Ciencia Investigación científica
Ingresá
Ciencia Investigación científica

Archivo, marzo

Foto: Ignacio Dotti

Estudio internacional da nuevo argumento para posicionar mejor la carne uruguaya

Investigación brasileña que analizó el estrés térmico del ganado en ese país, Argentina, Colombia, Paraguay y Uruguay muestra que para gran parte de la región el problema “es uno de los desafíos más importantes para el bienestar animal”, pero excluye a Uruguay de los países afectados.

Contenido exclusivo con tu suscripción de pago
Contenido no disponible con tu suscripción actual
Exclusivo para suscripción digital de pago
Actualizá tu suscripción para tener acceso ilimitado a todos los contenidos del sitio
Para acceder a todos los contenidos de manera ilimitada
Exclusivo para suscripción digital de pago
Para acceder a todos los contenidos del sitio
Si ya tenés una cuenta
Te queda 1 artículo gratuito
Este es tu último artículo gratuito
Nuestro periodismo depende de vos
Nuestro periodismo depende de vos
Si ya tenés una cuenta Ingresá
Llegaste al límite de artículos gratuitos
Nuestro periodismo depende de vos
Para seguir leyendo ingresá o suscribite
Si ya tenés una cuenta
o registrate para acceder a 6 artículos gratis por mes

Editar

Para cualquier persona sensible, el bienestar animal es un asunto relevante. Claro está que es un tema complejo en el que, según dónde se pare cada uno, abarcará distintas dimensiones. El concepto, en el mundo de la producción animal, es más reducido que, por ejemplo, cuando se debate sobre los derechos de todas las formas de vida en este planeta, y se limita a buscar las formas de reducir el daño y el dolor innecesario que los animales padecen al ser parte de las cadenas productivas.

En ocasiones esa búsqueda de disminuir la carga de dolor de los animales de producción es bienintencionada; en otras solo es consecuencia de buscar ventajas en el plano económico, ya sea por evitar sanciones o porque hay mucha evidencia de que los animales estresados y maltratados generan menos valor que los criados en mejores condiciones y tratados con menos crueldad. El segundo escenario no es el mejor, pero aun así, en el mundo en que vivimos, un gramo menos de dolor es mejor que un gramo más. Y es en ese marco que un artículo publicado por investigadores de Brasil, tal vez sin proponérselo, termina aportando un nuevo elemento para posicionar mejor las carnes de Uruguay en el mundo: producidas a pasto (práctica más sana, menos cruel y menos dañino con el ambiente que la producción a granos en feedlots), sin comprometer ecosistemas naturales (ya que aquí vivimos en un gran pastizal natural y no tenemos que deforestar, desecar humedales ni nada de eso), ahora también podemos decir que, en un mundo ya caliente que se calentará aún más, el ganado vacuno de nuestro país es de los pocos que en América del Sur no está expuesto al estrés térmico.

Titulado algo así como “El impacto del estrés por calor en el bienestar del ganado vacuno de carne en América del Sur y la rentabilidad de la provisión de sombra”, el artículo aborda el estrés térmico del ganado de 636 localidades de Brasil, Argentina, Colombia, Paraguay y Uruguay y lleva la firma de Cynthia Schuck, Wladimir Jiménez y Anielly de Paula, del Centro de Métricas de Bienestar, Camila Pereira y Tâmara Duarte, de la empresa Minerva Foods, propietaria de varios frigoríficos en los cinco países estudiados, y Vinícius de França, del Instituto Federal Baiano, todos de Brasil. Veamos cómo es el asunto.

Estudiando el bienestar animal pensando en la billetera

“El estrés térmico afecta a miles de millones de rumiantes domésticos en todo el mundo, incluyendo vacas, búfalos, ovejas y cabras, y los mayores impactos se producen en las regiones tropicales y subtropicales, donde se cría la mayor parte del ganado del mundo”, comienzan diciendo en el trabajo Cynthia Schuck y sus colegas, y agregan que esos animales “enfrentan cargas de calor que superan regularmente su capacidad de disipación durante períodos prolongados, lo que desencadena respuestas fisiológicas y conductuales que comprometen su bienestar, salud y productividad”.

¿Qué le pasa al ganado que afronta estrés térmico? Tal como reseñan, se ha reportado que ese estrés reduce la ingesta de alimento, causa problemas digestivos, problemas inmunológicos y un aumento del riesgo de infecciones, así como, en casos extremos, una mayor mortalidad. Pensando en las cuentas, citan estimaciones que señalan que hacia el fin de este siglo, el estrés térmico produciría “entre 15.000 y 40.000 millones de dólares al año”.

