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Algo terrible está a punto de suceder.

Algo terrible está a punto de suceder.

Algo terrible está a punto de suceder: cuando conocer a tu familia política es el menor de los problemas

La miniserie que coquetea con varios subgéneros del terror.

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Hace algunas décadas, cuando pululaban los asesinos seriales armados con objetos cortantes, el principal riesgo para las potenciales víctimas era el sexo prematrimonial. Era común ver cómo una parejita de voluntarios de algún camping se fueran a compartir lecho y de inmediato resultaran atravesados por el objeto cortante de turno. La lección era clara: el contrato antes del buen rato.

Los tiempos cambian. Tanto, que en las nuevas ficciones de suspenso y terror es el matrimonio el causante de los mayores desastres, en especial si tu futura “otra mitad” pertenece a una familia adinerada. Podía ser la pobre Grace en la película Boda sangrienta y su secuela aún más sangrienta. O puede ser la pobre Rachel en Algo terrible está a punto de suceder (Something Very Bad Is Going to Happen). La lección es clara: los ricos son diabólicos.

Netflix estrenó hace un tiempito esta miniserie, que llega con la manija de la producción ejecutiva de los hermanos Duffer, los mismos de Stranger Things y The Boroughs. Pero no le peguemos a la serie por ello. Por esta vez, no miremos quién firma los cheques. Con ocho capítulos de entre 40 y 50 minutos (salvo el último), no alcanzará con ver a la protagonista, interpretada por Camila Morrone, corriendo sin parar delante del asesino de turno. Por suerte la creadora Haley Z Boston crea una historia suficientemente atrapante, que coquetea con varios subgéneros del terror hasta quedarse con uno y abrazarlo hasta el final.

Todo comienza con Rachel y su prometido Nicky (Adam DiMarco) en ruta hacia la lujosa cabaña de la familia de este último, cinco días antes de celebrar su boda en ese mismo recinto. ¡Mentira! La serie comienza con una boda sangrienta, pero no la de las películas mencionadas. Una ceremonia en la que todo parece haber salido mal, no solamente por los charcos de hemoglobina, sino por el rostro de los contrayentes. Después de esa escena cortita, volvemos cinco días hacia atrás y los encontramos en ruta.

Así que la cosa viene de “todo se va a pudrir, pero no sabemos cómo”, lo cual no es un subgénero, sino un cliché. El primer subgénero al que nos enfrentamos es el de “todo es incómodo”, en un viaje automovilístico que incluye animales muertos en la carretera, bebés abandonados dentro de vehículos y el segundo cubículo de baño más sucio del planeta (el primero lo encontré hace poco en un centro comercial... no pregunten). El punto más incómodo lo protagoniza Rachel, arrancándose un padrastro casi hasta la segunda falange.

Más adelante, con los tortolitos en la cabaña y un elenco que se amplía con caras conocidas como las de Ted Levine (El silencio de los inocentes, Monk) y Jennifer Jason Leigh (Mujer soltera busca, Los 8 más odiados), pasamos a la parte de la historia que podríamos definir como “mi familia política esconde algo muy jorobado”. Como para irnos acordando todo eso del matrimonio.

Morrone se luce en varias escenas memorables, como cuando su suegra, su cuñada y su concuñada le prueban el vestido con el que caminará hacia el altar. En el medio se suceden misterios de esos que resultan ser menos graves de lo que parecían, pero también se establece el gran conflicto que dominará la segunda mitad, con una pata bien plantada en lo sobrenatural y varias escenas que quedarán en el recuerdo tanto como el cubículo del baño del centro comercial.

La serie, en especial en los momentos más humanos, comete algunos excesos de melodrama. Hay varias escenas en las que un personaje justo pasaba por una puerta abierta o arremete en una habitación en el momento menos esperado. Pero lo equilibra con una ambientación atrapante, con ese buen ritmo con el que va mutando (sobre todo la primera mitad) y con un broche que seguramente satisfaga a fanáticos del género y sus subgéneros.

Claro que para que el clima se mantenga es necesario no dejar mucho tiempo entre episodios. No digo mirarlos todo de corrido, porque podría ser tan terrorífico como lo que sucede en la boda, pero si algo terrible está a punto de suceder, que suceda. Hay pocas cosas peores que arrancarse una curita de a poco. Una de ellas: aquel cubículo del baño del centro comercial. Si no me creen, les muestro una foto.

Algo terrible está a punto de suceder. Ocho episodios de menos de una hora. En Netflix.