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Pastizales en Tacuarembó · Foto: Mauricio Bonifacino

Pastizales en Tacuarembó

Foto: Mauricio Bonifacino

El colonialismo científico mira nuestro pastizal: publican trabajo alemán idéntico al de investigadores de Uruguay de 2025

Nuevo artículo de investigadores de la Universidad Humboldt de Berlín señalados por colonialismo científico el año pasado es llamativamente parecido al realizado en 2025 por investigadores de nuestro país, ignora otras investigaciones realizadas aquí y encima nos dice qué hacer con nuestro pastizal.

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La habitual búsqueda de artículos científicos relevantes para nuestra sección arrojó varios resultados el inicio de esta semana, entre ellos un trabajo titulado algo así como Equilibrar crecimiento y conservación: escenarios de políticas de uso del suelo para los pastizales de Uruguay. El trabajo se veía prometedor, ya que el pastizal es el ecosistema más amenazado en nuestro país, se está produciendo una pérdida de su extensión que resulta preocupante, en gran medida por la expansión de la agricultura y la forestación —un fenómeno al que en esta sección nos referimos como despastizalización— lo que está generando conflictos socioambientales de relevancia, pese a que a nivel discursivo se minimiza el problema.

Sin embargo, al ver cuáles eran los autores del artículo publicado, se encendieron algunas luces de alerta: el trabajo, que salió en la revista internacional Políticas de uso del suelo, lleva la firma de Melanie Schweikart, Leonardo Ramírez e Ina Säumel, quienes realizan investigación en la Universidad Humboldt de Berlín, en Alemania. Es cierto que en la ciencia no debe importar quién dice qué, debiéndose poner el énfasis en los datos, evidencia y análisis realizados, pero la precaución en este caso estaba fundada: ese equipo de investigación, que viene publicando trabajos sobre Uruguay bajo el paraguas del proyecto RuralFutures (“FuturosRurales”, en español) financiado por el Ministerio Federal Alemán de Educación e Investigación y el Ministerio Federal Alemán de Investigación, Tecnología y Espacio, publicó un trabajo en 2023 que fue seriamente criticado el año pasado por 17 investigadores e investigadoras de distintas instituciones de Uruguay, Argentina y Estados Unidos.

Más grave aún que las críticas a los errores metodológicos y de análisis cometidos por los autores de la universidad alemana liderados por Ina Säumel al respecto de su trabajo acerca de la degradación y empobrecimiento de los suelos agrícolas, forestales y de pastizales de nuestro país, los investigadores intentaron denunciar que el trabajo incurría en lo que se denomina “colonialismo científico”, una práctica en la que investigadores de países del “Norte Global” publican trabajos con datos, materiales o conocimientos de otros países sin que haya participación de la comunidad científica local. Como contó a esta publicación José Paruelo, investigador del INIA, la Facultad de Ciencias de la Udelar y la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires y uno de los autores de la contestación al artículo de sus colegas alemanes, los editores de Soil, la revista científica que había publicado el trabajo y que les publicó la réplica, les hicieron sacar toda mención al colonialismo científico, configurando así otro acto de colonialismo científico, en este caso, de una editorial. Así las cosas, el nuevo artículo del grupo de la Universidad Humboldt tampoco incluía autores o autoras de Uruguay, por lo que había aquí un caso de reincidencia en prácticas que, se supone, ya no se toleran en la comunidad científica del siglo XXI. Pero el asunto era aún peor.

Al leer el trabajo publicado por Melanie Schweikart, Leonardo Ramírez e Ina Säumel, podemos ver que, mediante modelos de cadenas de Markov (una forma de predecir qué pasará de acuerdo a lo que ha pasado inmediatamente antes), proyectaban qué pasará con el cambio de uso del suelo en Uruguay en los próximos años, denunciando que, si nada cambia, habrá una gran pérdida de pastizal. “Se prevé que, bajo la intensificación actual, los pastizales nativos disminuyan 9%, hasta alcanzar una cobertura terrestre del 51% para el año 2030”, afirman en el artículo, ello impulsado por un aumento de la agricultura y la forestación. Las neuronas entonces se encienden. Tras unos breves segundos, las cosas se ordenan y recuerdo que en 2025 publicamos una nota a propósito de un artículo de los investigadores Federico Gallego y José Paruelo que analizaban qué pasaría a futuro con nuestros ecosistemas si continuaban las tendencias que encontraron de cambio de uso del suelo.

