“Siempre paso y miro; ahora que entré, me quiero llevar todo”, dice un vecino tentado por la vitrina de Andante, la rotisería que vino a ocupar el viejo local del bar La Toja. La tarde cae en La Blanqueada, pero el tráfico no para y la puerta se abre seguido con gente en procura de un cortado o algo casero para solucionar la cena. Con un horizonte de comida al paso, el 29 de diciembre Eduardo Martínez y equipo abrieron este mostrador que se mantiene activo desde la mañana a la noche. Despachan desayunos, menús diarios ($ 320/$ 360) y elaboraciones habituales de una tienda de este tipo, como tartas (tienen ocho variedades), croquetas, milanesas, empanadas, papas y boniatos fritos, ensaladas, sopas y tortillas, sea para llevar o para comer en la barra que rodea el largo ventanal a la calle.

Los estudiantes del liceo Dámaso, que está justo enfrente, suelen entrar en los recreos a comprar una medialuna, un alfajor, una cookie (esos galletones que se impusieron) y, sobre todo, unas papas con cheddar ($ 150, en una especie de canastita con tenedor descartable), su merienda de cualquier hora. Y ahí se cruzan con el personal de los sanatorios o empresas de la vuelta y con otros trabajadores que hacen tiempo (o lo optimizan con sus computadoras, que pueden enchufar).

Así era la dinámica hasta el jueves, cuando los dueños descartaron la idea de adosar una boutique de carnes o un quiosco, y atendiendo a la demanda del público, terminaron de aprovechar el metraje del lugar agregando algunas mesas. El servicio es en cualquier caso por pedido en caja; no hay mozo, pero tienen un repartidor propio para los envíos a domicilio y abarcan una zona amplia.

Foto del artículo 'Andante, una rotisería nueva generación mueve La Blanqueada'

Foto: Rodrigo Viera Amaral

Martínez se crio en el barrio y es cocinero desde los 19 años, cuando egresó de la UTU. Cuenta que trabajó en distintos sitios de Montevideo y Punta del Este, y en los últimos tiempos en Paraná, el restaurante de Mónica Bonilla en Ciudad Vieja. Lo dejó para emprender Andante junto con su amigo Danilo Hernández, con quien fueron compañeros del colegio Maristas, a pocas cuadras de allí.

En el mismo perímetro la familia de Hernández tiene un supermercado, que supo ser almacén, desde los años 1980. Los dos frecuentaban La Toja, “un bar de inmigrantes gallegos”, lo típico, porque además era del abuelo de otro conocido. “Se ha vuelto un barrio bastante moderno, ¿viste?”, comenta. Aunque mucho cambió –el crecimiento inmobiliario es notorio–, algo de esa historia insiste: ahora un nieto de aquel gallego ayuda a Martínez en el despacho.

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Foto: Rodrigo Viera Amaral

“La propuesta que siempre quise armar y que me copa es comida simple para todos los días, para solucionarle a una familia o a alguien que está soltero y capaz que no le gusta cocinar”, dice. A la carta de minutas descrita suman seguido platos de pescado y pollo (al curry, por ejemplo), al mediodía pueden salir albóndigas con arroz, crêpes de espinaca, ricota y nuez, bondiola braseada con puré de papas.

“A la gente le gustan los platos contundentes, con carne, y más en esta época, que está empezando el frío; hemos empezado a hacer alguna cazuelita de lentejas, que se vende muy bien”, apunta el cocinero. Eso no quita que sigan con acompañamientos más livianos, para quien prefiera, como quinoa o ensalada. Venden un promedio de 50 menús por jornada, a no ser que sea fecha de ñoquis: el último 29 casi llegan a las 100 porciones.

A Martínez lo desconcierta que le pregunten por su especialidad: le gustan las cocciones largas y los asados, pero también hacer pastas. La brigada de Andante, que ya tuvieron que ampliar, incluye a su madre, que es de Colonia Suiza, se crio en el campo e “hizo comida casera toda su vida”. De ella aprendió a trabajar con materia prima de estación, y por eso en el sector dulce van rotando tartas de membrillos, crema pastelera y masa de almendras (estuvo hace algunas semanas) o ahora de peras y manzanas.

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Foto: Rodrigo Viera Amaral

Esa noción de aprovechamiento del producto los lleva a surtir una alacena cambiante, para la que elaboran jaleas, salsas, pickles y conservas (de $ 210 a $ 340, dependiendo del ingrediente y el tamaño del envase), como la mermelada de tomate, que causó furor, el aderezo sweet chili, la salsa barbacoa, los rabanitos encurtidos, los cebollines, o los morrones en aceite y vinagre, de los que volaron los frascos. Por estos días están haciendo, como corresponde al otoño, hongos en escabeche. Esa oferta en la estantería se lleva muy bien con las foccacias y tostines de la casa, el hummus, de garbanzos y de zanahoria, el paté de hígado y los vinos que la bodega amiga, Bresesti, les etiqueta con la imagen de Andante.

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Foto: Rodrigo Viera Amaral

En la estética general se nota un impulso joven y renovador: por un lado, azulejos oscuros, netos; por otro, la ventana ojo de buey que permite otear el área de elaboración, y además la ineludible pared cubierta de recortes de revista y stencils que les diseñó una amiga.

Al que pruebe y guste de su comida le conviene memorizar la marca Andante, porque hay una segunda línea de negocio que tienen en desarrollo: la producción de alimentos preparados para vender en comercios.

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Foto: Rodrigo Viera Amaral

En la lista de difusión que envían por Whatsapp también se puede consultar por las cajas para reuniones y fiestas que arman, con base en las necesidades del cliente, con 48 horas de anticipación. Ofrecen distintas clases de buffet: de milanesas, mexicano y oriental.

Andante (Centenario 2909), de lunes a viernes de 10.00 a 19.00, sábados de 10.00 a 14.00. Pedidos al 099 982 024.


Ciclo de invitados en I’marangatú

Este sábado a las 19.30 el parador I’marangatú de Punta del Este recibirá al segundo invitado del ciclo Otras Cocinas, que apuesta a extender la temporada a todo el año. Para la ocasión, el chef residente, Matías Sanjurjo, pondrá su equipo y su experiencia en diálogo con la mejor tradición de la cocina peruana, ya que llega José del Castillo, chef y propietario del reconocido restaurante Isolina, de Lima, donde recupera el espíritu de las antiguas tabernas de su país.

El menú prevé una recepción con caviar local Black River, un clásico sándwich del puerto del Callao de pejerrey frito y salsa criolla con salsa tártara en pan francés, cebiche y chicharrón de pulpo, causa limeña, ají de gallina, seco de carne con frejoles (el estofado más limeño) y, para los postres, una selección del chef Sanjurjo y café Lavazza.

Montevideo PopUp en Villa Biarritz

Este fin de semana la feria itinerante Montevideo PopUp llega a las 40 ediciones y promete, aparte de sus foodtrucks y stands gastronómicos, una grilla de shows a la altura. La cita es en el parque Villa Biarritz, el sábado de 20.00 a 1.00 y el domingo de 11.30 a 21.00. La entrada, como siempre, es libre y las mascotas son bienvenidas.