La triste historia lleva más de cuatro años y medio. A principios de 2022, los primeros picudos rojos, unos insectos exóticos altamente invasores de procedencia asiática, fueron detectados por personal de la Intendencia de Canelones en palmeras fénix, tampoco nativas de nuestro país, que estaban muy enfermas, resecas y con sus hojas caídas. Lo que encontraron no fueron adultos del picudo, cuyo nombre científico es Rhynchophorus ferrugineus, sino sus larvas (los insectos fueron identificados con el auxilio de la Cátedra de Entomología del Departamento de Protección Vegetal de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República (Udelar).
El asunto era preocupante: el picudo rojo no se había reportado hasta entonces en ninguna otra parte de América Latina (salvo un reporte aislado en Curazao que no causó dispersión). Pero su fama lo antecedía: en todos los lugares donde se lo encontró, el insecto arrasó con las palmeras que se le atravesaron en su camino, ocasionando daños en particular en cultivos como los de la palmera datilera. En nuestro país, pareció encontrar en las fénix su palmera predilecta, porque al principio los adultos depositaron solo en ellas sus huevos.
Una vez que los picudos dejan sus larvas, la palmera tiene su sentencia de muerte casi segura. No hay, por ahora, ni es esperable en un futuro cercano, ningún producto, tratamiento o estrategia útil para lograr que una palmera donde se han establecido con éxito larvas de picudo sobreviva. Luego de eclosionar, las larvas comienzan a alimentarse del tejido interno de la palmera, devorándola por dentro. En setiembre, con la llegada de las primaveras, para buena parte de las pupas llega el fin de la infancia: abandonan su palmera y como adultos salen a buscar pareja para reproducirse y así comenzar de nuevo el ciclo, lo que implica hasta unos 300 huevos por cada hembra en nuevas palmeras.
Al principio el tema fue minimizado o no se actuó con la celeridad necesaria. Para diciembre de 2022, el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) aprobó un plan de contingencia para el picudo rojo que preveía una serie de medidas para impedir su expansión. Entre ellas había acciones preventivas como la endoterapia, que consiste en inyectar insecticidas en el tronco de palmeras sanas para evitar que el picudo rojo se instale en ellas, y también algunas acciones de control, como la eliminación de aquellas palmeras ya afectadas. El consejo era quemar o enterrar a dos metros de profundidad las palmeras afectadas, para evitar que los picudos que quedaran por allí volaran hacia otras palmeras. Pero una cosa es tener un plan y otra es ejecutarlo. Las acciones requeridas por el plan se demoraron y carecieron de coordinación, sincronía y, por tanto, de eficacia. ¿Resultado? El picudo siguió adueñándose de parte de nuestro territorio. Ya para 2024, el picudo rojo había sido detectado en Canelones, Montevideo, Maldonado, Florida, Flores, San José, Colonia y Lavalleja.
Entretanto hubo otra noticia que encendió luces de alerta importantes: se confirmó que la presencia del picudo rojo estaba relacionada con la muerte de varias especies nativas de palmeras, entre ellas las dos que forman parte de nuestros grandes palmares naturales: la butiá (Butia odorata), que forma los palmares del este, un símbolo identitario, turístico y productivo del departamento de Rocha, y la yatay (Butia yatay), que conforma los palmares del litoral, que abarcan partes de Río Negro y Paysandú.
El picudo rojo siguió avanzando en su expansión por nuestro país cuando cambió el gobierno. El nuevo Ejecutivo decidió, en mayo de 2025, que el tema saliera de la órbita del MGAP y pasara a la de Ambiente. Pero al insecto el cambio no pareció importarle. En enero de 2026 se formalizó un “grupo asesor ad hoc de expertos para coordinar y fortalecer las acciones de combate contra el picudo rojo en línea con el Decreto 19 de 2026 que aprobó el Poder Ejecutivo”. Pero así como una cosa es tener un plan y otra es ejecutarlo, una cosa es tener un grupo de expertos que asesora, integrado por investigadoras e investigadores de la Udelar, el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria, el Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable y la Universidad Tecnológica, más personal técnico de los ministerios de Ganadería y Ambiente y hasta de alguna intendencia, y otra es hacerle caso o llevar a la práctica las medidas que recomienda.
