la diaria Convivencia

Intervención de Alejandra Picco.

Foto: Inés Guimaraens

¿Es necesario el crecimiento para distribuir?: expertos y autoridades debaten cómo hacer frente a una sociedad “fragmentada”

El mercado de trabajo dejó de ser un factor de movilidad social y el sistema educativo no logra revertir las desigualdades de origen, señalaron varios participantes del evento “¿Cómo construir el Uruguay de 2050?”

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¿Uruguay necesita crecer primero para poder distribuir más o debe atacar las desigualdades aun cuando la economía no crezca? La pregunta atravesó el evento “¿Cómo construir el Uruguay de 2050?” y dejó planteadas dos miradas sobre la relación entre crecimiento y distribución. Mientras que una puso el foco en la necesidad de generar crecimiento y recursos para sostener las políticas sociales, otra advirtió que la reducción de las desigualdades no puede quedar supeditada a la expansión de la economía.

El integrante del Consejo Académico de la Estrategia Nacional de Desarrollo Luis Bértola planteó que Uruguay necesita crecer para poder sostener las demandas sociales. Su diagnóstico parte de una economía que se expande por debajo de lo necesario y presenta bajos niveles de inversión. “Estamos creciendo muy poco y tenemos un nivel de inversión muy bajo”, sostuvo. Si el país no modifica su estrategia, puede quedar “vegetando en una tasa de crecimiento del uno coma algo por ciento anual” y acumulando demandas sociales que no podrá satisfacer, advirtió.

El doctor en Historia Económica rechazó, en ese sentido, la idea de separar el crecimiento de la capacidad de financiar las políticas sociales. A su entender, “eludir el problema económico de cómo crecer y generar los recursos para satisfacer un montón de demandas es una trampa y un problema”.

Su planteo no implica, sin embargo, que la distribución deba esperar. Bértola cuestionó la idea de que exista un dilema inevitable entre crecimiento y distribución. Sostuvo que existe “muchísima bibliografía que muestra que son dos elementos totalmente complementarios”.

Por su parte, Alejandra Picco, coordinadora técnica del Instituto Cuesta Duarte, puso el énfasis en el otro lado de la discusión. La economista coincidió en que Uruguay tiene un problema de bajo crecimiento, pero sostuvo que la persistencia de las desigualdades constituye por sí misma un cuello de botella para el desarrollo.

“Esta agenda de disminuir de manera importante esa persistencia de desigualdades que tenemos no puede quedar supeditada al crecimiento”. El riesgo, advirtió, es quedar atrapados en una situación en la que no se reducen las desigualdades porque no hay crecimiento y, al mismo tiempo, no se generan las condiciones para crecer.

Una sociedad fragmentada

Carlos Batthyány, rector de la Universidad Tecnológica (UTEC), planteó que el país tiene “una sociedad totalmente fragmentada”. Según sostuvo, “un 20% de uruguayas y uruguayos” vive en condiciones muy favorables, mientras que el “80% está condenado a una no movilidad social”.

El rector cuestionó si el sistema educativo público, pese a su amplia cobertura, está logrando revertir esa situación. Batthyány llevó esa discusión a la realidad de la UTEC, donde señaló que aproximadamente la mitad de los estudiantes deserta. “¿Por qué de esos 1.000 por año desertan el 50%?”, preguntó.

A su entender, entre las causas de la deserción aparecen las dificultades con las habilidades de lectura, matemática y comprensión de textos con las que los jóvenes llegan a la educación terciaria.

A esto se suma la necesidad de que muchos estudiantes trabajen para sostenerse, afirmó. Como alternativa, Batthyány propuso darles a los estudiantes un salario mínimo nacional.

Mientras tanto, Héctor Cancela, rector de la Universidad de la República, señaló que uno de los principales desafíos de Uruguay es la persistencia de distintas formas de desigualdad. Mencionó las brechas socioeconómicas, territoriales y de género, así como las que afectan a minorías y las diferencias en el acceso a la educación, el conocimiento y servicios básicos como la salud.

“No hay una sociedad realmente próspera en el mundo con estas desigualdades”, sostuvo.

Al hablar del crecimiento económico, finalmente, propuso ampliar la mirada más allá del aumento del producto interno bruto (PIB). “Siempre vamos a querer mirar ese porcentaje de crecimiento del PIB, pero me parece que lo tenemos que ver también en el per cápita”, sostuvo.

El papel del mercado de trabajo

Picco puso el foco especialmente en las desigualdades que se producen en el mercado de trabajo. Según afirmó, el empleo “ha dejado de ser un factor de movilidad social” y se convirtió en “un reproductor y un amplificador de esas desigualdades”.

Aunque se ha creado empleo y la tasa de desempleo es relativamente baja, persisten “desigualdades que son muy grandes entre varones y mujeres” y brechas que afectan especialmente a las personas de menores ingresos. “Los más pobres tienen tasas de desempleo tres veces más altas”, afirmó.

También señaló diferencias importantes en la calidad de los empleos. La informalidad ronda el 22% de los ocupados, pero en algunas regiones “duplica esa tasa” y alcanza “a cuatro de cada diez ocupados”. Además, sostuvo que esta problemática es particularmente persistente entre los jóvenes.

Para Picco, las diferencias en el acceso y la calidad del empleo están estrechamente vinculadas con el nivel educativo y con el origen socioeconómico de las personas. Por eso, consideró que la discusión no debería centrarse únicamente en crear más puestos de trabajo, sino también en mejorar su calidad.

Según el último informe del Instituto Cuesta Duarte, “tres de cada diez trabajadores” perciben ingresos laborales líquidos mensuales inferiores a 28.600 pesos. “Una cifra con la que a la mayoría de los que estamos acá nos parece imposible que alguien viva”, concluyó.

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