En las últimas semanas las tortugas marinas fueron noticia nuevamente en la prensa local, luego de que se divulgaran imágenes de ejemplares muertos o varados en las costas uruguayas. Aunque la información aludía a varias especies, el video más difundido mostraba una tortuga verde (Chelonia mydas) juvenil, muerta a orillas de la playa de Piriápolis.
No sabemos aún si este año están apareciendo más tortugas varadas y/o muertas, como se dijo (podremos saberlo recién al terminar el invierno si la Red de Rescate y Varamientos de Tortugas Marinas contrasta las cifras con las de años anteriores), pero hay algunas cosas que sí podemos asegurar sin miedo a error y con base en la evidencia.
Una de ellas es que las tortugas marinas sufren en nuestras aguas las amenazas de la pesca incidental y la interacción con el plástico, por lo que es posible que algunos de estos factores hayan actuado en esos casos, como ocurre año tras año.
Otra es que todos los años, al llegar el invierno, aparecen tortugas verdes muertas o varadas en la costa, especialmente en Punta del Este, Piriápolis y balnearios cercanos. Lo sabemos gracias al monitoreo sistemático que realiza la organización Karumbé desde hace 25 años, que nos permite también anticipar que a final del verano y en el otoño tenemos mayores posibilidades de ver tortugas cabezonas (Caretta caretta) y siete quillas (Dermochelys coriacea) en la zona del estuario externo (aproximadamente desde Montevideo hasta Punta del Este). Que sea usual, sin embargo, no implica que debamos restarle importancia.
Las tortugas verdes que vemos en Uruguay no nacen aquí. Llegan a nuestro país en los meses más cálidos del año y ya en su etapa juvenil, tras haber iniciado su periplo en territorios remotos como la isla Ascensión o Guinea Bissau. Arriban a estas latitudes para alimentarse casi exclusivamente de algas, pero cuando comienza el invierno se enfrentan a un problema que las pone a prueba: las aguas descienden a una temperatura incómoda para ellas.
A veces vuelvo
¿Todas las tortugas que vienen aquí reaccionan igual ante este desafío? No, y entenderlo es la parte más interesante de esta historia. Cuando el frío se hace sentir, muchas de las tortugas verdes que vienen a comer algas a nuestras costas hacen algo que parece lógico y que muchos de nosotros entendemos bien, como típicos turistas uruguayos que deseamos acortar el invierno: migran al norte, en busca de las aguas más cálidas de Brasil.
Otras, sin embargo, deciden quedarse aquí durante el invierno, pese al riesgo que implica esa decisión. Su estrategia para lidiar con el frío es permanecer buena parte del tiempo en fondos próximos a zonas rocosas, en una suerte de aletargamiento invernal en el que reducen su metabolismo y actividad física (llamado brumación, que es la hibernación de los reptiles, aunque no hay consenso sobre el uso del término para estas tortugas).
Estas tortugas aquerenciadas evitan de este modo invertir energía en la migración, pero la suya es una jugada arriesgada, que puede convertirse en una trampa. Cuando hay eventos de frío extremo, como pasó en 2019, y la temperatura del agua es menor a diez grados, las tortugas varan masivamente con síntomas de hipotermia.
E incluso aunque no se produzcan fenómenos extremos, siempre hay ejemplares afectados por las bajas temperaturas en esta época. Por eso, todos los años, los responsables de Karumbé emiten un aviso a la población. Saben que probablemente aparecerán tortugas varadas en estos meses, con síntomas de hipotermia, y piden a quienes vean alguna que den aviso al 099 917 811 para poder asistirlas.
Más allá de estos casos puntuales de varamientos, provocados por los descensos bruscos de temperatura, su decisión abre otras interrogantes. ¿Cuál es el costo de esta táctica a largo plazo para las tortugas verdes que deciden pasar el invierno en Uruguay? ¿Cómo les va en comparación con las que migran en busca de aguas más cálidas? ¿Se está convirtiendo esta estrategia en una trampa que amenaza el futuro de las tortugas verdes en Uruguay?