El asunto es particularmente relevante en América del Sur, ya que los “más de 380 millones de cabezas de ganado vacuno”, a “diferencia de los sistemas norteamericanos y europeos”, se crían “principalmente en pastizales durante toda su vida”. Agregan que “incluso el ganado que se somete a engorde intensivo en feedlots –17% aproximadamente– solo permanece confinado durante los últimos 90 a 120 días antes de la faena”. De esta manera, nuestro ganado (el posesivo refiere al de América del Sur), enfrenta una “exposición térmica acumulada a lo largo de su vida”.

El trabajo también destaca que la producción ganadera de estos cinco países, que “representa casi el 30% de la producción mundial y más del 40% de las exportaciones”, se da en distintas zonas climáticas, que van desde “los márgenes del Amazonas hasta el Cerrado brasileño y las tierras bajas tropicales de Colombia, donde el ganado sufre estrés por calor durante largos períodos cada año”, hasta pastizales templados, como los de Uruguay, partes de Argentina y el sur de Brasil. En las zonas más tropicales, agregan, la producción de ganado vacuno apela más al cebú de la raza nelore (especie Bos indicus, originaria de India), que se supone que soporta mejor ese clima que la que usamos aquí, que son de la especie Bos taurus. La billetera sale a jugar: citan trabajos que muestran que en el caso de las vacas que usamos aquí (Bos taurus), la crianza durante los días de finalización con sombra implicó un crecimiento de 1,48 kilos por animal por día, mientras que sin sombra aumentaron 1,41 kilos, lo que al final del período de engorde implicó diferencias de 5 kilos entre las vacas con sombra y las vacas finalizadas al rayo del sol.

En el trabajo emplearon un marco de huella de bienestar desarrollado por el Centro de Métricas de Bienestar que aborda la “exposición al estrés térmico, tanto aguda como crónica”, que “en lugar de basarse en indicadores indirectos de bienestar o sistemas de puntuación abstractos, estima directamente el tiempo que los animales pasan en diferentes estados de afectación, lo que proporciona una métrica del impacto del estrés térmico en el bienestar que es biológicamente significativa, comparable e intuitiva”.

¿Para qué hicieron todo eso? Son sinceros. No están pensando en si las vaquitas pasan mejor o peor, sino que buscaron “cuantificar el impacto en el bienestar del estrés térmico a lo largo de una importante cadena de producción de carne vacuna en América del Sur”, para así evaluar “la rentabilidad de la provisión de sombra como estrategia de mitigación, con retornos económicos estimados de manera conservadora utilizando datos de rendimiento de la fase de acabado”. En otras palabras: ¿vale la pena gastar en infraestructura que de sombra con los aumentos asociados de producción al bajar el estrés térmico? Veamos qué vieron.

Zonas de estrés térmico crónico

“El impacto fisiológico del estrés térmico en los animales no solo está determinado por la intensidad del estrés en un solo día, sino también por su duración y repetición a lo largo del tiempo”, señala el equipo de investigación en el trabajo publicado. Por eso recurrieron a lo que denominan carga térmica anual, a la que definen como “la suma de los excesos diarios de estrés térmico en relación con un umbral crítico, acumulados a lo largo de un año”. ¿Cómo estimaron esto? Apelaron a “datos climáticos diarios” que abarcaron cinco años (de 2019 a 2023) que obtuvieron de una base de datos de la NASA, con una resolución espacial que les permitió analizar la temperatura del aire, la humedad relativa (de gran importancia para el estrés térmico, porque, a mayor humedad, más difícil es para los mamíferos disipar el calor mediante el sudor), velocidad del viento y flujo de radiación solar de onda corta descendente de las 636 ubicaciones de los establecimientos ganaderos estudiados en los cinco países (y que suministran a la cadena cárnica de la empresa Minerva Foods). Sumando los días con temperaturas por encima del umbral de estrés (mayores a 30° C) al año, estimaron entonces la carga anual.

Definieron entonces como “baja” de la carga térmica anual aquella en la que “los días que superaban el umbral de estrés térmico son raros o muestran un exceso mínimo”; “moderada”, aquella en la que los animales soportan un estrés moderado en días con entre 30 y 35°C; “alta”, la que implica una “exposición considerable y frecuente a un estrés térmico significativo”, en general mayor a los 35°; “muy alta”, la que corresponde a una “carga térmica sustancial con días frecuentes de nivel estrés severo y algunos días probables de estrés extremo” en el que se superan los 40°C; y, finalmente, como “extrema” aquella en que “los animales se enfrentan a períodos prolongados de estrés severo y, con frecuencia, a días de estrés extremo, lo que indica una exposición crónica a condiciones térmicas extremadamente adversas”.

