada jugador de cada equipo (medida en metros), las corridas de alta intensidad (aquellas distancias recorridas a velocidades de entre 5,5 y 7 metros por segundo), la distancia corrida en piques o esprints (aquellas distancias recorridas por encima de los 7 metros por segundo), el número de aceleraciones (sostenidas por al menos un segundo y por encima de los 1,5 metros por segundo) y el número de desaceleraciones (sostenidas por al menos un segundo y por debajo de los -1,5 metros por segundo).
“Aunque todas estas medidas son consideradas en el análisis de la carga física, ese análisis se hace en forma fragmentada y a veces resulta confuso. Un problema es que esas variables están asociadas entre sí, porque dentro de la distancia total tenés la distancia en alta intensidad, la distancia en esprints y demás. Por otra parte, sus magnitudes y, en algunos casos, también sus unidades de medida son diferentes. En un extremo tenés la distancia total recorrida, un valor grande de kilómetros, y en el otro tenés acciones, que son un número de cosas, en este caso, de aceleraciones o desaceleraciones. Esta diferencia en magnitudes y unidades dificulta poder construir con ellas un único valor representativo de la carga física de un jugador o del equipo”, comenta Gabriel.
El asunto es que los datos por sí solos no alcanzan para darles sentido a las cosas. “En el fútbol hoy pasa eso. La accesibilidad de los datos es enorme. Pero esa gran cantidad de datos está muy subutilizada en el deporte profesional”, marca Gabriel.
“Los preparadores tenían a su disposición estas cinco mediciones que todo el mundo usa”, retoma. “Y si bien no visualizaban mucho el problema de sus diferencias de escalas y unidades, lo que sí visualizó Diego fue que esas cinco medidas no pesaban lo mismo ni en el entrenamiento ni en los partidos. Algunas de las preguntas concretas que manifestó interés en abordar fueron cuál valor había que darle en el planteo a las aceleraciones, o cuánto pesan las carreras en alta intensidad frente a los esprints. Fue así que empezamos a explorar eso”, dice Gabriel.
¿Qué pesa más para medir la carga física del equipo?
El trabajo muestra cómo desarrollaron un índice que contempla el peso de cada una de estas cinco medidas a las que acceden los equipos. Mediante un análisis de componentes principales, esas cinco medidas se sintetizan en un único índice, un número, que resulta más sencillo de manejar (y que además refleja el peso de cada medida en la carga física total realizada). Para eso trabajaron con las cinco métricas recogidas a través del “seguimiento óptico” de todos los jugadores de las 16 selecciones nacionales durante los 32 partidos de la Copa América 2024 que les proveyó la Conmebol.
“El análisis de componentes principales es una técnica estadística que permite resumir grandes cantidades de información en un número reducido de variables. Cuando varias medidas están relacionadas entre sí, el método las combina en nuevos indicadores que concentran la mayor parte de la variabilidad de los datos, facilitando su análisis e interpretación”, explica Gabriel.
“Para poder pasar de esas cinco variables a un solo índice tuvimos que dar una serie de pasos. Debimos llevar todas las medidas a una misma escala, hicimos una normalización, y demás. Todo eso tiene sentido cuando las variables varían juntas, o sea, covarían. Ese fue el caso de estas cinco variables. Pero claro, primero tuvimos que confirmar que realmente covariaban”, señala Gabriel.
Al meter las cinco variables y hacer un análisis de componente principal, obtuvieron que “el primer componente principal explicaba el 74% de la variabilidad total de los datos”. En otras palabras, eso les permitía tener un índice capaz de resumir gran parte de la información contenida en todas las variables analizadas.
Gabriel Fábrica.
Foto: Alessandro Maradei
“Después analizamos qué variables eran las que más aportaban a ese índice. Ahí vimos que la distancia recorrida en esprint y la distancia recorrida a alta intensidad destacaban claramente sobre las demás. En términos prácticos, eso significa que las diferencias entre selecciones estaban explicadas principalmente por esas dos variables, mientras que las aceleraciones y las desaceleraciones y principalmente la distancia total, tenían un papel menos relevante”, relata.