Hoy el picudo rojo está reportado para los departamentos de Montevideo, Maldonado, Lavalleja, Canelones, San José, Colonia, Durazno, Soriano, Florida, Flores, Río Negro, Rocha y Treinta y Tres (en estos dos últimos se detectaron los insectos en trampas, pero no aún palmeras afectadas). Entre 2024 y 2026 pasó de estar en ocho departamentos a imponer su roja presencia en 13. Tanto el palmar nativo del litoral como el del este están a una temporada primaveral-estival de ser alcanzados por el picudo (pueden desplazarse hasta 50 kilómetros por día si los vientos y otras condiciones les son favorables, sin contar con que usan nuestros medios de transporte como auxilio). Frente a esta situación y al silencio renegado ante una carta enviada a la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP) solicitando una suma bastante modesta para combatirlo, algunos miembros que forman parte de la Udelar decidieron hablar con la diaria.
Es el caso de Mercedes Rivas, investigadora de la Facultad de Agronomía radicada en el Centro Universitario Regional Este de Rocha; Martín Bollazzi, también de la Facultad de Agronomía; y María Eugenia Amorós, Andrés González y Horacio Heinzen, de la Facultad de Química. No hablarán en nombre de todo el grupo asesor, ni tienen entre ellos una visión monolítica. Eso sí, todos coinciden en que, de seguir como venimos, el picudo rojo va a hacernos pasar un mal rato.
Blindar la primavera
“Creo que hoy hay una baja sensibilidad social hacia el tema, o que la que había se ha perdido o diluido. Hay gente preocupada por el ornato, por las plazas, por las palmeras de su cuadra, pero como uruguayos la preocupación por los palmares nativos es baja”, expresa con cierta desazón Mercedes Rivas, que ha dedicado buena parte de su carrera a estudiar los palmares. “Yo estoy en Rocha y acá sí hay una preocupación mayor, pero en la población general siento que hay una parte importante que ni sabe que tenemos palmares nativos, por lo que a nivel social el tema no termina estando en la agenda con la preocupación que debería”, lamenta.
“Nosotros avisamos que, como parte del grupo académico, sentíamos el deber hacia la sociedad de decir algunas cosas más claramente y de tratar de que se muevan las cosas para que se puedan tomar las acciones que creemos que hay que tomar”, dice Mercedes. “El otro día escuchaba las resoluciones por lo de la gripe aviar. Con gran urgencia se declaró la emergencia sanitaria. En ese caso, en el que hay un tema productivo, se toman medidas en minutos. Pero con los palmares eso no sucede, pese a que hay un montón de gente que vive de ellos. Los ganaderos que están en el palmar reciben beneficios, hay gente que produce con base en el palmar. Es decir, no es un tema que esté lejos de la producción, pero como que una cosa son las palmeras y otra las gallinas”, señala.
Les sugiero entonces hacer el paralelismo: este sería el GACH del picudo rojo, algo así como el Grupo Asesor Científico Honorario que se estableció en nuestro país ni bien se declaró la llegada de la pandemia. Era algo que Mercedes ya había planteado en una nota anterior. En su momento, en una entrevista en vivo en el noticiero Telemundo, de Canal 12, Rafael Radi, coordinador del GACH, salió a pedir que se blindara abril de 2021. El gobierno de Luis Lacalle Pou, si bien recibió el consejo científico, decidió no hacerlo (blindarlo hubiera requerido volver a algunas medidas no muy populares, como cierres de algunas actividades y la recomendación de quedarse en casa). Abril no se blindó y ese mes de 2021 pasamos a ser el país con mayor tasa de muertes por covid del continente. ¿Hay que blindar este setiembre, esta primavera?
“Si en esta primavera no se actúa, el avance va a ser terrible”, afirma Mercedes.
Presencia detectada de picudo y/o palmeras afectadas. Mapa del Ministerio de Ambiente, setiembre de 2026.