De esta forma, en los resultados reportan cinco zonas que van desde el “bajo riesgo de estrés crónico”, que son aquellas en las que 92% del año no hay estrés térmico, hasta aquellas en las que hay “extremo riesgo de estrés crónico”, donde “el ganado experimenta de moderado a intenso estrés térmico la mayor parte del año.

En el trabajo no lo especifica por país, probablemente porque como todos los establecimientos abastecen a la misma empresa, separar por naciones dónde están los establecimientos más comprometidos no es relevante. Sin embargo, en uno de los mapas que trae el trabajo, mirando desde Uruguay, podemos ver que nuestro país tiene todo el sur del río Negro en el rango del “bajo riesgo de estrés crónico”, y el norte, en el rango del “moderado riesgo de estrés crónico”. Nuestras vacas zafan de soportar un estrés térmico relevante. “Las zonas de bajo riesgo se concentran en la Pampa argentina, Uruguay, el sur de Paraguay y los estados más meridionales de Brasil, donde los inviernos permiten períodos de recuperación prolongados”; es lo que sí se menciona.

Establecimientos de ganado y carga térmica anual. El círuclo representa el volumen de producción - Tomad de Schuck y otros 2026

El artículo reporta que los peores efectos se vieron en “las tierras bajas caribeñas del noroeste de Colombia, el estado brasileño de Rondônia y una franja continua a lo largo de los márgenes sur y sureste de la Amazonia, que abarca el norte de Mato Grosso, el este de Acre, el sur de Pará y el norte de Goiás”. Allí sus resultados identificaron zonas con “riesgo extremo de estrés térmico crónico”. “Estas regiones comparten características comunes: temperaturas superiores a 26°C durante todo el año, alta humedad (mayor al 70%) y mínima variación estacional”.

Luego el trabajo hace los cálculos para determinar si la construcción de refugios que den sombra (estimaron la construcción de instalaciones con columnas de metal y techos de chapa a precios de los materiales necesarios en el mercado brasileño) sería rentable o no, asumiendo que estas construcciones durarían al menos diez años y que el ganado tendría tres ciclos de finalización al año (no calcularon el impacto en el ciclo completo del ganado, sino en esa última etapa de engorde). Reportan entonces que, para las zonas con estrés térmico crónico de alto en adelante, “el retorno derivado del aumento de peso gracias a las estructuras de sombra diseñadas adecuadamente supera los costos de implementación, lo que en la práctica supone un pago a los productores para mejorar el bienestar animal”, y la intervención se paga en unos dos años “bajo escenarios de precios plausibles” (es decir, sin un patatús de los precios provocados por un Donald Trump o algo igual de catastrófico).

Buenas para Uruguay

Movido por el interés económico, el trabajo muestra que invertir en sombra para el ganado en regiones con alto estrés térmico mejoraría el bienestar del ganado y, por lo tanto, aumentaría la producción, lo que haría la inversión viable (y pensar en el malestar animal como pertinente). Para nuestro país, donde ese estrés es bajo, no hay mucho por hacer... o sí.

La carne producida a pasto en Uruguay podría posicionarse como “carne producida a pasto, sin transformación de ecosistemas y sin estrés térmico del ganado”. De lograrlo, podría tal vez mejorar el precio en mercados que se preocupan por estos temas, o vencer barreras paraarancelarias existentes o a crearse. En lo referido al bienestar del ganado de Uruguay, no habría entonces nada para celebrar, salvo, tal vez, la oportunidad de saber que ya que no tenemos ese problema, podemos mejorar otros que sí se dan.

Artículo: The Welfare Impact of Heat Stress in South American Beef Cattle and the Cost-Effectiveness of Shade Provision
Publicación: Animals (2026)
Autores: Cynthia Schuck, Wladimir Jiménez, Anielly de Paula, Camila Pereira, Vinícius de França y Tâmara Duarte.

¿Te interesa la ciencia?
Suscribite y recibí la newsletter de Ciencia en tu email.
Suscribite
¿Te interesa la ciencia?
Recibí la newsletter de Ciencia en tu email cada dos viernes.
Recibir