Sebastián Bednarik.

Foto: Gianni Schiaffarino

La selección uruguaya campeona de 1924 “era un grupo de amigos unidos por las circunstancias”

El cineasta Sebastián Bednarik y la película La primera estrella, que recorre pantallas de todo el país.

Contenido exclusivo con tu suscripción de pago
Contenido no disponible con tu suscripción actual
Exclusivo para suscripción digital de pago
Actualizá tu suscripción para tener acceso ilimitado a todos los contenidos del sitio
Para acceder a todos los contenidos de manera ilimitada
Exclusivo para suscripción digital de pago
Para acceder a todos los contenidos del sitio
Si ya tenés una cuenta
Te queda 1 artículo gratuito
Este es tu último artículo gratuito
Nuestro periodismo depende de vos
Nuestro periodismo depende de vos
Si ya tenés una cuenta Ingresá
Llegaste al límite de artículos gratuitos
Nuestro periodismo depende de vos
Para seguir leyendo ingresá o suscribite
Si ya tenés una cuenta
o registrate para acceder a 6 artículos gratis por mes

Editar

“El espectáculo ofrecido por el equipo uruguayo fue deslumbrante”, narra César Troncoso mientras las imágenes en la pantalla grande muestran uno de los siete goles de la celeste en su rotunda victoria sobre Yugoslavia, hace más de 100 años. “Uno descubre una calidad distinta. Se nota en el drible, en los enganches”, apunta el periodista Juan Carlos Scelza, y lo secunda el historiador Gerardo Caetano, que habla de la genialidad y la creación artística de los futbolistas orientales.

Todo aparece en La primera estrella, la película dirigida por Guzmán García y producida por Sebastián Bednarik, que cuenta la historia de la selección uruguaya de fútbol y su conquista parisina en los Juegos Olímpicos de 1924 y al mismo tiempo –por medio de entrevistas, material de archivo e imágenes inéditas, y el relato de Troncoso– echa luz sobre las razones y orígenes de la hazaña deportiva.

Actualmente en cartel en salas montevideanas, el largometraje continuará su recorrido con una gira de cine itinerante por localidades de Rocha, Tacuarembó, Lavalleja, Canelones y Maldonado, mientras que el 6 de julio se podrá ver en la pantalla de Canal 5 en una versión especialmente adaptada para televisión.

“Con Guzmán venimos trabajando desde Cachila [2008]. Nos conocimos gracias a Ronald Melzer”, el crítico y productor cinematográfico, cuenta Bednarik a la diaria. “En ese momento Guzmán hizo la asistencia de dirección y montaje, seguimos trabajando juntos en Mundialito [2010], en Maracaná [2014] fue guionista y montajista y en Sangre de campeones [2018] compartimos la dirección”, explica el cineasta, y agrega: “Esta vez me tocó producir y a él dirigir, por una cuestión de tiempos y de obra. En este momento siento que va a ser difícil que vuelva a hacer un documental sobre fútbol como director”.

Pero ¿sos futbolero?

Poco, poco futbolero. Sí soy de la selección uruguaya. Y recién con el partido que jugamos contra Arabia Saudita me enganché algo con el Mundial de fútbol. Pero no soy de saber la formación de los jugadores o de seguir un campeonato. Tuve un pasado futbolero. Soy como esos jugadores que se desencantaron con sus cuadros.

Me pasó algo medio parecido con mi trabajo, e incluyo a Nacional, la película [2019]. Eso fue medio traumático. A partir de ahí empecé a ser menos hincha de fútbol y a seguir ya casi nada del campeonato uruguayo. Me gusta el fútbol, me gusta ver el Mundial, me gustan los partidos de Uruguay y la historia, que es lo que más me gusta. Vengo de una familia, de un abuelo muy futbolero, pero si pienso en Mundialito, creo que lo que más me importaba era la época. Ahí empieza el estudio sobre el fútbol y las historias, y esa huella que deja la crónica futbolera, que se va traduciendo para contar cosas de Uruguay. Por eso, siempre decimos que fuimos yendo hacia atrás.

