El gobierno ha decidido que uno de los temas en los que es necesario invertir fuerte, aun en un contexto de restricciones, es en la infancia. Una de las primeras cosas que hacen los y las infantes es amamantar. Pues bien, tenemos un gran problema allí. El amamantamiento con leche materna en forma exclusiva, que es lo más sano y recomendable para el bienestar físico y psicológico de las criaturas según establece la normativa del propio Ministerio de Salud Pública (MSP), viene cayendo en picada en nuestro país.
Si bien apuntalar la infancia es apuntalar el pecho materno, una nueva señal de alarma se enciende al leer el artículo científico publicado recientemente en la Revista de Lactancia Humana. Titulado Prevalencia y factores predictivos de la lactancia materna no exclusiva al alta hospitalaria en Uruguay, el trabajo muestra cómo entre 2008 y 2020 aumentó la prescripción de fórmula infantil mediante recetas del equipo médico cuando todo indica que los y las recién nacidos no la necesitarían, llegando al 27,9% de todos los nacidos en ese último año. Además, arroja luz sobre qué condiciones, ya sea de las madres, de los recién nacidos, de la práctica médica o del sistema de salud, están detrás de estos guarismos elevadísimos.
Firmado por Leticia Vidal y Gastón Ares, del área de Sensometría y Ciencia del Consumidor del Polo Tecnológico de Pando de la Facultad de Química de la Universidad de la República (Udelar), Carolina de León, de la División Salud de la Intendencia de Montevideo, Raquel Rodríguez y Alejandra Girona, de la Escuela de Nutrición de la Udelar, y Gerónimo Brunet, del Espacio Interdisciplinario de la Udelar, el trabajo no solo constata un fenómeno, sino que nos interpela para tomar medidas que reviertan la situación. Así que más rápido de lo que algunos doctores y doctoras recetan fórmula infantil cuando en realidad deberían esforzarse por promover el pecho y la leche materna —siempre que las madres así lo deseen, como sucede en la gran mayoría de los casos— salimos al encuentro de Leticia Vidal y Alejandra Girona para conversar de esta relevante publicación.
Claves de esta investigación
- Analizaron datos de todos los nacimientos registrados en Uruguay entre 2008 y 2020 al momento del alta de maternidad mediante datos del Sistema Informático Perinatal, un exitoso sistema creado en 1983 en el Centro Latinoamericano de Perinatología de Montevideo y exportado al mundo.
- De 556.329 nacimientos, pudieron trabajar con 469.118 que tenían los datos completos y que no presentaban patologías congénitas complejas o enfermedades de las madres.
- En todos ellos se fijaron, al momento del alta, a cuáles se les había recetado fórmula infantil (tanto en forma exclusiva como combinada con pecho) y a los que no (alimentación exclusiva con pecho).
- Mediante un algoritmo de aprendizaje automatizado analizaron cuáles de 35 variables estaban más relacionadas con la indicación de fórmula infantil. Entre ellas había variables relacionadas a las madres (como edad o estado nutricional), los bebés (como peso al nacer o semanas de gestación, y si era parto vaginal o cesárea, aunque eso no es una variable propia del bebé, sino una decisión médica) y del entorno del hospital (si era privado o público, de Montevideo o del interior).
- Reportan que “se observó una tendencia creciente en el uso de leche de fórmula infantil al alta hospitalaria”, que pasó “del 7% en 2008 al 27,9% en 2020”, a pesar de que “la fórmula infantil rara vez es médicamente necesaria al momento del alta”.
- Al analizar los factores que más inciden, reportan que “el tipo de hospital fue la variable más importante para predecir la lactancia materna no exclusiva”, siendo “mayor en los hospitales públicos de Montevideo”. Ese dato muestra que la fórmula se receta por razones relacionadas con la atención y prácticas del sistema de salud y no por necesidades de los bebés o sus madres.
- Las otras dos variables que también incidieron fueron el peso al nacer y el parto por cesárea. Salvo casos extremos de bajo peso o complicaciones durante la cesárea, la recomendación del MSP es no administrar fórmula y promover el pecho materno.
- Por eso el trabajo dice que “los resultados sugieren la necesidad de abordar los factores estructurales y procedimentales dentro del sistema de salud uruguayo” que inciden en esta injustificada prescripción de fórmula infantil a recién nacidos que no la necesitan.
