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El presidente Yamandú Orsi, y el embajador de Estados Unidos, Lou Rinaldi, en el portaaviones USS Nimitz.

Foto: Embajada de Estados Unidos en Uruguay

Entre el equilibrio y el “error de oportunidad”: la visita de Orsi al portaaviones, las alternativas y el costo político

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Para el exministro de Defensa Nacional José Bayardi, “a veces hay compañeros que no dimensionan bien el contexto global que se está enfrentando”

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“Tras años de abandono, Estados Unidos reafirmará y aplicará la doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental”, así comienza el capítulo dedicado a la región occidental en la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de América. Los lineamientos no son ambiguos. “Impediremos a los competidores no hemisféricos la capacidad de desplegar fuerzas” y/o “controlar activos estratégicamente vitales” dentro de lo que se define como “nuestro hemisferio”. A nivel global, una de las metas que se fijó Washington es “reequilibrar” su relación económica con China, país que se menciona 19 veces en las 33 páginas del documento.

Desde la perspectiva de Pekín, en tanto, se asume que en los próximos años “las relaciones entre los grandes países afectarán la situación internacional”, en el marco de “un repunte del unilateralismo y el proteccionismo, con crecientes amenazas del hegemonismo y la política de fuerza”, según consta en la propuesta que elaboró el Partido Comunista de China para el XV Plan de Desarrollo Económico y Social, que fue aprobado por la Asamblea Nacional Popular en los primeros días de marzo. De acuerdo con este plan, China resolvió reforzar la protección de sus intereses en el extranjero, así como “la lucha contra las sanciones, las injerencias y la ‘jurisdicción de brazo largo’”.

En este escenario, el sábado pasado, tres meses después de su encuentro con Xi Jinping, el presidente Yamandú Orsi se subió a un portaaviones estadounidense junto al embajador Lou Rinaldi y varios jerarcas del gobierno uruguayo. Lo mismo habían hecho días atrás el presidente argentino, Javier Milei, y el chileno, José Antonio Kast, como parte del recorrido que el USS Nimitz está haciendo por la zona. El portaaviones actualmente está en la bahía de Guanabara, Río de Janeiro; está previsto que haya maniobras conjuntas con la Armada brasileña entre el 11 y 14 de mayo. Hasta ahora, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva no se ha subido a la embarcación, pero sí se reunió con Donald Trump, el jueves, en la Casa Blanca.

El gobierno y la fuerza política

Ante los cuestionamientos que surgieron desde el Frente Amplio (FA), Orsi dijo que actuó “pensando en lo que le conviene al Uruguay”. “No hago política exterior representando a una fuerza política”, afirmó. El mandatario comentó, además, que durante su visita al portaaviones no vio a ningún militar uruguayo, pero sí a efectivos de otros países, entre ellos, los actualmente progresistas Colombia y México.

A instancias del secretario general del Partido Comunista, Óscar Andrade, la presencia de Orsi en la embarcación estadounidense fue discutida en la bancada de senadores del oficialismo. El tema también se analizó en el Secretariado Ejecutivo del FA. Según supo la diaria, en ninguno de los casos se resolvió impulsar alguna medida concreta al respecto.

En diálogo con la diaria, José Bayardi, exministro de Defensa Nacional y extitular de la Comisión de Asuntos y Relaciones Internacionales del FA, opinó que el tema “se ha dimensionado más allá de lo que debía haberse dimensionado”. A su entender, “el presidente trató de no afectar el interés general frente a los desatinos de un presidente de Estados Unidos que no le ha puesto cabeza a nadie”, ni siquiera el Congreso de su país, que es “un pálido reflejo de lo que en algún momento pudo haber sido”.

En declaraciones a TV Ciudad, Andrade catalogó la decisión de Orsi como “inoportuna”, entre otras cosas, por el contexto de “agresividad brutal de Estados Unidos hacia nuestra América”. En entrevista con la radio Carve, el ministro de Trabajo, el también comunista Juan Castillo, consideró “medio difícil de explicar” que, mientras “estamos manifestándonos a cada rato en nuestro país en contra de la guerra”, se haya visitado “una nave que es de guerra, que no está desparramando paz y solidaridad en el mundo”.

Por su parte, si bien puntualizó que en la actual coyuntura “el valor simbólico de lo que representaba [la visita al portaaviones] es negativo en términos generales”, Bayardi dijo que hay tener en cuenta cuándo el gobierno uruguayo aceptó la invitación, algo que por las características de la gira del USS Nimitz no debió haber sido de un día para el otro. “Yo no sé cuándo llegó la invitación”, pero “el contexto actual puede ser distinto al contexto de cuando llegó la invitación”, señaló.

El presidente del FA, Fernando Pereira, dijo en una rueda de prensa que se trató de “una visita protocolar que un jefe de Estado tiene que hacer cuando se lo invita” y, aunque admitió que él “no hubiera ido”, sostuvo que el hecho no coloca a Orsi “ni a favor del imperialismo ni a favor de la guerra”. Por su parte, el secretario general del Partido Socialista, Pablo Oribe, dijo a la diaria que en materia de política exterior “el gobierno uruguayo actúa con autonomía”, en referencia, por ejemplo, al viaje a China en febrero de este año.

