Otro mayo nos encuentra preparando una nueva Marcha del Silencio, en un mes profundamente movilizador para todos y todas. Un mayo que nos atraviesa desde la ausencia, pero también desde la certeza de que, después de más de 50 años golpeando puertas y 30 años marchando, no estamos solos ni solas. Cada vez son más las personas que sienten a nuestros familiares como compañeros y compañeras de vida, parte de una memoria colectiva que se sostiene entre miles.
Son 30 años caminando; medio siglo buscando respuestas, golpeando puertas y abriendo pequeños huecos de luz para seguir avanzando. Nuestras viejas y nuestros viejos comenzaron este camino enfrentando el miedo y el silencio impuesto. Se plantaron frente a los cuarteles, ocuparon plazas, levantaron las fotos y pronunciaron sus nombres cuando todavía costaba incluso hablar sobre lo ocurrido.
Hoy son miles las manos que sostienen la memoria. Manos que se tienden, que abrazan, que reproducen las historias y que nos recuerdan, todos los días, que no estamos solos ni solas. Porque la memoria dejó de ser únicamente de las familias para transformarse en una causa colectiva, profundamente popular.
En estos años también aprendimos nuevas formas de sostener la memoria. La virtualidad, en tiempos difíciles, nos hizo crecer y multiplicarnos. Nos permitió sembrar margaritas en balcones, termos, ventanas, plazas y barrios. Comprendimos que existen múltiples maneras de reclamar y que todas ellas conviven con esa enorme movilización colectiva abrazada por el silencio que cada 20 de mayo recorre nuestras calles.
Cada vez son más las movilizaciones y concentraciones que se multiplican en distintos rincones del país y del mundo. Desde la asociación estamos trabajando día a día para intentar relevar y listar todas las actividades y convocatorias que nos llegan, aunque sabemos que es imposible registrarlas todas. Y eso, lejos de preocuparnos, nos llena el alma.
El año pasado contabilizamos 82 concentraciones y marchas. Este año todavía no sabemos cuántas serán, pero sí tenemos una certeza: cada vez son más los lugares que dicen “presente”.
También abrazamos profundamente que, en todo este tiempo, muchísimas personas se siguen incorporando. Los compañeros y las compañeras que organizan en cada territorio nos cuentan del enorme crecimiento, de cómo cada año aparecen más manos para sostener las fotos, para abrazar, para marchar y para construir memoria colectiva.
En este tiempo de aprendizaje colectivo, desde la asociación también nos embarcamos en un nuevo desafío: construir nuevas formas de encontrarnos, aprendiendo de todas las experiencias territoriales y de las múltiples maneras en que la memoria se comparte y se hace presente.
Por eso, este año realizaremos una previa el 19 de mayo a la Marcha del Silencio en la plaza 1º de Mayo de 17.00 a 22.00, pero con otra pincelada: una verdadera fiesta popular de la memoria. Un espacio donde los artistas nos abracen con sus canciones, donde el arte esté presente en la serigrafía en vivo, donde compañeras y compañeros de organizaciones de derechos humanos puedan compartir sus luchas y trabajos desde distintos stands, donde recolectemos medicamentos para el pueblo cubano y alimentos no perecederos para las ollas populares, y donde entre todos y todas podamos hacer miles de margaritas para que la ciudad amanezca florecida.
Queremos, una vez más, que este 20 de mayo la memoria se haga visible en cada rincón, en cada cuadra y en cada paso que demos por la ciudad. Que las margaritas sembradas colectivamente nos interpelen y no permitan mirar hacia otro lado. Porque la memoria también florece cuando se construye en comunidad, cuando se vuelve encuentro, abrazo y presencia colectiva.
Como hemos sostenido históricamente, la lista de personas detenidas desaparecidas siempre fue una lista abierta. La conferencia brindada ayer por la Institución Nacional de Derechos Humanos vuelve a reafirmar: hoy son 205 las personas detenidas desaparecidas bajo responsabilidad del Estado uruguayo.
Para nosotros y nosotras esto no representa únicamente una cifra. Son 205 vidas truncadas por el terrorismo de Estado, 205 historias arrancadas violentamente por el fascismo. Son madres, padres, hijas, hijos, hermanas, hermanos, compañeras y compañeros que siguen faltando. Detrás de cada nombre somos familias enteras atravesadas por la ausencia, generaciones marcadas por el silencio y una sociedad que todavía continúa reclamando respuestas.
Porque no podemos seguir sosteniendo la impunidad; porque nuestro pueblo necesita y exige respuestas, es que este nuevo 20 de mayo marcharemos por memoria, verdad y justicia.
