El poder de las principales compañías tecnológicas no se mide solamente en dólares ni en cantidad de usuarios. También está en los datos que acumulan, la infraestructura que controlan, las plataformas que diseñan y su capacidad para incidir sobre gobiernos, mercados y hasta elecciones.
El fenómeno también aparece en espacios que, a primera vista, parecen alejados de las gigantes tecnológicas. Las apuestas deportivas se convirtieron en un negocio global que atraviesa el fútbol; los mercados predictivos permiten apostar sobre acontecimientos que todavía no ocurrieron; los centros de datos pasaron a ser una pieza estratégica para el desarrollo de la inteligencia artificial, y las redes sociales pueden intervenir en la forma en que una sociedad discute y toma decisiones.
¿Quién pone las reglas cuando buena parte de ese poder ya no está dentro de las fronteras de un Estado? Esa fue una de las preguntas que atravesaron el panel “Geopolítica de las big tech”, organizado por la diaria y Le Monde diplomatique edición Uruguay en el marco del Día del Futuro, en la Alianza Francesa de Montevideo.
La mesa reunió a José Natanson, director de Le Monde diplomatique Cono Sur (Argentina); Denise Mota, conductora de Paren el mundo, de la diaria Radio (Brasil); Rodrigo del Río Joglar, investigador de Rumbo Colectivo (Chile), y Facundo Verdun, integrante del equipo de Le Monde diplomatique (Uruguay). La moderación estuvo a cargo de Roberto López Belloso, director de la edición local de Le Monde diplomatique.
Competencia entre potencias
La competencia tecnológica entre Estados Unidos y China, la relación entre los gobiernos y los grandes empresarios tecnológicos y la expansión de las plataformas digitales muestran distintas dimensiones de un mismo fenómeno: el crecimiento de actores privados y potencias globales cuya capacidad de incidencia excede cada vez más las fronteras nacionales.
Del Río Joglar habló de la competencia tecnológica entre Estados Unidos y China, así como del desplazamiento del centro de la innovación y la actividad económica hacia el Pacífico. Para describir esa nueva configuración, habló de un “Latino Pacífico”, que incluye los países latinoamericanos vinculados cada vez más con Asia, Estados Unidos y Canadá.
El especialista cuestionó que América Latina tenga que limitarse a elegir entre Estados Unidos y China y planteó la necesidad de generar capacidad propia y fortalecer la cooperación regional en áreas como la infraestructura digital, los recursos naturales y la seguridad alimentaria.
En ese escenario, sostuvo que las “grandes” empresas tecnológicas tienen un peso creciente, aunque “no tienen ejército”. A esa posibilidad de actuar con mayor margen la llamó “excedente de agencia”. También advirtió sobre la circulación de información en las plataformas y la dificultad para distinguir contenidos verdaderos de contenidos manipulados, un problema que definió como “seguridad cognitiva”.
La situación en Argentina
El vínculo entre las grandes empresas tecnológicas y los gobiernos constituye otra dimensión de esta transformación. Natanson puso como ejemplo el caso de Argentina, señalando la cercanía entre el gobierno de Javier Milei y algunos de los principales empresarios tecnológicos.
El director de Le Monde diplomatique Cono Sur sostuvo que existe una “afinidad ideológica” entre Milei y “algunos” de los principales empresarios de la economía tecnológica. Elon Musk y Peter Thiel, por ejemplo, son también productores de ideas políticas y sociales.
“Son ideólogos, en el sentido más puro de la palabra. Uno podría decir incluso que son intelectuales: personas que trabajan no solo con el dinero, sino también con las ideas”, sostuvo. Según explicó, detrás de ellos hay una visión de un mundo “regulado por las fuerzas competitivas del mercado, en el que el Estado se retira y la competencia es permanente”, con una mirada que en algunos casos tiene “un filo distópico”.
En ese grupo ubicó a Marcos Galperín, fundador de Mercado Libre y uno de los empresarios más cercanos al gobierno de Milei. Natanson señaló que el desarrollo de la empresa estuvo relacionado con políticas públicas de promoción del software durante el gobierno de Néstor Kirchner y con profesionales formados en universidades públicas y escuelas técnicas.
Para Natanson, detrás de estas alianzas existe una visión compartida sobre el mercado, el Estado y la competencia. “Las personas valen por lo que tienen, deben competir y quien llega más lejos lo hace porque se esforzó más”, aseguró.
Mercados de apuestas
Las apuestas en línea ofrecen otro ejemplo de cómo los estados intentan regular actividades que se expandieron al ritmo de las plataformas digitales y que ya no se limitan al ámbito deportivo.
Desde Brasil, Mota abordó la decisión del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien el 25 de setiembre firmó una medida provisional que prohibió en todo el territorio brasileño la explotación, oferta, intermediación y publicidad de las apuestas deportivas y juegos en línea. El anuncio impactó especialmente en el fútbol, donde los clubes y campeonatos tienen una fuerte dependencia de los ingresos provenientes de estas empresas.
“Se ha dicho que es un volantazo que genera inseguridad jurídica”, señaló. La periodista recordó que en 2023 se había aprobado un marco regulatorio y que había 85 compañías autorizadas para operar en Brasil.
Frente a las críticas, Lula justificó el cambio por el impacto de las apuestas en el endeudamiento y la ludopatía. “Todos los días aparecía una nueva empresa ilegal. Por eso entendió que la única salida era terminar definitivamente con esa situación”, sostuvo Mota.