En ese trabajo, titulado Cambios proyectados en la cobertura del suelo y sus consecuencias sobre la oferta de servicios ecosistémicos en Uruguay, los dos investigadores señalaban que para 2037 Uruguay perdería 13% de sus pastizales naturales, que pasarían a ocupar entonces solo 46% de la superficie del país (llegaron a ocupar más del 80% hace poco más de 150 años).

¿Qué usaron Gallego y Paruelo para hacer estas proyecciones? ¡Cadenas de Markov! Dado que el trabajo de nuestros dos investigadores se publicó en agosto de 2025 y el del grupo alemán, según consta en la revista científica, se envió a los editores recién en diciembre de 2025 (siendo revisado a partir de marzo de 2026, aceptado en mayo y publicado en línea el pasado 12 de junio), entonces buscamos en el texto alguna referencia a esa otra publicación (en los trabajos científicos se debe reseñar, en la medida de lo posible, toda la literatura científica existente sobre el tema abordado). Pues bien: no hay la más mínima referencia al trabajo que aborda el mismo tema, con la misma metodología, y que había sido producido por la comunidad académica del país sobre el que se está hablando. Grrrrrrrrrrrrr.

No de nuevo, decía

Si uno realiza una búsqueda entre la literatura científica, por ejemplo en la plataforma Scopus, y coloca los términos “Uruguay” y “Markov”, obtendrá un listado de publicaciones que refieren a ese cruce de temas. Al 16 de junio de 2026, en el quinto lugar de los resultados, Scopus lista el trabajo Cambios proyectados en la cobertura del suelo y sus consecuencias sobre la oferta de servicios ecosistémicos en Uruguay, publicado en la revista Austral Ecology. Si uno encuentra este resultado, cabría suponer que investigadores del primer mundo, que deben necesariamente revisar la literatura científica existente sobre el tema que versa su artículo, también deberían haberlo encontrado. Pero hay más.

En el lugar 26 de los resultados aparece otro trabajo, titulado algo así como Patrones de cambio en el uso del suelo en los pastizales del Río de la Plata: la influencia de los límites fitogeográficos y políticos, que los investigadores Ernesto Vega, Germán Baldi, Esteban Jobbágy y José Paruelo publicaron en 2009 en la revista Agriculture, Ecosystems & Environment. También en él se utilizaron modelos de Markov para observar cambios en el uso del suelo, con énfasis en ver qué pasaba con el pastizal, y a su vez proyectar cómo eso se vería en el futuro si todo siguiera igual.

¿Por qué ignorar publicaciones que ya abordaron la temática? Habría que preguntárselo a Melanie Schweikart, Leonardo Ramírez e Ina Säumel. Lo que sí está fuera de toda conjetura es que, al poner en su trabajo que en Uruguay faltan “estudios integrales de conservación a nivel nacional, particularmente en el contexto de la expansión del agronegocio” o que los pocos que sí abordan el tema “carecen de resolución a pequeña escala y no logran integrar futuras vías de intensificación del uso de la tierra”, están peligrosamente escamoteando la verdad que salta a la vista en una rápida búsqueda de literatura científica. “Hasta donde sabemos, ningún estudio combina la diferenciación de escenarios, los ajustes de transición y la designación explícita de áreas de planificación dentro de un marco de conservación de pastizales. Por lo tanto, nuestro enfoque proporciona una aplicación espacialmente explícita de la teoría de la compensación del uso de la tierra en el paisaje uruguayo, que está cambiando rápidamente”, agregan para aumentar la indignación de cualquiera que esté contra la práctica del colonialismo científico. Aquí además, un penalista de la ciencia —habría que preguntarle a nuestro compañero de la sección Justicia, Pablo Méndez, si tal cosa es viable— podría llegar a solicitar un agravamiento de la condena moral ante la reiteración real.