Manos a la obra ya: atracticida, cordón sanitario y trampas
“Los atracticidas es como si fueran un gel para combatir cucarachas. En este caso el gel tiene un insecticida, y el atrayente es una feromona específica para el picudo”, explica María Eugenia Amorós, también del grupo de Ecología Química de la Facultad de Química. Las feromonas son químicos que secretan los seres vivos para comunicarse y provocar comportamientos en otros individuos de su especie.
“El atracticida para picudo rojo se desarrolló en el exterior y ya está comercialmente disponible con sus feromonas, algo que no pasa para todas las plagas. En el caso del picudo ya están los cebos, ya se sabe que funcionan, hay investigación atrás, y además se puede comprar. Pero como siempre, todas estas cuestiones de feromonas son caras para el país, entonces también costó un poco acceder a los atracticidas”, amplía María Eugenia.
El grupo asesor recomendó hacer un cordón sanitario para separar las rutas hacia los palmares nativos y los lugares donde ya se detectó el picudo. Ese cordón implica la remoción de toda palmera Fenix canariensis sana que pueda conectar una zona con presencia de picudo y el palmar, así como el uso de los atracticidas en esas rutas hacia los palmares nativos. Como estrategia complementaria está la recomendación de poner trampas de monitoreo con feromonas en zonas donde aún no se ha detectado el insecto, como forma de tener una alerta temprana, ya que si esperamos a ver palmeras infectadas eso quiere decir que la invasión comenzó allí algunos meses antes.
“Lo bueno que tienen los atracticidas es que no son como una aplicación de insecticida generalizada. Es algo muy puntual, una gotita que está donde va a ir el bicho, entonces el riesgo es muy bajo para otros organismos, para las personas que los colocan y para el público en general. Se pone en las palmeras o en el alumbrado público, en cualquier palo, en cualquier pared, pero es importante respetar ciertas dosis para que eso tenga eficacia e imponga una limitación a la expansión, porque hay que disponer de la cantidad necesaria para llegar a las dosis recomendadas para que sea efectivo en la baja de poblaciones de adultos, que como no pondrán huevos, con el tiempo tendrán una baja poblacional; eso se logra si ese ambiente, esa zona, está cubierta de forma completa. La aplicación funciona si se hace a nivel regional, no a nivel local, y mucho menos puntual en una palmera determinada”, agrega María Eugenia.
“Por otro lado, es de fácil implementación, porque se pone y queda, no hay que revisar nada, no es una trampa que hay que ir a mirar. Solo precisa el personal para la colocación, pero después no hace falta vaciar la trampa ni nada, y tiene un efecto que se espera que dure unos tres meses. En principio, esta estrategia del atracticida sería algo relativamente simple de implementar”, agrega. Pero claro, en un mundo capitalista, eso implica dinero. Aunque no mucho, considerando la amenaza.
La OPP no ha respondido al pedido de fondos para desplegar este cordón de atracticida. ¿De cuánto estamos hablando? La verdad es que la cifra es tan pequeña que el alma se encoge un poco. Lo que solicitó el Ministerio de Ambiente fueron 50.000 dólares para tratar de frenar el avance del picudo rojo y que no llegue a los palmares del litoral ni del este. ¡50.000 dólares!
El grupo de investigación ha dado un paso más: María Eugenia y sus colegas de Ecología Química estuvieron diseñando, con materiales económicos y disponibles en el país, trampas de monitoreo donde colocar los cebos de feromonas para los monitoreos y así hacer más barata su instalación.
“Hay una voluntad por cooperar que es desesperante cuando ves que no hay una respuesta adecuada al interés de un colectivo que quiere tratar de solucionar las cosas”, dice Horacio Heinzen, del Grupo de Análisis de Compuestos Traza de la Facultad de Química.
“En términos de país, la colocación de atracticidas como otra forma de hacer un cordón sanitario, aplicándolos en los lugares afectados más cercanos a los palmares nativos, no sería una cosa cara, pero, por alguna razón, las autoridades sí la perciben como cara”, dice Mercedes. “En este momento estamos en una lucha, o negociación, por conseguir los fondos; mientras tanto, la primavera avanza”, lamenta. “Hoy nos comentaban que el Ministerio de Ambiente compró una serie de tubos de atracticida para colocar en San Carlos, pero falta mucho más para realmente pensar que podamos frenar el avance del picudo rojo. Todo es de a puchitos”, dice, a modo de ejemplo.