El juego en línea también apareció en su exposición a través del llamado Tigrinho, una modalidad de tragamonedas en línea que se volvió masiva en Brasil. “Hay un país enfermo por el juego del Tigrinho; ese fenómeno de las tragamonedas en línea se ha convertido en un infierno”, afirmó.
Mota sostuvo que las apuestas dejaron de estar asociadas únicamente al deporte y pasaron a ocupar otros espacios, entre ellos, las plataformas digitales. Por otro lado, contó que el proyecto sobre las apuestas ya acumulaba “más de 30 enmiendas” en el Congreso brasileño y consideró que probablemente será más duro que el régimen actual, aunque no consideró que llegue a la prohibición total. También señaló que la medida provisional de Lula tiene cuatro meses de vigencia y que “muy probablemente eso camine después de las elecciones”.
Situación en Uruguay
El caso uruguayo muestra otra cara del mismo problema: incluso con una larga tradición regulatoria, el desarrollo de plataformas extranjeras dificulta el control de un mercado que opera por fuera de las fronteras nacionales.
Verdun comenzó su intervención con una afirmación que atravesó toda su exposición: “Hace ya un tiempo que los deportes dejaron de ser solamente deportes”. Las casas de apuestas y los mercados predictivos encontraron en las competiciones internacionales una oportunidad para captar nuevos usuarios y ampliar sus negocios.
Según señaló, el volumen de dinero que movilizan las apuestas y los mercados predictivos se acerca al de las propias competiciones deportivas, lo que les otorga un lugar cada vez más importante en la organización de estos eventos.
Uruguay, pese a contar con una larga tradición regulatoria –la primera ley sobre juegos de azar data de 1882–, tampoco escapa a ese fenómeno. En 2017, una nueva disposición reafirmó la ilegalidad de los juegos de azar y las apuestas en línea no autorizadas, pero Verdun señaló que el mercado digital “es difícil de controlar” por la existencia de plataformas extranjeras y herramientas como las redes privadas virtuales (VPN).
El problema tampoco se limita a la publicidad, ya que los sitios digitales incorporan recursos de diseño similares a los de las multinacionales tecnológicas, con dinámicas que buscan prolongar la permanencia de los usuarios y estimular nuevas apuestas. “Es un jueguito apostar”, describió.
Las interfaces reducen la percepción del dinero y del tiempo que se invierten, ofrecen nuevas oportunidades después de una pérdida e incluso facilitan el acceso al crédito. “Se termina generando un ambiente de vicio que produce y alimenta la adicción”, advirtió.
El integrante del equipo de Le Monde diplomatique sostuvo que la cooperación regional resulta necesaria para hacer frente a la presión de organismos como la Conmebol y la FIFA, que habilitan los patrocinios de apuestas, mientras que países como Uruguay mantienen restricciones. “Las consecuencias de todas estas decisiones las termina pagando la población”, indicó.
De cara al Mundial 2030, Verdun alertó sobre el peso de las reglas que establece la FIFA: “Cuando te das cuenta, ya estás adentro del estadio mirando la publicidad, o tu hijo, tu sobrino, tu hermano más chico ya está apostando en un partido de fútbol que no tiene ni idea, o ya perdió plata, o ya está hasta las manos”.
Asimismo, explicó que, en Uruguay, la regulación busca limitar la publicidad de las casas de apuestas. Según señaló, la ley no puede impedir que estas empresas existan, pero sí restringir su publicidad y evitar que llegue a públicos que las empresas buscan captar, entre ellos, los menores.
Sobre la FIFA, cuestionó además la falta de información sobre el destino de sus recursos: “No hay un informe de rendición de cuentas por el cual la FIFA te diga ‘este año invertimos los 13.000 millones de dólares que entraron por el Mundial en calzados nuevos para todos’”, cerró.
El poder detrás de la pantalla
En la segunda vuelta, Natanson retomó la dimensión tecnológica y señaló que el poder de estas empresas también está en que pueden operar sin infraestructuras físicas. Uber no tiene autos y Airbnb no tiene hoteles, ejemplificó, mientras que las webs de apuestas pueden funcionar con costos relativamente bajos y destinar recursos a publicidad y lobby.
También cuestionó el diseño adictivo de las redes sociales y mencionó las propuestas europeas para limitar herramientas como el escrol infinito, las notificaciones y la reproducción automática. “El mal de la época actual es la ansiedad”, sostuvo.
Mota, por su parte, volvió sobre el papel de los usuarios como recurso central de las big tech. “El ejército que tienen las big tech somos nosotros”, dijo, en referencia a “nuestra mente, nuestro tiempo, nuestra atención”, y señaló el peso de los influencers en la expansión de las apuestas entre los jóvenes brasileños.
La inteligencia artificial suma una nueva dimensión a esta disputa. Del Río Joglar insistió en que esta tecnología debe ser pensada como una cuestión de política industrial.
Al finalizar la jornada, en diálogo con la diaria, Del Río Joglar señaló que en Chile el debate actual pasa por definir qué modelo se seguirá en materia de inteligencia artificial: “¿Un modelo más regulado o uno más desregulado?”.
En ese escenario, planteó que el país necesita “política industrial” y una inversión de “mejor calidad”, que puede ser extranjera o local, pero “con reglas más claras de lo que se les pide”. Según explicó, la alta adopción de inteligencia artificial no alcanza si esa tecnología no logra ser absorbida por la industria y el mundo del trabajo.