“Luego de aplicar eso a la Copa América 2024, lo probamos con otras competencias y lo que vimos parece mantenerse. Al comparar otros equipos, otros torneos, otros niveles, todo apunta a que tomando estas cinco variables, cuando se da una diferencia entre los equipos, esa diferencia está dada principalmente por alta intensidad y esprints”, afirma.
El índice es más manejable que las cinco variables. Y es una creación de nuestros investigadores que puede ser usada de aquí en más por otros equipos de investigación o de análisis de partidos del globo.
“Es así. Ponele que la distancia total recorrida te da más alta que la de tu rival, a distancia recorrida en alta intensidad más baja, los esprints más altos, la cantidad de aceleraciones te dan igual y las desaceleraciones más bajas. ¿Fue la carga física de tu equipo mayor o menor que la del rival? Con este índice, si bien es mejorable como toda herramienta, encontramos una forma de llegar a un número que reflejara eso”, dice satisfecho.
Su índice se mostró efectivo. Pero en el trabajo además lo relacionaron con otra variable que nos resulta profundamente atractiva: los resultados en la copa.
“Tratamos de ver si podíamos construir un único indicador de la carga física total de cada equipo que nos permitiera diferenciar, durante la Copa América, el rendimiento entre las selecciones”, dice Gabriel.
Mirando a Uruguay en la Copa América de cara al Mundial
“En este trabajo vimos que el índice que elaboramos dio diferencias entre selecciones”, comenta. A la celeste le fue bien: “Uruguay tuvo el índice más alto del torneo, y su mediana fue alta siempre”, agrega.
El trabajo reporta este índice de carga física colectiva de cada selección en la fase inicial de grupos, en las fases eliminatorias, así como el promedio durante todo el torneo.
En caso de la fase de grupos, la selección celeste se despegó de todo el resto, con un promedio que rondó los 29 puntos del índice. En esa fase la selección que más se le acercó fue la de México, pero sin superar los 20. Las dos selecciones con peor puntuación en el índice de carga física colectiva fueron Perú y Jamaica, con valores medianos por debajo de -10.
En los encuentros eliminatorios, el valor del índice de Uruguay tuvo una caída, no superando los 26 puntos y cayendo incluso hasta los 13. Aun así, mantuvo un alto nivel, por encima del promedio del torneo. “Sí, fue una carga alta también. Lo que pasa es que bajó respecto de sí misma en la fase de grupos, pero seguía siendo alto respecto del resto”, comenta Gabriel.
En el trabajo hay una serie de gráficas que muestra el índice de carga física de los dos rivales en todos los partidos de las cuatro selecciones que llegaron a finales y semifinales (Argentina, Colombia, Uruguay y Canadá). Al ver el gráfico de Uruguay, queda patente que al superar con margen la carga física del rival, Uruguay logró imponerse. Veamos.
Uruguay debutó enfrentándose a Panamá. Ganó 3 a 1 y su índice de carga física fue de 24, mientras que Panamá marcó -1. En el siguiente partido Uruguay goleó a Bolivia 5-0, con un índice de 32 que contrastó con el bajo -19 de los del altiplano. Para cerrar la fase de grupos, Uruguay derrotó 1-0 a Estados Unidos. En ese caso también le pasó por arriba en carga física al rival: puntuó 32 en el índice, mientras que los yanquis apenas llegaron a 4.
En los cuartos de final, la celeste enfrentó a Brasil, empatando 0-0 (pasaría a semifinales gracias a los penales). Si bien Uruguay superó a Brasil en el índice de carga física durante el tiempo reglamentario (26 contra -0,6 de los brasileños), el desempeño marcó una leve caída respecto de los dos partidos anteriores (aunque fue un poco superior a la del partido debut).
En las semifinales la celeste cayó ante Colombia por la mínima diferencia. Ese partido fue el primero en que nuestra selección enfrentó a un rival que tuvo un mejor índice de carga física: 24 marcó el de ellos, apenas 13 el nuestro. ¿Esa diferencia nos sacó de la final? Es un dato que podríamos poner a consideración.