Bayardi afirmó que para Uruguay, “cuya incidencia a nivel global es cero o casi cero”, resulta “imprescindible mantener cierto nivel de equilibrio” en el escenario internacional. A su modo de ver, “a veces hay compañeros que no dimensionan bien el contexto global que se está enfrentando”. “Los compañeros y las compañeras a lo largo y a lo ancho del FA tienen que terminar de asumir que una cosa es lo que puede y debe hacer el FA, y otra es lo que puede y eventualmente debe hacer el gobierno”, expresó.

La amenaza arancelaria

El senador del Movimiento de Participación Popular Nicolás Viera dijo en una rueda de prensa que Orsi “hizo lo que tenía que hacer”, y agregó: “Si el presidente tiene que sopesar entre visitar un portaaviones o que sobre el país recaiga un aumento de aranceles a determinados productos de un 50%, ¿qué va a hacer el presidente? Seguramente es mucho más beneficioso visitar un portaaviones”.

Consultado al respecto por la diaria, Ignacio Bartesaghi, doctor en Relaciones Internacionales, señaló que “Uruguay está en este momento en una investigación de salvaguardia” por parte de Estados Unidos “por comprar productos de China que tienen relación con trabajo forzado”. “Por cierto, no está solo Uruguay. Hay muchos países, porque seguramente [Estados Unidos] quiere seguir sosteniendo el 10% de arancel que tenemos hoy, que no logramos bajarlo, porque, por más que [el ministro de Economía, Gabriel] Oddone, viajó con su equipo a Estados Unidos, no logramos abrir esa negociación”, apuntó.

En ese sentido, para Bartesaghi “es probable” que la visita al portaaviones “tenga también que ver con decir: ‘Ok, no estoy lejos de Estados Unidos, mirá lo que acabo de hacer, entonces, no me golpees comercialmente’”. “No sé si necesariamente hay una relación causal entre esta jugada y que después no te pongan en la lista, pero puede colaborar”, estimó.

En el apartado sobre el hemisferio occidental de la Estrategia de Seguridad Nacional, el gobierno estadounidense manifiesta lo siguiente: “Queremos que otras naciones nos consideren su socio preferido y, por diversos medios, desalentaremos su colaboración con otros”. Una de las estrategias mencionadas es justamente la utilización de “aranceles y acuerdos comerciales recíprocos como poderosas herramientas”. Asimismo, se incluye como ordenanza que “todo funcionario estadounidense que trabaje en la región debe estar al tanto de la situación de la influencia externa perjudicial, al tiempo que ejerce presión y ofrece incentivos a los países socios para proteger nuestro hemisferio”.

El presidente Yamandú Orsi, junto al embajador de Estados Unidos, Lou Rinaldi, a bordo del portaaviones USS Nimitz.

Foto: Embajada de Estados Unidos en Uruguay

En diálogo con la diaria, Viviana Barreto, licenciada en Relaciones Internacionales, sostuvo que actualmente “es muy preocupante la claridad que hay en cuanto a esa política de la presión y de la amenaza –más explícita o más velada– de penalización con aranceles y de enfriamiento de vínculos comerciales que despliega Estados Unidos”. Señaló que “para un país como Uruguay es difícil interactuar con ese tipo de relaciones por la magnitud concreta que puede tener a corto plazo” este tipo de medidas, que “son muy costosas en general y con muchísimo impacto para un país como Uruguay”.

Desde ese punto de vista, Barreto afirmó que “no es para nada descartable entender la presión concreta que existe sobre las decisiones del gobierno uruguayo”. De todos modos, con relación a Orsi y el portaaviones, dijo que hay que analizar “si eso era la única alternativa posible que tenía el gobierno”, considerando “todo el costo político que tuvo esa visita en la discusión pública para el gobierno, sobre todo desde la izquierda”.

“Por más que yo tenga la opinión que tenga, como persona de izquierda, profundamente antiimperialista y por supuesto que extremadamente crítica con la locura que presenta para este momento del mundo el gobierno de Estados Unidos, entiendo mucho y me parece muy razonable el vínculo que se construye desde el gobierno con la embajada de Estados Unidos”, expresó Barreto. Con todo, recalcó: “Lo cierto es que no tenemos la información de cómo se dieron esas conversaciones y qué margen efectivamente tenía y exploró el gobierno para tratar de evitar esto”.

El equilibrio y el “error de oportunidad”

En el documento estratégico de Estados Unidos hay una mención a la “clara preferencia por la no intervención en los asuntos de otras naciones” que figura en la Declaración de Independencia del país, bajo el principio de que, “así como todos los seres humanos poseen derechos naturales iguales otorgados por Dios”, todos las naciones tienen derecho a “una posición separada e igual entre sí”. Sin embargo, el gobierno de Trump afirma que para un país con intereses “tan numerosos y diversos” como Estados Unidos “la adhesión rígida a la no intervención no es posible”. El documento está fechado en noviembre del año pasado, algunas semanas antes del secuestro de Nicolás Maduro en territorio venezolano.