Estado de situación del avance hacia el palmar
“Para el lado de Rocha, el picudo está en Aiguá, lo cual ya es bastante complicado. Y en la ciudad de Rocha ya se han capturado al menos dos ejemplares de picudo rojo. No hemos identificado aún palmeras afectadas, pero es probable que en unos meses se vean. Si encontramos dos o tres bichos en una trampa, es casi seguro que veremos alguna palmera afectada”, nos cuenta Mercedes.
“Por la ruta 9 también se ha detectado el picudo. Gracias a la colaboración entre el Ministerio de Transporte [y Obras Públicas] y la Intendencia de Rocha, se sacaron varias palmeras que estaban afectadas frente a la balanza que hay entre Pan de Azúcar y San Carlos. Es decir, van apareciendo casos cercanos al palmar del este”, agrega.
“En cuanto al palmar del litoral, la situación también es complicada. Se detectó picudo rojo en Entre Ríos, por lo que sería muy extraño que no esté del lado uruguayo. Se había detectado algo en Young, por eso es tan importante actuar en esta primavera”, redondea Mercedes.
Emergencia sí o emergencia no
¿Habría que declarar la emergencia sanitaria? ¿La situación actual lo amerita o ese tren ya pasó? “Creo que hace tiempo que la situación pasó el umbral como para declarar la emergencia. Eso, sin duda”, dice Horacio. “Ha habido siempre intentos de declararla, porque la declaración de emergencia permitiría un plan de acciones más homogéneo y un mando centralizado. Incluso la declaración permitiría resolver cuestiones que no tienen que ver con el dinero, sino de optimización de recursos”, agrega.
“Ha habido propuestas concretas que no se han podido llevar a cabo por falta de esa coordinación, como, por ejemplo, la propuesta de generar un cinturón sanitario, algo que se planteó en determinado momento, de eliminar las palmeras canarias que estuviesen sanas para evitar la propagación del insecto. Para eso no solo faltó coordinación, sino, incluso, equipamiento. Una consultoría del MGAP aconsejó utilizar chipeadora con las palmeras infectadas, pero no teníamos a disposición una chipeadora lo suficientemente dúctil para eso; la que había la tenía el Ministerio de Transporte y conseguirla era todo un lío”, ejemplifica Horacio.
“Ha habido muchos esfuerzos, se ha gastado mucho dinero, nos consta que las intendencias de Montevideo y de Rocha, al menos, sí gastaron, la de Maldonado se está empezando a mover y la de Lavalleja está pidiendo auxilio a gritos. Hay toda una movida, ha participado el servicio fotográfico de la Fuerza Aérea y ha aportado una cantidad de datos importantes, pero no se coordinan adecuadamente todos los esfuerzos para poder sacar el máximo provecho. Ese es el principal problema que tenemos. Nos falta esa unicidad en el mando que permita un accionar coherente”, dice, contrariado pero sin perder la esperanza, Horacio.
“Creo que como grupo hemos estado de acuerdo en que hubiera sido necesario que se declarara la emergencia sanitaria, no ahora, sino cuando empezó a mostrar el efecto importante en Montevideo, hace ya más de cuatro años”, señala Andrés González. ¿Y hoy seguiría siendo necesario declararla? “Sí, sigue siendo válido porque sigue avanzando la plaga”, dice rápidamente Mercedes. “Es un poco tarde, pero nunca es tarde cuando la dicha es buena. Tenemos que actuar. Lo que se perdió se perdió. No vamos a extinguir al picudo, pero tenemos que tratar de frenar lo más posible su avance. Así como para el lado de Rocha se hizo el cordón sanitario, para el lado del litoral se esperó a que lo hiciera el Ministerio de Transporte, y el resultado es que ese cordón nunca se hizo”, explica.
Picudo rojo encontrado en Young, Río Negro, setiembre de 2026.