El trabajo, que realmente aporta nulo conocimiento nuevo sobre los cambios de uso del suelo producidos en Uruguay hasta el día de hoy y respecto a las proyecciones de qué pasará a futuro, además tiene el descaro de, desde miles de kilómetros de distancia, recomendar políticas: “Nuestro análisis subraya la vulnerabilidad de los pastizales uruguayos y enfatiza la necesidad de políticas de conservación específicas”, sostienen, agregando que “la aplicación de zonas de protección de 90 y 180 metros alrededor de áreas sensibles puede reducir los efectos indirectos de la agricultura y mejorar la provisión de servicios ecosistémicos”, y que su estudio “contribuye a promover la conservación de pastizales basada en evidencia en paisajes dominados por tierras privadas”. “Gracias, no se nos había ocurrido. Menos mal que están ustedes para decirnos qué nos pasa y qué hacer al respecto”, dan ganas de gritar. Pero en lugar de eso, le enviamos el trabajo a José Paruelo y, luego de que lo haya leído, lo llamamos.

Pena y bronquita

La ciencia se maneja con criterios de racionalidad y procura, en las publicaciones y otras instancias, quitar del medio las emociones. Pero los investigadores no son más que seres humanos, así que le pregunto a José cuál fue su reacción al ver el artículo, qué fue lo primero que sintió.

“Después de haber hecho el proceso de respuesta del otro artículo, casi que me dio lástima por esta gente. Me pregunto qué les estará pasando como para perderse la oportunidad de interactuar. He trabajado con muchísima gente de todos lados, y siempre uno gana con esos intercambios. En su lugar, esta gente se encerró. Me da una especie de pena ver esa actitud”, dice José.

“Claro que después te da un poco de bronca, obviamente, porque me parece que, nobleza obliga, hay que reconocer el trabajo de los demás, eso es parte de la honestidad intelectual en la ciencia. Es prácticamente imposible que no hayan visto los dos artículos que hablan directamente sobre ese tema, el de Federico Gallego de agosto de 2025, que es básicamente lo mismo que ellos hicieron después, y el otro de Anaclara Guido y otros autores, de enero de 2025, que discute cuestiones más de política de conservación que tienen que ver con pastizales”, agrega entonces.

José no lo dice por humildad, pero en ambos trabajos participó como autor. Del primero ya hablamos, y el segundo lleva por título Uruguayan grasslands: a threatened natural asset (algo así como Pastizales uruguayos: un recurso natural amenazado).

“Los dos les pasaron por el costado totalmente, y eso genera una cierta bronquita, ¿no?”, confiesa José. “Más allá de eso, me sale decir 'qué raro' y 'qué lástima', porque me asombra la oportunidad que esta gente se perdió, durante tanto tiempo, al haber decidido no interactuar con nadie de Uruguay. Es muy extraño”, redondea. Pero pasado lo emotivo, hay otras cuestiones interesantes que vale la pena abordar.

De nuevo, errores

“En este trabajo vuelven a tener problemas muy serios en cuanto a lo metodológico. El enfoque, la manera de aproximarse al problema, tiene errores o decisiones que son equivocadas, y en ocasiones falta dar explicaciones sobre temas muy, muy pertinentes”, dice entonces José. No lo dice por decir.

“Por ejemplo, en las conclusiones hablan de la importancia que tiene la densidad de vacunos en su análisis”, señala. En efecto, el trabajo reporta que “las variables de densidad ganadera, en particular la densidad de ganado vacuno, influyeron significativamente en los ocho modelos”, o que “la densidad ganadera y la productividad del suelo surgieron como variables explicativas clave”. ¿Y qué pasa con eso?

“Hace unos 20 años que vengo tratando de conseguir el dato de la densidad de vacunos con los contactos institucionales que tenemos, por ejemplo, con el Ministerio de Ganadería. Es una información que se necesita tener a nivel de las unidades de manejo, de los predios, de los padrones, y es una información sujeta al secreto estadístico, por lo que resulta de acceso complicado. Se pueden sí tener datos muy agregados a nivel de departamento, en algún momento los conseguimos a nivel de sección policial. Me pregunto entonces cómo es que vinculan ese tipo de datos con los cambios en el uso del suelo, que tienen una resolución muy diferente, mucho más pequeña que esos datos que están disponibles sobre la densidad del ganado. Nunca lo dicen, y eso es crítico para evaluar qué alcance, qué pertinencia tienen los resultados que presentan”, señala José.

