Un domingo por la mañana, en la rotonda del Hotel del Prado, varios autos antiguos comienzan a estacionar junto a la vereda. Algunos llegan temprano, levantan el capó y conversan mientras revisan el motor; otros recorren la fila observando detalles del interior o de la carrocería. Cada tanto, alguien que pasa se detiene unos segundos a mirar y preguntar de qué año es el vehículo. La reunión, organizada por el Club Opel Uruguay, convoca a propietarios de distintos modelos que se encuentran para compartir experiencias, intercambiar información sobre repuestos y talleres, y mantener en funcionamiento autos con varias décadas de historia.
En Uruguay existen grupos similares vinculados a otras marcas. Clubes y encuentros de Volkswagen, Ford, Chevrolet o BMW se organizan periódicamente en Montevideo y en el interior, a veces en espacios más formales y otras coordinados a través de redes sociales, pero todos comparten la misma pasión por preservar estos vehículos clásicos y mantenerlos en circulación.
Foto: Rodrigo Viera Amaral
Entre los autos estacionados esa mañana de marzo, uno suele atraer varias miradas. Se trata de un Opel Rekord 1900 Coupé de dos puertas perteneciente a Sebastián Solari, mecánico de 50 años. Solari cuenta que lo tiene desde hace cuatro años y que conserva el motor original, aunque con algunos cambios menores. “Le he hecho algunas reformas mecánicas, pero conservando su motor original a nafta”, comentó. El auto, que marcaba 80.000 kilómetros al momento de la compra, recorrió unos 10.000 más desde entonces. “No lo uso todos los días. Tengo otro auto para andar a diario; este es más bien para los fines de semana o algún evento”, explicó. Entre las mejoras realizadas se incluyen reemplazo de tablero, instalación de dos carburadores, caja de quinta, mejoras en frenos y tapizado del techo con apoyacabezas. También mandó fabricar un parabrisas original que ya no se consigue en el país. Solari estima que desde que lo compró ha invertido alrededor de 3.000 dólares en repuestos y mejoras. “Todo lo que le cambié lo tengo guardado para poder volver a dejarlo original”, subrayó.
A pocos metros se destaca otro Opel Rekord modelo L de 1977, perteneciente a Luis Cariboni, de 49 años, quien lo compró tras una larga negociación con el propietario anterior. “Lo estuve persiguiendo tres años”, dijo entre risas, y agregó que durante ese tiempo mantuvo contacto constante hasta lograr la compra. “Más que nada fue convencerlo de que el auto iba a quedar en buenas manos”, añadió. El vehículo conserva buena parte de sus características de fábrica, incluido el techo de vinilo y las llantas. Algunas piezas han sido revisadas o reemplazadas, como el carburador, y Cariboni cuida especialmente los repuestos más difíciles de conseguir. Según contó, entre repuestos y ajustes ha gastado aproximadamente lo mismo que pagó por el auto desde que lo adquirió.
Juan Ignacio Esquerre.
Foto: Rodrigo Viera Amaral
Entre los autos estacionados también llama la atención un Opel Kapitän, un sedán de gran porte que pertenece a Juan Ignacio Esquerre, oficial de Prefectura de 27 años. Para él, este vehículo fue su primer auto. Lo adquirió hace cinco años y conserva cerca del 98% de sus componentes originales, incluida la pintura y el interior. “Básicamente, siempre estuvo bajo techo y mucho tiempo parado. Eso hizo que algunas cañerías y piezas se resecaran”, indicó. Uno de los trabajos más importantes fue el cambio del tanque de combustible. El auto tiene un motor de seis cilindros de aproximadamente 2,5 litros, y calcula que el gasto en repuestos y mantenimiento desde que lo compró ronda los 1.000 dólares.
En un parque automotor donde todavía circulan miles de autos con décadas de antigüedad, rige además el Decreto 101/022, que permite la importación de vehículos clásicos y reconoce su valor histórico.
Los entrevistados coincidieron en que mantener un auto clásico requiere dedicación y paciencia. Solari destacó la importancia de conservarlo lo más original posible y de guardar las piezas cambiadas para poder revertirlas, mientras Cariboni señaló la dificultad de conseguir repuestos y la necesidad de cuidarlos, y Esquerre hizo hincapié en el cuidado de la carrocería para evitar la oxidación. Todos coincidieron en que estos vehículos no se usan a diario y que los fines de semana o los encuentros son el momento ideal para disfrutarlos. Para ellos, más allá del valor económico, lo más importante es preservar la historia, compartir la pasión por los autos y mantenerlos en funcionamiento para que nuevas generaciones puedan apreciarlos.
Foto: Rodrigo Viera Amaral
Origen de la marca
Modelos como el Kapitän o el Rekord formaron parte del mercado automotor uruguayo durante varias décadas del siglo XX. Opel, fundada en 1862 en Alemania, comenzó a fabricar automóviles a finales del siglo XIX y con el tiempo se consolidó como una de las industrias del rubro más importantes de Europa. Durante gran parte del siglo pasado, sus vehículos se exportaron a distintos países y varios de esos modelos circularon en Uruguay, especialmente entre las décadas de 1950 y 1970.
