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Educación Sistema educativo

Gabriela Pérez.

Foto: Rodrigo Viera Amaral

Primera estrategia de la ANEP para que estudiantes vuelvan al sistema apuesta por entender la revinculación como un “proceso”

La directora de Integración Educativa del organismo explicó las acciones que se toman junto con otros actores del Estado para entrar en contacto y concretar la vuelta a estudiar de más de 5.000 niños, niñas y adolescentes.

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Por segundo año consecutivo, la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) lidera una estrategia de revinculación educativa en la que participan varios organismos públicos y que tiene como objetivo lograr la vuelta a estudiar de niños, niñas y adolescentes desvinculados del sistema. A la espera de un corte que realiza el Banco de Previsión Social, se trabaja con un universo de estudiantes desvinculados similar al del año anterior, cuando los organismos del Estado fueron en busca de 5.382 estudiantes.

Gabriela Pérez es profesora de Matemática y educadora social, y actualmente está al frente de la Dirección Sectorial de Integración Educativa del Consejo Directivo Central (Codicen), dependencia que coordina la estrategia de revinculación a la interna de la ANEP. En diálogo con la diaria, Pérez contó que este año se comenzó antes con las acciones de revinculación, con un doble objetivo. Por un lado, se entiende que cuanto antes los estudiantes se sumen a un centro educativo será mejor para su continuidad y, por el otro, también se buscó darles más tiempo a los equipos territoriales que acudieron a la búsqueda de superar la cifra de revinculaciones registrada en 2025, que fue de 2.246 casos.

Justamente, el tiempo es clave para retomar el contacto. Los equipos que tienen a cargo la tarea rastrean la última inscripción de cada estudiante desvinculado y, a partir de ahí, buscan el teléfono y la última dirección que se encuentre en la base de datos de los organismos estatales. En muchos casos el contacto se logra de inmediato, pero en otros no, ya que cambios de teléfono o mudanzas son bastante frecuentes en la población objetivo. A veces no es difícil dar con un nuevo número telefónico o dirección, que se consigue con algún vecino del barrio anterior o con algún familiar, pero no siempre es posible.

Pérez contó que, una vez que entran en contacto, los equipos también se encuentran con respuestas negativas para la vuelta al sistema educativo, lo que requiere pensar estrategias de mediano plazo para lograr el objetivo. Si bien no se ofrece una única posibilidad y además de las distintas propuestas de la ANEP también se plantea la posibilidad de inscripción en algún Centro Educativo de Capacitación, Arte y Producción (Cecap), siempre las posibilidades están limitadas por la oferta más cercana en los distintos territorios en los que viven los niños y adolescentes.

Quienes van en búsqueda de los estudiantes son equipos del Ministerio de Desarrollo Social, del Instituto del Niño y el Adolescente del Uruguay, del programa Cecap –que pertenece al Ministerio de Educación y Cultura (MEC)–, del Instituto Nacional de Inclusión Social Adolescente, además de la propia ANEP –con equipos propios de Primaria, Secundaria, UTU y Codicen–. Una de las claves del proceso es que el organismo a cargo de la búsqueda no necesariamente será el que reciba al estudiante, sino que se apela a buscar la mejor opción disponible para su realidad.

La desvinculación y sus múltiples causas

Pérez apuntó que los motivos por los que se produce la desvinculación son múltiples y muchas veces se retroalimentan entre sí. Entre otros aspectos, marcó la importancia de pensar qué tipo de propuestas no se están ofreciendo actualmente para esos jóvenes y resaltó la necesidad de que el sistema cuente con una mayor variedad de caminos posibles para transitar la educación media, que es el tramo en el que hay más procesos de desvinculación. La jerarca de la ANEP habló de repensar “cómo tienen que ser las propuestas, los tiempos, los plazos, las temporalidades, los inicios y las duraciones”.

Según explicó la directora, muchas veces el motivo de desvinculación tiene que ver con que las propuestas educativas no son de interés para los jóvenes, pero agregó que esos motivos “se entrelazan” con otros más estructurales. Como ejemplo mencionó el caso de muchas familias que recurren a los adolescentes para obtener otra fuente de ingresos para el hogar, y “entre la changa y el estudio”, que en algunos lugares del país está disponible en alguna localidad cercana, a la que hay que trasladarse, “eligen la changa”.

En esos casos, Pérez detalló que entran en juego las distancias, las frecuencias de ómnibus y cómo se financia el boleto estudiantil, lo que varía según la zona del país. Con relación a las modalidades de ingreso al mercado de trabajo, que en la población objetivo se da con mayor frecuencia a partir de los 15 años, dijo que pueden variar y hay desde empleos más sostenidos en el tiempo a otros más puntuales o zafrales.