Foto: Emmanuel Morales (NaturalistaUY)
“El problema es que si no hay emergencia declarada, no hay quien mande. Más allá de si es Ambiente o es Ganadería, una intendencia o Transporte, ninguna institución está por encima de otra ni tiene potestades para encomendarle a la otra qué hacer, cómo o cuándo. Entonces nadie puede coordinar”, apunta Mercedes.
“A mí me parece que, a esta altura, el tema de emergencia es complicado, porque desviaría fondos de otras emergencias por otras enfermedades y problemáticas que tenemos, tanto en protección animal como vegetal, para manejar al picudo rojo. Eso requiere cierta ponderación”, dice, discrepando, Martín Bolazzi, del Departamento de Protección Forestal en la Facultad de Agronomía.
“Nosotros podemos pedir que se decrete la emergencia, pero las autoridades del gobierno, desde el primer día, en esa ponderación decidieron que no había que declarar la emergencia. En la primera reunión que tuvimos, antes de que se conformara el grupo, en 2025, ya estaba claro que no iba a haber una declaración de emergencia sanitaria porque había otras situaciones que había que atender. Ahí se habló y se decidió hacer una coordinación”, rememora Martín.
“No creo que el problema sea que se declare la emergencia o no, el tema realmente importante es que la coordinación planteada no funciona. Y creo que eso pasa en parte porque el organismo del gobierno que tomó el tema no está preparado para hacerlo”, reflexiona Martín. Lo que dice no es necesariamente una crítica a Ambiente y a la gente que allí trabaja, sino que tiene más que ver con el hecho de que es un ministerio nuevo, con una planilla y presupuestos reducidos, y una presencia en el territorio muy inferior a la del longevo MGAP.
¿Quién le pone el cascabel al gato?
“El problema de base no es la emergencia: el problema es quién tiene la posta en este momento. El Ministerio de Ambiente tiene menos experiencia operativa que quienes estaban manejando antes en el tema”, señala Martín.
Por su parte, Andrés había sostenido que “el MGAP intentó hacer alguna cosa, pero no se puede inventar institucionalidad cuando esa institucionalidad no existe para determinado fin. En Ganadería no había institucionalidad para encarar una situación de este tipo, porque ellos trabajan con cultivos y con plagas de cultivos o de animales de producción. Pero en este caso estábamos ante una especie que ataca a una planta que no es un cultivo y que no tiene un interés comercial, y que además, en el caso de la palmera canaria, está localizada en una enorme diversidad de lugares, públicos, privados, y no tanto en predios de producción agropecuaria”.
“Se nota claramente una falta de verticalidad en la coordinación de acciones, de poder. Esa sería hoy la principal falla”, reconoce Andrés. “Lo de la cantidad de gente en territorio también es súper importante, porque es lo que está fallando un montón. Falta capacidad operativa”, agrega. “Hoy lo claro es que se precisan fondos centrales y mando, que si se toma una medida su ejecución no quede al libre albedrío de qué quiere hacer cada uno. Ese fue y sigue siendo el gran el talón de Aquiles, tanto antes como ahora”, agrega Andrés.
“Como no estamos coordinados, somos como hormigas locas, corremos para todos lados tratando de solucionar un problema sin una coordinación central. Nadie tiene el mando, nadie tiene la autoridad. Hay muchos actores: el Ministerio de Transporte, el de Ganadería, el de Ambiente, las intendencias. Y después está lo que sucede en la órbita privada. Entonces, hacen falta fondos, sí, pero hace falta también una coordinación, un mando unificado, sea o no a través de la emergencia. Eso es lo que está haciendo falta para eventualmente planificar una estrategia que sea coherente y al mismo tiempo común a todos los actores, más allá de que todos más o menos van haciendo lo mismo, pero muy desorganizadamente y sin sincronización. Hay buena voluntad, y cada uno de los organismos que se involucran, se involucran realmente, sus técnicos tratan de aportar soluciones y demás. Hay un compromiso encomiable de las personas en querer solucionar el problema”, remarca Horacio.
