Así como el presupuesto siempre es acotado y hay límites que nos impone el dinero, algo similar pasa con los recursos naturales de nuestro país. Si a nivel presupuestal la metáfora de la frazada corta se emplea para referirse a que incrementar el gasto en determinada área implicará desatender alguna otra, a nivel del uso del suelo del país la cosa es más o menos la misma: aumentar las hectáreas dedicadas a cierta producción, o a urbanizaciones, llevará a disminuir la extensión de otras coberturas de suelo.
A diferencia de lo que sucede con el presupuesto, que permite abrigar la ilusión de que con un crecimiento económico la frazada se puede agrandar, con el suelo no pasa lo mismo. La superficie terrestre del país no va a agrandarse, por lo que no queda más remedio que administrar de la mejor manera posible lo que hacemos en ella.
En declaraciones recientes el secretario de Presidencia, Alejandro Sánchez, tras participar en un evento organizado por la Sociedad de Productores Forestales, se mostró favorable a ampliar la superficie forestada del país. “A la pregunta de si se puede o no incorporar 500.000 hectáreas más a la forestación, yo compro. ¿Tenemos un millón? Vamos por dos millones, si todavía tenemos espacio para crecer en Uruguay”, afirmó, según consignó la diaria. También señaló que “hay una percepción ciudadana de que estamos rodeados de árboles y de que el Uruguay entero se ha llenado de macizos forestales, pero no es la realidad objetiva”.
Precisamente el mismo día que se hacían estas declaraciones, un grupo interdisciplinario de investigadores e investigadoras de nuestro país, que trabajan en red con colegas de Sudamérica, hacían un evento para presentar la nueva colección de mapas y datos de la iniciativa MapBiomas Uruguay, que tiene un portal en el que cualquier persona interesada puede ver la “realidad objetiva” de los cambios de uso del suelo entre 1985 y 2024. Gracias a imágenes de los satélites Landsat 5, 7, 8 y 9, calibradas en el terreno y con información local en cada colección, MapBiomas Uruguay permite ver con lujo de detalles, en parcelas de 30x30 metros, diez tipos de cobertura de suelo en toda la superficie de nuestro país.
En el reporte que hacen de esta colección, que sucede a dos anteriores, el equipo da información sumamente relevante, tanto para pensar en la viabilidad o no de aumentar el área forestada, la dedicada a cultivos, o de si en algunas zonas del país no sería necesario pasar a una protección especial del ecosistema más amenazado por la mayor tasa de pérdida en el período observado: el ninguneado y relegado pastizal.
Vayan algunos datos. En 2024 los pastizales naturales ocupan 57% de la superficie terrestre de nuestro país. Los cultivos, sean anuales, pasturas o forestación, ocupan 31% (la agricultura ocupa 19% de la superficie del país, la forestación 8% y las pasturas sembradas 4%), el bosque nativo 5%, los humedales, pantanos y pastizales inundables 3%, los ríos, lagos y cuerpos de agua otro 3%, y las zonas sin vegetación 1%.
Esa es la frazada que tenemos hoy. Pero MapBiomas funciona como una especie de Ojo de Halcón del tenis, o de VAR en el fútbol: nos permite rebobinar en el tiempo, hasta 1985, y ver año a año cómo han ido cambiando esas coberturas, cómo la frazada se corre hacia un lado y desprotege a otro, y cómo algunas zonas ya no vuelven a lo que habían sido. Podríamos, navegando la plataforma y comparando datos, ver si hay algún faul ambiental como para que alguien considere ir pensando en sacar una amarilla o, en algunas zonas ya demasiado transformadas, tal vez una roja. ¿Podemos colocar 500.000 o un millón de hectáreas más de forestación? ¿En dónde? ¿Sobré qué suelos? ¿En qué cuencas? ¿Con qué consecuencias? Para todo eso sirven los valiosos datos de MapBiomas.
Para conversar de todo esto, e ir viendo algunos de los datos que surgen de esta nueva colección, nos encontramos con parte del equipo de MapBiomas Uruguay: Santiago Baeza, coordinador general del proyecto, y Gonzalo Rama, ambos del Departamento de Sistemas Ambientales de Facultad de Agronomía, y Federico Gallego, del Instituto de Ecología y Ciencias Ambientales de Facultad de Ciencias.
Santiago Baeza, Gonzalo Rama y Federico Gallego.
Foto: Alessandro Maradei
Datos y no relatos
“Como red, MapBiomas produce datos con el menor sesgo posible. Sabemos cuánto cambió tal cobertura de suelo, cuánto creció tal cobertura en tales años y demás. Y como red, no tomamos posición sobre esos datos”, comienza diciendo Santiago Baeza a la sombra de los árboles del gran predio de Facultad de Agronomía. “Ahora, como instituciones que trabajamos en ciencia e investigación, o a nivel personal, tanto yo, como Federico o Gonzalo, desde nuestros rol de ecólogos, podemos opinar sobre algunos cambios que se han dado”, dice entonces separando los tantos.
Justamente, el motivo por el que nos reunimos es que MapBiomas Uruguay acaba de lanzar su nueva colección de mapas que nos muestra cómo ha ido cambiando la cobertura del suelo entre 1985 y 2024. La colección anterior, mostraba que entre 1985 y 2022 se había perdido 20% del pastizal. La nueva, con una mejora en la forma en que se procesan los datos y un par de años más de análisis, arroja que la pérdida de pastizal fue de 22,1% hasta 2024.