¿Cuál es tu recuerdo más viejo de fútbol, de festejos, de estadio?

Con mi abuelo, muy hincha de Nacional, yendo al estadio Centenario. Vivía muy cerca, además, a cuatro cuadras. Es mi recuerdo más antiguo, ir a la Olímpica con mi abuelo cuando yo tenía 5 años. Si pienso en el Mundialito, cuando me puse a hacer la película yo no tenía recuerdo de nada. Sin embargo, sí tengo recuerdos del gol de Waldemar Victorino, con Nacional, cuando ganamos la Copa Libertadores de América [meses antes, en 1980].

¿Cómo surge el proyecto de La primera estrella?

Con Guzmán habíamos codirigido Sangre de campeones, que abordaba los Juegos Olímpicos de 1924 y 1928 y el Mundial de 1930. Después de eso hicimos un ejercicio de autocrítica y nos dimos cuenta de que habíamos sido muy pretenciosos y que esa película, en la línea de las que veníamos haciendo, tenía problemas. Uno de ellos tenía que ver con la cronología y con el abordaje de tres campeonatos a la vez. Entonces, la película era como un vaivén, como una montaña rusa. En un momento dijimos: “Tendríamos que haber hecho una película por cada campeonato”. Y la del de 1924, sin lugar a dudas, tenía todos los ingredientes para arrancar. Vamos a ver qué hacemos con la de 1928, pero desde ya este proyecto lo pensamos como una serie de telefilms y nos permite hacer otras cosas, como pasarlo en plataformas o dividir la historia en capítulos cortos para el formato vertical. Ahora el documental llegó al cine porque estamos en pleno Mundial.

Escuché a Guzmán García nombrar un documental brasileño que habían tomado como referencia para utilizar los planos de talking heads como una constante en la película.

Guzmán acostumbra a trabajar así. Yo le digo el Eduardo Coutinho uruguayo, porque Eduardo Coutinho defendía mucho las cabezas parlantes. Guzmán lo tiene muy incorporado a su obra. En este caso, acá también trabajó con archivos, que no es algo tan habitual en él.

La obra de Guzmán –El amor duerme en la calle [2024], Mirando al cielo [2018] y Todavía el amor [2012]– son películas que te cuentan la historia de una persona a partir de la construcción de un retrato. Es decir, el director avanza como si fuera un pintor retratista. Ahí tenés que apreciar todo lo que alguien te puede contar en un solo cuadro.

Por lo general, la mayoría de las escuelas de cine, o las corrientes más pesadas, tratan de evitar la cabeza parlante, como si fuera una mala palabra, como algo propio del periodismo. En el cine arte se cuestiona mucho su uso. Y Coutinho es uno de los que vinieron a romper eso y a demostrar que podías contar una película con imágenes muy bellas teniendo cabezas parlantes como protagonistas. El paisaje pasa a ser el personaje.

En este caso, además de las entrevistas, la película tiene mucho material de archivo.

Exacto, y siempre están apareciendo cosas nuevas. Para mí sigue siendo increíble cómo ese material, el físico, guardado en roperos, va sobreviviendo y hace que de repente, ahora dando entrevistas para esta película, uno de los tertulianos de Radiomundo [del programa En perspectiva], Gonzalo Abal, me dijera: “Mirá que tengo material de 1930 que nadie vio, que lo filmó mi abuelo”, porque los Abal filmaban. Y vos decís: “¿Qué habrá filmado? ¿Qué tendrá ahí guardado?”. Y eso nos pasa hasta el día de hoy.

En el caso de esta película tuvimos la suerte de que en París, donde sucede gran parte de la historia, ya en esa época Francia estaba desarrollada en lo fílmico, y Holanda también. Cuando llegás a Uruguay, pensando en que nosotros queremos hacer la película del Mundial de 1930, te encontrás una reducción brutal en calidad, en conservación y en cantidad.

