No hace falta leer la resultante de las últimas encuestas de Equipos Consultores y Factum para concluir que buena parte de los uruguayos, una enorme cantidad de ellos frenteamplistas, no se sienten conformes con este primer año y poco de gobierno.
Solo basta charlar entre compañeros, leer las redes sociales (desbrozando la enorme cantidad de trolls) o ver lo que sucede en nuestras calles para darse cuenta de que esta gestión no entusiasma. Y no es únicamente el talante ni “la forma de ser” del compañero presidente.
Soy de los que creen que, a pesar de todo lo hecho y el esfuerzo que ponen muchos compañeros, tenemos problemas de gestión en varias áreas, pero así superemos los problemas de gestión y gobernemos con la mayor celeridad, pulcritud, responsabilidad y transparencia administrativa, si no alcanzamos a marcar la agenda política con un mensaje más potente y de horizonte claro, el descontento va a persistir. El problema central es de posicionamiento político, no de mala gestión.
Y para ello hay que dejar de lado algunos conceptos equivocados que heredamos de anteriores gobiernos. Todos sabemos que “una cosa es el gobierno y otra la fuerza política”, y que no se debe gobernar para los frenteamplistas sino para todos los uruguayos, pero hay que hacerlo desde la fuerza y la legitimidad que da el programa que eligieron los uruguayos y desde un discurso racional y de izquierda, algo a lo que se tendrán que acostumbrar algunos ministros.
No hay “revolución de las cosas simples”. No es simple ni poca cosa desterrar la pobreza infantil, ni mejorar la educación, la salud y la vivienda, ni que la gente en estado permanente (no en “situación”) de calle pueda tener un techo, alimentación, higiene y atención sanitaria. No es simple combatir el delito ni el narcomenudeo, ni la situación carcelaria, ni el lavado de activos de los meganarcos. No es simple crear puestos de trabajo ni mejorar salarios y jubilaciones.
Nada es simple, en el Uruguay de hoy, con la herencia de déficit fiscal recibida, con las restricciones presupuestales, con la situación regional, en un mundo teñido de guerras e incertidumbre, en donde crece la soberbia y la crueldad en el discurso y en los hechos de las extremas derechas.
Menos simple aún es con una oposición cada vez más cavernícola, en la que dejaron de existir hace tiempo o son mínima expresión los wilsonistas y batllistas. Las derechas alcanzan los gobiernos con estrategias de comunicación que apelan a la ignorancia y el resentimiento de determinadas clases sociales, libreto extraído de los manuales de los conservadores estadounidenses, los libertarios argentinos y los de PP-Vox españoles, con la única diferencia de que acá no quieren devolver inmigrantes, sino que los alistan para votarlos.
Por más (loable) esfuerzo que haga nuestro compañero presidente en convencerlos de guardar las formas republicanas, estamos persuadidos de que tienen muy clara su estrategia y no se van a apartar un ápice de ella. No habrá un instante de tregua. No lo hubo desde el 1° de marzo de 2025.
Todos sabemos que “una cosa es el gobierno y otra la fuerza política” y que no se debe gobernar para los frenteamplistas sino para todos los uruguayos, pero hay que hacerlo desde la fuerza y la legitimidad que da el programa que eligieron los uruguayos y desde un discurso racional y de izquierda.
En este panorama, no es simple, es revolucionario avanzar en estos temas trascendentales para los uruguayos. Y así debemos entenderlo todos los frenteamplistas, los que debemos respaldar al gobierno y quienes nos gobiernan: presidente, ministros, legisladores y cada militante del campo popular. Cuidarnos entre todos, escucharnos, criticarnos con respeto, aportar ideas.
Al contrario de muchos compañeros, creo que Yamandú Orsi fue el mejor candidato y es el mejor presidente posible. ¡Tabaré y Pepe eran unos fenómenos y vaya si no se equivocaban!
Hay que corregir aspectos de la estrategia. Menos esfuerzos para conseguir el voto 50 y más para articular con la base social de los cambios y pasar a la ofensiva. Para ello resulta imprescindible no solo avanzar en lo programático, sino también llenar el mensaje de contenido político.
Es fundamental el trabajo que Fernando Pereira, Silvia Nane, José Nunes, Aníbal Pereyra y otros compañeros vienen llevando a cabo con “El FA te escucha”, pero no alcanza si como gobierno no ajustamos el mensaje para llegarle a esa gente con propuestas realizables y un mensaje esperanzador.
Para erradicar la pobreza infantil no se puede decir que “no hay jubilados pobres”; para mantener la relación diplomática con Israel no se puede afirmar que lo de Gaza “no es genocidio”, y para que no se enoje Trump no es posible negar que lo de Venezuela fue un secuestro. Con o sin visita al portaaviones, no defender la soberanía de Cuba sería una claudicación inaceptable.
Quizás la izquierda pueda perder las próximas elecciones (militaremos para que no suceda), pero lo que no puede perder es el alma. Esa no se recupera. El 20 de mayo, miles de ellas marchamos por verdad y justicia. Tal vez esta nueva etapa deba empezar por que el comandante general de las Fuerzas Armadas convoque a los principales comandantes de las tres armas y exija a sus excamaradas de Domingo Arena que digan la verdad.
Javier Cousillas es integrante del MAS-959.