Como otro aspecto a tener en cuenta, la directora de Integración Educativa apuntó que los núcleos familiares no siempre tienen los elementos materiales para sostener el acompañamiento de los niños y adolescentes a clase. Para ilustrarlo, hizo referencia al spot de la campaña para mejorar la asistencia a los centros educativos, en el que se muestran acciones cotidianas que son necesarias, como levantarse temprano o preparar el desayuno. Al respecto, se preguntó qué pasa en las familias en las que ese tipo de escenas no pueden replicarse, y mencionó el caso de un hogar monoparental cuya jefa de hogar entra a trabajar antes de la hora de ingreso al liceo.

De acuerdo con la jerarca, otras veces puede ser determinante la ausencia de un adulto para acompañar a su hijo o hija a la parada del ómnibus cuando el día está oscuro, o que los adolescentes deban asumir tareas de cuidado de hermanos más chicos. Explicó que, cuando no están dadas las condiciones para acompañar mínimamente a los adolescentes para que puedan estudiar, en los hogares “hay que tomar decisiones”, y en muchos casos la variable de ajuste es la concurrencia al liceo o la UTU.

Según resumió, es importante conceptualizar que no se trata de considerar únicamente “atributos o esfuerzos que un adolescente y sus adultos referentes hacen o no hacen”. Por el contrario, afirmó que la desvinculación “es un problema colectivo” que la educación pública tiene que asumir para, junto con otros organismos, “poner política pública y Estado” para resolver los problemas y transformar la realidad de modo que la revinculación sea posible y, además, reducir al mínimo posible la desvinculación.

La revinculación como proceso

Desde la ANEP conciben la desvinculación y la revinculación como procesos, es decir, no como algo que se da de un momento para otro ni de forma lineal. Esto es clave para entender que la revinculación no se logra únicamente en el momento en el que un estudiante vuelve a estar anotado en un centro educativo. Por eso, además de pensar en la mejor estrategia para ir en la búsqueda de quienes están desvinculados, es clave generar condiciones y acompañamientos adecuados para la vuelta a clases.

Por más que parezcan aspectos secundarios, los detalles importan en ese proceso y los equipos territoriales deben coordinar adecuadamente con los centros educativos, primero para que haya lugar y luego para que alguien del equipo docente se encargue del recibimiento.

En general, las trayectorias de quienes se desvincularon del sistema están marcadas por la extraedad, o sea, porque los estudiantes repitieron alguno de los grados anteriores, lo que, como han mostrado diversos estudios nacionales, funciona como un importante predictor de interrupción de trayectorias educativas. Por ejemplo, la vergüenza o tener que insertarse en otro grupo con el estigma de ser “repetidor” pueden ser barreras importantes para los adolescentes en esos casos.

Con el objetivo de que –entre otras tareas– puedan encarar estos procesos de revinculación, la ANEP generó 76 cargos de referentes socioeducativos que, con recursos votados en la Ley de Presupuesto Quinquenal, comenzaron sus funciones cada uno en una UTU o liceo público. Según detalló la directora de Integración Educativa, estos cargos tienen entre 20 y 30 horas y están dedicados a fortalecer acompañamientos y la convivencia en los respectivos centros educativos. Una línea de trabajo importante en este último caso es la de los comedores que se vienen instalando en liceos y escuelas técnicas.

Pérez también se refirió a la política de ampliación del tiempo escolar, que en el actual período de gobierno prevé duplicar la cantidad de niños, niñas y adolescentes bajo ese tipo de propuestas, y dijo que a través de talleres y otro tipo de actividades extracurriculares se pueden conectar con distintas motivaciones de los estudiantes, lo que favorece su permanencia en el sistema. Según resumió, ese tipo de propuestas sirven muchas veces para “tejer” el vínculo con la institución educativa y, siguiendo la metáfora, evitar que se “deshilache” hasta llegar a la desvinculación.

Apoyos económicos a los estudiantes y sus familias: becas y transferencias

Además de los aspectos simbólicos y vinculares, otro componente importante para sostener las trayectorias educativas son los apoyos económicos, que, por ejemplo, sirvan para mejorar los ingresos económicos de las familias y evitar la salida temprana al mercado de trabajo de las adolescencias. En ese sentido, el proyecto de ley de Rendición de Cuentas propone un rediseño en el sistema de transferencias a la infancia y la adolescencia, que supone aumentar montos de los apoyos y eliminar parcialmente la obligatoriedad de asistencia a un centro educativo para cobrarlo.