“Eso es lo que nos dicen los datos. Pero ahí hay que tener ojo. Detrás de ese crecimiento puede estar una continuación del proceso de cambio, es decir, que siga la transformación en el mismo sentido que venía y que haya más área agrícola y más área forestal, por tanto, menos área de vegetación natural, fundamentalmente pastizal, pero también puede deberse a oscilaciones en los años mapeados. Ese 2% de diferencia está dentro del rango del error del mapa y de la variación interanual”, enmarca Santiago. Pero no se puede tapar el Sol con un dedo: “Aún así, hay un proceso histórico, observable en estos 40 años de mapeo, en el que la superficie de vegetación natural se viene perdiendo a un ritmo acelerado, fundamentalmente por la expansión agrícola y forestal”, afirma.
A diferencia de una nota pasada, en la que una investigación estimaba la pérdida de pastizal a futuro si no cambiábamos nada (para 2037 habríamos perdido 13% del pastizal que había en 2022), aquí estamos hablando de lo que ya efectivamente se perdió analizado con la mejor tecnología disponible.
“Cada vez que se larga una nueva colección, no es que se agrega un año adicional, sino que se reelabora toda la serie de mapas de toda la serie temporal. Y a medida que van pasando las colecciones, que agarramos más experiencia, que nos embarcamos en mejoras tecnológicas, en separar clases, los mapas mejoran. Esta nueva colección tiene un salto en calidad respecto a la anterior”, dice con orgullo Federico Gallego.
1) Datos relevantes de la nueva colección de MapBiomas Uruguay
Cambios en usos del suelo 1985-2024 (a nivel país)
- Entre 2024 y 1985 se perdió 16,1% de la vegetación natural.
- Entre 1985 y 2024 se perdieron 2,9 millones de hectáreas de pastizales naturales. Eso representa una pérdida del 22% de la superficie que existía en 1985
- El área con agricultura pasó de 1,4 millones de hectáreas en 1985 a 3,4 millones de hectáreas en 2024, un aumento de más de 136%
- La silvicultura pasó de 130.000 hectáreas en 1985 a 1,3 millones de hectáreas en 2024, multiplicando su superficie más de diez veces en 40 años.
Transformaciones regionales del uso del suelo (1985-2024)
- La forestación aumentó 284.000 hectáreas en la Cuenca Sedimentaria del Oeste (un aumento de 1.287%), la agricultura aumentó 563.000 hectáreas (un aumento de 147%), mientras que se perdió 39% de los pastizales.
- La forestación aumentó 433.000 hectáreas en las Sierras del Este (un aumento de 1.516%). La agricultura aumentó 288.000 hectáreas (un aumento de 512%) mientras se perdió el 26% de los pastizales.
- La ecorregión Escudo Cristalino perdió 28,5% de su vegetación natural, principalmente debido a cultivos anuales y pasturas implantadas. Allí el pastizal perdió 794.000 hectáreas (una pérdida del 40%).
- La Cuenca sedimentaria perdió 745.000 hectáreas de pastizal (26%) y eso se debió al reemplazo con plantaciones forestales, cultivos anuales y pasturas implantadas.
- La cuesta basáltica es la región más conservada, con el 90% cubierto con vegetación natural (de la que 86% son pastizales).
Forestación discriminada: preparen el cajón de pino para los pinos
La tercera colección de mapas de MapBiomas Uruguay viene con novedades. Por ejemplo, ahora es posible discriminar dentro de las áreas forestadas en qué caso se trata de forestación con pinos y en cuáles con eucaliptos. También hay una tercera categoría, denominada “otros usos forestales”, que incluye a los predios que tienen árboles de menos de tres años, que por ser pequeños no pueden ser discriminados correctamente por los algoritmos de detección, o cuando se acaba de cosechar una forestación. Más allá de que mejor información siempre permite mejores análisis, les pregunto por qué les parecía relevante discriminar lo que sucede dentro de la forestación.
Santiago señala que las condiciones estaban dadas: “Estaban los datos, había capacidad instalada y ya se estaba haciendo en otras partes de la red MapBiomas”. Federico complementa: los datos eran relevantes para un proyecto que está llevando a cabo con otros investigadores para estudiar si hay regeneración pasiva del pastizal luego de la forestación con pinos. “Pero además teníamos cartografías de la Dirección General Forestal que tenían mapeado pinos y eucaliptos, por lo que teníamos los sets de datos para poder entrenar estos algoritmos y correrlos para todas esta serie temporal, que es algo que no existía en Uruguay. Tenemos datos puntuales para el 2020, 2022, y creo que hay uno reciente, pero no del cómo fue la evolución de los pinos y los eucaliptos a partir de 1985”, agrega. Al entrenar a los algoritmos a diferenciar pinos de eucaliptos, se puede volver a las imágenes satelitales de años anteriores y ver esa evolución.
Pero además había otra motivación. Federico cuenta que a golpe de ojo al recorrer el país, o mismo en comentarios de la gente, estaba la idea de que los pinos se estaban sustituyendo por eucaliptos. “Esa idea la pusimos a prueba y efectivamente la superficie forestada con pinos está bajando y aumentando la superficie forestada con eucaliptos”, remarca Federico.