Algunos ejemplares del Kapitän incluso se utilizaron como taxis, aunque su alto consumo de combustible llevó a que otros modelos más económicos terminaran imponiéndose. “Los Opel Kapitän llegaron en 1956 y algunos se usaron como taxis, pero eran autos grandes y consumían bastante”, comentó Juan Ignacio Esquerre, y agregó que hoy quedan pocos modelos circulando. Mantener un auto de estas características requiere dedicación. Las piezas originales no siempre se consiguen con facilidad y, en algunos casos, deben buscarse en el exterior. Esquerre destacó que uno de los factores más importantes para conservar un vehículo clásico es el estado de la carrocería.
Rafael Arabi.
Foto: Rodrigo Viera Amaral
A nivel global, Opel estuvo bajo la propiedad de General Motors hasta 2017, cuando pasó a formar parte de PSA Group. Desde 2021, tras la fusión de PSA con Fiat Chrysler Automobiles, integra el grupo Stellantis, que reúne marcas como Peugeot, Citroën y Fiat. Su estrategia en Europa apunta a la electrificación de la gama, con modelos como el Opel Corsa Electric y el nuevo Opel Astra Electric.
En Uruguay, la marca regresó oficialmente al mercado, importada y representada por Sadar SA, con concesionarios que comercializan modelos nuevos y ofrecen servicios de mantenimiento y repuestos. Además, varios vehículos históricos continúan circulando gracias a coleccionistas y aficionados, manteniendo viva la historia de la marca.
Cómo surgió el club
El Kapitän permanece estacionado junto a otros modelos y se convierte en uno de los más fotografiados durante el encuentro. Entre ellos está Miguel Mieres, fundador del Club Opel Uruguay. Los consultados coincidieron en que el club funciona como un punto de encuentro clave para compartir conocimientos y cuidar los autos.
Foto: Rodrigo Viera Amaral
“Se creó el 10 de diciembre de 2010. Todo empezó porque mi tío me dejó el auto de mi abuelo, un Opel Commodore de 1970, seis cilindros. Con mi hermano vimos que el motor estaba desarmado y nos faltaban varias piezas, así que se nos ocurrió hacer un club”, relató Mieres. La primera reunión tuvo lugar en invierno, en la misma rotonda donde hoy se realizan los encuentros. Al principio, la idea era juntarse solo con autos Opel, pero con el tiempo se amplió la invitación a modelos más recientes: Astra, Corsa, Mokka e incluso eléctricos.
Durante las reuniones, los autos se convierten en protagonistas de la conversación: se relatan viajes por rutas del interior, reparaciones y anécdotas. Algunos de los modelos más antiguos fueron ensamblados en la planta de General Motors en Sayago y todavía circulan después de más de 40 años, mientras que otros ejemplares más recientes se suman a la colección de la comunidad. “Gracias al club, varios vehículos volvieron a circular y se mantienen vivos, incluso después de décadas sin uso”, subrayó Mieres.
Mieres explicó que el club no se centra solo en la exhibición: “La idea es agruparnos y ayudarnos entre todos: conseguir repuestos, compartir conocimientos de mecánica, buscar manuales y todo lo que tenga que ver con estos autos”.
Foto: Rodrigo Viera Amaral
El club funciona también como comunidad: “Hay varios que seguimos desde hace todos estos años y ya es como una familia. Entre 30 y 40 personas participan de manera habitual; no hay cuotas ni obligaciones, solo encuentros para intercambiar información y mantener los vehículos en funcionamiento”.
La dinámica de conseguir repuestos cambió con el tiempo: “Antes venían de desarmaderos. Si alguien encontraba un farolito o una pieza que faltaba, lo compartíamos en el grupo de Whatsapp y ahí íbamos a buscarlo. Hoy podés buscar en eBay Alemania o tiendas online y traer exactamente el repuesto que necesitás. Antes era casi imposible encontrar ciertas piezas”, señaló.
Los encuentros se realizan entre dos y tres veces al año, aunque el club busca aumentar la frecuencia. “La idea sería hacer un encuentro una vez al mes o cada dos meses y cambiar de lugar, aunque el Prado es muy simbólico porque el club nació acá”, indicó. Además, muchas veces se organizan actividades solidarias o se participa en eventos con otros clubes, y la mayoría de los recorridos suelen hacerse hacia el oeste: San José, Colonia y zonas cercanas.
Entre los autos que participan en los encuentros hay modelos históricos, como Opel Six de los años 30, Kapitän, Commodore, Caravan, Rekord y también autos relativamente nuevos, como un Astra descapotable de principios de los 2000. “Han venido autos hasta de 2020 en adelante. La idea es agrupar la mayor cantidad de modelos posible”, concluyó.
Foto: Rodrigo Viera Amaral
Casi 270.000 autos matriculados entre 1901 y 1991 circulan por calles y rutas uruguayas, lo que indica que los vehículos más “nuevos” de esa categoría tienen al menos 34 años de antigüedad, de acuerdo con datos que manejaba el Congreso de Intendentes hasta el año pasado.
En tanto, en 2022, el gobierno promulgó el Decreto 101/022, que permite la importación definitiva de autos clásicos con más de 50 años y reconoce su valor histórico, exonerando gravámenes que normalmente se aplican a la importación de vehículos. La norma abrió la puerta para que clubes y coleccionistas trajeran modelos desde el exterior y los mantuvieran en circulación.
El tema de los autos antiguos —a menudo llamados “cachilos” en la jerga local— también ha generado debate en otros ámbitos, entre quienes cuestionan su seguridad vial y la modernización del parque automotor y quienes defienden su preservación como patrimonio automovilístico.