También señala otro aspecto importante: “En el trabajo incluyen unos mapas con los cambios en el uso del suelo. Y hay uno que muestra el aumento de horticultura en Canelones que está claramente mal, no puede ser eso. Si la horticultura se hubiera expandido en Canelones como dice ese mapa, nos saldría la verdura por las orejas”, remarca José. Se ve disparatado, sí. José tiene otra crítica del trabajo, que guarda relación con esta observación.

Uruguay, año 2020. En violeta toda la agricultura (incluida la horticultura)
Mapa generado con MapBiomas Urguay 2026

Uruguay, año 2020. En violeta toda la agricultura (incluida la horticultura) Mapa generado con MapBiomas Urguay 2026

“Lo sorprendente es que no recurran a MapBiomas, que es una iniciativa continental, que ha tenido una difusión enorme, que está publicado y citado por todos lados, y que hoy diría que es imposible obviar. Hoy, MapBiomas, por las características del proyecto, se constituye en una referencia casi obligada para cualquier cosa que se vaya a hacer sobre cambios de uso de suelo en esta región. Es muy raro que decidan usar unos datos oscurísimos, que nadie verificó, que no se sabe de dónde salen, que están mal y que no cubren un periodo muy largo, en lugar de usar MapBiomas, que está disponible con coberturas del suelo desde 1985, y de donde pueden bajarse los datos sin tener que pedirle nada a nadie. Incluso si su intención era no interactuar con ningún uruguayo, igual podían haber usado MapBiomas. Es muy raro que no lo hayan usado”, comenta José.

De hecho, al entrar en MapBiomas Uruguay, podemos generar un mapa que nos muestre cuáles son los usos del suelo en Canelones en 2020. Allí se nota claramente que toda el área dedicada a la agricultura (de la que la horticultura es una fracción importante, pero no total, en ese departamento) poco tiene que ver con el mapa que presenta el trabajo del equipo de Humboldt.

Mapa expansión horticultura en Canelones entre 2000 y 2020 - Tomado de Schweikart y otros

Mapa expansión horticultura en Canelones entre 2000 y 2020 - Tomado de Schweikart y otros

José tiene otro montón de críticas metodológicas que hacen a la cocina de la ciencia para este tipo de trabajos. Lucen más que razonables y todas en general apuntan a una misma dirección: cómo se afirma lo que se afirma a partir de datos no debidamente detallados, o como dice, mediante procesos de validación “oscuros”.

También hay otras cosas que rompen la vista. Pongamos otro ejemplo. “Si bien la gestión sostenible del paisaje requiere estabilidad a largo plazo, los frecuentes cambios en la gobernanza suelen dar lugar a retrocesos en las políticas que priorizan la diferenciación sobre la continuidad, y la rotación de personal directivo y técnico dificulta aún más la planificación y la implementación. Aunque un marco estable de uso de la tierra, independiente de los cambios políticos, es crucial para equilibrar la productividad económica con la sostenibilidad ambiental, las políticas de uso de la tierra en toda Sudamérica han oscilado entre la expansión económica y la conservación”, dicen en el artículo citando a “Jakimow et al., 2023”. El asunto es que el trabajo de Bejamin Jakimow y colegas, titulado Deforestación y fuegos agrícolas en el Sudoeste de Pará, Brasil, bajo cambios políticos entre 2014 y 2020, nada tiene que ver con Uruguay. Tal vez para los autores Brasil y Uruguay sean la misma cosa y los cambios operados entre los gobiernos de Dilma Rousseff (2011–2016), Michel Temer (2016–2019) y Jair Bolsonaro (2019–2022) les parezcan idénticos a los que aquí se dieron entre José Mujica (2010-2015), Tabaré Vázquez (2015-2020) y Luis Lacalle Pou (2020-2025). La cita es tan descabellada como hablar de la solidez del sistema de partidos de Estados Unidos a través de lo visto en una investigación de Daniel Chasquetti sobre los partidos en Uruguay en las dos primeras décadas del siglo XXI.