Estas son algunas de las preguntas que buscó responder una investigación realizada por Gabriela Vélez Rubio, de la Sección de Oceanografía y Ecología Marina de la Facultad de Ciencias y del Instituto de Ciencias Oceánicas (ambas de la Udelar) y la organización Karumbé, a la que pertenecen también los coautores del artículo Alejandro Fallabrino, Andrés Estrades, Daniel González, Juan Manuel Ordoqui y Marina Reyes, más Gustavo Martínez, de la Universidad Federal de Río Grande (Brasil), y Ángel Segura, del Instituto de Ciencias Oceánicas y del Departamento de Modelización Estadística e Inteligencia Artificial del Centro Universitario Regional del Este.
En su trabajo, pudieron dar respuesta a algunas de estas preguntas, pero descubrieron mucho más, como algunos datos sobre la fidelidad de las tortugas verdes a Uruguay y los cambios intrigantes que han atravesado desde comienzos de siglo.
Yorugua la tortuga
“Lo interesante de estudiar estas tortugas aquí es que este es el límite térmico de su distribución. Como realizan estrategias comportamentales para evitar el frío, es importante estudiar cómo hacen frente a esas condiciones subóptimas y cómo les va, porque nos da una idea de lo que podría llegar a pasar si cambian las condiciones ambientales, en particular la temperatura del agua”, explica Gabriela Vélez, que, al igual que muchas de las tortugas verdes, llegó desde tierras lejanas (España) y decidió quedarse aquí, inviernos incluidos.
En otras palabras, lo que preocupaba a Gabriela y sus colegas era descubrir si estas estrategias para lidiar con los inviernos uruguayos (las de las tortugas, no las suyas) les permiten seguir creciendo o si, por el contrario, comprometen su desarrollo y por lo tanto el éxito de su población. “En el estudio de esta especie es común leer que las tortugas que vienen acá al sur, las que no están en el Caribe, la están pasando muy mal. Queríamos corroborar cuán cierto es eso”, agrega. Y Uruguay, por su ubicación, resultó un excelente laboratorio para descubrirlo.
¿Cómo hicieron para medir la condición física de las tortugas verdes de nuestras costas? Recurrieron a datos del monitoreo de largo aliento que viene realizando Karumbé. La organización captura sistemáticamente tortugas verdes en varios puntos de la costa uruguaya, las marca, realiza varias mediciones, toma algunas muestras para análisis y las vuelve a liberar. La clave, para los propósitos de este trabajo, estuvo en los animales recapturados.
Para su investigación, consideraron los datos recabados entre 2002 y 2024 en seis puntos de la costa rochense: Pesquero, Cerro Verde, Islas de la Coronilla, Canal Andreoni-La Coronilla, Punta del Diablo y Valizas.
Aunque en este período los investigadores identificaron 2.582 ejemplares de tortugas verdes, tuvieron en cuenta para el análisis solo aquellas marcadas y recapturadas en Uruguay (tras un período lo suficientemente largo como para resultar informativo), lo que les permitió evaluar su crecimiento y los cambios de su condición física en los lapsos entre captura y recaptura.
Para eso tomaron como referencia el índice de condición corporal, que relaciona el tamaño del caparazón con el peso. “Es un indicador que permite tener una idea aproximada de la condición física e identificar de forma secundaria una condición de salud comprometida”, señala Gabriela.
A la vez, esas tortugas recapturadas fueron divididas entre aquellas que optan por la estrategia de quedarse durante el invierno (las brumantes) y las que migran a aguas más cálidas. Como a las tortugas nadie les sella el pasaporte, la forma para darse cuenta de la categoría a la que pertenece cada una es la presencia de epibiontes en su caparazón, como algas y mejillones, entre otros. Las que pasan semiinactivas durante una temporada son colonizadas por estos organismos, que se aprovechan de su quietud para instalarse a gusto. Las tortugas también bruman en otras regiones que se encuentran en los límites de distribución, pero la presencia de epibiontes en sus caparazones, curiosamente, solo se ha visto en Rocha y en el sur de Río Grande del Sur.