Tiene una idea de por qué está pasando este cambio. “Hoy en día lo que se comercializa es la pasta de celulosa para las plantas industriales. Entonces los pinos, que se utilizan para la madera o para algún otro derivado, están disminuyendo su superficie y se concentran en una región del país, entre Rivera y Tacuarembó. El resto del territorio está cubierto por eucaliptos, asociado al desarrollo industrial de las plantas de celulosa. Probablemente haya rodales de alta calidad de eucaliptos que se utilizan para muebles, pero seguramente sean marginales en el total de la superficie forestal de Uruguay”, comenta.
Volvamos a la aclaración que hizo Santiago al inicio: MapBiomas arroja datos. Los pinos están cediendo paso a los eucaliptos. El detalle nos dice algunas cosas. Por ejemplo, en un momento se había planteado utilizar el auge de la forestación en nuestro país para promover la construcción de soluciones habitacionales empleando madera. Pero los mapas de MapBiomas parecen estar diciendo que Uruguay no se está moviendo hacia un polo maderero como para soñar con casas económicas construidas con tablas o troncos, sino que se está enfocando en proveer de materia prima a la plantas de celulosa.
“Empezar a disponer de este tipo de datos va a permitir que en el futuro ver ese tipo de cosas, por ejemplo poder ver la rotación del rodal forestal, si duró 12 o 18 años, para ver si su destino fue para pulpa de celulosa o para aserraderos. Esa secuencia se va por sacar de los mapas posteriores”, sostiene Santiago. Los tres explican que los eucaliptos para pulpa tienen ciclos más cortos, de una docena de años, mientras que los que se destinan a aserraderos están otros seis años más.
Pero además, hay otras cuestiones relevantes con ver qué pasa con la forestación. “Como ecólogos, tener discriminada una clase con mayor resolución conceptual, cualquiera, en este caso la forestal, permite hacerte otro tipo de preguntas”, agrega Santiago. “¿Las pérdidas de agua por evotranspiración son iguales en un monte que tiene una sola cosecha que en un monte que tiene tres? ¿El rendimiento hidrológico de esa cuenca disminuye conforme tiene varios ciclos de cosecha o no? Hay un montón de preguntas asociadas a tener datos de mejor calidad, y eso lo permite la discriminación conceptual de una clase”, agrega.
Gonzalo también señala otro punto alto de la colección. “Hay otra mejora, que me parece que es otro hito grande de esta tercera colección, que es mejorar el proceso de separación de la agricultura de las pasturas”. En efecto, en la primera colección, las pasturas, definidas como el “cultivo de especies forrajeras herbáceas perennes, que comprende principalmente gramíneas y/o leguminosas exóticas”, y la agricultura formaban parte de una única clase de análisis. Una vez más, poder ver cómo evolucionan por separado las pasturas y la agricultura en todo el período es un aporte valioso.
Expansión de la forestación 1985-2024 - Tomado de MapBiomas Uruguay 2025
Tomado de MapBiomas Uruguay 2025
Una plataforma para explorar y hacer preguntas
Una de las cosas fantásticas que trae esta nueva colección de mapas es que en el sitio web cualquiera puede acceder a la plataforma y ver los datos y los recortes que quiera. Lo recomiendo: la nueva interfase permite jugar mucho, ver los distintos tipos de cobertura, en distintas zonas, desde todo el país, pasando por departamentos, cuencas, ecorregiones o la zona que uno decida cliquear.
“Uno puede saber la historia en esos 40 años de cada uno de los píxeles de 30x30 metros de Uruguay. Eso está disponible en la nueva plataforma que permite acceder a los datos de manera más fácil, siendo más sencillo hacer consultas y poder cruzar información de manera más simple y dinámica”, comenta Federico.
“Incluso ahora uno podría mirar qué pasa en cada municipio, ya que esos son los recortes políticos más chicos cargados en la plataforma. O podría mirar a nivel de cuenca. Eso implica poder observar regiones cada vez más chicas y más cercanas a las decisiones de manejo o gestión cotidiana que se tienen que tomar, por ejemplo, en el municipio de La Paloma o el municipio tal de Lavalleja”, remarca Santiago.
La plataforma entonces es una herramienta valiosa tanto para la ciudadanía —hay mucha gente que se moviliza en torno a transformaciones del uso del suelo en sus comunidades— como también para los tomadores de decisiones, o para quienes deben manejar y controlar qué pasa en el territorio, sea el Ministerio de Ambiente, el de Ganadería, Turismo u otras instituciones. Incluso es información valiosa para empresas y hasta para políticos, que podrán decir cosas mejor informadas sobre las transformaciones que está sufriendo nuestro territorio. ¿Algún dirigente piensa que hay espacio para un millón de hectáreas más de forestación? Pues mirando el mapa podrá entonces decidir dónde le parece que es mejor perder el menguado pastizal natural que va quedando.
“Capaz que ese es el mensaje a destacar. La idea de este proyecto y de esa plataforma en particular, esa que cada vez sea de más acceso público, que cada vez ofrezca más facilidad de cálculo y de cómputo para el usuario de cualquier nivel de formación. El objetivo final es proveer datos a la mejor calidad posible para que mejore la toma de decisiones, independientemente del nivel o del sector en el que uno trabaja”, destaca Santiago.