Si bien se llama a “no pasar por alto a los gobiernos con perspectivas diferentes”, el plan para la región incluye “recompensar” a gobiernos, partidos políticos y movimientos que “estén alineados” con la estrategia estadounidense. “Estados Unidos debe ser la potencia preeminente en el hemisferio occidental como condición para nuestra seguridad y prosperidad, una condición que nos permite afirmarnos con confianza donde y cuando sea necesario en la región”, se subraya.

“Claramente, Trump está jugando al juego amigo-enemigo”, señaló Barreto. A modo de ejemplo, mencionó la cumbre denominada Escudo de las Américas, en la que el mandatario estadounidense anunció la creación de una coalición militar para erradicar los cárteles de droga en la región junto con “los presidentes de los países pro Estados Unidos”.

La experta sostuvo que “es muy difícil jugar a la política del equilibrio en un momento en que constantemente la lógica de la política internacional está en la polarización” y la institucionalidad asociada al multilateralismo “ha sido baipaseada y debilitada por los propios estados que son miembros y que deberían fortalecerla”.

En ese marco, Barreto apuntó que el gobierno uruguayo “está haciendo un trabajo diplomático intenso para tener buenas relaciones con Estados Unidos”. De todos modos, dijo que “un poco sorprende la magnitud del despliegue diplomático”, dada “la carga simbólica que tiene la visita a una nave militar de Estados Unidos en un contexto de despliegue bélico y de atropello de Estados Unidos a nivel global”. “Esa magnitud es un poco lo que corrió la vara de lo que se venía percibiendo del esfuerzo en el vínculo diplomático del gobierno uruguayo con Estados Unidos”, añadió.

Para Bartesaghi, en tanto, el gobierno de Orsi “tenía que dar señales con Estados Unidos”, ya sea “porque todos los países están haciendo un poco lo mismo”, ya sea “porque las relaciones internacionales de hoy están pautadas por el pragmatismo”. El experto sostuvo que, hasta ahora, quien “ha sostenido la relación con Estados Unidos” ha sido principalmente Oddone “y no tanto cancillería, porque tenemos un canciller [Mario Lubetkin] de perfil muy político, menos técnico”. Sobre esto último, mencionó la asunción de Uruguay de la presidencia del Grupo de los 77 y de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, así como “la ida a China”, lo cual “es todo observado de cerca por Estados Unidos”.

Con respecto al episodio del sábado pasado, Bartesaghi reflexionó: “¿Podría haber habido otras formas de equilibrar la relación con Estados Unidos que no llamaran tanto la atención? Sí, yo creo que hay un error de oportunidad”.

El doctor en Relaciones Internacionales apuntó, además, que la foto de Orsi y Rinaldi arriba del portaaviones podría adquirir “aún más importancia para su fuerza política”, debido a “la incertidumbre de la política exterior de Trump, que mañana puede terminar eventualmente con alguna intervención en Cuba o con algo parecido a lo que pasó en Venezuela”.

No obstante, Bartesaghi puntualizó que “lo del portaaviones es muy importante” para el FA como partido político, “no para Uruguay”. “Para Uruguay no veo ningún aspecto negativo. ¿Por qué? Porque te acercas a Estados Unidos y no te distancia de China. China no anda con ese juego”, afirmó.

“No sorprendió”

“En realidad, no me sorprendió”, dijo a la diaria Camila Zeballos sobre la presencia de Orsi en el USS Nimitz. La politóloga asoció el acontecimiento con una nueva forma de “hacer política, que es contemporánea y que excede a Orsi”. Sobre la cuestión de fondo, sostuvo que hay que tener presente “cómo el gobierno uruguayo viene recibiendo sistemáticamente presiones para que de alguna manera se posicione, o respaldando a Trump, o no alineándose tanto con China”. “Obviamente que a los sectores más ideologizados de izquierda les fastidia, les molesta y les parece un espanto lo que acaba de suceder, y probablemente lo sea”, comentó Zeballos, y señaló que las críticas que aparecieron de parte de algunos dirigentes del FA eran esperables.

Al también politólogo Antonio Cardarello tampoco le sorprendió la decisión de Orsi. “Me parece que hay que separar al presidente como jefe de Estado y como jefe de gobierno”, dijo a la diaria. “Si uno lo piensa, un paralelismo que se podría hacer es cuando el primer gobierno tras la recuperación democrática, el de [Julio María] Sanguinetti, corta relaciones con Taiwán y establece relaciones con la China comunista”, comentó. En aquel entonces, el presidente colorado “seguramente no se sentía –ni se siente– filosóficamente cercano al gobierno de China”, pero entendió que eso “era lo mejor para los intereses del país”. “Me parece que en ese sentido lo de Orsi puede leerse en términos similares. A veces no hacés lo que más te conviene o lo que preferirías hacer, sino lo que entendés que puede ser mejor para los intereses generales del país”, expresó Cardarello.

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