Vergüenza ante los vecinos
“Hay algo que a mí me preocupa mucho, hasta por un tema de imagen país: que Uruguay está exportando el picudo rojo. Ya lo exportamos a Argentina y falta poco para que sigamos con Brasil, y por cómo avanza no sé hasta dónde puede llegar”, confiesa Mercedes. “Me parece una falta grave; a nosotros no nos gustaría que nos hicieran eso, que un país vecino no controle una plaga y recibiéramos nosotros el impacto de esa falta de control”, ejemplifica.
Más aún, dice que mientras aquí tenemos solo seis especies nativas de palmeras, en Brasil tienen casi 300. “Y en Brasil hay cultivos de palmeras. Quienes producen palma aceitera y cocotera en Brasil están muy preocupados. Hemos estado en contacto con brasileños y colombianos y nos han mostrado que hay una preocupación enorme. A mí me da cosa como país. Para muchos otros temas actuamos muy coordinadamente y salimos muy bien parados, pero en esto del picudo rojo eso no se ha hecho”, redondea Mercedes.
“La importación de palmeras está prohibida. Y el último registro oficial de exportación de palmeras desde Uruguay es de 2016. Sin embargo, los brasileños siguen recibiendo palmeras. Y algunas de esas palmeras tienen picudos”, dice Martín.
“Hay registros, hay publicaciones, y en congresos hasta te dicen las fechas en que las palmeras pasaron por la frontera. Pero nuestro gobierno no tiene registro de que haya exportación de palmeras”, continúa Martín. “En Brasil hay un tema rarísimo. La gente ve el picudo en palmeras que vinieron de Uruguay, pero el Ministério da Agricultura e Pecuária, que es el responsable de decretar que existe el picudo en Brasil, tiene que ir a verlo in situ para confirmar la presencia del picudo en el país. Para ese ministerio no importa si un científico le dice que vio el picudo, o si hay fotos o registros ciudadanos. Tienen que ir sus funcionarios y verlos. Y cuando llegan, ya no están. Entonces, cada vez que van, no lo pueden reportar. Les estamos mandando picudos, pero no lo pueden oficializar”, redondea Martín.
¿Aprenderemos algo como país?
“Como enseñanza o aprendizaje país, es importante el tema de la vigilancia de plagas invasoras, la prevención y, sobre todo, la respuesta rápida. Son aspectos clave que no tenemos incorporados. Pero el costo de lidiar con una especie invasora sube exponencialmente cuanto más tiempo pasa después de su ingreso. Y ese costo puede llegar a ser muy bajo si uno tiene una detección temprana y una respuesta rápida. Ahí creo que como país fallamos y tenemos lugar para aprender”, destaca Andrés.
Queda una sensación extraña. No solo estamos ante un desastre y una inoperancia casi cómica (si no fuera porque estamos ante una tragedia). La impresión que queda es que ni siquiera estamos preparándonos para prevenir el próximo desastre desatado por una especie exótica invasora.
“Me da un poco de pena que esto se utilice siempre para hablar de la inoperancia, ya sea de un gobierno, o del Estado. Sí, hay problemas de inoperancia estructural que van mucho más allá de un gobierno. Pero también es cierto que es un problema complejo y que no tenemos tradición país en mirar la llegada de especies invasoras. Otros países tienen una trayectoria enorme de vigilar mejor”, reconoce Andrés.
No me molesta fracasar una vez más ante una invasión biológica, como hemos fracasado en casi todas las que han ocurrido en Uruguay. Pero el picudo rojo parece desafiarnos y decirnos en la cara que ni siquiera estamos un pasito más cerca de estar mejor preparados para la próxima. “Igual no hay que bajar los brazos”, redobla Horacio.
Viene la primavera. Nuestros dos palmares nativos nuevamente están en peligro. El picudo ya está en Rocha y en Río Negro. Hay un grupo de gente experta que, si bien no está de acuerdo en un montón de cosas, sí está de acuerdo en que falta una coordinación y que falta poner en práctica un plan, que falta dinero y que los tiempos con los que se están aplicando las medidas no son los adecuados dada la magnitud del problema. Que Andrés se enoje con mi comparación, pero sí, blindemos esta primavera si queremos salvar los palmares. El costo de no hacerlo deberemos ponerlo entre todos. Y quienes gobiernan deberán ver si es más caro o no que destinar hoy unos 50.000 dólares.