Incluso están pensado incorporar inteligencia artificial para que los usuarios de la plataforma puedan formular preguntas en texto y que se le desplieguen los mapas y la información que desean. “Los equipos de desarrollo ya están haciendo pruebas”, adelanta Santiago.
Evolución de las pasturas 1985-2024
Tomado de MapBiomas Uruguay 2025
MapBiomas como Gran Hermano o VAR
Se me ocurre que en una sociedad con muchos mecanismos de control, hipervigilada con cámaras de seguridad por todos lados, MapBiomas funciona un poco como un Gran Hermano orwelliano. El mensaje para cualquiera que esté transformando el territorio es algo así como “ojo que estamos mirando lo que estás haciendo”. Y más aún, el ojo que lo ve todo desde el cielo nos puede decir con precisión que era lo que había allí desde hace 40 años atrás.
Si queremos hacer una comparación más actual, sobre todo si pensamos en tomar acciones ante los cambios, MapBiomas Uruguay podría verse como una especie de VAR del Uruguay Natural (o del Uruguay Productivo, o del Uruguay Sostenible, o del Uruguay que nos guste). De cierta manera, consultando MapBiomas, quien tenga que sacar una tarjeta amarilla o roja tiene una herramienta valiosa. A Santiago le gusta la idea del VAR. Pero hace una precisión.
“Ante esa duda que se genera en el público de que esto es como una herramienta que lo controla o lo vigila y que permitiría sacar una roja una amarilla, aclaro que no es ese el objetivo. Lo que sí podría esta herramienta es habilitar una inspección en caso de que se observe un cambio de uso del suelo sospechoso. En última instancia, será la inspección en el terreno la que confirmará o no la falta. Pero sí, MapBiomas puede orientar a los inspectores. Como herramienta de control territorial es muy válida, pero no para cobrar la falta, sí para inspeccionar”, comenta. “El problema de la fiscalización en los ministerios es un cuello de botella. Esto resuelve mucho en este sentido, ya que siempre está el tema de que no hay presupuesto porque la fiscalización es onerosa, es caro hacer recorridas en los campos, ir a ver qué está pasando. Esto soluciona mucho”, coincide Gonzalo.
“Por ejemplo, consultando los mapas podríamos ver que un sector de bosque nativo parecería haberse cortado en alguna zona. No podemos sacar la roja automáticamente, pero sí podemos en base a los mapas orientar una inspección en el terreno, optimizando los recursos, para que verifique si ese bosque está o no deforestado”, agrega Santiago.
“En ese sentido, el tener datos abiertos, el poder colaborar y llamar a las instituciones para que formen parte de la red y que puedan utilizar estos datos para fiscalizar, para controlar, para generar lo que tengan que generar como competencia que tenga esa institución. Ese es un poco el cometido de MapBiomas Uruguay”, redondea Federico. Y Santiago eleva la apuesta: “Incluso nos gustaría recepcionar esas demandas. Por ejemplo, que alguien para su trabajo cotidiano nos diga que precisaría que tal clase estuviera discriminada, o que el énfasis estuviese puesto en los tiempos de rotación cultivo-pastura para ver qué tanto se respeta la ley de suelos. Hacer esos consensos, generar esa masa crítica, y obtener demandas de instituciones que prioricen algún tema de interés, nos sirve a todos. Contemplar la mayor cantidad de realidades y demandas del sector económico, productivo, social, o gubernamental, está en nuestras aspiraciones”.
El pastizal perdido entre 1985 y 2024
¿Por qué si MapBiomas nos muestra cómo cambia la cobertura del suelo entre 1985 y 2024 es importante hablar de la pérdida de pastizal? Por la sencilla razón de que el pastizal es el ecosistema predominante en Uruguay, de manera que cada vez que se expande la agricultura o la forestación, en la mayoría de los casos lo hace a expensas de una pérdida de pastizal natural. En otros sitios, como la Amazonia, la expansión de la agricultura o la ganadería implica deforestación. La realidad en Uruguay es que los cambios productivos implican despastizalización. Por otro lado, el ecosistema pastizal no tiene ningún tipo de protección, como sí tiene el bosque indígena, parte de la faja costera, y ahora también los humedales.
¿Qué nos dice hoy MapBiomas? Que entre 1985 y 2024 el pastizal pasó de ocupar 13.225 millones de hectáreas a tan sólo 10.225 millones. Hoy el pastizal representa sólo el 57% de la superficie de Uruguay. En 29 años se perdió 22,1%. Hoy “30,8% del territorio está ocupado por cultivos anuales, pasturas implantadas o plantaciones forestales”. En estos 40 años, la superficie destinada a cultivos agrícolas aumentó 136%, mientras que la destinada a forestación aumentó 915%. Esos son los datos. Puros y duros. Mirar qué pasa con el pastizal es relevante porque es el principal suelo transformado en Uruguay.
En el reporte de esta colección, que debería estar pegado en todas las carteleras y liceos del país, analizan qué pasa en las distintas ecorregiones del país, a saber: la Cuenca sedimentaria del oeste, la Cuesta basáltica, la Cuenca sedimentaria Gondwánica, el Escudo cristalino, las Sierras del Este, el Graben de la Laguna Merín y el Graben del Santa Lucía.