Mirando la lactancia cuali y cuantitativamente
¿Cómo surge esto de analizar qué pasa con la prescripción de fórmula para bebés? “Este trabajo forma parte de un proyecto financiado por la Comisión Sectorial de Investigación Científica de la Udelar que tenía por objetivo ver cuáles eran los factores que incidían en el uso de las fórmulas para bebé en general”, señala Leticia Vial. “El proyecto tenía una parte cualitativa en la que trabajamos con las familias, y en particular con entrevistas a las mamás, y también realizamos entrevistas a profesionales de la salud de distintas áreas: pediatría, neonatología, enfermería, medicina familiar”, amplía.
Como es claro, este trabajo se desprende de la otra parte, la que pone números arriba de la mesa. “Sí, refleja más bien la parte cuantitativa del proyecto, que se propuso abordar cuáles son los factores que inciden en la prescripción de fórmula en la maternidad, o sea, durante la internación hospitalaria, tratando de desentrañar a qué mujeres y a qué bebés se les indica fórmula infantil”, explica Leticia.
Alejandra Girona hace una apreciación relevante: “Recurrimos a eso porque eran los datos con los que contábamos. Si hubiéramos tenido datos de otras etapas, capaz que podríamos haber estudiado de forma cuantitativa el uso de las fórmulas para bebés fuera del entorno hospitalario”, sostiene. Pero contando con los datos del Sistema Informático Perinatal (SIP), al menos hasta el alta tenían para trabajar. Y eso hicieron.
¿Cuándo está recomendado recetar fórmula infantil?
En el trabajo sostienen que en la mayoría de los casos en los que se receta fórmula infantil a los recién nacidos no hay razones médicas para hacerlo. Así que antes de hablar de los resultados les pregunto cuándo está recomendada la prescripción de fórmula a los bebés, ante qué datos del recién nacido o la madre el médico o médica debería recetar fórmula. “Primero hay que aclarar que no hay una recomendación poblacional. Es individual en cuanto a las situaciones de la mamá y de cada bebé en particular”, explica Alejandra Girona. “Hay patologías en donde es necesario que el bebé reciba fórmula. Hay situaciones en las que la madre está utilizando medicación que también requiere el uso de fórmula porque ese bebé no puede recibir leche humana con determinados fármacos. Pero esos casos son la minoría. Por el contrario, la mayoría de los bebés debería recibir leche humana, directa o indirectamente”, afirma. “Para un conjunto de situaciones extremas está bárbaro que exista la fórmula, porque lo que genera es que esos niños vivan. El problema es cuando la fórmula comienza a ser de uso masivo porque no hay un equipo de salud preparado para acompañar la lactancia en la primera hora de vida”, dice Alejandra. “La recomendación es que en la primera hora de vida el niño debería recibir leche humana en contacto piel a piel con su mamá. Así lo establecen las directivas del propio MSP”, acompaña Leticia. “Si en la primera hora no es posible, por las causas que sea, se recomienda que eso se dé en las primeras dos horas de vida y así”, retoma Alejandra.
“Para eso se necesita de un equipo que acompañe a esa mamá y a esa familia. Porque la lactancia no es esa cosa idealizada en las fotografías, donde todo es divino y en que el bebé se va a prender al instante y la madre está maquillada, peinada y divina. No. La madre va a estar dormida, va a estar cansada, va a estar angustiada, va a tener una familia que opina, enfermeros y enfermeras que cambian cada seis horas y que también opinan, médicos que cambian cada seis horas y opinan. Es muy agotador, por lo que es necesario tener equipos que estén todo el tiempo acompañando, que vean qué necesita la madre, si está habiendo dificultades y que ayuden a superarlas. Porque la lactancia se aprende como cualquier otra práctica alimentaria”, enfatiza Alejandra.
“El tema es que nuestro sistema no está pensado para eso. Entonces, a la primera de cambio, si el gurí llora todo el tiempo, si la mamá dice que no tiene leche, ahí la moneda común es indicar la fórmula. O si el aumento de peso no es el que se espera para esos dos días de internación, si el niño no creció lo suficiente teóricamente y no se evalúan otras cuestiones, fácilmente se indica la fórmula al dar el alta sin que haya un control estricto de las buenas prácticas de alimentación hospitalaria”, agrega Alejandra.