En paralelo, la ANEP y el MEC han rediseñado el sistema de becas Butiá, que operan en la educación media, aumentando montos y cantidad de destinatarios y que seguirán creciendo año a año en lo que resta de gobierno. De acuerdo con Pérez, se trata de “un soporte más robusto” y propicio para “sostener procesos educativos” y de cuidados, de forma de que se acompasen con la dinámica laboral de los adultos referentes.

Más allá del componente de apoyo económico, Pérez valoró que el rediseño de la beca incluye un componente de acompañamiento que debe llevar a cabo el centro educativo al que asiste el beneficiario, que junto con su familia firma un compromiso de asistencia.

La jerarca de la ANEP dijo que dichos acompañamientos son clave no solo para que los becarios tengan un mejor desempeño académico, sino también para sostener el vínculo en el caso de la estrategia de revinculación, y también para un mejor aprovechamiento de las propuestas de tiempo extendido. En ese sentido, explicó que los 76 cargos de referentes socioeducativos que se incorporaron al sistema vienen a fortalecer esa función, que ya era desarrollada antes por otros roles docentes, tanto de docencia directa como indirecta.

Por ejemplo, mencionó que para los roles que exigen las becas Butiá los centros educativos nombraron a unas 1.200 personas que en todo el sistema educativo están asumiendo ese tipo de roles de acompañamiento, cifra que Pérez consideró importante. Además, destacó todo el saber acumulado y el aporte que en ese sentido pueden hacer profesionales y educadores sociales, que vienen de trabajar en proyectos socioeducativos y se desempeñan ahora como referentes en el sistema formal. Según resumió, se trata de poder acompañar procesos personales que no son “los ideales”, sino “los que llegan”.

Pérez informó que la ANEP también está tratando de obtener recursos para generar otro tipo de roles que permitan implementar estrategias específicas para los casos de jóvenes con los que va a costar más tiempo lograr la revinculación. Según dijo, en esos casos no es suficiente con plantear que los centros educativos van a estar a la espera de su retorno, sino que se requiere otra proactividad, que incluye el diseño de estrategias específicas que superan las posibilidades de los recursos con los que cuenta actualmente el sistema educativo.

El sistema educativo y su rigidez ante la necesidad de flexibilidad

En muchos procedimientos, como la inscripción de estudiantes, los sistemas educativos se caracterizan por su rigidez, y el caso uruguayo, con sus particularidades, no escapa a eso. De todas formas, Pérez está de acuerdo con que cada vez más profesionales de la educación son conscientes de la necesidad de cierta flexibilidad para cuidar la trayectoria de sus estudiantes.

A propósito, dijo que se vienen dando cambios culturales que hacen que los adultos piensen hoy cosas con las que quizás no hubieran estado de acuerdo hace diez o 15 años, lo que aplica a la vida en general y también a la educación en particular. Según completó, en el caso de la educación media se ha ido moviendo la idea de qué implica que un profesor vaya a dar su materia y qué espera de sus estudiantes, en función del grado y el ciclo en el que están.

Aunque entiende que “las culturas institucionales son lentas de transformar”, cada docente “puede ir repensando consideraciones y modos de hacer”, por ejemplo, acerca de “cómo entender el encuentro con el otro” y la propia enseñanza, apuntó. De todas formas, planteó que en algunos casos también “se entremezclan” aspectos que, por ejemplo, tienen que ver con malestares docentes producto de las condiciones laborales.

Según Pérez, es importante que desde la política educativa también se generen espacios de reflexión sobre la práctica docente, para lo cual cobra relevancia la formación en servicio. En ese sentido, dijo que la ANEP está impulsando la generación de “un sistema de formación permanente” que dé prioridad a temáticas que preocupan a los actores del sistema educativo, como los acompañamientos a los estudiantes.

La jerarca consideró que para que se generen cambios en las formas de hacer es necesario “tener espacios y el tiempo para revisar, repensar, replantearse cosas y encontrar cosas que te interpelan”. Agregó la necesidad de que esas discusiones se den entre pares, aunque no únicamente dentro de un mismo subsistema. Precisamente por eso el sistema de formación permanente que trabaja el organismo está abriendo cursos para que compartan maestros, profesores de secundaria y de UTU. De acuerdo con la jerarca, esto es clave para que la discusión sobre los temas educativos no se dé únicamente en las redes sociales, donde en general las discusiones se polarizan y no se promueve la búsqueda de acuerdos o puntos comunes.

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