Después de seis días de competencia en los que la celeste debió afrontar casi una decena de partidos, Uruguay culminó en la décima posición entre 189 participantes del primer Mundial sub 15 de la categoría, que se desarrolló en formato de festival y jugando con características especiales, se desarrolló en Azerbaiyán.
El equipo dirigido por Gustavo Bueno jugó nueve partidos: ganó seis, empató uno –en el que luego cayó por penales ante Grecia– y perdió dos, el primero y el último. El sábado arrancó con un traspié ante Moldavia que encendió las alarmas. A partir de la segunda jornada, hilvanó una racha de victorias hasta el cierre de la serie: venció 3-1 a Zambia, luego 4-2 a Comoras, 1-0 a Tanzania y cerró el grupo con un categórico 12-0 ante Montserrat.
Después, en dieciseisavos de final de la estructura A, derrotó de manera magnífica a Estonia 6-0. En octavos de final empató 1-1 con Grecia, pero volvió a tropezar en la definición desde el punto del penal. A partir de allí, comenzó a competir por la ubicación entre los puestos 9 y 16: le ganó a Egipto 3-0 y a Polonia 1-0, para finalmente cerrar el campeonato del nivel A cayendo 3-1 ante México en un partido entreverado y con roces en el que Uruguay estuvo arriba en el marcador hasta casi la mitad del segundo tiempo de 20 minutos.
Uruguay terminó en la décima posición y México terminó noveno, mientras que el primer campeón del mundo sub 15 fue España, que derrotó 3-0 a República Checa. Grecia, la selección que eliminó a Uruguay por penales, terminó tercera al vencer a Paraguay 6-2. Brasil fue quinto, Guinea sexto, Ghana séptimo y Colombia octavo. Venezuela y Ecuador terminaron en los puestos 15 y 16, respectivamente, y Argentina fue vicecampeón del nivel B, por lo que ocupó el lugar 34.
El plantel celeste
Detrás de la campaña en Bakú hay 14 historias individuales y 14 camisetas del medio local. La lista que armó Gustavo Bueno incluyó a Thiago Carballo (Peñarol) y Francisco Inciarte (Nacional); Bautista González (Racing), Joaquín Míguez (Montevideo City Torque), Luan Sosa (Montevideo City Torque) e Ignacio Echevarría (Montevideo City Torque); Martín Sagasta (Defensor Sporting), Thiago Guimaraes (Nacional), Luca Di Matteo (Nacional), Tiziano García (Racing), Bautista Casco (Liverpool) y Santiago Mieres (Nacional); Kevin Miguelez (Defensor Sporting) y Santiago Larrosa (Montevideo City Torque).
Un certamen masivo y un formato de seis niveles
Después de la nutrida fase de grupos en la que los 189 participantes disputaron entre cuatro y cinco partidos de 40 minutos para ordenarse, la segunda fase se estructuró en seis niveles de acuerdo con los resultados obtenidos. Quienes terminaron primeros disputaron un campeonato de 32 selecciones en el nivel A; los segundos lo hicieron en el nivel B y así sucesivamente hasta el nivel F. Todos los equipos siguieron compitiendo hasta la jornada final, lo que permitió que la totalidad de los participantes disfrutara de una experiencia competitiva uniforme.
Cada nivel tuvo un ganador, y el vencedor del nivel A, España, se proclamó campeón de esta Copa Mundial y Festival sub 15. El torneo se jugó bajo condiciones únicas de competencia, con un diseño de campeonato y de partidos orientado por la neurociencia: canchas más reducidas con arcos de medida tradicional y áreas de 14 metros de largo que delimitaban, de lado a lado, la única zona de fuera de juego, además de implementarse los saques laterales con el pie.
El sello de Wenger y el soporte de la neurociencia
El proyecto de Arsène Wenger, director de Desarrollo del Fútbol Mundial de la FIFA, busca solucionar el problema de que el 70% de los países miembros no detecta ni desarrolla a sus jóvenes por falta de competencia internacional temprana. Con sustento científico y académico, las reglas modificadas responden a estudios de neurociencia aplicada al deporte, ciencia del movimiento e ingeniería de la carga física.
Jugar ocho contra ocho en una cancha de 68 metros de largo y 47 de ancho fue la consecuencia de investigaciones de centros de alto rendimiento que demuestran que reducir el espacio y la cantidad de futbolistas duplica el volumen de acciones individuales. Un muchacho de 14 años en fútbol 11 toca la pelota un promedio de 20 a 30 veces por partido. En el formato de ocho contra ocho la toca entre 60 y 80 veces, multiplicando la estimulación de la toma de decisiones.
La línea de fuera de juego delimitada a los 14 metros tiene su apoyo en la neurociencia cognitiva aplicada al deporte, que sostiene que la anticipación espacial en adolescentes se desarrolla mejor cuando el campo no está congestionado por bloques bajos. Al obligar a las defensas a marcar individualmente a lo ancho del campo y liberar la zona central de la trampa del achique, se fuerza al jugador a perfeccionar la visión periférica y el pase filtrado directo.
Un efecto similar se logra con el reemplazo del saque de banda por el saque de pie, definido como kick-in. La explicación y el soporte de la ciencia radica en que estas acciones mantienen la frecuencia cardíaca y la carga de atención en niveles de simulación de alta intensidad, eliminando los tiempos muertos durante los cuales el cerebro entra en reposo táctico.
Fue una muy buena experiencia para los sub 15 uruguayos y, por supuesto, también para los más de 2.500 jóvenes de casi todo el mundo. No se sintió que no fuera el fútbol tradicional: pudieron exponer sus talentos, revisar sus falencias tempranas de competencia y mostrar ese fuego que tiene todo deportista de estas tierras.