“Siempre lo primero a considerar es el deseo de la mamá de dar de mamar. Si ese deseo no está, por el motivo que sea, la fórmula es la alternativa, porque el deseo de la madre es lo primero a respetar”, dice Leticia, poniendo el tema desde la perspectiva de los derechos. “Ahora, existiendo el deseo de amamantar al bebé, el sistema debe estar preparado para acompañar y sostener la lactancia como se requiere, ya que las madres enfrentan un montón de dificultades para amamantar”, sostiene.
“La mirada está puesta en la lactancia como responsabilidad de la mujer y no como responsabilidad del sistema”, la secunda Alejandra. “La lactancia en Uruguay viene bajando. La Encuesta de Nutrición, Desarrollo Infantil y Salud muestra un descenso porcentual importante. Eso tiene que ver, por un lado, con las decisiones de las mujeres, que pueden optar por no amamantar y siguen siendo buenas madres, sus hijos van a crecer, van a ser inteligentes, porque esto no es uno más uno dos, es biología y hay un montón de factores que inciden en que un hijo sea sano. Pero, por otro lado, en determinados contextos, la leche materna, que para mí es como oro, debería ser mucho más apoyada si la mujer quiere dar de mamar”.
Un crecimiento de 21% en 12 años
En los resultados del trabajo reportan que en el período estudiado el porcentaje de criaturas que recibieron el alta médica de las maternidades con prescripción de fórmula infantil pasó de 7% en 2008 a 27,9% en 2020. De los 469.118 nacimientos estudiados en todo el período, 403.477 recibieron solo pecho materno, mientras que a 65.641 (14%) se les recetó fórmula (en forma exclusiva o combinada con pecho). Pero claro, como la tasa viene creciendo, los porcentajes son peores en los últimos años: en 2020 nacieron 35.874 niños y niñas en Uruguay. A 10.008 (27,9%) se les recetó fórmula infantil. “Lo que vemos coincide con lo que vimos en la Encuesta Nacional de Lactancia de 2019 y en la última Encuesta de Nutrición, Desarrollo Infantil y Salud, que reflejan que la lactancia materna exclusiva está descendiendo. Todos los datos muestran que tenemos problemas, no solo en los meses de inserción laboral de las mujeres, sino, como vemos aquí, ya a la salida de la maternidad”, dice Alejandra.
“Eso tiene una gran relevancia, porque la prescripción de fórmula durante la internación hospitalaria al nacimiento, es un predictor de la duración de la lactancia materna y de los resultados de lactancia posterior”, marca Leticia. En otras palabras: el uso de fórmula está asociado a una menor lactancia con pecho. Si ya salen con fórmula del hospital, las cosas se complican luego. ¿Cómo una persona va a pensar que debería dejar la fórmula si el médico que le está dando el alta le dice que le dé eso a su criatura? ¿Cómo se lucha después contra eso?
“Sin dudas plantea un problema después en el primer nivel. A los siete días, cuando se hace el primer control, si ya vienen tomando la mamadera, ¿cómo le decís a la madre que a partir de allí van a sacar la mamadera y que van a sostener la lactancia solo con el pecho? Eso es muy complejo para los trabajadores del primer nivel”, remarca Alejandra. Lo que dicen impacta. Ese médico o médica de segundo nivel que receta fórmula infantil cuando no es necesario está complicando la vida de sus colegas del primer nivel de atención.
El problema es mayor en la salud pública
En el trabajo no se limitan a ver cómo aumentó la prescripción de fórmula infantil a los bebés recién nacidos al momento de darles el alta de la maternidad, sino que, mediante modelos de regresión que implican aprendizaje automatizado, determinan cuáles son las variables que se relacionan más con esa prescripción. Y la más importante es el tipo de hospital: si es público y de Montevideo, más chances de salir con fórmula recetada.
“El principal predictor de la prescripción de fórmula tendrían que ser variables vinculadas o al bebé o a la mamá, cuestiones de salud y nutrición, pero lo primero que sale es algo vinculado al sistema de salud. Eso nos indica que hay algo en el sistema de salud que está fallando”, comenta Leticia.