En el partido por el tercer puesto volvimos a ser superados en el índice de carga física y no obtuvimos un triunfo en los 90 minutos (Canadá nos empató 1-1 y quedamos terceros por penales). Mientras que los norteamericanos tuvieron una carga física de 28, la celeste marcó 17. ¿Les hubiéramos ganado en el tiempo reglamentario si las cargas físicas hubieran sido al revés? Es un dato que podríamos poner a consideración: en los tres partidos que la celeste ganó, superó el desempeño físico del rival según el índice de Estavillo y Fábrica. Cuando corrió menos, o bien perdió, o bien fue a penales.
Miro a Gabriel sabiendo que es un biomecánico y no un entrenador deportivo o un director técnico. Me dejo llevar y le pregunto por cosas que están más allá de la ciencia que hace. ¿Será que Uruguay pagó el precio del alto rendimiento en la fase de grupos, llegando con cierto agotamiento a los partidos eliminatorios? ¿O será que, en cambio, al enfrentarse a rivales más difíciles, no pudo desarrollar su juego con muchos esprints y corridas a altas velocidad? ¿O será que la explicación está en otra parte?
“No tengo una respuesta de qué fue lo que pasó. En primer lugar, porque no es algo que hayamos analizado. En segundo lugar, hay factores que son difíciles de cuantificar”, señala Gabriel. “Posiblemente haya sido una mezcla de esas cosas que decís y de otras, una mezcla de factores”, conjetura.
¿Correr más para salir campeón?
“Uruguay tuvo una gran carga física, pero quedó tercero, mientras que Argentina, con una puntuación de las más bajas en este índice de carga física colectiva, se llevó el trofeo”, dice Gabriel cuando abordamos qué encontraron entre la asociación del índice con los resultados obtenidos por las selecciones en la Copa América.
“Las asociaciones fueron débiles, como era de esperar, porque únicamente con un índice de carga física no vas a explicar el resultado de un campeonato. Aun así, esperábamos ver si había una tendencia entre esa carga física y los resultados obtenidos. Pero no, la asociación entre el índice y el resultado fue muy débil al analizarlo en conjunto. Eso es lógico, porque el fútbol es multidimensional y no depende solo de que corras más que los otros en alta intensidad y en esprint. Hay otro gran montón de factores incidiendo, por eso no nos asombró para nada no encontrar esa asociación”, confiesa Gabriel.
Les pregunto si de todas formas no les asombró un poco que la selección Argentina saliera campeona teniendo una puntuación tan baja. Uno tiende a pensar que a mayor esfuerzo hay más chance de tener mejores resultados en un deporte.
“Eso nos llevó a profundizar respecto de qué es lo que hace que el índice tome determinados valores. Por ejemplo, encontramos partidos en los que el índice era muy alto, pero aun así el equipo estaba siendo claramente superado por su rival. Cuando un equipo tiene que defenderse de ataques constantes o de una presión intensa, sus jugadores hacen muchos esprints, aceleraciones y desaceleraciones. Todo eso hace subir el índice. Por lo tanto, un valor alto puede reflejar un gran esfuerzo físico colectivo, pero no obligatoriamente esto se asocia con la posibilidad de desarrollar juego ofensivo”, apunta Gabriel, que remarca que “el contexto es muy importante para un análisis más profundo”.
“Hasta el momento lo que parece bastante claro es que sí hay una cierta relación entre la relevancia que tiene el rendimiento físico asociado a algunas formas de juego”, sostiene. “Para Uruguay, en la Copa América, el índice reflejaba el resultado. Cuando el índice de carga física de Uruguay cayó respecto de sí mismo, en las últimas instancias, fue cuando tuvo peores resultados”, resalta.
Viendo el índice que confeccionaron, la albiceleste, salvo en su tercer partido ante Perú, no superó en carga física colectiva a sus rivales (puntuó menos en carga física en los encuentros con Canadá, Chile, Ecuador y Colombia) y, sin embargo se impuso a todos ellos (con la excepción de Ecuador, al que le ganó por penales tras empatar 1-1). Así las cosas, con una carga física colectiva menor que la de sus adversarios, fue la selección campeona.