Ecorregiones del Uruguay. Tomado de MapBiomas Uruguay Colección 3.
Esto de la pérdida de 22,1% del pastizal a escala país, en determinadas regiones se manifiesta de formas más preocupantes. Y eso, cuando además tenemos en cuenta que el pastizal no es algo homogéneo, sino que hay diversas comunidades únicas de cada una de estas regiones, adquiere un cariz más dramático. En algunas regiones perdimos más pastizal que en otras. Y en otras ya lo habíamos perdido antes del período observado, que arranca en 1985. Por ejemplo, en Montevideo podemos decir que el pastizal natural está extinto desde antes de ese año.
“Casi que completamente”, dice Santiago. En Montevideo, en 40 años, produjimos la extinción local del ecosistema pastizal. Y en otras regiones la cosa no es tan grave, pero sí preocupante. En algunas zonas aumentó mucho la agricultura, en otras la forestación, y esa es información relevante cuando pensemos en qué país queremos para más adelante, qué tanto Uruguay Natural iremos dejando.
“Claramente ese 22% de pérdida de pastizal no se distribuye homogéneamente. Hay regiones donde el pastizal está seriamente comprometido. Si uno mira todo el litoral agrícola contra el río Uruguay, y el sur del país, los relictos de pastizal son realmente muy pocos. Ahí habría que hacer esfuerzos importantes de conservación, porque esas comunidades seguramente sean distintas a las de las zonas donde el pastizal está mejor conservado”, comenta Santiago.
“Después hay procesos de transformación que son regionalizados. Hay regiones en las que la transformación es netamente agrícola, como el centro sur de Uruguay, que se transformó en cultivos y pasturas, y donde básicamente la expansión forestal es menor. Pero hay regiones donde, probablemente por cuestiones del suelo, la expansión es forestal. Por ejemplo, las sierras del este son el último gran polo forestal. Allí, si uno analiza las transformaciones que se dieron en todo este tiempo, casi el 100% de los cambios son por reemplazo de pastizales por cultivos forestales”, agrega.
El reporte sostiene que en la región Sierras del Este, entre 1985 y 2024 la forestación creció 335.000 hectáreas. En la Cuenca Sedimentaria del Oeste lo hizo en 284.000 hectáreas.
“También hay regiones mixtas. En la Cuenca Sedimentaria Gondwánica, la transformación del pastizal se dio tanto por avance de la forestación, los cultivos anuales y las pasturas. Pero dentro de esa gran macrorregión, los cambios están sectorizados. El grueso de la expansión forestal ocurre en el noroeste de la región, y el grueso de la expansión agrícola ocurre en el sureste. O sea que incluso uno podría sectorizar un poco dentro de esa ecorregión y hacer análisis de causas y consecuencias de esos grandes cambios en el uso del suelo, con mayor nivel de detalle, que además suelen ser más informativos en los procesos que están en juego”, desliza Santiago.
“Si uno mira los suelos que se definieron como de prioridad forestal, en gran parte la forestación se asienta sobre ellos. Es como un calco de la actual forestación y los suelos de prioridad forestal. Está dada la promoción para la forestación en esas zonas, particularmente en Sierra del Este, que es el nuevo polo de desarrollo forestal hoy en día”, sostiene Federico.
Si hay quienes desean otro millón de hectáreas forestadas (actualmente hay 1,3 millones de hectáreas), es relevante entonces saber cuántas hectáreas de prioridad forestal hay. “Por lo que tengo entendido, son unos cuatro millones de hectáreas. O sea, queda un toco más todavía para forestar, independientemente de los impactos negativos que eso seguramente tenga sobre el ambiente”, dice Federico.
Forestar esos tres millones de hectáreas de suelos de prioridad forestal con eucaliptos o pinos implicaría perder casi la misma superficie de pastizal que se perdió entre 1985 y 2025 (2,9 millones de hectáreas según la última colección de MapBiomas). Si diéramos ese paso, el pastizal quedaría en unos siete millones de hectáreas (y los cultivos y forestaciones superarían los ocho millones de hectáreas). El pastizal caería por debajo del 40% de la superficie del país. Con él desaparecerían millones de insectos, aves del pastizal, mulitas, zorros de campo, entre otra fauna y flora. Por otro lado, todos esos árboles comprometerían los ciclos hidrológicos de los ríos y las cuencas. Ante una sequía como la de 2022-2023, llegaría menos agua para regar, potabilizar y dejar vivir a las especies acuáticas. Pero dejémonos de especulaciones y volvamos a los datos.
Pérdida de pastizal 1985-2024
Tomado de MapBiomas Uruguay 2025
¿Qué departamentos aún conservan más pastizal?
A partir de ahora hablaremos de datos que fui sacando al pedirle información a la plataforma (si hay errores son todos de mi entera responsabilidad). El pastizal ocupa hoy 57% de la superficie del país. ¿Pero qué pasa en cada departamento? Junté la información disponible en MapBiomas para 1985 y 2024 y obtuve una lista de los departamentos donde el pastizal está por encima del promedio nacional. ¿Tal vez en ellos pueda cumplirse el deseo de seguir convirtiendo pastizal natural en forestación?