Si hemos de agregar una perla a este collar, consultado al respecto, Federico Gallego agrega otro dato más que llamativo. “El mismo artículo que publicamos en Austral Ecology en 2025 tuvo su proceso de revisión en Land-Use Policy. Fue la primera revista a la cual mandamos el artículo, pero lo rechazó el editor al toque por falta de novedad”, nos cuenta en referencia al trabajo en el que, mediante cadenas de Markov, veían los cambios de uso del suelo proyectados a futuro en Uruguay. Federico dice que no sabe si les tocó “justo el editor incorrecto”, aunque se inclina más a pensar que este es otro caso en el que “pasan cosas raras” en las políticas de publicación de las editoriales. ¡La misma revista que rechazó el trabajo porque no resultaba novedoso a inicios de 2025 aceptó uno casi igual presentado en diciembre de ese año!

Financiar investigación colonialista

Como dice la página web del proyecto RuralFutures, dentro del que se enmarca este y otros artículos liderados por la investigadora Ina Säumuel, el proyecto de investigación “se centra en los cambios en el uso de la tierra en los pastizales nativos de América del Sur, con especial atención en Uruguay”. Le comento a José que me intriga cómo es que el Ministerio de Educación e Investigación de la República Alemana y el Ministerio de Investigación, Tecnología y Espacio de Alemania financian estos trabajos. Uno imagina que si se presentara un proyecto a la Agencia Nacional de Investigación e Innovación de Uruguay para investigar la viabilidad del cultivo de boniato en una región remota del planeta, sin participación de la gente de allí, no estaría entre los que reciben financiación. Los recursos para investigar son finitos aquí y en todas partes.

“Ahí es donde uno comienza a ser un poquito mal pensado y es donde entra esa perspectiva colonialista. A mí me parece que los países centrales tienen políticas específicas para generar barreras paraarancelarias que les permitan jugar en las negociaciones, como el acuerdo Unión Europea-Mercosur, con algunos otros elementos. En esto de intentar buscar cuál es la justificación para financiar un proyecto así, esa podría ser una. No sé si ese será el caso, no tengo manera de comprobarlo, pero coincido, es extraño que se financie un proyecto de esta naturaleza”, comenta José.

Le pregunto si no llama también la atención que saquen un trabajo discutiendo políticas de manejo de un ecosistema nuestro, el pastizal, desde Alemania y sin involucrar a gente de acá. Uno se pregunta si no habrá transiciones sostenibles a estudiar en Alemania como para estudiarlas con fondos públicos. ¿Por qué eso de estudiar lo que pasa en otro país y decir cómo asesorar la política de otro país?

“Es rarísimo, no tengo explicación. A mí no se me ocurriría hacerlo, no me daría la cara. Lo primero que uno piensa, inclusive cuando lo dice para el lugar que conoce, para el sistema con el que está familiarizado, es si no se estará perdiendo algo. Como esto de las políticas públicas es algo complejo, que depende de tantos factores: económicos, sociales, culturales, tecnológicos, institucionales, antes de decir algo, uno va como tratando de caminar evitando pisar huevos. Pero a ellos esto no les pasa, revolean recomendaciones sin ningún tipo de problema”, levanta temperatura José.

“Claramente se ponen en una posición de superioridad ambientalmente supremacista de venir a decirnos que nosotros hacemos las cosas mal, que a ellos se les ocurrió que hacer un área buffer en torno a determinadas producciones es una política extraordinaria que reduciría la magnitud de la pérdida del pastizal. Bueno, para un poquito”, exclama. “Hay discusiones que tienen componentes políticos, culturales, económicos, que nosotros estamos dando y que además las estamos dando en el plano científico, porque en este trabajo no dicen nada que no sepamos y no hayamos publicado ya, y todo eso genera una incomodidad. Percibo un supremacismo ahí que es irritante”, agrega.

