La Unidad Reguladora de Servicios de Energía y Agua (Ursea) es la encargada de definir mensualmente el precio de paridad de importación (PPI) de los productos derivados de los hidrocarburos, o sea, los combustibles.
Veamos la definición de la Ursea para calcular el PPI del que tres millones y medio de uruguayos estamos expectantes días antes de cada fin de mes para ver cuánto hay que pagar por cada uno de los subproductos del crudo: “El PPI es el cálculo técnico que estima el costo de un importador hipotético que los importa ya terminados en lugar de producirlos a través de ANCAP. El PPI por sí mismo no permite proyectar la evolución del Precio de Venta al Público (PVP) en surtidor, porque el PPI es uno de los componentes en la formación de los precios de los combustibles, ya que contempla los costos únicamente hasta la etapa de distribución primaria. La variación mensual del PPI no necesariamente coincide con la variación del precio de venta al público (PVP)”.
Lo primero a observar es que no solo el importador es “hipotético”, sino que el cálculo técnico es “estimado”, tan estimado que nunca coincidió con la realidad. Lo segundo: lamento opinar diferente de quienes resolvieron tal definición sobre el PPI, ya que no es ningún componente en la “formación de precios de los combustibles”.
En el sistema capitalista “realmente existente” en que vivimos, los precios de los combustibles se conforman con valores reales de mercado, no de escritorio ni “hipotéticos” ni “estimados”. El precio del crudo, el precio del flete, los costos de internación, los costos de refinación y sus insumos, los costos salariales con sus cargas sociales, la distribución primaria (sellos distribuidores y camioneros), distribución secundaria (estaciones de servicio), margen de utilidad y, pequeño detalle, los impuestos, entre los que se encuentra uno pequeño para financiar a la Ursea.
Estos son los factores que definen el precio final, junto a lineamientos políticos de cada gobierno. El PPI será “transparente”, como dicen muchos de sus defensores, pero no es “real”, por lo tanto, confunde a la gente y muy especialmente a los ciudadanos que no necesariamente tienen que saber que el PPI no pasa de ser un simple “ejercicio teórico”, como rezaba la antigua definición de la propia Ursea.
Esa construcción teórica no es ideológicamente inocua, sino que ha sido utilizada para cuestionar el monopolio de los combustibles y la refinación en manos de Ancap por parte de la derecha política, mediática y empresarial y por una tecnocracia que se quiere mostrar como “apolítica”.
La realidad ha demostrado que cada vez que el país ha debido importar combustibles, lo ha hecho a precios realmente mayores a los que determinaba el “ejercicio teórico” de la Ursea.
En el sistema capitalista “realmente existente” en que vivimos, los precios de los combustibles se conforman con valores reales de mercado, no de escritorio ni “hipotéticos” ni “estimados”.
En todas las paradas técnicas de la Refinería de La Teja o ante desperfectos en la boya petrolera, Ancap ha debido importar combustibles refinados y lo ha hecho en forma sensiblemente más cara que si los hubiera refinado. Esto no lo digo yo, que estoy decididamente en contra de quienes reclaman la desmonopolización y la libre importación; lo dijeron autoridades políticas y gerenciales no frenteamplistas, lo dicen los balances de la empresa debidamente auditados y a los cuales todos pueden acceder.
Lo dicen también los estudios realizados por la publicación Surtidores Latam, de los estacioneros de Latinoamérica, en un artículo de fines de 2025: “Más allá de la coyuntura, los resultados del comparativo entre el PPI de Ursea y los costos de Ancap son significativos para la definición de la política energética uruguaya. En un contexto en el que algunos sectores proponen avanzar hacia una mayor liberalización del mercado de combustibles, los datos muestran que, en períodos de márgenes internacionales positivos, mantener operativa la refinería constituye una herramienta eficaz para reducir costos, estabilizar precios y preservar la competitividad.”
Los momentos en que fuimos más caros que el “ejercicio teórico”, “la estimación” o “el importador hipotético” se pueden contar con los dedos de una mano. Defender la libre importación responde a factores ideológicos libremercadistas y, para algunos actores hoy muy beligerantes contra el gobierno, es suicida. Lamentablemente, el uso público de un PPI que, como el alfajor de pollo que puede ser muy rico pero no existe, abona a esa estrategia.
Javier Cousillas es integrante del MAS-959, del Frente Amplio.