2) Los departamentos donde la superficie de pastizal supera al promedio nacional (57,4%)
1) Salto: 88,8%
2) Artigas: 84,2%
3) Tacuarembó: 68,5%
4) Durazno: 67,2%
5) Cerro Largo: 66,71%
6) Lavalleja: 66,1%
7) Paysandú: 63,3%
8) Rivera: 61,5%
9) Maldonado: 60,1%
10) Florida: 57,9%
Salto conserva el 89% de su superficie bajo pastizal. ¿Son esos suelos aptos para la forestación? “No son”, me contestan los tres. Así que allí no deben mirar los promotores de más eucaliptus . El segundo es Artigas, con 84% de su superficie bajo pastizal. Pero allí, dicen los tres, tampoco los suelos son aptos para forestar.
Tacuarembó está tercero con 68% de su superficie con pastizales. “Hay partes de Tacuarembó donde sí se podría forestar, ubicadas en la Cuesta Sedimentaria Gondwánica, pero en las partes sobre la Cuesta Basáltica no”, señalan. ¡Pucha! ¿Dónde poner más árboles entonces?
Le sigue en la lista Durazno, que todavía tiene 67% de su superficie cubierta con pastizal. “Hay partes de Durazno donde se podría forestar y otras que no”, me dicen. El asunto es que las partes más aptas es donde ya hay forestación. “Y después hay partes de Durazno que tiene grandes suelos productivos, usados hoy en día por la agricultura”, agregan. No se avizora por allí un gran crecimiento entonces.
Cerro Largo tiene 67% de su superficie con pastizal todavía. “Es uno de los departamentos que tiene la mayor superficie, si no es su totalidad, dentro de la zona de prioridad forestal”, apunta Federico. Cerro Largo podría ser entonces una especie de Tierra Prometida para los que quieran aumentar la superficie forestada. El asunto es que tampoco conserva tanto pastizal. Y que vastas regiones del departamento son cobijo de una fauna y flora diversa y distinta a la de otras zonas. Vaya un dato: entre 1985 y 2024, en Cerro Largo la forestación aumentó en 240.138 hectáreas. Colocar las 500.000 que desea el sector forestal, o el millón que comentó Sánchez, implicaría tasas de crecimiento enormes que seguro tendrán consecuencias relevantes.
En Lavalleja el pastizal ocupa 66% del departamento. “Es un departamento con grandes zonas de prioridad forestal”, comentan los tres. Pero claro, allí tenemos ecosistemas de sierra con vegetación y fauna asociada, mucha de ella refugiada en ese lugar y resistiendo la extinción local, como la yerba mate (Ilex paraguayensis). Y hay otro asuntillo. “Las sierras son cabeceras de varias cuencas”, apunta Santiago. Entre ellas, de la del río que toma agua más de la mitad de la población (aunque las Sierras del Este no son las únicas que aportan a a ella). ¿Vamos a inundar grandes partes de la zona de Casupá, en Florida, para tener agua potable de calidad pero poner árboles en zonas altas de esa cuenca?
Paysandú tiene 63% de su territorio con pastizal. “Tiene una gran parte también dentro del basalto y otra parte dentro del litoral”, comentan. Podemos decir que el departamento ya está limitado, no habrá allí un gran salto en forestación porque los suelos que van quedando no son de prioridad forestal. Maldonado tiene 61,5% de su superficie con pastizal, por lo que prácticamente ya está en la media nacional. Me comentan que en la zona de sierras de Maldonado se podría forestar, como pasa también con las zonas de sierra de Rocha, Lavalleja y Cerro Largo.
El último departamento por encima de la media nacional es Florida, con 58%. Pero dado que sus suelos son excelentes para la agricultura y para la ganadería, esperar allí una explosión forestal, si nada cambia con los precios internacionales de los commodities, sería descabellado.
Pero tal vez allí esté la solución. ¡Cómo no la vi antes! Para cumplir el sueño de aumentar en un millón las hectáreas forestadas, podríamos transformar suelos que hoy tengan soja, o canola, o tal vez lechería. Es decir, en lugar de despastizalizar, poner forestación en suelos ya transformados por la agricultura. ¿Se puede forestar en un suelo agrícola de calidad, por ejemplo, de Soriano?
“Sí, podrías”, ríe Gonzalo. “Pero compite mucho con los cultivos, que pueden tener mejores rendimientos económicos. Y eso afecta también al precio de la tierra, lo que altera también la rentabilidad. Por otro lado, en cada zona hay un aparato, una infraestructura atrás de cada cosa. Tenés que modificar todo, cooperativas, empresas que se centran ahí porque venden servicios agrícolas, etcétera. Cada rubro lleva toda una infraestructura atrás”, agrega.
“El consejo de forestar en zonas que hoy tienen cultivos agrícolas corre por tu cuenta. Pero lo que sin duda quienes desean ampliar la forestación pueden hacer ahora es mirar los mapas, ver los datos y decidir de forma más informada si le conviene o no le conviene, si tiene espacio o no para esa expansión”, comenta Santiago.
Por último, veamos en qué departamentos la forestación aumentó más en los últimos cinco años.