Desde aquí podríamos decir que los ecosistemas naturales de Alemania mejorarían si, por ejemplo, redujeran en ese país el 50% de su consumo energético, desarmaran sus ciudades más pobladas, y se cerraran algunas empresas químicas que tienen las patentes de plaguicidas que causan graves problemas en nuestros países sudamericanos. José ríe. Es muy fácil dar soluciones para otros. “Sí, hay muchas cosas que uno puede pensar, pero que no dice casi que por una cuestión de pudor, ya que se trata de realidades complejas, y simplificar con una mirada de afuera no solo es difícil, sino también irresponsable”, comenta.

Acciones a tomar

Viendo el antecedente del artículo anterior publicado, la contestación del colectivo de investigadores e investigadoras de nuestro país y colegas, la denuncia de colonialismo científico y la censura de la revista para que se incluyeran esos términos en la réplica, el nuevo artículo publicado ameritaría cierta acción dentro de lo que se conoce como “diplomacia científica”, un campo que une el mundo de la ciencia con el de las relaciones internacionales. El nuevo trabajo publicado, que desde Alemania sugiere políticas que aquí deberíamos adoptar para preservar el pastizal, sin participación local en la autoría del trabajo, ameritaría tal vez alguna acción de Cancillería, del Ministerio de Educación y Cultura o del propio Ministerio de Ganadería Agricultura y Pesca (al fin de cuentas, se está hablando de temas que afectan no solo la soberanía científica y ambiental, sino también que afectan a uno de los núcleos económicos y productivos del país). ¿Exagero?

“Me gustaría que ocurriera algo así, más que nada por la curiosidad de ver cómo es que pasó esto. Yo creo que sin duda hay connotaciones que tienen que ver con el colonialismo científico, y eso es un tema relevante”, contesta José.

“Como siempre ocurre, a los que ejercen el colonialismo les cuesta admitirlo. Y a los que no nos gusta ser colonizados, a lo mejor somos particularmente sensibles a reconocerlo. Creo que estas son cosas que dañan vínculos y que además van en contra del espíritu que debería tener la colaboración científica, el tratar de juntarnos, de complementarnos. No habría más que ventajas en hacerlo de esa manera”, sostiene José.

¿Piensan responder a este artículo? “No lo sé, no lo conversé aún, Federico. Yo tengo la tendencia a contestar, debo ser uno de los que más tiene respuestas escritas a artículos, pero sinceramente no sé si esa es la mejor forma de invertir el tiempo. Las réplicas luego tienen una visibilidad relativa y nunca nadie, salvo un caso, han respondido, lo cual es también frustrante. En todos los casos se trataba de una crítica genuina y afectuosa, digamos, enfocada en cuestiones metodológicas. Veremos qué hacemos en este caso”, afirma José.

En tiempos de mundial, la celeste también debe defenderse en la cancha de la ciencia.

Artículo: Balancing growth and conservation: Land-use policy scenarios for Uruguay’s grasslands
Publicación: Land Use Policy (junio 2026)
Autores: Melanie Schweikart, Leonardo Ramírez e Ina Säumel
Artículo: Projected Land-Cover Changes and Their Consequences on the Supply of Ecosystem Services in Uruguay
Publicación: Austral Ecology (agosto 2025)
Autores: Federico Gallego y José Paruelo
Artículo: Uruguayan grasslands: a threatened natural asset
Publicación: Austral Ecology (enero 2025)
Autores: Anaclara Guido, Luis López, Claudia Rodríguez, Federico Gallego, Felipe Lezama, Santiago Baeza, Pedro Pañella, Cecilia Ríos, Beatriz Costa, Fabiana Pezzani, Silvina García, Gervasio Piñeiro, Gastón Fernández, Andrea Tommasino, Ana Laura Mello, Alice Altesor y José Paruelo
Artículo: The MapBiomas Uruguay initiative to monitor annual land use and land cover changes from 1985 to 2023
Publicación: Ecología Austral (junio 2026)
Autores: Federico Gallego, Andrea Barbieri, Sebastián Ramos, Laura Bruzzone, María Vallejos, Gonzalo Rama, Pablo Baldassini y Santiago Baeza.