¿Por qué sucede esto de que se receta más en los hospitales públicos, y aún más en los de la capital? “Yo tengo una hipótesis”, dice Alejandra, como aclarando que lo que va a decir no se desprende de lo que pueden demostrar en el artículo. “La lactancia tiene que ver con derechos humanos, con el derecho a una alimentación adecuada. Quienes exigen más que se respeten sus derechos son quienes están más informados, quienes tienen más educación. Creo que en el sistema público los derechos de las mujeres están mucho más vulnerados. Hay un sistema que no es tan protector como en el privado, porque en el privado las personas tienen mayor información para pedir que se respete su lactancia exclusiva y que haya un acompañamiento”, conjetura. “El Pereira Rossell ya tiene como la luz amarilla, o más bien roja, porque es lo que vienen marcando varios estudios, de que con la lactancia hay un problema. Y al ser la mayor maternidad pública del país, ese problema es aún más relevante”, agrega Alejandra.
“Una de las cosas que mencionamos en el trabajo es que el tema de los recursos con los que trabajan los profesionales de salud incide bastante en la decisión de recomendar el uso de fórmula”, agrega Leticia. “También incide la sobrecarga de trabajo de las enfermeras, que entonces le piden al médico que prescriba la fórmula. Eso aparece en la parte cualitativa de las entrevistas y son fallas más vinculadas al sistema de trabajo dentro del sistema de salud”, añade. “Hay que pensar que para poder sostener una lactancia libre de fórmula es extremadamente importante el apoyo que reciben las familias, sobre todo en esos primeros días de internación, y después de esos días de internación también, para poder tener confianza en el proceso, en que la leche de la madre es suficiente, en que el bebé está recibiendo todo lo que necesita. Y dar ese apoyo obviamente no es lo mismo si tenés que atender 20 mamás a la vez que si tenés que atender dos”, afirma Leticia con total lógica. “Entonces el Pereira Rossell, que es la maternidad más grande que hay en el sector público, obviamente tiene muchísimos más nacimientos que otras instituciones, tanto del sector privado como del público. Eso genera una tensión en las dinámicas de trabajo que hay y en las posibilidades reales de ofrecer ese apoyo que tanto se necesita”, desarrolla. “Por eso es muy importante que desde el sistema de salud se tome conciencia de este problema y se aporten los recursos necesarios para poder hacer ese apoyo como se debería”, remata.
Un problema de peso
El segundo factor que más incidió a la hora de predecir a quiénes se les receta la fórmula fue el peso al nacer: “La probabilidad de lactancia materna no exclusiva alcanzó un mínimo entre los 3.000 y los 3.900 gramos, pero aumentó tanto con pesos al nacer más bajos como más altos”, dice la publicación. ¿Por qué pasa eso a ambos márgenes del peso? “Hay todo un mito sobre los pesos y cómo inciden en la lactancia y eso hace que en general a los gurises que son chiquititos o a los que son muy grandes se les indica fórmula para evitar complicaciones. Pero eso no es así, no es uno más uno, dos. Hay que evaluar cada caso en particular y analizar qué otros factores están ahí presentes para que realmente requieran la fórmula”, comenta Alejandra.
“En las entrevistas cualitativas el personal de salud nos decía que una de las razones para prescribir la fórmula era fijarse en el peso de los bebés”, cuenta Leticia. Pero eso no solo no siempre es necesario al tener bajo o alto peso, sino que puede acarrear complicaciones extra. “El patrón de succión de la teta y de la mamadera no son iguales. Al prescribir la fórmula generan un ruido en ese patrón de succión que hace que para el bebé luego va a ser mucho más fácil tomar la mamadera que volver a prenderse del pecho. Eso ya está más que probado, son patrones de succión diferentes”, remarca Alejandra. “Pero el peso, por sí mismo, sigue teniendo en los profesionales de la salud un peso muy importante, valga la redundancia. Y nos olvidamos de que tenemos desde el percentil 1 al 99. Nos fijamos en lo que está por arriba y por debajo del percentil 50%, pero solo los extremos son los que deberían preocupar. Para el resto hay que hacer un seguimiento diario. Pero eso requiere de un pienso y de un tiempo de atención individualizada para el que muchas veces el sistema no está preparado”, agrega.