3) Los 10 departamentos donde la forestación más ha aumentado en los últimos cinco años (2019-2024)
1) Paysandú: 35,4%
2) Rocha: 32,5%
3) Durazno: 29,7%
4) Maldonado: 28,2%
5) Lavalleja: 27,6%
6) Flores: 27,6%
7) Soriano: 19,7%
8) Treinta y Tres: 16%
9) Tacuarembó: 12,8%
10) Cerro Largo: 11,5%
Siguientes en la lista: Florida (11,1%), San José (9,5%), Colonia (9%), Río Negro (5,6%) y Rivera (4%)
Les pregunto si en algunos departamentos ven posibles polos de conflicto en caso de que en ellos siga avanzado la forestación y disminuyendo el pastizal. “Sí, principalmente los que están en la ecorregión Sierras del Este, que abarca partes de Lavalleja, Cerro Largo, norte de Rocha, partes de Maldonado. Allí ya se han dado grandes cambios”, contesta Federico
“Lo que pasa es que el límite departamental queda grande para eso que te estás preguntando. Porciones de esos departamentos están siendo altamente transformadas, mucho más de lo que muestran estos números departamentales, porque el avance forestal está sectorizado. No es en todo Rocha, es sólo en el norte. Es en el oeste de Durazno y Florida, no todo Florida. Es en el norte de Maldonado”, aclara Santiago.
Los departamentos que más pastizal perdieron
Si miramos la cantidad de hectáreas de pastizal perdidas, podemos ver a nivel departamental en qué departamentos la cosa fue peor y, por tanto, tratar de tomar alguna medida en ellos de cara al futuro.
4) Los 10 departamentos que más hectáreas de su pastizal perdieron entre 1985 y 2024
1) Florida: 279.942 hectáreas
2) Paysandú: 270.363 hectáreas
3) Durazno: 265.865 hectáreas
4) Río Negro: 255.845 hectáreas
5) Tacuarembó: 255.467 hectáreas
6) Cerro Largo: 240.138 hectáreas
7) Rivera: 231.113 hectáreas
8) Flores: 182.445 hectáreas
9) Lavalleja: 161.299 hectáreas
10) Soriano: 151.476 hectáreas
Siguientes en la lista: Treinta y Tres (119.1927 hectáreas), San José (96.145 hectáreas), Rocha (93.588 hectáreas), Maldonado (82.971 hectáreas), Colonia (74.767 hectáreas), Artigas (48.011 hectáreas), Canelones (40.183 hectáreas) y Salto (21.585 hectáreas). Montevideo no tenía pastizal en 1985 y no tiene ahora.
Encabezando el listado está Florida, con 279.942 hectáreas de pastizal perdidas, le siguen Paysandú (270.363 hectáreas), Durazno (265.865 hectáreas), Río Negro (255.845), Tacuarembó (255.467) y así hasta llegar a Soriano, el décimo departamento en perder más pastizal, con 151.467 hectáreas de pastizal natural que ya no volverá.
Santiago escucha la lista, pero siente oportuno hacer una aclaración. “No creo que esas pérdidas de pastizal se deban a decisiones que se hayan tomado en cada departamento. La legislación es supradepartamental. La propiedad privada en Uruguay es un derecho consagrado en la Constitución y respecto de lo que pasa dentro de los suelos rurales, las intendencias no tienen injerencia. El que decide es el dueño de la tierra. Por tanto, no creo que los culpables sean los departamentos, sino que los verdaderos culpables somos todos, porque como sociedad no tenemos ninguna normativa supraindividual que regule el cambio en el uso del suelo”, enfatiza. Si no es para culpar, al menos que sirva para movilizar.
Veamos ahora una lista con los departamentos que más porcentaje de su pastizal perdieron, todos por encima de la media nacional de 22,1% entre 1985 y 2024.
5) Los 10 departamentos que más porcentaje de su pastizal perdieron entre 1985 y 2024
1) San José: 51,5%
2) Río Negro: 40,8%
3) Flores: 40,36%
4) Soriano: 39,7%
5) Colonia: 38,8%
6) Canelones: 34,6%
7) Florida: 31,6%
8) Rivera: 28,7%
9) Durazno: 24,4%
10) Paysandú: 23,3%
Siguientes en la lista: Maldonado (22,3%), Cerro Largo (21%), Treinta y Tres (18,9%), Tacuarembó (18,8%), Lavalleja (19,5%), Rocha (7,1%), Artigas (4,4%), Salto (1,7%). Montevideo: no tenía pastizal en 1985 y no tiene ahora.
San José perdió el 51% de su pastizal en estos 40 años. Es una pérdida enorme. Río Negro perdió el 41%. Flores y Soriano 40%. Colonia 39%. Canelones 35%. Florida 32%. Rivera 29%. Uno supondría que en estos departamentos es más grave cada hectárea de pastizal que se transforma.
“Si uno llevara eso a otro nivel o unidad administrativa o natural más pequeña aún, una sección policial, una microcuenca, los resultados serían aún más llamativos. Ya hay cuencas o secciones policiales que perdieron más del 90% de su superficie de pastizal”, remarca Santiago. “Algunas de esas zonas son particularmente relevantes para lo que pasa con la naturaleza, para los servicios ecosistémicos que puedan proveer. Una cuenca que perdió 90% de su superficie pastizal seguramente tiene mucho peor condición que una que perdió menos”, puntualiza.