A la luz de eso, pensaba titular la nota algo así como “no por correr más salís campeón”, agregando entre paréntesis que “para Uruguay correr más que el rival parecería augurar mejores resultados”. Gabriel rumia la propuesta. “Tener un desempeño físico mayor no te acerca necesariamente al triunfo. Depende de varios otros factores. Uno de ellos, muy importante, es tu propuesta de juego, y la propuesta de juego va a estar asociada a tus jugadores. Además, incide la idea que tenga el director técnico, que va a estar asociada también con los jugadores”, dice Gabriel, que reconoce que para título de nota esta explicación es un poco larga.
En un deporte en el que el equipo que gana es el que hace más goles que el otro, encontrar que un índice que refleja el trabajo físico colectivo puede predecir quién gana en el 100% de los partidos sería loquísimo. Conocer y amar la ciencia implica no pedirle aquello que no puede dar.
¿Cómo trasladar lo observado?
¿Cómo se traslada puertas adentro del Complejo Celeste esto del índice de carga física? ¿Qué hacer ante esto que ven de que en la fase de grupos la selección tuvo un alto desempeño físico y ganó, y que cuando ese desempeño cayó, tuvo resultados menos favorables? ¿Mejorar la capacidad aeróbica de los jugadores? ¿Trabajar la resistencia? ¿En qué se traduce este índice en el trabajo que se hace con los futbolistas?
“Lo primero es tener una herramienta que te ayude a sacar conclusiones. Eso fue lo que logró este trabajo”, señala. “Una vez que la herramienta está, uno sabe que, por ejemplo, en el caso de la Copa América al menos, cuando Uruguay, en conjunto, baja algunas de sus métricas, le cuesta ganar. Entonces hay que trabajar en mejorar eso y lograr sostener esas métricas la mayor cantidad de tiempo posible, lograr que cada jugador mantenga sus prestaciones la mayor cantidad de tiempo posible”, aventura. “¿Cómo se diseña el entrenamiento para lograr eso? Yo no lo sé. Pero sí te puedo decir que he participado en la resolución de algunos problemas para que los profes logren hacer un buen diseño tomando el índice como referencia, y luego recién hacer la lectura de cada métrica sobre esa base”, cuenta.
“En este trabajo vimos el índice respecto de la totalidad del partido, a los 90 minutos. Pero al ver el minuto a minuto del índice en un partido, ya la cosa cambia, es otro enfoque. A esa escala se puede asociar cosas que pasan a nivel del índice con la realidad del juego. Y se puede ver si cuando baja el rendimiento lo hace por una circunstancia del juego, o si baja porque hubo una merma en determinado sector o porque algún jugador se cansó, o porque el juego viene por determinado lado, etcétera. Al ver el minuto a minuto, el panorama es distinto”, explica.
“El minuto a minuto permite que la herramienta sea más práctica. Ahora, cómo la pueden utilizar en concreto los profes, cómo se hace el diseño del entrenamiento tomándola en cuenta o cómo se plantea el partido, todo eso son cuestiones que me exceden”, dice con humildad Gabriel. “Tampoco soy asesor del proceso de entrenamiento, no soy entrenador, simplemente trabajamos, en conjunto con Diego, para tratar de entender mejor el fenómeno del rendimiento físico. Hasta ahí voy yo”, agrega, marcando sus límites.
De cara al Mundial, mantener una alta carga física colectiva a lo largo del campeonato podría beneficiarnos. “Creo que sí, pero después tiene que entrar alguna. Desde el punto de vista físico no me cabe duda de que Uruguay dará todo, porque la gente que está ahí está realmente comprometida y trabaja muy bien”, vaticina.
De observar la corrida de las arañas a ver las del pajarito Valverde, la pantera Núñez y las del resto de los celestes, Gabriel y Diego nos muestran que la ciencia es valiosa también en la cancha. La suerte que corra Uruguay en el Mundial podría depender justamente del buen desempeño de sus corridas. Eso mezclado con otro montón de ingredientes que hacen que los partidos se sigan jugando y no salga automáticamente campeón el que viene haciendo mejor las cosas.
Artículo: Collective external load and competitive success in elite international soccer: A PCA-derived synthetic Index from the 2024 Copa America
Publicación: Sports Science & Coaching (mayo de 2026)
Autores: Diego Estavillo y Gabriel Fábrica.