Cuando los problemas se suman: que pase la cesárea
En el trabajo reportan que la tercera variable más relevante asociada a la prescripción de fórmula era que el niño o la niña naciera por cesárea. La cesárea, que en Uruguay se practica a niveles alarmantes para la OMS, y que en ocasiones es parte de lo que se denomina “violencia obstétrica”, se suma a los factores que además coartan los derechos a alimentar y ser alimentados por leche materna. ¿Cuál es la relación que encuentran los profesionales para, además de practicar la cesárea, encima luego imponer la fórmula infantil? “Se supone que si el parto es normal, la madre debe tener contacto con su bebé al instante y la lactancia se da en la primera hora, tras una búsqueda y reconocimiento mutuo entre madre e hijo. Eso en las cesáreas no ocurre, porque hay quienes entienden que es una operación mayor”, dice Alejandra. Leticia levanta la ceja. “Eso a pesar de que las recomendaciones del parto respetado, aprobadas no solo por la OMS, sino por el Ministerio de Salud Pública en 2016, recomiendan que luego de la cesárea no haya separación de la mamá y del bebé. Y justamente uno de los motivos para esa recomendación de que no haya separación es el intentar favorecer el inicio temprano de la lactancia”, puntualiza Leticia.
“Eso en general no sucede, porque hay un montón de justificaciones que hacen los médicos de que es una operación mayor con riesgos y demás. Entonces se separa al bebé y eso dificulta el inicio de la lactancia”, lamenta Alejandra. “Allí se da una reacción en cadena. Para iniciar la lactancia, hay toda una cascada hormonal que se inicia incluso con las contracciones antes del parto. Algunas cesáreas se hacen luego de iniciar el trabajo de parto, pero otras se hacen antes de tener contracciones, y eso afecta al inicio de esa cadena de hormonas que intervienen para favorecer la bajada de la leche y la secreción del calostro. En eso también incide el contacto con el bebé y la succión del bebé. De lo más importante para la lactancia es la succión. Más succión, más leche”, explica Leticia.
“Si todos esos pasos se van vulnerando, o se les ponen barreras y trabas, si el procedimiento se dio sin contracciones, si se practicó la cesárea y a la madre no se le dejó tener al bebé cerca desde el inicio, si no se da ese contacto que favorece la succión en los primeros momentos, todo eso contribuye a que se dé un retraso en la bajada de la leche. Y como obviamente el bebé no puede retrasar su alimentación, entonces se indica la fórmula”, dice con pena Leticia.
Claro que las cosas pueden no ser así. “Si se respetaran los protocolos establecidos en la propia norma del MSP, todo eso no pasaría. En el protocolo del MSP se establece que no debería haber separación de la mamá y el bebé luego de una cesárea, salvo obviamente que haya alguna complicación, y entonces sí, solo en esos casos, demos gracias que existe la fórmula y que se puede solucionar con ella la alimentación. El tema es cuando esa indicación viene atada de un montón de otras decisiones que, de haberse actuado de una forma acorde a los protocolos, harían innecesaria esa indicación”, apunta Leticia.
“En resumen, vemos que todo es parte de lo mismo. Indicar fórmula si hay bajo peso o más de cuatro kilos, si hubo cesárea, son todas cuestiones del propio sistema de salud y de las decisiones de los profesionales. Creo que ahí el ministerio tiene mucho para trabajar. Tiene elementos y tiene evidencia para mejorar los protocolos de atención o más bien para monitorear que se cumplan, porque los protocolos ya están. Se necesita fiscalización”, acompaña Alejandra.
La infancia necesita economistas
En un país que se propone como prioridad atender a la infancia, vemos que a más de un cuarto de las criaturas que nacen se les está recetando fórmula infantil cuando no solo no la necesitan, sino que además hay sobrada evidencia que indica que es mejor que sean amamantadas por sus madres. Peor aún, recibir fórmula, que se toma con mamadera, complica aún más la producción de leche de la madre, por lo que abrir la puerta de la fórmula es también empezar a cerrar la del pecho materno. Entonces a uno le asoma una idea.
Muchas políticas públicas bienintencionadas encuentran en las restricciones económicas un obstáculo infranqueable. Pero aquí el Estado y las mutualistas están gastando una gran cantidad de dinero en fórmula infantil que nuestros recién nacidos no necesitan (hasta los seis meses en Salud Pública la fórmula se entrega gratuitamente y en las mutualistas se requiere el pago del correspondiente ticket). El ministro Oddone podría ver que tenemos un grave problema que afecta a la infancia cuya solución ya cuenta con recursos: aquellos que ahorremos en fórmula recetada innecesariamente. Es cierto, es un gran negocio para las grandes corporaciones de la industria alimentaria que las producen, pero se supone que nuestras pequeñas y pequeños están primero.