Tras recolectar en forma tan minuciosa toda esa información relevante sobre estos animales tan magníficos, ¿a qué conclusión llegaron?
Tortuga lenta pero segura
Los resultados sugieren que quedarse en invierno y brumar tiene un costo para las tortugas, porque presentan un índice de condición corporal y tasas de crecimiento más bajos que las tortugas que no bruman. Pero no les va tan mal. La mayoría de las tortugas que brumaron y fueron recapturadas después de un año también mejoraron su condición corporal.
El trabajo muestra además que las tortugas pueden cambiar su estrategia año a año, como revela un ejemplar que pasó el invierno de 2019 en Uruguay y luego fue recapturado tras migrar a Paraná (Brasil). “Ese es para mí el resultado central. Si bien son tortugas que bruman y están con una condición corporal un poco más pobre, igual crecen y pueden cambiar la estrategia año a año, sin que se comprometa el desarrollo en años sucesivos”, cuenta Gabriela.
“Hay muchos trabajos que repiten que las zonas no óptimas, por temperatura y por alimento, podrían provocar un decaimiento en las tallas de las hembras anidantes y poner en riesgo el desempeño de la población. Y es cierto que la tasa de crecimiento de las tortugas que vienen aquí no es tan alta como la de otras zonas de alimentación de juveniles, pero es similar a lugares que por su temperatura deberían ser óptimos para las tortugas. Pensé que su crecimiento iba a ser mucho menor”, agrega.
Huyendo del invierno una vez más
En resumen, los datos muestran que por algo las tortugas verdes eligen pasar sus inviernos en Uruguay. Para lograrlo, han desarrollado una estrategia que les permite seguir creciendo, aunque en forma más lenta. En eso, cumplen bien los estereotipos de los uruguayos.
Para hacerlo más uruguayo (y futbolero) aún, podemos hablar de una “tabla de posiciones” internacional de crecimiento. Allí, las tortugas de este trabajo se ubican más bien en los puestos de abajo, pero con resultados similares a otros países en los que su recurso alimenticio también son las algas, como Australia, que cuentan con la ventaja de poseer aguas más cálidas. “No vas a escuchar a nadie decir que las poblaciones de tortugas verdes en Australia crecen poco. Y sin embargo están más o menos igual que las de Uruguay”, comenta Gabriela.
Esto no significa que estas tortugas verdes que bruman en Uruguay queden libres de riesgo. Como ya mencionamos, esta estrategia podría aumentar la probabilidad de varamientos asociados a tormentas o eventos de frío extremo, pero además eso se combina con otras amenazas. “Todas, tanto las que migran a Brasil como las que se quedan, enfrentan amenazas como la captura incidental o el consumo de plástico. Las que se quedan acá, sin embargo, lidian con otras, además de los riesgos mencionados de hipotermia. Pueden quedar expuestas más tiempo a contaminantes (como pasa en Cerro Verde con las descargas del canal Andreoni) y quedar debilitadas por una combinación de factores, como el plástico o los epibiontes”, agrega. Una tortuga con una condición corporal pobre por ingesta de plásticos, que encima debe hacer frente a las temperaturas más bajas y el peso de los epibiontes (entre los que hay especies invasoras, como el caracol Rapana venosa, como ocurre en las tortugas halladas en Maldonado), puede verse en dificultades.
Esos son aspectos que nos obligan a un cuidado y una precaución extra con las tortugas verdes que llegan aquí. La evolución les ha permitido desarrollar estrategias exitosas frente a cambios graduales, pero lógicamente no ha podido prepararlas para los desafíos repentinos provocados por la acción humana.
Es relevante que sepamos más al respecto porque las tortugas verdes están apareciendo en números cada vez mayores en nuestras costas, tal cual muestran los monitoreos de Karumbé. Y su población está cambiando de formas que aún no entendemos bien, como revelan otras conclusiones de este trabajo.
