Este jueves la Dirección de Derechos Humanos de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) realizó el conversatorio “Otra voz habla: teatro para la convivencia”. En el liceo IAVA se reunieron especialistas, docentes y estudiantes para dialogar sobre cómo la violencia y la inseguridad en los territorios afectan el acceso a la educación y los procesos educativos.
El encuentro, que contó con la presencia del presidente del Consejo Directivo Central (Codicen) de la ANEP, Pablo Caggiani, comenzó con una interpretación teatral que utilizó esta herramienta como una “técnica pedagógica” para representar la convivencia y comunicación dentro de los espacios educativos. La interpretación también acompañó otras partes del conversatorio como medio para interactuar durante la exposición de cada especialista.
En la apertura del encuentro, Nilia Viscardi, directora de Derechos Humanos de la ANEP, explicó que el guion de la interpretación inicial fue realizado por un grupo de estudiantes del liceo 33 de Montevideo, quienes participaron en un proyecto de extensión en conjunto con la Universidad de la República (Udelar), vinculado a talleres para favorecer la convivencia. El trabajo, que a su vez incluye una pieza audiovisual, llevó un año de proceso.
Ese proyecto tenía la intención de incorporar “técnicas pedagógicas para la convivencia” a través del teatro, explicó Viscardi. La idea central de los talleres es “buscar elementos que planteen tanto el rol pedagógico que el arte puede tener como el análisis del conflicto, del malestar, de lo que nos pasa. Volver a traer el cuerpo a escena”, sostuvo Viscardi.
Durante el conversatorio compartieron su mirada sobre el tema Gabriel Tenenbaum, sociólogo e investigador de la Udelar, Carolina Pallas, integrante del Codicen de la ANEP, y Carmen Rodríguez, psicóloga y actual asesora del Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay.
¿Cómo afecta la violencia territorial en los centros educativos?
Tenenbaum analizó que “la violencia es heterogénea” y “muy vasta” y que “cuando hacemos foco en el territorio y en cómo la violencia territorial afecta nuestra comunidad”, hay un tipo de “violencia particular”. En concreto, se refirió a la “violencia letal” o “violencia letal potencial”. Señaló que, desde el campo de estudio del delito, esas son las principales preocupaciones, y explicó que esos tipos de violencia involucran especialmente a los homicidios y a los intentos de homicidio, tanto por sus consecuencias directas como por el conjunto de otras formas de violencia que se generan en torno a esos hechos.
El investigador explicó que, al analizar la violencia letal, pueden identificarse dos grandes dimensiones. Por un lado, la vinculada al delito y, por otro, la relacionada con la convivencia social. Sobre esta última, señaló que está ligada a la forma en que las comunidades resuelven sus conflictos y las herramientas de las que disponen para hacerlo. Según indicó, ambas dimensiones explican una parte importante de las causas generales de la violencia letal.
A su vez, hizo referencia a algunas investigaciones en las que participó que analizan la distribución territorial de la violencia letal en Uruguay, especialmente en Montevideo, ya que es el lugar donde “mayormente se concentra”. Los estudios muestran que la concentración de este tipo de violencia tiene un carácter estructural y se mantiene de forma sistemática a lo largo del tiempo. Asimismo, agregó que no se concentra en barrios enteros, sino en espacios “muy concretos” dentro de algunos de ellos.
“Hay ciertos territorios donde hay una evidencia de daño cultural muy fuerte y allí están centros educativos”, aseguró, y planteó que el análisis de la violencia vinculada a la educación no se limita a lo que ocurre dentro de estos centros, sino que también se debe considerar el trayecto que realizan los estudiantes desde el momento en que salen de sus casas. En ese sentido, sostuvo que las dinámicas de violencia en el territorio y el funcionamiento de los mercados de drogas ilegalizadas reconfiguran los espacios por los que transitan los niños y adolescentes y condicionan su recorrido cotidiano hacia la institución, lo que termina incidiendo en el “acceso a la educación”.
Nidia Viscardi, durante el conversatorio “Otra voz habla: teatro para la convivencia”, el 16 de julio en el liceo IAVA.
Foto: Alessandro Maradei
Reconfiguración de la autoridad pedagógica
Durante la jornada también se reflexionó sobre cómo la hiperconectividad, la inteligencia artificial y las nuevas formas de acceso a la información están transformando la autoridad pedagógica. En ese marco, Pallas planteó la necesidad de repensar el vínculo entre docentes y estudiantes en un contexto en el que el conocimiento ya no se legitima únicamente por la posesión de la información.
En ese sentido, la consejera subrayó que la autoridad pedagógica continúa siendo una relación “asimétrica” y “legítima” entre quien enseña y quien aprende por estar institucionalizada, pero que ese factor es temporal y debe entenderse como parte del proceso educativo, más que como una relación permanente de poder. A su vez, señaló que la expansión de los entornos digitales y las nuevas formas de acceso al conocimiento obligan a revisar las bases sobre las que históricamente se construyó la autoridad docente, y que ese escenario demanda una pedagogía capaz de impulsar una construcción crítica del conocimiento, eliminar barreras para el acceso a la educación y fortalecer el carácter “público” y “democrático” del sistema educativo.
A su vez, dijo que el vínculo entre docentes y estudiantes debe ser regido por “una relación basada en el reconocimiento mutuo dado por el diálogo y no por el control”, pero para que exista un diálogo cada individuo debe “reconocer al otro como un interlocutor válido”.
Gabriel Tenenbaum, durante el conversatorio “Otra voz habla: teatro para la convivencia”, el 16 de julio en el liceo IAVA.
Foto: Alessandro Maradei
El desafío de abordar el “después” del hecho de violencia
Otro de los ejes del conversatorio estuvo dedicado a abordar la violencia desde una perspectiva de la psicología. En ese sentido, Rodríguez planteó que la violencia no constituye un hecho excepcional ni ajeno a la condición humana, sino que nos compone a todos desde el “punto cero”, por lo que la educación y las instituciones cumplen un papel central en las formas en que se construye la convivencia. “La violencia no es un accidente de un humano, sino que es el fracaso de ese proceso de ofrecerle a la violencia un camino distinto”, afirmó.
“Ningún humano vive bien y contento ante el desamparo ni ante la injusticia”, sostuvo Rodríguez, y afirmó que no es posible aspirar a una ausencia total de la violencia, ya que forma parte de la condición humana. Por eso, sostuvo que la tarea de las familias, las instituciones y el sistema educativo consiste en brindar herramientas que ofrezcan un “enlace con la ley” ante un marco de normas y límites que permita dar tratamiento a esa violencia.
Finalmente, planteó que una posible estrategia frente a la violencia en el ámbito educativo debe contemplar tres momentos en el tiempo, pero que no pueden limitarse a la “prevención”. Al respecto, afirmó que, si bien es necesario actuar antes, durante y después de los episodios de violencia, uno de los principales desafíos actuales es pensar las intervenciones una vez que el hecho ya ocurrió.