“En temas de lactancia también tenemos que mejorar las currículas del área de la salud y de fuera del área de salud, porque esto ya es un tema interdisciplinario. Fuertemente tenemos que empezar a convencer a los economistas de que la inversión en lactancia es redituable para el país”, comenta Alejandra ante la propuesta. Luego casi hace un exhorto a que economistas se acerquen a este grupo de investigación. “No hemos hecho estudios sobre cuán rentable para el país podría ser, a 10, 15 o 20 años, mejorar las tasas de lactancia materna exclusiva. Tenemos que incluir a economistas en estudios sobre inversión en nutrición”, exclama. “Invertir en nutrición, y en particular en lactancia, es muy redituable para un país. Sin embargo, no logramos colocar el tema fuera de los sectores de la salud. La lactancia no es un tema que se discuta en el Ministerio de Economía. Hasta que no hagamos esos estudios, tal vez no logremos que se interesen en el tema”, señala.
Hay que poner números. Economistas, les solicitamos su ayuda. ¿Cuánto nos ahorraríamos no recetando fórmula infantil innecesaria? ¿Cuánto ahorraríamos en gasto en enfermedades asociadas a la no ingesta de leche materna, como alergias, infecciones, etcétera? “Sí, por un lado está el ahorro directo al no gastar en la fórmula recetada cuando no se precisa, pero en realidad hay un montón de otros costos de salud, de atención de salud, y demás. Eso no está estudiado en Uruguay. Es algo que hay que hacer, pero necesitamos economistas que se copen con poder demostrar el valor de la inversión en nutrición”, insiste Alejandra. “De hecho, en algunos países del primer mundo, la producción de leche humana se incluye dentro de la producción de alimentos del país. Porque es muchísima la producción de leche humana y eso tiene un costo favorable para la disponibilidad alimentaria del país”, agrega. Leticia complementa: “Eso es además ponerle valor al trabajo de las muchísimas mujeres que producen esa leche”.
“Si no tuviéramos esa disponibilidad de leche humana, ¿qué costo tendría para el país? No tenemos datos de cuánto le cuesta hoy a Uruguay tener un niño desnutrido. No tenemos datos de cuánto le cuesta a Uruguay tener niños con obesidad. Cuando hablamos de políticas vinculadas a infancias, que también incluyen la vivienda y la salud, tenemos que poder poner en plata cuándo nos cuesta realmente no cuidar a estos gurises”, redondea Alejandra.
Tenemos entonces un camino a recorrer para convencer a quienes toman decisiones de que invertir en nutrición es redituable. Damos por descontado que se conmueven por unas prácticas que están violentando el derecho de las madres a dar pecho y el derecho de las niñas y niños a recibirlo sin que haya ninguna razón médica, nutricional o de salud para ello. Amigas y amigos de la Facultad de Ciencias Económicas: aquí no solo hay preguntas para responder desde sus saberes, tesis de maestría, doctorados y proyectos merecedores de financiación, sino también la oportunidad de contribuir a un tema relevante y sensible. El pecho materno está perdiendo terreno ante fórmulas químicas innecesarias. 20% en solo 12 años. No es porque las madres no quieran amamantar. Es por un sistema de salud estresado, por tradiciones médicas que no se revisan y por industrias de alimentos que están siempre a la orden para sacar una tajada. Tomémonos a pecho el pecho (y la ciencia interdisciplinaria).
Artículo: Prevalence and predictors of non-exclusive breastfeeding at hospital discharge in Uruguay
Publicación: Journal of Human Lactation (mayo de 2026)
Autores: Leticia Vidal, Carolina de León, Gastón Ares, Raquel Rodríguez, Gerónimo Brunet y Alejandra Girona.