¿A qué archivos recurrieron en este caso?

Buscamos por todas partes. La mayoría de las imágenes de este campeonato olímpico las tiene el INE, que es el Instituto Nacional de Audiovisual de Francia. Después ya teníamos una investigación iniciada con Cinemateca, que tiene mucho material; creo que es la que más guarda acá. También recurrimos al Archivo Nacional del Sodre, y la propia AUF [Asociación Uruguaya de Fútbol] tenía material que apareció cuando terminamos Sangre de campeones.

Nos ha pasado varias veces que después del estreno de un documental aparece algo que estabas buscando. También nos ayudaron coleccionistas privados, periodistas deportivos que encuentran y guardan material.

¿Atilio Garrido?

Él nunca fue de guardar. El que guarda archivos y tiene un montón de cosas es Sergio Gorzy: siempre nos acordamos de unas latas que tiene arriba del parrillero, y que nos parece una locura, pero allá están.

Foto: Gianni Schiaffarino

En La primera estrella el espectador se va a encontrar con fotografías de época que en la película adquieren movimiento. ¿Por dónde pasó esa decisión, en tiempos de inteligencia artificial?

En principio, usamos la inteligencia artificial para limpiar las imágenes. Si ves la película, hay muchas fotografías que capaz que ya las conocías, pero era casi imposible verlas en una pantalla mínimamente grande como la de una computadora; imaginate en una pantalla de cine. Entonces, acá usamos la inteligencia artificial para restaurar y llegar a una imagen más actualizada, más contemporánea, sin perder la forma.

Son imágenes de una era en la que no existía la televisión. Entonces, ya de por sí traen una carga cinematográfica que tiene que ver tanto con el encuadre como con los movimientos de cámara que son propios del cine y no de la televisión.

Lo que nosotros queríamos era poder aprovechar todo ese material tan valioso y no tener que inventar nada nuevo, porque ya teníamos bastante. El movimiento está presente en toda la parte de Uruguay, que había poco, porque se filmaba mucho menos.

Por suerte, la primera parte del siglo XX está fotografiada. Ahí también tuvimos al CdF [Centro de Fotografía de Montevideo], y esas fotografías sí las animamos. Les dimos vida, y vas a ver pasar el tranvía, la gente caminando por la ciudad, pero es una intervención muy mínima.

Y en esa labor, ¿quién intervino?

Octavio Tarigo, Felipe Rodríguez y Luca Doro, que es diseñador. Todo un equipo de veinteañeros que ya están haciendo el mismo tipo de cosas para proyectos de ellos y que trabajan con nosotros en otras cosas, y se animaron. Fueron ellos mismos quienes nos dijeron: “¿Nos dejan hacer una prueba?”. Vimos lo que hacían y nos gustó uno de los resultados, que era esto de las fotos animadas, pero no nos gustó el resultado de la generación de imágenes. Y ahí optamos por no generar nada y decidimos que solamente íbamos a recurrir a la animación de fotos. Y tampoco las coloreamos.

¿Ir hacia atrás es una especie de antídoto contra ese desencanto con el presente? ¿O cuando vas hacia atrás también encontrás las suciedades de la época?

Puede ser. No había pensado lo del antídoto. A mí lo que me pasa cuando voy para atrás es que siento que tipos como José Nasazzi, José Leandro Andrade o Héctor Scarone son personajes ideales a los que podés recurrir para contar un montón de cosas que tienen que ver con la sociedad y que, además, le dan mucha acción a la historia; es como si fuese nuestro western. Por eso también me parecía lógico revisitar algo que ya habíamos contado lateralmente y profundizarlo. Con Guzmán estamos desde hace mucho tiempo en esta temática desde diferentes roles, pero siempre generando obra nueva dentro de una especie de género documental que podría llamarse “histórico futbolístico”.