“O incluso eso podría afectar a cuencas que proveen de agua a determinada ciudad. Hay cuencas que hoy en día tienen sus nacientes forestadas, y son las que proveen de agua a una localidad, por ejemplo en Treinta y Tres”, advierte Federico.
Expansión de la agricultura 1985-2024
Tomado de MapBiomas Uruguay 2025
La invitación está hecha. Entren a la plataforma, vean los mapas, vean los cambios que se han dado en los últimos 40 años y los que se están dando bajo nuestras narices. Nadie dice que no haya que forestar ni que no haya que cultivar. Pero hoy tenemos la información para tomar mejores decisiones sobre en dónde sería mejor hacerlo.
“Nuestra gran consigna como red MapBiomas es generar datos lo más certeros posible, con la mejor resolución posible, para que esas decisiones que se toman sobre la gestión y uso del territorio sean lo más informadas y lo más conscientes posibles para todos los actores involucrados”, dice Santiago. ¿Y si esta vez, a diferencia de lo que le pasó a la comunidad científica desde los años 70 en adelante respecto del cambio climático, le prestamos atención a la evidencia y actuamos en consecuencia?
Reporte y colección de mapas: MapBiomas Uruguay (2025). Colección 3 de mapas anuales de cobertura y uso del suelo en Uruguay entre 1985 y 2024
Equipo técnico: Santiago Baeza (coordinador general), Federico Gallego (coordinación uso/cobertura del suelo), Andrea Barbieri, Laura Bruzzone, Sebastián Ramos, Virginia Fernández y Gonzalo Rama
Colaboración técnica: Pablo Baldasinni, Heinrich Hasenack, Eduardo Vélez, Juliano Schirmbeck, Eliseu Weber, Santiago Banchero, Sofía Sarrailhe, Marisa Sulkje, Diego de Abelleyra y Santiago Verón
Apoyo técnico: João Siqueira, Julia Shimbo, Marcos Rosa, Tasso Azevedo y Mayra Milkovic
Colaboración tecnológica: Sergio Oliveira, Kaio Max y Luã Vilela.
Entre negacionistas y acusaciones
Cuando el Parlamento recibió a varias delegaciones para tratar un proyecto de ley que daría protección al pastizal, hubo delegaciones que se opusieron con firmeza. Algunos, no todos, incluso negaron la evidencia recabada científicamente sobre la pérdida de pastizal, por lo que así como están los negacionistas del cambio climático, como Trump y otros chiflados, podríamos decir que hay negacionistas de la despastizalización del Uruguay. Les pregunto si se sienten como quienes investigaban el calentamiento global en la década de 1970: llenos de datos, pero con poca gente dispuesta a escuchar, y lo que es más importante, a tomar decisiones en base a esos datos. ¿Sienten que se está repitiendo la misma película de subestimar los datos que aporta la comunidad científica? ¿Cómo manejan la frustración, si es que la hay?
“No sé cómo la manejamos, no tengo una respuesta clara”, sostiene Santiago. “A título personal, lo que hacemos es tratar de que esa evidencia sea lo más pública posible, tanto del cambio per se, que es lo que muestran los mapas, pero también la que surge de las preguntas que le hacemos después a los mapas, de qué pasa y cuáles son las consecuencias de esos cambios en la producción de diferentes servicios, del agua disponible para el sistema, de la diversidad, del stock de carbono, lo que fuere. De cierta manera esa es nuestra forma de lidiar con la desinformación”, reflexiona.
“También damos un paso más. Generamos la información, pero también participamos en ámbitos interinstitucionales, como en la Mesa de ganadería sobre campo natural, donde participan los ministerios de Ganadería, Ambiente, los productores, ONGs y demás. De alguna manera, parte de la información que generamos se vuelca en esos ámbitos, así que también tratamos de incidir de alguna manera en la generación de políticas vinculadas al campo natural y sobre los pastizales”, dice Federico.
“Nosotros generamos datos, hacemos ciencia lo mejor que podemos. Después las decisiones son políticas, son producto de una decisión colectiva que debemos tomar entre todos como sociedad”, redondea Santiago.
Así como hay negacionistas de la pérdida de pastizal, por el otro lado también hay gente bien intencionada que cuando se habla del pastizal y la necesidad de protegerlo, denuncia que lo que se está defendiendo en realidad es a los grandes ganaderos del Uruguay. ¿Les llegan esas críticas?
“No me llegan, pero probablemente por falta de estar atento a las quejas”, ríe Santiago. “Seguramente existan. Son genuinas, cada cual que se queje de lo que entienda pertinente. Pero nuestra idea no es generar insumos ni para unos ni para otros”, amplía. “A mi juicio esas quejas son equivocadas, no se condicen con la realidad. Nosotros no defendemos corporaciones de ninguna índole, y en particular no defendemos al sector de los grandes ganaderos”, remarca.
“Entendemos sí, como ecólogos que el pastizal es el sistema más diverso y dominante del Uruguay, es el que provee mayor cantidad de servicios de apropiación pública y menos cantidad de servicios de apropiación privada, pero son siempre dicotomías que dependiendo del lado que estés parado, el punto de vista que vas a tener. Pero no, no defendemos corporaciones”, puntualiza.
.