Luchando contra la fórmula en el país del “por las dudas”
Leticia cuenta que por medio del trabajo cualitativo de entrevistas con el personal de salud emerge que, ante una cesárea o un peso bajo de los recién nacidos, “muchas veces la indicación de la fórmula es para que la tengan por las dudas”. En Uruguay, esto de recurrir a algo “por las dudas” parece ser una mala práctica que trasciende la lactancia. El mismo razonamiento se aplica al glifosato, que se echa en exceso en los campos, o a pesticidas que los cultivos no precisan o a fertilizantes, que se aplican con la premisa de que el nitrógeno o fósforo que la planta no precisa, no lo usa y listo, cuando se sabe que fertilizantes en exceso no solo generan problemas ambientales, sino que además, luego de determinado umbral, no favorecen para nada a los cultivos. Las lectoras y lectores podrían pensar que si, además de pecho, sus hijos recibieran fórmula infantil —muchas se autodenominan “complementos” por más que aclaren que “la leche materna es el mejor alimento para el lactante”—, estarán cubiertos por todos lados. ¿Cómo luchamos con eso?
“Lo que pasa es que la leche y la lactancia no tienen buen marketing. ¿Dónde vemos hoy campañas que digan que la leche humana tiene todo lo que tu bebé necesita? Y cuando digo todo me refiero no solo en términos nutricionales e inmunológicos, sino también en términos más psicológicos, por ejemplo, hablando del apego y de todo un montón de cosas. Esas campañas no las ves. Sin embargo, si agarrás una fórmula cualquiera, aun las que respetan el código de sucedáneos de la leche materna, tienen una campaña publicitaria que dice que tienen sustancias que ni sabes para qué sirven, pero por las dudas están ahí” comenta Alejandra.
“Creo que con informar a las mujeres y las familias de que la leche humana es mejor no basta, porque por algo sigue bajando el amamantamiento”, sostiene. “Creo que hay un tema de acompañamiento de esas mujeres que no se está dando. Para mi tesis de doctorado trabajé viendo qué pasaba con las generaciones de madres y abuelas, cómo se transmitía el tema de la lactancia y qué representaciones había detrás de ella. Lo que más las unía, sin importar niveles educativos y socioeconómicos, tanto si eran asistidas en salud pública como privada, no tenía que ver con los nutrientes, con los minerales, con las vitaminas, si no con la lactancia como transmisora de amor”, dice.
“En ese momento pensé que nunca trabajamos la lactancia desde ese lado. Siempre hacemos énfasis en que la criatura va a crecer mejor, se va a enfermar menos, que la leche materna tiene proteínas, que tiene grasas muy valiosas, que tiene componentes inmunológicos, pero a la gente, la verdad, no es eso lo que más le interesa. Son cosas importantes, sí, pero hay otros factores que están incidiendo mucho más y sobre ellos no estamos trabajando”, reflexiona Alejandra.
Uno rápidamente piensa en una campaña que diga algo así como “Dale amor, no químicos”. Pero por algo pensar rápidamente no es lo mejor a la hora de plantear campañas públicas. Leticia me baja la idea de un hondazo bien dado: “Hay que tener un poco de cuidado con eso del amor, tenemos que evitar estigmatizar a aquellas madres que no sostienen la lactancia por las razones que fuere”.
Vaya intríngulis. ¿Cómo defendemos esto de que la leche materna es natural, que sola es suficiente, y que en muchísimos aspectos es mejor que una fórmula, sin hacer sentir mal a aquellas personas que no tienen más necesidad que recurrir a ellas? “Creo que ahí tocaste un punto clave al decir que la leche materna es suficiente y que tiene mucho que ver con evitar la prescripción innecesaria de fórmula y apoyar la lactancia. Ese punto clave es la confianza que tiene que tener la propia mamá en dar la teta y en que su leche es suficiente. Eso también aparecía muchísimo en las entrevistas, madres que no se sentían tranquilas al dar la teta pese a saber que le están dando el mejor alimento, porque, por ejemplo, no pueden saber cuánta leche le están dando. Si le dan la mamadera ven qué cantidad exacta tomó su bebé, ven que se vacía la mamadera y saben que en esa medida hay tantas grasas, tantas proteínas y demás, mientras que con la leche que sale de sus tetas no saben cuánto es. Trabajar eso de que lo que le vas a dar es suficiente me parece que es un punto clave”, apunta Leticia.
Por otro lado, el trabajo a hacer no es solo con las madres y la confianza en su leche. “Hay que convencer al cuerpo médico de que recetar fórmula por las dudas no es lo indicado, porque desde el momento que indican la fórmula por las dudas, las personas se llevan la lata por las dudas y la van a terminar usando cuando el gurí llore toda la noche”, remarca Alejandra.
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