En la película participan muchos historiadores y periodistas expertos en el tema. ¿Es una convocatoria fácil de tramitar?

Acá, por suerte, me parece que si andás bien y sos derecho, estás a una llamada para concretar cualquier entrevista, siempre y cuando la agenda de cada uno lo permita. Y más sobre este tema. Con algunos ya venimos laburando y trabajando desde hace mucho, como es el caso de Gerardo Caetano o de otros referentes, como Carlos Demasi. Después abrimos la cancha y hay periodistas deportivos que nunca habían estado en nuestras películas, a quienes llamamos y nos dieron una entrevista con todo gusto; también hay filósofos, está Aldo Mazzucchelli, está Facundo Ponce de León.

Y está el escritor e historiador Jorge Chagas, que es un fenómeno.

Claro. También participan Alfredo Etchandy, Silvia Pérez y Gerardo Pato Bassorelli. Tratamos de incluir a diferentes generaciones y referentes en el tema de distintos momentos.

La película no solo habla de calidad deportiva, sino que propone una lectura de la época y se pregunta cómo la sociedad impulsó a esa selección de fútbol a concretar una hazaña.

Sí. Yo siempre pienso: no sé si es que ellos siguieron algo que estaba o, en realidad, lo que lograron de forma tan sorpresiva terminó quedándonos como una huella, algo que marca profundamente a la sociedad de aquella época. Después, encima, vienen 20 años de triunfos mundiales. Entonces, para ese micromundo fue un impacto increíble. Porque para mí es un fenómeno que hay que mirarlo con cierta medida. Hay gente a la que no le importa, igual que sucede con el carnaval. Los que están muy inmersos piensan que todos están metidos en el tema, y está lejos de ser así.

Pero el fútbol en Uruguay tiene otro alcance.

Es verdad, pero tampoco es que le importe a todo el mundo. Nos representa, pero en cierta medida. A muchos obviamente toda esta historia nos marcó. Ahora, ¿a qué respondía esa sorpresa de aquella selección? Yo la veo más como un grupo de amigos que se terminan de hacer amigos en un barco, que estaban unidos por algunas circunstancias y llegan a Francia y empiezan a responder como grupo ante esas circunstancias. Y después, esa misma característica los lleva a ser campeones. Para mí tuvo mucho que ver la forma de entrenar durante el viaje y todo lo que ellos traían de la forma de jugar.

Y después está la inteligencia de usar esa forma de jugar, que fue cambiada en el trayecto. No es que llegaron con una forma y la mantuvieron hasta el final, sino que se adaptaron. Constantemente se adaptaron. Primero en buscar un lugar diferente para ir a concentrar, que no fuera la Villa Olímpica.

Después, al darse cuenta de que, una vez que eliminan a los locales, ellos son los protagonistas y la gente se pone a su favor. Y a su vez, que eso no les juegue en contra, porque la historia podría ser otra si, por ejemplo, el éxito temprano los volvía creídos y terminaban perdiendo, como le pasó a Brasil en 1950, o a tantas selecciones que arrancan como candidatas para llevarse el campeonato y después quedan por el camino en la primera fase.

¿Qué comentarios has recibido de la película?

Generalmente escucho un tipo de comentario parecido a algunos que recibía por La Matinée [2007]. Antes me decían: “No me gusta el carnaval, pero te felicito”. Y ahora me ha pasado que me digan: “No soy futbolero, pero me encantó la película”. Para Guzmán y para mí era una parada difícil: revisitar un tema y que eso tuviera un sentido. Además, es la primera de una serie que continúa.

La primera estrella. 70 minutos. En Cinemateca, Life Alfabeta y Sala B del Sodre.

¿Te interesa la cultura?
None
Suscribite
¿Te interesa la cultura?
Recibí la newsletter de Cultura en tu email todos los viernes
Recibir