Soy tu quelonio fiel
Ya vimos que a algunas tortugas verdes Uruguay les gusta tanto que se las ingenian para permanecer aquí todo el año, pero las demás no se quedan atrás y son tan fieles a nuestras costas como esos turistas que van sin falta a Rocha todos los años. La mayoría de las tortugas estudiadas en el trabajo fueron recapturadas en los mismos sitios en los que aparecieron por primera vez, con el caso notable de un ejemplar capturado en el mismo punto del Área Costero-Marina Protegida de Cerro Verde e Islas de La Coronilla casi diez años después.
Sin embargo, la población de tortugas verdes que habitan nuestras costas ha experimentado cambios. La investigación revela que el tamaño de las tortugas capturadas disminuyó desde el comienzo del monitoreo hasta 2014, y a partir de ahí pasó a crecer hasta 2024, último año que incluye el trabajo, como deja en evidencia el aumento promedio en el largo de sus caparazones. Otros indicadores, como el peso o el índice de condición corporal, se comportaron de forma similar.
No está claro por qué ocurre esto. Lo primero que pensaron los investigadores ante estos resultados inesperados fue hacer un mea culpa y deducir que podría tratarse de un sesgo metodológico, que en los últimos años los llevó a capturar ejemplares más grandes en forma no representativa. Esto era plausible, porque el tamaño de las tortugas varía según el lugar en el que se realicen las capturas. En Pesquero de La Coronilla, donde las aguas son más llanas, suelen capturar tortugas más pequeñas, y en las islas del Cerro Verde ocurre lo contrario.
“Pero en el análisis no encontramos evidencias de esto y no nos queda claro a qué puede deberse este cambio en la población de tortugas”, aclara Gabriela. ¿Están encontrando mejor alimento en Uruguay en los últimos años o lugares en mejores condiciones? ¿Tiene que ver con la estabilización de las poblaciones en las colonias de anidación de las que vienen? Tal cual apunta el trabajo, es necesaria más investigación para entender esta tendencia, que se ha observado también en estudios similares en Australia.
“Nuestra idea ahora es estudiar esto en la región del Atlántico Sur Occidental a través de la Red ASO-Tortuga, que reúne investigadores de Brasil, Uruguay y Argentina, para ver si este mismo patrón se da en toda la distribución del Atlántico Sur, como para tener un panorama más claro de qué puede estar pasando”, dice Gabriela.
En conclusión, el trabajo da un mensaje esperanzador para las tortugas verdes que habitan nuestras aguas, pero también hace un llamado de advertencia. Es verdad que estos animales están desarrollando estrategias que les permiten hacer frente al frío del invierno sin comprometer la salud de las poblaciones, pero se manejan en los límites y este equilibrio puede romperse con facilidad.
“Tanto los hábitats costeros como los oceánicos están cada vez más degradados por la acumulación de desechos humanos”, recuerdan los autores. En este marco, hay noticias preocupantes: las tortugas verdes que habitan nuestro país mostraron niveles récord de consumo de plástico en el Atlántico Suroccidental.
“Dicha ingestión puede provocar una dilución de nutrientes, reduciendo así su asimilación y, en consecuencia, disminuyendo las tasas de crecimiento. Estos factores, particularmente en el contexto de cambios ambientales en curso, subrayan la vulnerabilidad de esta población y la necesidad de esfuerzos de conservación específicos”, concluye el artículo.
La aparición de tortugas muertas en la costa, en este panorama, debe ayudarnos a abrir los ojos y a prestar especial atención, pero también a sumar más evidencias y completar las piezas de su historia en estas latitudes, tan fascinante como el periplo de su nacimiento en tierras remotas, pese a contar con mucha menos prensa y menos dinero invertido en investigaciones.
Artículo: Population dynamics of the green turtle Chelonia mydas in their southern distribution in the Western Atlantic ocean
Publicación: Marine Biology (2026)
Autores: Gabriela Vélez Rubio, Alejandro Fallabrino, Daniel González, Gustavo Martínez, Andrés Estrades, Marina Reyes, Juan Manuel Ordoqui y Ángel Segura.