La incorporación de nuevos casos también deja en evidencia que aún existen enormes vacíos de información y múltiples verdades ocultas. Demuestra que, después de más de 50 años, todavía quedan denuncias por investigar, archivos por abrir y responsabilidades pendientes. Y reafirma algo que hemos dicho durante décadas: mientras exista una sola persona desaparecida sin respuesta, la búsqueda no habrá terminado y seguiremos exigiendo.
Por eso, para nosotros y nosotras, cada nombre incorporado no es solamente un dato o una actualización estadística. Es una responsabilidad colectiva que interpela al Estado y a toda la sociedad. Porque todo el pueblo merece tener una verdad completa y que se haga justicia. Y porque cada nueva confirmación nos recuerda, una vez más, la magnitud del horror ejercido por el terrorismo de Estado y la necesidad urgente de seguir construyendo garantías reales de no repetición.
Pero, mientras todo esto crece, seguimos exigiendo las mismas respuestas. Seguimos reclamando verdad, porque la información continúa secuestrada. Sabemos que las Fuerzas Armadas documentaban todo. Estos registros están en algún lugar, escondidos, y aparecen apenas a cuenta gotas bajo una lógica profundamente cruel y macabra, porque el pacto de omertá y el ocultamiento persiste.
Paralelamente, el Grupo de Investigación en Antropología Forense trabaja día a día recorriendo y removiendo, centímetro a centímetro, cada batallón y cada zona de interés, intentando encontrar a nuestros familiares en una tarea silenciosa, persistente y profundamente comprometida, que busca allí donde durante décadas se intentó ocultar la verdad.
Mientras tanto, seguimos insistiendo en que es necesario profundizar las acciones y que los discursos no queden reducidos a meros saludos a la bandera. No alcanza únicamente con reiterar que “se sigue buscando información”. Es imprescindible que existan decisiones políticas concretas, acciones sostenidas y compromisos reales por parte del Estado para avanzar efectivamente en el acceso a la verdad.
En ese sentido, saludamos la resolución votada de manera unánime por el Senado de la República, que por primera vez desde la recuperación democrática exhorta públicamente a aportar información sobre el destino de nuestros familiares desaparecidos. Ese pronunciamiento constituye un hecho significativo y necesario, porque implica un reconocimiento institucional importante y un mensaje claro hacia la sociedad sobre la responsabilidad colectiva y estatal frente a estos crímenes.
Pero también nos interpela profundamente: ¿cuánto tiempo tuvo que pasar para que el sistema político, de manera unánime, reconociera con claridad que fue el Estado el que torturó, violó, asesinó y desapareció personas? ¿Cuánto tiempo para asumir que es el propio Estado el que tiene la obligación indelegable de garantizar verdad, justicia y reparación?
Porque a nuestros familiares los desaparecen todos los días. El horror que ejecutó el terrorismo de Estado se sigue perpetuando mientras no sepamos dónde están, mientras la información continúe oculta y mientras persista el silencio.
Por otra parte, también creemos importante aclarar algunos discursos, malos entendidos e incluso tergiversaciones respecto de lo que reclamamos cuando hablamos de justicia.
Cuando solicitamos que las personas prófugas de la Justicia –actualmente 15– tengan la retención de sus haberes o que se instrumenten todas las medidas administrativas necesarias para garantizar su comparecencia, no lo hacemos como un fin en sí mismo ni desde un espíritu de revancha. Lo que reclamamos es algo mucho más básico y profundamente democrático: que esas personas se presenten ante la Justicia y cumplan con el debido proceso que nuestros familiares no tuvieron. Nuestros familiares fueron secuestrados, torturados, asesinados y desaparecidos sin garantías y sin derechos. Hoy lo mínimo exigible en una sociedad democrática es que quienes están acusados por crímenes de lesa humanidad comparezcan ante la Justicia y respondan por los delitos cometidos.
No puede seguir ocurriendo que personas requeridas por la Justicia continúen evadiendo sus responsabilidades. El Estado tiene las herramientas y la obligación de actuar para que las resoluciones judiciales se cumplan.
Mientras la impunidad siga existiendo, mientras siga persistiendo el silencio, seguiremos reclamando. Porque no podemos seguir sosteniendo la impunidad; porque nuestro pueblo necesita y exige respuestas, es que este nuevo 20 de mayo marcharemos por memoria, verdad y justicia bajo la consigna “30 años marchando. Contra la impunidad de ayer y hoy. Exigimos respuestas. ¿Dónde están?”.
Carolina Carretero y Laura Boiani son integrantes de Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos.